
Fic TOLL de lyra
Capítulo 121
Entraron de nuevo en la cocina y al verlos Rose dejo de vigilar el guiso acercándose a Tom mientras se limpiaba las manos en un paño.
—Tom, tu pedido se está entregado —informó con una sonrisa amable.
Andreas no dijo nada, se limitó a cruzar la cocina en silencio y salir por la puerta que comunicaba con el club como si necesitara poner la mayor distancia posible entre ellos. Tom lo siguió con la mirada sintiendo un nudo en el estómago.
—Gracias, Rose —murmuró intentando sonar normal.
— ¿Todo bien?—preguntó Rose sin poderse contener.
Tom asintió con la cabeza y viendo que no se sentía con ánimos de contar nada más Rose dejó que se fuera regresando ella a su trabajo, guardándose en su cabeza todas esas preguntas que aún no tenían respuestas.
Siguió los pasos de Andreas y salió también de la cocina, al momento se hallaba en el club de nuevo pero en lugar de dirigirse a las tumbonas donde Bill y los demás lo esperaban decidió entrar en almacén dispuesto a hablar con David.
Se detuvo frente a la puerta de su despacho y llamó a ella con suavidad.
— ¡Adelante!—se escuchó desde dentro la voz de David.
Tom abrió la puerta sin dudarlo un segundo más y entró con paso decidido, dentro David terminaba de revisar unas facturas que dejó a un lado al ver su sombrío estado.
— ¿Va todo bien?—preguntó sin poderse contener.
Tom negó con la cabeza cerrando la puerta tras de él, cogió aire profundamente y se preparó para hablar. No podía permitir que Andreas se marchara así sin más, no después de todo lo que había pasado entre ellos y sin intentar arreglarlo.
—He hablado por fin con Andreas—empezó a decir—Hemos dejado claro que ya no hay nada entre nosotros aparte de una gran amistad, y me ha dicho que le has ofrecido la posibilidad de marcharse al club de un amigo tuyo en Potsdam.
—Aún no me ha dado una respuesta—murmuró David acomodándose mejor en su asiento.
—Está muy decidido a dejarlo todo y marcharse—dijo Tom frunciendo el ceño.
—Tanto él como Víctor lo están pasando muy mal y yo solo quería tratar de ayudarles ofreciendo una opción que a nadie se le había pasado por la cabeza—explicó David—Pensé que estando lejos de todo podría volver a ser el de antes y quizás solucionar así las cosas con Víctor.
—Su vida está en este club—replicó con firmeza Tom—Aquí tiene sus amigos y no puede irse solo porque yo le traiga dolorosos recuerdos, no quiero que se vaya por mi culpa.
David se le quedó observando en silencio durante unos segundos, calibrando su estado.
—¿Y qué pretendes hacer?—preguntó en voz baja.
Tom tragó saliva con esfuerzo, le estaba costando decirlo en voz alta pero lo dijo de igual manera.
—Ser yo el que se vaya—contestó mirándole fijamente.
—¿Tú?—murmuró David sorprendido por su respuesta.
—Si alguien tiene que irse del club soy yo—insistió Tom—Él estaba aquí primero, ha construido una vida nueva y yo he llegado solo para destruirlo todo. No pienso permitir que abandone este sitio que es suyo por derecho por mi culpa.
David se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.
—Tom… ¿estás seguro de que eso es lo que realmente quieres?—quiso saber.
—Lo estoy —contestó con firmeza Tom—Es lo correcto, Andreas necesita quedarse aquí para estar bien y yo debo ser el que se aleje esta vez.
David se le quedó mirando con una mezcla de incredulidad y respeto, le había ofrecido otra salida que él no se había planteado.
—Habla con tu amigo y dile que me gustaría mucho trabajar en su club—pidió Tom—Además, me viene muy bien ya que gracias a la generosidad del padre de Bill tengo un buen alojamiento en Potsdam.
—Si eso es lo que quieres hacer, le hablaré de ti a mi amigo—dijo David frotándose la frente—Pero… ¿qué pasa con Bill?
—Bill retomará sus estudios tras el verano y podremos vernos en nuestro tiempo libre—contestó Tom—Donde yo trabaje no influye para nada en nuestra relación.
David se quedó pensativo por unos segundos más buscando alguna grieta en su decisión, pero no encontró ninguna.
