
Notas: Gracias a todas las que me leen por su paciencia y por su apoyo con esta historia, la amé como ustedes no tienen idea y, solo espero que el final sea de su agrado. Besos a Todas!
Fic Toll de VaneK
Capítulo 14: Isabella
Aquello que pasaba no era normal era una pesadilla. El haber hablado con Bill sin poder decirle lo que de verdad sentía, sin poder compartir con él aquello que le partía el corazón en esos momentos le hacía sentir como un escupitajo encima de una cloaca llena de la peor asquerosidad que se pueda encontrar en esta tierra.
Pero todavía no podía contarle, no por teléfono, no sería nada agradable y no se lo merecía, tendría que verlo, frente a frente para decirle lo que pasaba, para que viera en sus ojos el dolor que sentía al decirle la situación en que se encontraba.
— ¿Sigues llorando? —preguntó Tom, aun seguía dando vueltas por la habitación, esperando que en algún momento la tierra se lo tragara. Isabela seguía sollozando. Aun no entendía el por qué, ya que le dijo que la iba a apoyar, aun así estaba triste.
—Lo siento Tom. —musitó la chica. Sintiendo un nudo en su garganta y una voz que le gritaba que todo eso estaba mal, pero y… ella ¿Qué? Si le decía a Tom, todo acabaría, tanto la relación que tenía con él como la que tenía con Jörg y conociendo a éste intentaría hasta matarla. Bueno no hay que exagerar.
—Ya pasará —trataba de consolarla el chico—. No quiero que nuestro bebe se sienta triste, sí, sé que está muy pequeño pero sé que todo lo que tú sientes él lo percibe. —no sabía de donde le había salido esa cursilería, pero ahora que lo pensaba mejor, todo es cierto. —Ahora lo mejor es descansar, así que cierra los ojos y duerme.
La dejó acostada en la cama y él se dirigió al cuarto de baño, para quitarse la tención de ese día.
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—Georg. —gritó Bill, casi tirándosele encima a su amigo, que acaba de aparecer en el umbral de la puerta.
—Vaya, pareces que no me has visto en unos mil años, solo han sido dos días, así que no te pongas cursi. —bromeó Georg. Bill le sonrió y le invitó a pasar. —Wow, tú si tienes todo lo que querías.
—No todo. —dijo en tono cansino. —No tengo lo que más quiero.
—Tom. —contestó el castaño.
— Puede ser. —sonrió al recordar lo que había pasado el día anterior. —lo volví a ver. —Georg abrió los ojos como platos. —No pongas esa cara, nos encontramos, cosas de la vida, siempre supe que lo vería y que arreglaría todo con él.
— ¿Lo arreglaron? —preguntó con escepticismo. Ya que Tom había desaparecido tanto tiempo, lo conocía un poco y, por todo lo que le contó su amigo, pensó que jamás le volvería a hablar. —Y… entonces ¿Por qué estás tristes? Deberías de alegrarte. No pido detalles porque no me incumben. —sonrió y Bill le devolvió una sonrisa pícara.
—Ayer por la noche, le hablé y me contestó, secamente, cómo si se le hubiera olvidado todo lo que me dijo, lo que hicimos y me prometió. Pues creo que lo perdí o nunca lo tuve. Ya no sé nada.
En ese momento su celular empezó a timbrar.
—Es él. —dijo, contestando la llamada.
—¿Bill?
—Sí, dime. —el miedo se reflejó en sus palabras, escuchó atentamente apretando fuerte el celular contra su oreja.
—Voy para allá Bill, llegaré en unos diez minutos, necesitamos hablar.
—Está bien. Te espero. —Bill sintió una pesadez en su estomago y como aquel tono de voz le había sembrado la duda. Sin más colgó el teléfono.
—¿Quién era? —preguntó Georg. Viendo como su amigo por un momento quedó fuera de sí, hundido en sus pensamientos.
—Era Tom, viene para acá, tienes que irte unos momentos.
—Me llamas y luego me corres, muy lindo de tu parte. —dijo su amigo bromeando. —Dime ¿dónde te espero?
Bill se quedó unos momentos pensando y recordó a su amiga Mariela, no se llevaba bien con Georg, desde que éste La había invitado a salir, pero si él le pedía que lo alojara unos momentos ella aceptaría, así que no esperó mucho y habló con ella y no tuvo más remedio que aceptar.
Así que Georg se encaminó a la habitación de Mariela y no es que estuviera enojado, tal vez podría limar asperezas con la chica aunque mejor no se hacía ilusiones.
—Salió, después de llamar a alguien. —informó Isabela a Jörg.
—¿No escuchaste con quien hablaba?
—No, no me dio tiempo, fue muy rápido.
—Eres una estúpida. ¿Hace cuanto se fue?
—Dos o tres minutos. —contestó la chica.
—Síguelo. —le ordenó.
Isa salió del apartamento lo más rápido que pudo, bajó por el ascensor y milagrosamente Tom estaba en el parqueo, al parecer estaba hablando con alguien a través de su celular, ella se escondió detrás de una de las columnas del edificio.
