
Fic TOLL de lyra
Capítulo 126
No podía dejar de abrazarle sintiendo como temblaba entre sus brazos con sus palabras aún resonando en su cabeza como un eco lejano.
«No vuelvas a alejarte de mi»—le había suplicado Bill en un susurro—»Te he echado mucho de menos y he creído ver lo que no era…»
Sentía cómo el temblor de Bill iba cediendo poco a poco, pero aún así no lo soltó. Todo lo contrario, lo abrazó aún más fuerte como si quisiera dejar claro con el calor que emanaba de su cuerpo y con la respiración pegada a su cuello que no pensaba irse sin él a ningún lado.
—Bill… mírame —pidió con suavidad.
Bill tardó un segundo en reaccionar levantando la cabeza, sus ojos estaban brillantes no por el llanto sino por esa mezcla de miedo y alivio que solo aparecía cuando uno se asustaba al sentir perder algo que quería demasiado.
Tom le acarició la mejilla lentamente con el pulgar como si temiera que se fuera a romper bajo su contacto.
—No tienes que imaginar nada—dijo con una firmeza tranquila—No me voy a ir de tu lado, nada ni nadie podrá alejarme de ti.
Bill tragó con esfuerzo intentando recomponerse, pero la voz le salió igual de frágil.
—Es que… cuando te vi irte con él… pensé que quizás… —empezó a decir sintiéndose avergonzado—Sé que es absurdo pero no lo he podido evitar…
—No es absurdo si te ha dolido —susurró Tom acercando su frente a la suya—Andreas ya ha comprendido que él es pasado, ahora tú debes comprender que eres donde quiero estar.
Bill cerró los ojos por unos segundos cogiendo aire profundamente como si sus palabras hubieran aflojado un nudo que llevaba demasiado tiempo apretado.
—Prométeme que no vas a volver a irte sin mi—suplicó de nuevo en un susurro.
—Te lo prometo—dijo Tom con firmeza—Y si alguna vez tengo que irme aunque sea solo un minuto te lo diré antes porque no quiero que jamás vuelvas a sentirte solo.
Bill apoyó la cabeza en su hombro dejándose envolver por él, como si por fin pudiera descansar.
—Gracias por entenderme —susurró suspirando.
Tom dejó un besó suave en su sien, lento y cálido como una respuesta que no necesitaba palabras.
—No tienes que darme las gracias, solo déjame quedarme contigo—dijo él también suspirando
Bill asintió lentamente con la cabeza aún aferrado a él como si necesitara asegurarse de que seguía allí a su lado abrazándole con fuerza, tardó varios minutos en poder separarse cuando sintió que por fin las piernas dejaban de temblarle.
—Lo siento mucho… por ponerme así —murmuró avergonzado sin atreverse a mirarlo—No quiero que pienses que estoy celoso porque te hayas ido con Andreas, sé que necesitaba tu ayuda para superarlo pero… no he podido evitarlo…
Tom levantó una mano y la apoyó con suavidad en su nuca obligándolo a mirarlo sin dureza, solo con esa mezcla de ternura y determinación que siempre lo desarmaba.
—No vuelvas a disculparte por eso y mucho menos hoy—pidió acercándose un poco más—Es un día importante para ti y no hablo solo de la hoguera, hoy estás enfrentándote a una gran prueba y yo prometí estar a tu lado en cada momento.
Bill bajó la mirada aún avergonzado aunque su cuerpo ya no temblaba, el abrazo le había devuelto la confianza y las fuerzas que necesitaba pero en esos momentos era la culpa la que le apretaba el pecho impidiéndole respirar.
—Es que no quiero ser una carga —confesó en un susurro—No quiero que pienses que soy inseguro o que no confío en ti.
Tom negó lentamente acercándose un paso más, lo suficiente para que sus frentes casi se rozaran.
—Lo que único pienso es que estás enfrentándote a muchas cosas que te remueven por dentro—dijo con voz baja pero firme— A recuerdos y miedos que no son fáciles de mirar de frente, y aun así estás aquí luchando con todas tus fuerzas Eso no te convierte en ninguna carga sino en la persona más valiente que he conocido jamás.