—De acuerdo —dijo al fin—Llamaré a mi amigo ahora mismo y te daré su respuesta en cuanto lo haya decidido, aunque no creo que tenga que pensarlo mucho. Eres una buena persona y muy trabajadora, me lo has demostrado en el poco tiempo que llevas aquí.
— ¿Le hablarás de mi pasado?—preguntó Tom sin poderlo evitar.
—No hace falta que lo sepa—contestó David con firmeza—Hiciste lo que tuviste que hacer para poder sobrevivir, pero has demostrado lo mucho que has cambiado y eso es lo que realmente importa.
—Muchas gracias, David—dijo Tom sintiéndose mas aliviado—Nadie ha hecho jamás por mi todo lo que tú y Jörg estáis haciendo.
—No nos tienes que dar las gracias por nada—murmuró David mirándole fijamente—Solo estamos haciendo lo que nos corresponde.
El sonido del móvil interrumpió la conversación, David se apresuró a cogerlo regresando así al trabajo y solo entonces Tom dio media vuelta saliendo del despacho sintiendo que se había quitado un enorme peso de encima.
Se sentía algo más aliviado después de la decisión que había tomado, y también resignado por que esa era la única manera posible que veía de arreglar eso que había roto de nuevo.
El corazón de su único y mejor amigo.
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Recostados en sus tumbonas, Bill y Louise tomaban el sol charlando agradablemente y comentando el partido de voleibol cuando Melissa se les acercó con el almuerzo ligero que Rose les había preparado.
En su bandeja llevaba tres vasos de té helado con limón, un pequeño cuenco de fruta fresca, otro cuenco con galletitas saladas y unas brochetas de queso suave con tomate cherry, ideal para picotear sin quedar lleno.
Se inclinó sobre la mesa y fue dejando todo en silencio, gesto que Bill no pasó por alto. La había estado observando, notándola más seria y callada de lo normal.
—Muchas gracias, Melissa —dijo Louise dedicándole una sonrisa mientras tomaba uno de los vasos de té helado.
Bill también tomó el suyo notando que Melissa se le quedaba mirando fijamente con gesto tenso antes de dar media vuelta y regresar a su trabajo. Entonces volvió a dejar el vaso en la mesa y se levantó yendo tras ella.
—¿Estás bien? —preguntó cuando la alcanzó.
Melissa dejó de caminar y negó con la cabeza, sin poder ocultar por más tiempo su malestar.
—Sea lo que sea, me lo puedes contar —dijo Bill en voz baja esbozando una sonrisa.
—Es… Andreas —soltó Melissa, sin aliento—Está muy agobiado por todo lo que está pasando entre él, Víctor y Tom, y cree que la única solución es marcharse del club.
Bill escuchaba en silencio, sabía que las cosas entre Víctor y Andreas estaban tensas pero no entendía qué tenía que ver Tom en todo aquello… hasta que, segundos después, no pudo evitar abrir desorbitadamente los ojos al comprender lo que pasaba entre ellos.
Andreas y Tom compartían un pasado más íntimo de lo que él siempre había creído. No eran solo buenos amigos, existía un lazo entre ellos mucho más fuerte de lo que jamás hubiera imaginado.
Su gesto no pasó desapercibido para Melissa, al ver cómo cambiaba su gesto entendió al momento que había hablado más de la cuenta.
—Pensé… que sabías lo que hubo entre Tom y Andreas —confesó en voz baja.
Bill negó con la cabeza suspirando, sabía que no podía enfadarse con ninguno de ellos. Todos tenían un pasado amoroso, Tom sabía lo de Alexander y él acababa de enterarse del suyo.
—Lo siento mucho, Bill —se disculpó al momento Melissa —Deberías haberlo sabido por Tom y no por mí.
—No pasa nada —murmuró Bill restándole importancia.
—No debería haberlo dicho pero…es que estoy pasándolo muy mal porque desde que ha vuelto Tom, Andreas no logra sacárselo de la cabeza—soltó Melissa sin poderse contener—Lo está intentando con todas sus fuerzas, y Víctor lo está pasando muy mal también. Sé que Tom no tiene la culpa de despertar esos sentimientos en Andreas… aunque, en mi opinión, no debería haber vuelto cuando Andreas ya había puesto distancia en su momento al darse cuenta de que sus sentimientos no eran correspondidos.