Lo vio subirse al automóvil y marcharse del lugar, ella lo siguió en su coche, llevando una distancia considerable, para que Tom no viera que le estaba siguiendo. Al llegar a uno de los semáforos Isa no pudo pasar y se quedó atrás, por un momento pensó que no lo alcanzaría pero cuando se había dignado a regresar al apartamento lo vio salir de una gasolinera, que suerte la que tenía.
Tres cuadras más le siguió, viendo que se aparcaba enfrente a un hotel, pudo verlo bajar y entrar al lugar. Ella hizo lo mismo, mientras cruzaba la calle, una musiquita empezó a sonar, era su móvil.
—¿Lo seguiste? —era la voz de Jörg al otro lado del auricular.
—Sí. —titubeó la chica.
—¿Dónde está?
—En un hotel. Todavía no sé por qué.
—Claro tú nunca sabes nada. Dame la dirección iré a buscarte y a él también, sólo espero que no sea lo que yo sospecho.
Isabela lo pensó unos momentos, le dio la dirección sin estar muy convencida de eso. Pero no podía hacer nada. Se bajó del automóvil rumbo al hotel. Entró pero no vio por ningún lado a Tom, así que se acercó a la recepción y preguntó si habían visto al chico de rastas pero no le dieron información, llegó a los ascensores, uno de ellos estaba abajo y el otro estaba en la última planta, eso le dio una idea y se encaminó al piso que señalaba el puntero. Su celular sonó otra vez espantándola. Jörg llamando, estaba claro, no pararía hasta saber qué es lo que pasaba con Tom.
—Ya estoy aquí, tú dónde te metiste.
—Estoy en el último piso.
—Voy para allá
Tom tocó la puerta de la habitación de Bill, su corazón se desbocó, de la emoción, tenía tantas ganas de verlo, tantas ganas de acariciarlo y de besarlo pero que más, ahí estaba él. Tan guapo como siempre.
—Tom. —Bill no contuvo las ganas de abrazarlo y lo hizo en el pasillo. Juntó sus labios con los de su amante, dejando sentir la cálida boca y la humedad de su lengua pasearse dentro de su boca, acariciándose una con otra, jugando y ensalivándose. Se separaron jadeantes un hilo de saliva bajaba por la barbilla de Bill, su hermano le lamió dejándolo aún más húmedo.
—Te extrañé. —dijo Tom sinceramente. Las horas lejos de él habían sido meses y hasta años. Bill le besó suavemente solo rozando sus labios.
—Yo más. —rieron juntos, cómo dos niñitos con un nuevo juguete, se miraron fijamente, comiéndose con la mirada. Deseándose.
Isabella llegó a su destino miró a ambos lados pero no había nadie hasta que escuchó unas risas al otro lado del pasillo de enfrente. Asomó su cabeza y vio dos figuras abrazadas en medio del pasillo. Era Tom y el otro… ¿Amir? ¿Qué hacía Tom con Amir? Se preguntaba Isabela ahogando un sollozo, se estaban besando, sintió un dolor en el estómago, tragó saliva tratando de borrar la imagen que había visto minutos atrás.
—Te amo. —dijo Tom. La chica abrió los ojos como platos. Y el dolor se hizo más intenso, lo amaba a él, Amir Derack, el nombre resonaba una y otra vez en su cabeza. Era él, recordó el trato que hizo con Jörg que le tenía que hacer olvidar a una persona, estaba más que segura que era Amir.
Por eso el día que llegó al apartamento salió corriendo cuando vio a Tom y él lo siguió, la chica ató cabos esa noche no llegó a dormir, quería decir que lo siguió y se quedó con él, no lo había olvidado. Seguían riendo el eco de sus voces resonaba en el pasillo haciéndole doler los tímpanos, nunca le había dicho te amo a ella, por mucho que se había portado bien con él. Por lo menos delante porque atrás seguía acostándose con su padre. Ahora que lo pensaba no se merecía a Tom, era una estúpida zorra que se dejaba mandar por un estúpido viejo. No sabía qué hacer, en cualquier momento llegaría Jörg.
El sonidito del ascensor la sacó de sus cavilaciones. Era Jörg que salía por la puerta del ascensor.
Claramente pudo ver la pistola que llevaba bajo su camisa. Algo malo pasaría ahí. Se escuchó el sonido de una puerta cerrarse, al parecer los gemelos habían decidido entrar.
—¿A qué habitación entró? —preguntó, decidido hacer cualquier cosa, ella conocía a Jörg y por eso le tenía mucho miedo
—No lo sé. Titubeó, sentía un nudo en la garganta.
—Sí sabes, no me digas que ahora te entró el miedo ¿No quieres venganza? Tal vez Tom te esté engañando a saber con qué cosa.
—¿Qué sabes tú?
—Sé mucho más que tú así que dime ¿En qué habitación están? —Isabela lo miró con miedo. —No me mires así linda, relájate y disfruta del momento, soy un zorro viejo, ya ves que dicen más sabe el diablo por viejo que por diablo y yo estoy viejo y te digo un secreto. —acercó sus labios hasta su oreja dejando escapar su aliento y le susurró. —Yo soy el diablo. —sonrió con tanta maldad, que cada uno de los vellos de su piel se erizaron y un temor mayor se apoderó de ella.
Continúa…
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