Bill sintió que esas palabras le daban todo ese valor que Tom siempre veía cuando le miraba fijamente a los ojos, aunque él mismo estuviera convencido de no tener nada de valiente sino más bien todo lo contrario. Había pasado toda su vida sintiéndose insignificante y muy pequeño pero Tom volvía a demostrarle una vez más que confiaba en él y que sabía que con su incondicional apoyo sería capaz de superar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.
—Cuando te vi irte con él me dolió más de lo que llegué a imaginar—admitió con un hilo de voz—No porque no confíe en ti, sino porque me asusté ante la posibilidad de poder perderte.
—Y por eso estoy aquí —dijo Tom con suavidad tomándole de la mano y entrelazando los dedos con los suyos—Para que no tengas que pasar por esto solo, para recordarte que nunca me voy a ir de tu lado ni con Andreas ni con nadie.
Bill levantó la mirada y se encontró con los ojos de Tom tan cerca, tan firmes y tan suyos llenos de esa seguridad que siempre lo desarmaba. No podía evitar sentirse ridículo por haberse alterado de aquella manera sabiendo que Tom solo había acompañado a Andreas porque seguía siendo su amigo y necesitaba ayuda para aclarar sus sentimientos.
—¿Dónde está Andreas? —preguntó dejando a un lado todos esos celos infundados en vano.
—Pues… estuvimos hablando mientras paseábamos y por fin he conseguido que entienda que tiene a su lado a una persona maravillosa a la que está a punto de perder —explicó Tom—Ha ido a buscar a Víctor para pedirle perdón por todo.
—Pero… Víctor está en el lago —explicó Bill para su sorpresa—Llegó hace unos minutos en compañía de Lukas.
—¿Lukas? —repitió Tom arrugando la frente, como si ese nombre no terminara de encajarle en la historia.
—Sí, David le ha dado libre el día también—comentó Bill—Ahora están echando una carrera en el lago con Helen, Melissa y Anouk.
Tom se pasó una mano por la nuca mientras trataba de procesar tosa esa información, sabía que Lukas era uno de los nuevos camareros contratados por David en el último momento para cubrir su baja y la de Bill y había escuchado ya algún rumor sobre él, como que era muy atractivo y había congeniado muy bien con Víctor.
Y en esos momentos que Andreas había decidido al fin luchar con todas sus fuerzas por él, alguien se había interpuesto en su camino de una manera fortuita.
—Andreas va a llevarse una desagradable sorpresa—murmuró resoplando.
—Víctor lo está pasando también muy mal y quizás ya se ha cansado de esperar—dijo Bill sin poderse contener.
—Andreas está decidido a no perderle pero creo que ha tomado la decisión un poco tarde—admitió Tom—Y no podemos echarle la culpa de nada a Víctor o a Lukas, pero me gustaría que Andreas tuviera la oportunidad de poder explicarse.
—Quizás aún no sea demasiado tarde —dijo Bill con un atisbo de esperanza—Puede que entre Víctor y Lukas no haya nada realmente serio y que el recuerdo de Andreas siga siendo demasiado fuerte, tal vez Víctor solo se siente muy confuso y se está aferrando a alguien que le está haciendo sonreír justo cuando más lo necesita pero nada más.
Tom asintió lentamente como si quisiera creerlo tanto como Bill, aunque la preocupación seguía dibujada en sus ojos.
—Ojalá tengas razón —murmuró deseándolo con todas sus fuerzas—Andreas ha cometido errores pero no se merece quedarse con todo eso dentro sin poder decirle a Víctor lo que siente de verdad.
—Y Víctor tampoco merece quedarse con dudas —añadió Bill mirándole con una mezcla de ternura y comprensión —Si aún siente algo por él, aunque sea un poco, escuchar a Andreas podría ayudarle a decidir qué quiere de verdad. Y si no… al menos ambos podrán cerrar esa historia sin rencor.
—Eso espero, de verdad—susurró Tom con sinceridad—Ojalá Andreas pueda tener su oportunidad para explicarse antes de que sea demasiado tarde.
—A veces las segundas oportunidades llegan justo cuando uno cree haberlas perdido —dijo Bill mirándole fijamente a los ojos—Quizás esta sea una de esas veces.