—Tom necesitaba ayuda y no dudó en pedírsela a quien considera su único y mejor amigo —no pudo evitar replicar Bill saliendo en defensa de Tom—Tenía un problema, estaba desesperado y no pensó que volvería a despertar sus sentimientos. Si lo hubiera sabido, jamás habría recurrido a él.
—Lo sé, pero… no puedo evitar echarle la culpar de todo —admitió Melissa suspirando—De que Víctor y Andreas estén a punto de romper, y de que Andreas quiera marcharse de nuevo para dejar de sufrir.
—Tom hablará con él y le convencerá de que no lo haga —dijo Bill con firmeza—Juntos encontrarán la manera de seguir adelante sin que nadie salga herido.
Melissa negó con la cabeza, conocía demasiado bien a Andreas y cuando tomaba una decisión era imposible hacerle cambiar de idea. Estaba muy decidido a marcharse, y nada ni nadie lo haría rectificar… ni siquiera Tom.
—¿Y tú, cómo estás? —preguntó sin poderse contener por más tiempo.
Se sentía muy mal consigo misma en esos momentos, con todo lo que estaba ocurriendo con Andreas casi se le había olvidado por completo lo que había le pasado a Bill y las ganas que tenía de volver a verle para abrazarlo y mostrarle todo su apoyo. En lugar de eso, nada más verle había terminado hablando solo de todo aquello que tanto la atormentaba a ella y no la dejaba pensar con claridad.
—Estoy bien… o al menos pronto lo estaré —contestó Bill suspirando.
Sabía que tarde o temprano saldría el tema en cuanto Melissa le viera, era normal ya que en ese tiempo en que la había conocido más profundamente habían compartido buenos momentos y la consideraba una buena amiga, le tenía afecto y solo estaba preocupada por su bienestar después de lo que le había pasado.
—El tiempo lo cura todo—susurró Melissa.
—Tom no se ha separado de mi lado en ningún momento, ha sido un gran apoyo —explicó Bill, forzando una pequeña sonrisa—No sé qué habría hecho sin él.
—Tom puede ser un desastre para unas cosas, pero se nota que es una buena persona y cuando alguien lo pasa mal lo da todo por ayudarle—dijo Melissa con suavidad
—Sí, ha sido increíble conmigo—susurró Bill agradecido por esas palabras.
Melissa asintió con la cabeza, no pudiendo evitar que su gesto se tensara apenas un segundo. Bill se dio cuenta pero no quiso decir nada.
—No te voy a mentir —continuó diciendo Melissa cogiendo aire profundamente—Sigo enfadada con él por meterse sin querer entre Víctor y Andreas, no puedo evitarlo. Pero… también sé que Tom tiene un corazón enorme y que nunca haría daño a propósito.
—Jamás—ratificó Bill en un susurro.
—Lo sé —admitió Melissa bajando la mirada—Y aunque me cueste, tengo que aceptar que Andreas y Víctor tienen que resolver sus cosas ellos solos.
—Tom no sabía que su presencia sería tan problemática—insistió Bill asintiendo con la cabeza—Se ha metido en medio de ellos en el peor momento posible.
—Pero contigo… contigo lo ha hecho como mejor sabe hacerlo, cuidando de la gente que ama dándolo todo —murmuró Melissa esbozando una sonrisa sincera—Y eso dice mucho de él.
Bill sintió un nudo cálido en el pecho, Melissa estaba intentando animarlo a pesar de su propio enfado y eso lo conmovió.
—Gracias, Melissa—susurró tragando con esfuerzo.
—No tienes que dármelas —dijo Melissa acariciándole el brazo con cariño—Solo quiero que estés bien y que sepas que no estás solo en esto. Ni tú… ni Tom.
Y tras pronunciar esas palabras, regresó volvió a su trabajo sintiendo cómo la tensión que llevaba minutos oprimiéndole el pecho empezaba poco a poco a desparecer.
Cada paso que daba hacia el club le devolvía un poco de calma, como si el peso que cargaba se fuera haciendo más liviano.
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No podía evitar sentirse un poco mejor después de haber estado hablando con David, ojalá pudiera hacer cualquier cosa para ayudarle a encontrar un trabajo nuevo el club de su amigo.
De todos modos, si no lo conseguía estaba completamente decidido a marcharse del club, debía irse para dejar de ser un problema y que Andreas pudiera seguir con Víctor sin sentirse incómodo por su presencia.