Tom le devolvió la mirada y vio en sus ojos esa calidez que solo aparecía cuando Bill hablaba con esa mezcla de esperanza y convicción.
—Me gusta que hables así a pesar de lo que has podido pensar de Andreas—soltó sin poderse contener.
—Solo quiero que todos podamos estar en paz—dijo Bill con firmeza—Que Andreas tenga su última oportunidad, que Víctor pueda escucharle sin dolor y que tú y yo no nos separemos nunca más.
Tom asintió con firmeza, eso mismo era lo que deseaba él con todas sus fuerza y no dejaba de rezar para que así fuera.
&
Dando por finalizada la carrera, el grupo el grupo llegó a la orilla entre risas y salpicaduras siendo Lukas fue el primero en poner un pie en la arena proclamándose ganador seguido de cerca por Melissa y Anouk que discutían entre ellas acusando la una a la otra de haber hecho trampas.
—Me has agarrado del brazo—acusó Anouk a Melissa.
—Perdona, me dio un tirón en la pierna—se defendió Melissa entre risas— ¿Querías que me ahogara en mitad del lago?
—Vamos Anouk, que eres quien mejor nada de todos—murmuró Víctor entrando en la broma—Podías ganar con una mano a la espalda.
—Mirad, Tom ha vuelto —comentó Helen señalando la playa con un gesto de la cabeza.
Víctor se volvió al momento descubriendo a esa persona que parecía tener hipnotizado a Andreas sin ser consciente de ello. Tom caminaba por la playa dirigiéndose a la zona de las tumbonas con paso tranquilo con Bill a su lado abrazado a su cintura como si hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez que ambos se habían visto.
Desde donde estaba podía estudiar cada uno de sus movimientos a pesar de la distancia, como Tom ponía su mano en la desnuda espalda de Bill y se la acariciaba con una naturalidad que solo tienen quienes se conocen de memoria.
El grupo entero permanecía en silencio observando la escena cada uno tomando sus propias concusiones. Helen sonreía con ternura, Melissa y Anouk intercambiaron una silenciosa mirada mientras que Lukas soltaba un silbido.
—Vaya… hacen muy buena pareja—murmuró Lukas sin poder contenerse.
Víctor sintió un pinchazo inesperado en el pecho, no era dolor exactamente pero sí algo que se le parecía demasiado.
Envidia.
Una envidia suave, casi vergonzosa, de ver a alguien tan seguro, tan correspondido y tan querido mientras que él llevaba días sintiendo que lo suyo con Andreas se había desvanecido sin que ninguno de los dos tuviera el valor de admitirlo.
Y todo por culpa de una sola persona, ajena a todo ese dolor que había provocado con su regreso.
Desvió la mirada sintiéndose de repente muy mal de nuevo sintiendo a su lado a Lukas quien lucía una amplia sonrisa en su cara.
Lukas, que siempre parecía brillar un poco más cuando lo miraba.
Lukas, que sin darse cuenta apoyó su hombro contra el suyo mientras observaba a Bill y a Tom acercarse donde Louise descansaba tomando plácidamente el sol.
—¿Estás bien? —preguntó Lukas en voz baja sin apartar la vista de los recién llegados, como si no quisiera incomodarlo mirándolo a él directamente.
Víctor tragó con esfuerzo sintiendo que ese gesto tan simple y tan natural le revolvió algo por dentro.
—Sí… solo estoy cansado por la carrera—contestó intentando sonar casual.
Pero Lukas no se dejó engañar con sus palabras, había notado su cambio de ánimo justo cuando Tom había hecho acto de presencia. Y no era solo eso, hasta sus oídos habían llegado muchos rumores provenientes de Anouk y Melissa sobre que las cosas entre él y Andreas no iban bien últimamente y el culpable no era otro que el mismo Tom.
—No deberías pasarlo tan mal por alguien que no te merece ni buscar culpables—susurró Lukas dándole un empujón suave—Lo que tienes que hacer es seguir adelante porque estoy seguro de que tienes cerca a alguien dispuesto a darte eso que tanta falta te hace.
Víctor se le quedó mirando como si no hubiera entendido bien lo que le estaba diciendo sin poder ignorar la sensación que le recorría el pecho cada vez que Lukas rozaba su cuerpo sin querer al hablar o moverse.
Tal vez lo suyo con Andreas había terminado.
Tal vez algo nuevo estaba empezando sin que él se diera cuenta.
—Vamos con ellos —dijo Helen rompiendo el íntimo momento.
Melissa y Anouk asintieron y se pusieron en marcha seguidas de Lukas quedándose Víctor un poco rezagado mientras sentía cómo su estómago se encogía. No le apetecía en absoluto reunirse con los demás, no después de ver a Tom tan feliz, resuelto y en paz mientras que su propia vida sentimental era como un castillo de arena que la marea ya había empezado a llevarse.
Pero aun así, siguió los pasos de sus amigos porque era lo que debía hacer, caminar con ellos incluso cuando sus pensamientos iba en otra dirección.
Los pies se le movieron por sí solos por la arena mientras el grupo avanzaba hacia donde estaban el resto de sus amigos charlando animadamente acomodados en sus tumbonas. Bill sonreía con entusiasmo mientras que Tom lo miraba con esa mezcla de ternura y adoración que a Víctor le resultaba casi dolorosa de observar.
— ¿Quién ha ganado la carrera? —preguntó Louise al verlos acercarse.
—Seguro que Anouk, como siempre—apuntó Tom sonriendo ampliamente.
—Casi —murmuró Anouk dejándose caer en una tumbona vacía—Lukas me adelantó porque Melissa ha hecho trampas y me agarró del brazo.
—¡Que casi me ahogo en mitad del lago! —repitió entre risas Melissa dándole un suave empujón.
Lukas y Víctor tomaron asiento en la misma tumbona sin darse cuenta, tan cerca de que sus rodillas casi se rozaron. Ese «casi» fue suficiente para que a Víctor se le acelerara el pulso.
Tom dirigió la mirada hacia él, contento por un lado de que estuviera allí pero también algo decepcionado porque Andreas había ido en su búsqueda al bungalow de Melissa y lo hallaría vacío.
—¿Qué tal estás? —preguntó sin poderse contener.
Víctor evitó su mirada mientras se encogía de hombros como respuesta, no tenía ganas de hablar con él porque no quería sentir ese contraste entre la estabilidad que Tom emanaba y el caos que él llevaba dentro.
Y Bill, ajeno en esos momentos al dolor de Víctor, se movió en la tumbona acomodándose mejor en ella dejando que su cuerpo descansara contra el de Tom quien le pasó un brazo por los hombros acercándole con suavidad hacia él. Se acurrucó sin pensarlo contra su pecho, como si ese gesto fuera su hogar natural y Víctor al verlo sintió otra punzada que no de celos hacia ellos sino de añoranza, de deseo de tener algo así que no se esfumara con tanta facilidad entre sus dedos.
A su lado, Lukas no podía dejar de observarle de reojo mientras que las chicas conversaban entre ellas sobre como él sol y el agua del lago dejaba su piel reseca, aprovechando para secarse con las toallas y darse crema.
—Estás muy callado —comentó lo bastante bajo para que solo él lo oyera.
Víctor tragó con esfuerzo sin saber qué responder, ni sabía si podía hablar sin que la voz le temblara.
Y una vez más Lukas sintió su malestar y no sabiendo como poder ayudarlo dejó que su rodilla rozara la suya como si fuera casual, pero que para Víctor era un pequeño gesto que lo atravesó como un rayo recorriendo todo su cuerpo.
Levantó la mirada y se le quedó mirando en silencio sintiendo que sus labios esbozaban una débil sonrisa mientras que pensaba que por primera vez en mucho tiempo quizás no estaba tan solo como creía.
—Tanto ejercicio me ha abierto el apetito —comentó de repente Melissa.
—Ya es casi la hora de comer—murmuró Helen tras consultar la hora—Aunque fijo que Georg y Peter han arrasado con la cocina del club.
—Tranquila, siempre tienen hueco para más—dijo Louise entre risas—Entonces, ¿nos vamos ya a comer?
Uno a uno todos se pusieron en pie estirándose y secándose con avidez con las toallas mientras recogían sus bolsas y pertenencias.