Salió del almacén y al ver que Andreas estaba trabajando tras la barra decidió no molestarlo. Se dirigió hacia la salida del club dispuesto a reunirse con Bill, pero apenas cruzó la puerta vio a Melissa caminar por el embarcadero hacia donde él estaba.
Se quedó observando la expresión que llevaba, ya no era tan tensa y triste como minutos antes pero en cuanto lo vio frunció ligeramente el ceño. Permaneció quieto en su sitio observándola acercarse y cuando llegó a su altura, Melissa se detuvo con la clara intención de hablar con él.
—¿Estás mejor? —preguntó Tom sin poderse contener.
—Lo estoy —respondió Melissa suspirando—Hablar con Bill me ha ayudado… y te debo una disculpa.
—No es necesario —empezó a decir Tom negando con la cabeza.
—Sí, lo es —insistió Melissa—Te he echado la culpa de todo lo que pasa entre Víctor y Andreas cuando en realidad nadie la tiene, tú no has hecho nada… simplemente estabas ahí.
Tom asintió con la cabeza suspirando, él también se sentía culpable por haber regresado y convertirse sin querer en el origen de tantos problemas.
—Y también quiero disculparme por otra cosa —continuó diciendo Melissa algo incómoda—Creo que hablando con Bill, he dicho algo que no debería. Me vio mal, quiso saber por qué… y yo solté todo lo que llevaba dentro sin pensar. Le hablé del pasado que compartís tú y Andreas, convencida de que él ya lo sabía pero por su reacción… me di cuenta demasiado tarde de que no era así.
—Melissa, no pasa nada—murmuró Tom suspirando—De verdad, no le des más vueltas.
—Claro que pasa—insistió de nuevo Melissa con firmeza—No debería haber hablado de algo tan privado sin saber si Bill estaba al tanto.
—No lo hiciste con mala intención —apuntó Tom—Y tampoco es un secreto que yo quisiera ocultar para siempre, si Bill aún no lo sabía es porque no se ha dado el momento de hablar de ello pero no era mi intención ocultárselo.
—¿En serio, no te molesta?—quiso asegurarse Melissa, sorprendida por su calma.
—Para nada—contestó Tom con una ligera sonrisa—Bastante tenemos ya todos como para añadir un problema más a la lista. Además, tarde o temprano iba a salir. La verdad siempre termina saliendo.
Melissa asintió lentamente con la cabeza, como si sus palabras le quitaran un peso de encima.
—Aun así… lo siento—se disculpó de nuevo—No lo hice con mala intención.
—Lo sé —dijo Tom con firmeza—Vamos a olvidarlo, hoy es un día especial y debemos disfrutar de el.
Melissa se le quedó observando por unos segundos más como si necesitara asegurarse de que realmente no estaba molesto, pero la serenidad en el rostro de Tom hablaba por sí sola. Esa calma suya, tan inesperada después de todo lo ocurrido, le aflojó los hombros.
—Gracias… —susurró dejando escapar un suspiro que parecía llevar horas atrapado—Ahora te dejo que vuelvas con Bill, solo quería dejar esto claro.
—Pasaremos todo el día en el club —explicó Tom con un tono más animado—Después de la reunión con su padre espero que queráis compartir nuestra hoguera. Tú y Anouk… y si Víctor y Andreas quieren unirse, también serán bienvenidos.
—Claro —respondió Melissa sonriendo —A pesar de las circunstancias, todos estamos deseando que llegue esta tarde.
Tom le devolvió la sonrisa, satisfecho de verla un poco más animada y tranquila. Ese pequeño gesto suyo le había devuelto algo de esperanza. Se despidió de ella y dando media vuelta echó a andar por el embarcadero sintiendo que por primera vez en ese día el ambiente no pesaba tanto.
Había habido tensiones y conversaciones pendientes… pero también espacio para algo bueno, para un respiro y para una reconciliación.
Y también para una hoguera compartida al final del día.
Y con ese pensamiento, aceleró un poco el paso dispuesto a reunirse con Bill y afrontar todo lo que el destino les pusiera en su camino.
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Tras la marcha de Melissa, Bill regresó al lado de Louise. Se dejó caer en su tumbona y tomando su vaso de té helado bebió un sorbo para despejarse.
—¿Ha pasado algo? —preguntó Louise preocupada.
Había estado pendiente de la conversación que Bill había mantenido con Melissa, no había escuchado nada pero por sus expresiones era evidente que algo serio los inquietaba.