Víctor se levantó con movimientos automáticos intentando no pensar demasiado ni en Tom ni en Bill, ni en lo que había sentido al verlos y al tenerlos tan cerca. Solo se concentró en seguir el ritmo del grupo sintiendo a Lukas a su lado con el sol iluminándole la espalda mojada y por un instante tuvo que apartar la mirada para no quedarse hipnotizado sin poder apartar la mirada de su cuerpo ni pestañear.
—¿Listo? —preguntó Lukas dándole un pequeño toque en el hombro.
—Sí… vamos—contestó Víctor sintiendo una mezcla de nervios y algo más cálido recorriendo su cuerpo por dentro.
Melissa y Anouk se habían adelantado bromeando entre risas que si tardaban más iba a comerse a alguien, tras ellas Helen caminaba junto a Louise comentando algo sobre el menú del día mientras que Bill y Tom iban a su lado aún demasiado pegados el uno al otro como si no quisieran separarse nunca.
Y Víctor, con la toalla al hombro y el corazón cada vez más revuelto, caminaba tras todos ellos sintiendo que quizá el día aún podía mejorar al sentir de nuevo a Lukas a su lado haciendo que sus brazos se rozaran al caminar.
Y ese simple gesto bastó para que el mundo se sintiera un poco menos pesado.
&
Llegó al bungalow de Melissa y subió los escalones del porche tan rápido como pudo, no podía evitar sentirse muy nervioso pensando en todo eso que le quería decir a Víctor y que se agolpaba en su cabeza.
Se paró ante la puerta y durante un instante pensó en entrar sin llamar pero se contuvo en el último segundo, si Víctor estaba descansando lo mejor sería no interrumpirle bruscamente así que cambió de planes y llamó suavemente a la puerta.
Pero tras unos segundos esperando sin obtener respuesta alguna frunció los labios y llamó de nuevo esa vez con más fuerza, pero obtuvo el mismo silencio como respuesta.
—¿Víctor? —llamó mientras abría la puerta y asomaba la cabeza.
Recorrió con rapidez la estancia hallándola vacía, descubriendo que el sofá tenía los cojines revueltos como si alguien hubiera estado tumbado allí hasta hacía bien poco. Agudizó el oído buscando cualquier ruido que delatara la presencia de Víctor pero no escuchó nada, y entonces se dirigió al baño con la esperanza de encontrarlo allí hallándolo también vacío.
Arrugó la frente pensativo, quizás Víctor se había cansado de pasar toda la mañana allí encerrado y había decidido regresar al club por otro sendero.
Con esa idea en mente salió del bungalow y emprendió el camino de vuelta decidiendo echar primero un vistazo en la playa por si se le había ocurrido dar un paseo por ella con la esperanza de verle allí para luego dirigirse en caso de no encontrarle al club para preguntar por él.
Caminó todo lo rápido que pudo sintiéndose cada vez más ansioso por llegar como si tuviera un mal presentimiento. Al llegar a la playa pronto llegó a sus oídos el murmullo del lago mezclado con las risas y voces dispersas de los bañistas.
Sabía que Tom y los demás se habían colocado cerca de la cancha de voleibol así que se dirigió directamente hacia allí con la esperanza de que alguno de ellos tuviera noticias de Víctor.
A medida que se acercaba distinguió al pequeño grupo compuesto por Louise, Helen, Tom y Bill y además de Melissa y Anouk a quien David había dejado libre, todos sentados en varias tumbonas charlando relajadamente y riendo.
Y entonces lo vio.
Víctor estaba allí sentado, y a su lado y demasiado cerca para su gusto estaba Lukas.
Ambos compartían la misma tumbona con una naturalidad que a Andreas se le hacía insoportable de ver porque la distancia entre sus cuerpos era mínima y casi íntima, Lukas decía algo en voz baja pero Víctor parecía no tener ganas de hablar, se le veía algo cansado pero cómodo de tenerle a su lado como si ese fuera exactamente el lugar donde siempre quiso estar.
El corazón de Andreas dio un vuelco tan brusco que casi le cortó la respiración, no era solo la cercanía física sino la escena completa. Víctor, que tras la conversación que habían mantenido esa mañana parecía a punto de desmayarse por culpa de su indecisión, en esos momentos estaba muy tranquilo, bien acompañado y disfrutando del día libre como si nada hubiera pasado.
Y no era por él.
Era por Lukas, quien siempre parecía qué hacer o decir para animarle y lograr arrancarle una tímida sonrisa.
Andreas se quedó quieto unos segundos como si sus pies se hubieran clavado en la arena observando cómo Lukas buscaba tener contacto con el cuerpo de Víctor aunque fuera mínimo rozando su rodilla con la suya.
No podía evitar dejar de observarles viendo en ellos mucha complicidad y comodidad, y sintió un pinchazo de celos tan agudo que casi le dolió físicamente.
«Se ha cansado de esperar» —pensó sin poderlo evitar—»Se ha cansado de mis dudas sobre Tom y se ha cansado ya de todo. He llegado tarde…»
No sabía que hacer, no sabía si acercarse…no sabía si tenía derecho a hacerlo pero tampoco podía apartar la mirada.
Desde donde estaba la escena que se desarrollaba ante sus ojos parecía una confirmación silenciosa de sus peores temores, que Víctor había encontrado en otro todo eso que él no había sabido darle.
Avanzó unos pasos más por la arena con la tonta esperanza de que quizás estaba interpretando mal la escena, pero entonces vio cómo el grupo entero empezaba a moverse. Todos se levantaron de sus tumbonas y empezaron a recoger sus cosas, por la hora que era Andreas sabía que irían juntos al club a comer.
De nuevo observo otra escena que le golpeó con más fuerza de la que esperaba, Víctor y Lukas poniéndose en pie a la vez casi sincronizados, como si hubieran estado compartiendo un mismo espacio y un mismo ritmo.
De nuevo Lukas le decía algo en voz baja a Víctor como si estuviera preocupado por él, se le notaba en la expresión que le recorría la cara. Vio como Víctor asentía con la cabeza con esa sonrisa cansada que a Andreas siempre le había enternecido para luego echar a andar juntos…demasiado juntos otra vez.
Sus pasos iban acompasados y aunque no se tocaban, sus manos quedaban tan cerca que parecía cuestión de un segundo que una rozara la otra. Ese casi contacto, esa cercanía natural y esa comodidad fue lo que más le dolió ver, podía sentir un nuevo pinchazo en el pecho que le dejaba sin aliento.
Era como ver una puerta cerrarse delante de él, como si estuviera presenciando en tiempo real cómo alguien ocupaba el lugar que él no había sabido reclamar.
La sensación de haber llegado tarde, de haber fallado y de haber perdido algo sin siquiera haberlo llegado a tener del todo se le instaló en el estómago como una piedra.
Permaneció quieto unos segundos más observándolos alejarse en dirección al club con esa sensación amarga instalada en el pecho de que todo se había terminado, Víctor había tomado al fin la decisión de dejarle.
Cogió aire profundamente un par de veces intentando que el aire llegara a sus pulmones y le despejara la cabeza, pero no funcionó. Sacudió la cabeza y echó a andar hacia el club sintiendo que allí encontraría el consuelo que necesitaba en esos momentos.
Se dirigió hacia el parking con la mirada baja sintiendo que cada paso le pesaba más que el anterior, sintiendo que al moverse le daba la ilusión de que estaba haciendo algo y de que no se estaba desmoronando del todo.
Llegó al parking y lo atravesó buscando la puerta trasera que comunicaba con la cocina, estaba entreabierta y a través de ella le llegaba el olor a pan recién horneado que Rose siempre estaba haciendo en todo momento.
Cogió aire y atravesó la puerta dispuesto incluso a echarle una mano a Rose con lo que fuera con tal de tener la mente ocupada en cualquier cosa que no fuera su ruptura con Víctor.
Entonces vio que no estaba sola, a su lado estaban trabajando codo con codo Alison y Steve que parecían desenvolverse muy bien. Se les quedó observando en silencio hasta que Rose sintió su presencia y se volvió de inmediato.
— ¿Qué haces aquí?—preguntó sin poderse contener, con ese tono suave que usaba cuando intuía que alguien venía roto— ¿No deberías estar con los demás disfrutando del día libre?
—Necesito… no pensar—contestó Andreas encogiéndose de hombros.
Rose se le quedó mirando unos segundos más evaluándolo para luego señaló con la barbilla una pila de verduras sin cortar.