—No, no… —contestó Bill en voz baja—Es solo que vi mal a Melissa y quise hablar con ella.
—¿Y está bien? —quiso saber Louise.
—Sí, solo es que está muy preocupada por los problemas que tienen Víctor y Andreas —explicó Bill—Y no podía evitar sentir que Tom tiene la culpa de todo.
—¿Tom? —repitió Louise frunciendo el ceño.
—Sí, porque… —empezó a decir Bill.
Dejó de hablar sin saber si debía contar eso de lo que se acababa a enterar, no quería que Tom se molestara por ello pero también sabía que Louise era quien mejor le podría aconsejar y que jamás iba a divulgar nada.
Cogió aire, se inclinó un poco hacia ella y bajando aún más la voz se dispuso a hablar.
—Porque Tom y Andreas tuvieron algo en el pasado —confesó en un susurro.
—¿Tom y Andreas… estuvieron juntos?—repitió Louise sin aliento.
—Y por lo visto, Andreas aún no ha logrado olvidarlo—siguió diciendo Bill—Se marchó lejos para dejar de sufrir al ver que sus sentimientos no eran correspondidos, pero ahora que Tom ha vuelto… esos sentimientos han regresado también y con más fuerza que nunca. Y eso es lo que lo está separando de Víctor, incluso ha llegado a pensar en marcharse del club.
Louise se quedó en silencio unos segundos, procesando toda esa información recibida mientras que Bill la miraba fijamente esperando su reacción, sabiendo que lo que dijera podría ayudarle a calmarse antes de que Tom regresara y le notara en ese estado tan agitado.
— ¿Tom nunca te ha dicho nada de esto?—preguntó Louise para poder asegurarse.
Bill negó con la cabeza con firmeza dejando claro que Tom jamás le había mencionado nada de ese pasado que compartía con Andreas. Louise se le quedó observando con atención intentando leer en su cara si aquello lo había sorprendido o dolido.
—¿Y le vas a decir que lo sabes? —preguntó con suavidad, rezando para que Bill pensara bien las cosas antes de actuar.
—Tengo que hacerlo —contestó Bill con firmeza—Entre nosotros no hay secretos. Y además, estoy seguro de que Melissa se lo va a contar en cuanto lo vea. Sabe que me lo dijo sin que yo supiera nada y conociéndola querrá disculparse con Tom por haberle delatado.
Louise asintió lentamente comprendiendo la situación, sabía que Bill valoraba la honestidad por encima de todo y que ocultar algo así lo atormentaría más que enfrentarlo.
—Entonces hazlo, pero con mucho tacto—le aconsejó—Por lo que veo Tom ya tiene bastante encima.
Bill bajó la mirada pensativo. No quería herir a Tom ni ponerlo en una posición incómoda, pero también sabía que la confianza entre ellos era demasiado importante como para dejar que un malentendido creciera en silencio.
Tenía que hablar con él sobre todo para demostrarle que no estaba enfadado por lo que había descubierto, que podían hablar del tema con total sinceridad sin que afectara a lo que había entre ellos.
—Lo haré —dijo con firmeza—Hoy mismo, encontraremos un momento para hablarlo a solas.
—Seguro que todo saldrá bien—murmuró Louise sonriendo.
Bill así lo creía, y al levantar la mirada descubrió a Tom caminando por la playa de vuelta a las tumbonas. Se puso tenso sin poder evitarlo, sentía que la conversación que tenían pendiente iba a ser más complicada de lo que había imaginado… pero también necesaria.
Se quedó en silencio observándole acercarse hasta que llegó a su lado y se sentó en su misma tumbona.
—Estas brochetas de queso con tomate cherry están de vicio —comentó Louise tomando una antes de incorporarse—Voy a ver si a Georg le apetece.
Quería dejarlos a solas para que pudieran hablar, pero justo cuando estaba a punto de llegar a la cancha de voleibol dieron por finalizado el partido y todos se dirigieron hacia las tumbonas, dispuestos a celebrar la victoria.
—¿Quién ha ganado? —preguntó Louise cuando Georg llegó a su lado.
—Nosotros, ¿lo dudabas? —contestó Georg sonriendo.
Cogió la brocheta que ella llevaba en la mano y sin hacer ninguna pregunta se la comió de un bocado.
—¿Hay más? —preguntó echando un vistazo alrededor.
Localizó las tumbonas donde estaban los demás y se dirigió hacia allí sin apartar los ojos de la mesa, como si temiera que la comida desapareciera si pestañeaba. Louise lo siguió resignada mientras pensaba que al final Bill no iba a tener ese momento a solas con Tom para hablar de aquello que tanto lo atormentaba.
Por suerte no tuvieron que esperar demasiado, Peter y sus amigos propusieron darse un baño refrescante y todos corrieron hacia el lago entre gritos y risas.
—Georg, ¿vamos? —preguntó Louise mirándolo fijamente.
Georg asintió con la cabeza y se puso en pie, no sin antes meterse otra brocheta en la boca y coger un poco de fruta para el camino dejando por fin a Bill y a Tom a solas.
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Regresó al club y al ver a Andreas tras la barra cogió aire profundamente antes de ocupar de nuevo su sitio, haría todo lo posible por trabajar sin que su presencia le incomodara.
Al verla entrar Patrick salió para cederle el puesto y recuperando su bandeja se dirigió al embarcadero.
—¿Qué tal todo por aquí? —preguntó Melissa carraspeando.
Andreas estaba justo a su lado colocando unos vasos limpios mientras Marie atendía a unos clientes en el extremo opuesto de la barra.
—Tranquilo de momento —contestó Andreas concentrado en su trabajo—Ahora están todos bañándose, pero cuando se cansen vendrán hambrientos.
—Pues vamos a reponer existencias —murmuró Melissa abriendo una de las neveras.
Empezó a ordenar las bebidas para comprobar qué hacía falta reponer y lo iba anotando en su libreta, sintiendo que Andreas se acercaba.
—¿Vamos a trabajar así a partir de ahora? —preguntó Andreas sin poderse contener—Solo hablando del trabajo y con frases cortas.
—No quiero incomodarte —contestó Melissa cerrando la nevera con más fuerza de la que pretendía.
—Me incomoda que nombres a Tom o a Víctor —admitió Andreas—Es un tema que ocupa toda mi cabeza y quisiera dejar de pensar en ello por unos minutos.
—Solo quiero ayudarte a encontrar otra solución y que no tengas que marcharte—dijo suspirando Melissa.
—Tom se ha ofrecido a irse él —explicó Andreas—Opina igual que tú, dice que yo estaba aquí primero y que no sería justo.
—Es una situación complicada—murmuró Melissa—No es justo para ninguno de los dos.
—No, no lo es—susurró Andreas—Pero Tom es así, siempre intenta cargar con todo.
—Y tú siempre intentas proteger a todo el mundo —dijo con suavidad Melissa—Incluso cuando eres tú quien necesita que le protejan.
—No necesito que me protejan—apuntó Andreas soltando una risa breve—Solo… solo quiero que esto deje de doler.
Melissa sintió un nudo en la garganta. Quiso acercarse, acariciarle el brazo y decirle que no estaba solo, pero se contuvo. No quería empeorar las cosas.
—Con el tiempo dejará de doler—dijo muy convencida—Pero no si sigues intentando resolverlo tú solo.
Andreas se la quedó mirando como si quisiera creerla, como si necesitara aferrarse a algo que no fuera ese torbellino que llevaba dentro.
—Estuve hablando con Bill —comentó Melissa cambiando de tema—Se le ve muy bien, muy entero después de todo lo que ha pasado.
—Tener a Tom a su lado es todo lo que necesita —murmuró Andreas suspirando.
—Y… bueno, ya lo he hablado con Tom, pero necesito que tú también lo sepas—soltó Melissa sin poderse contener—Me temo que hablé más de la cuenta y le mencioné lo vuestro sin querer, me estaba desahogando y se me escapó pensando que él ya lo sabía, pero no era así.
—Seguro que se lo ha tomado bien —dijo Andreas quitándole importancia—Quiero decir, todos tenemos un pasado y no deberíamos enfadarnos ni molestarnos por las personas que estuvieron con nuestras parejas antes que nosotros.
—Aun así no puedo dejar de sentirme mal —insistió Melissa—Era un asunto privado entre vosotros, y no debería haber dicho nada.
—No fue con mala intención —insistió a su vez Andreas—No deberías castigarte por eso, fue un simple descuido.
Melissa bajó la mirada aún inquieta, pero Andreas negó suavemente con la cabeza.
—Vamos, no quiero verte así—dijo sonriendo con suavidad
Ella intentó devolverle la sonrisa, aunque todavía se notaba la tensión en sus hombros.
—Es que…tendría que haberme sabido contener—admitió suspirando—Siento que últimamente todo lo que hago o digo hace daño a alguien, sobre todo a ti.
—Sabes que jamás podría enfadarme contigo, eres mi mejor amiga —dijo Andreas inclinándose un poco hacia ella—Sé que todo lo haces o dices es por mi bien aunque me cueste verlo con claridad. Eres de las pocas personas con las que puedo ser yo mismo sin miedo a nada.
Melissa levantó la mirada, sorprendida por la sinceridad en su voz.
—¿De verdad piensas eso? —preguntó en voz baja.
—Claro que sí —contestó Andreas sin dudar— ¿Te acuerdas cuando llegué al club? Me recibiste con los brazos abiertos, haciéndome sentir como uno más desde el primer día. Hemos compartido muchas cosas juntos, secretos y confesiones que jamás le habría hecho a nadie.
Melissa sintió un nudo en la garganta, había escuchado a Andreas decir cosas bonitas antes pero nunca con esa claridad y con esa honestidad que casi dolía.
—No sabía que significara tanto para ti —murmuró sintiendo que se sonrojaba.
—Significas más de lo que crees —admitió Andreas con firmeza—Por eso no quiero que dejes de castigarte por algo que no tiene importancia.
Melissa se le quedó mirando fijamente sintiendo los ojos de Andreas fijos en ella, viendo en ellos una mezcla de cariño y cansancio, como si llevara demasiado tiempo cargando cosas que no decía en voz alta.
Entonces no pudo resistirse y, dando dos pasos, le dio un fuerte abrazo que Andreas le devolvió de inmediato.
—Por favor, no te vayas —suplicó Melissa en un susurro—Si lo haces, me partirías el corazón en dos.
Andreas cerró los ojos al escucharla, como bien había dicho el club era esa familia que él nunca había tenido. Estaban todos muy unidos y sabía que su marcha traería dolor, lágrimas… y un vacío que no sabía si estaba preparado para provocar.
—¿Ha pasado algo?
La voz de Anouk los hizo separarse de golpe. Melissa se la quedó mirando con los ojos llenos de lágrimas mientras que Andreas sentía que no podía articular palabra por todo lo que estaba viviendo en ese instante.
—Estábamos… hablando —contestó Melissa carraspeando mientras se secaba las lágrimas—Nos hemos dejado llevar por las emociones.
—Pero… ¿estáis bien? —quiso saber Anouk preocupada.
—Pronto lo estaremos, ¿verdad, Andreas? —susurró Melissa buscando su mirada.
Andreas cogió aire profundamente, sabía que todos estaban muy pendientes de él, de esa decisión que tanto le estaba costando tomar porque no solo lo afectaba a él mismo.
Miró a Melissa y luego a Anouk, sintiendo el peso de ambas sobre sus hombros.
—Sí… —murmuró al fin con una voz que intentó sonar firme—Con el tiempo estaremos bien.
Pero antes de que ninguno de los tres pudiera decir algo más, un grupo de chicos entró riendo en el club, empapados y hambrientos.
—Hora de trabajar —dijo Andreas recuperando su tono profesional.
Melissa asintió, aunque su pecho seguía apretado viendo como Andreas se dirigía para atender a los recién llegados, sabiendo ambos que esa conversación estaba lejos de haber terminado.
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Una vez a solas, Bill tomó un sorbo de su té helado mientras buscaba la manera de iniciar aquella conversación que tanto le costaba.
No quería que su voz lo traicionara ni que Tom pensara que sentía algún tipo de celos por lo que había habido entre él y Andreas, cuando en realidad no era así. Respiró hondo llenando los pulmones de aire como si necesitara armarse de valor, y luego separó lentamente los labios dispuesto por fin a hablar.
—¿Qué tal ha ido tu conversación con Andreas? —preguntó sin aliento.
—Bien, hemos hablado y dejado claras algunas cosas —contestó Tom mirándolo fijamente.
Bill se limitó a asentir mientras tomaba una brocheta.
—Y también he hablado con Melissa —añadió Tom notando cómo su gesto cambiaba—Me ha contado ha estado hablando contigo y que no era su intención decirte lo mío con Andreas.
Lo vio tragar con dificultad y dar otro sorbo a su té helado, como si necesitara ganar tiempo antes de continuar.
—Te lo iba a contar, pero es que no sabía cómo—se disculpó en voz baja Bill.
—¿Te molesta que no te lo haya contado? —quiso saber Tom.
—No —contestó Bill con firmeza—Es algo que jamás se me había pasado por la cabeza y me quedé sin palabras al saberlo.
—Fue hace mucho tiempo—empezó a decir Tom suspirando—Éramos unos solo unos críos experimentando con el sexo, y un día…decidimos experimentar con nosotros mismos…
—No hace falta que me des ninguna explicación —murmuró Bill carraspeando.
No estaba enfadado por lo ocurrido en el pasado, pero hablar de ciertos detalles lo hacía sentirse incómodo.
—Solo quiero que entiendas que para mí no significó nada —aclaró Tom.
—Pero sí para Andreas —apuntó Bill con suavidad.
—Sí, él se quedó muy pillado y al ver que yo no sentía lo mismo decidió marcharse —explicó Tom por encima—No pensé en eso cuando lo llamé para pedirle ayuda, con mi regreso he despertado otra vez sus sentimientos y eso era lo último que quería.
—Por eso están así Víctor y él… —añadió Bill en un susurro.
—Y viendo que vuelve a pasar lo mismo, ha decidido marcharse de nuevo —continuó diciendo Tom—Por mi culpa de nuevo, pero esta vez no voy a dejar que se vaya. Seré yo quien lo haga.
Bill sintió que se quedaba sin aire al escucharlo.
¿Dónde pensaba irse?
¿Qué pasaba con ellos?
La idea de que Tom le dejara le provocó un vértigo de inmediato, sentía que le faltaba el aire con solo imaginarse que sus caminos iban a separarse. Sabía que sin él a su lado no sería capaz de recuperarse de todo lo que le había pasado.
—Tranquilo, que no me iré muy lejos —se apresuró a decir Tom al verlo agitado—David le ofreció a Andreas la posibilidad de trabajar en el club de un amigo, he hablado con él y seré yo quien se vaya al otro club.
Mientras hablaba le había cogido la mano para que sintiera su presencia, acariciándosela con suavidad notando cómo poco a poco Bill se iba relajando bajo su contacto mientras escuchaba sus palabras.
—El club está en Potsdam —siguió explicando—Podremos vernos siempre que mi trabajo y tus estudios nos lo permitan. De esta manera Andreas podrá quedarse aquí, con todos sus amigos… y con Víctor.
—Tú también tienes amigos aquí—señaló Bill.
—Lo sé, y me siento muy afortunado de tenerlos. Pero no puedo hacerle eso a Andreas —insistió Tom—Él llegó primero, tiene más derecho a quedarse. Debo ser yo quien se vaya.
—Parece que lo tienes todo bien planeado —susurró Bill.
—Falta que el amigo de David acepte, pero si no lo hace me iré igualmente y buscaré otro trabajo —dijo Tom con firmeza—No puedo seguir haciéndole daño a Andreas, es lo mejor para él y Víctor.
Bill asintió suspirando, lo que Tom decía tenía lógica y lo hacía por el bien de Andreas, a quien solo veía no como un antiguo amante sino como el mejor amigo que jamás había tenido.
Tom sonrió al ver que sus palabras le habían hecho tranquilizarse y pasándole un brazo por los hombros lo acercó a su cuerpo. Bill buscó refugio contra su pecho dejando escapar un profundo suspiro, la sola idea de perderlo lo había hecho echarse a temblar, pero una vez entre sus brazos sentía que podía volver a respirar.
Alzó la mirada y, cuando sus ojos se encontraron, Tom se inclinó hacia él para rozar sus labios con un beso suave.
—¿Te encuentras mejor? —preguntó en un susurro.
Bill asintió con la cabeza suspirando, solo imaginar la posibilidad de poder perderle le hacía echarse a temblar.
—Vamos a darnos un baño —propuso Tom—Pero nada de carreras esta vez. Aún me estoy recuperando de la anterior… y de la humillación de haber perdido.
—Te dejaste ganar —le recordó Bill sonriendo.
Tom le devolvió la sonrisa sacudiendo la cabeza y poniéndose en pie se dirigieron juntos hacia el lago donde sus amigos les estaban esperando.
Continúa…
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