—Pues ponte un delantal—le pidió con suavidad—Si necesitas distraerte que sea con algo útil.
Andreas dejó escapar una leve risa y tras soltar un profundo suspiro cogió el delantal y se lo puso con manos algo temblorosas. Se colocó al lado de Rose y cogiendo un cuchillo se puso a trabajar sintiendo que el simple gesto de cortar, ordenar y repetir movimientos mecánicos empezaba a funcionar haciendo que sintiera que se iba relajando poco a poco.
Rose no dijo ni preguntó nada porque sabía que no hacía falta, su silencio era justo lo que él necesitaba.
Y mientras el sonido rítmico del cuchillo llenaba la cocina, Andreas sentía que, por primera vez desde que vio a Víctor alejarse, podía respirar sin que le doliera tanto.
&
Sentados en la barra del club, Georg y Peter habían estado disfrutando de un plato repleto de tostadas de aguacate con lima y pimienta hasta quedar saciados. Sintiéndose pesados y somnolientos, permanecían allí cómodamente instalados refrescándose con una limonada bien fría mientras comentaban el partido de voleibol que habían disputado a primera hora de la mañana.
Entre risas y quejas por los músculos cargados el tiempo se les había pasado sin darse cuenta cuando vieron al resto de sus amigos entrar por la puerta del club buscando con la mirada una mesa libre donde poder comer.
—¿Y si comemos mejor en el embarcadero? —sugirió Louise echando un vistazo a su alrededor—Aquí parece que no queda ninguna mesa libre y además hay muchísimo ruido.
—Pero aquí tenemos aire acondicionado —apuntó Helen abanicándose con una mano.
—Hay una zona con sombra en el embarcadero donde corre una brisa fresca, si nos dais unos minutos Anouk y yo lo vamos preparando —propuso al momento Melissa.
Louise y Helen intercambiaron una mirada rápida y finalmente accedieron dejando todo en sus manos, entonces se dirigieron hacia la barra para recoger a sus novios que permanecían sentados tranquilamente como si el mundo no se moviera a su alrededor.
Al verlas acercarse Georg levantó la mano en un saludo perezoso mientras Peter terminaba de contar una anécdota del partido, ninguno de los dos parecía tener muchas ganas de levantarse.
—¿Ya es la hora de comer? —preguntó Georg en cuanto los vio acercarse—Porque estoy hambriento.
—¿En serio, Georg? —inquirió Louise resoplando—Prefiero no saber cuántas tostadas te has comido…
—No las suficientes —murmuró Georg frotándose el estómago con dramatismo.
—Melissa y Anouk nos están preparando una mesa en el embarcadero —explicó Helen mientras tomaba asiento al lado de Peter—Tardarán unos minutos, que ahora somos más gente.
Georg echó un vistazo hacia la entrada y vio a Bill y Tom conversando en voz baja cogidos de la mano, y a su lado estaban Víctor y Lukas en un silencio absoluto como si no tuvieran nada de qué hablar.
—Genial —dijo Georg con una amplia sonrisa—Cuantos más seamos, más divertido.
Peter soltó una carcajada y le dio un golpecito en el hombro, como si confirmara que la fiesta acababa de empezar. Louise negó con la cabeza pero no pudo evitar sonreír ante el entusiasmo contagioso de su novio.
Al momento Patrick se acercó a ellas luciendo una amplia sonrisa, a pesar de todo el trabajo que tenían encima.
—¿Queréis tomar algo? —preguntó con educación.
—No, gracias—contestó Louise devolviéndole la sonrisa—Vamos a comer en unos minutos.
—Yo solo quiero un vaso de agua con hielo, por favor —pidió Helen también sonriendo.
Patrick asintió con la cabeza y se dispuso a preparar la bebida dejando a Louise y Helen a solas con sus novios, aprovechando esos minutos de calma antes de que todos se reunieran en el embarcadero.
Peter pasó un brazo por los hombros de Helen acercándola un poco más a él.
—¿Segura de que solo quieres agua? —preguntó sonriendo—Porque estamos a tiempo de pedir más tostadas…
—No, gracias—contestó Helen tratando de ponerse seria—Creo que tú y Georg habéis terminado con todas ellas.
—Eso lo dudo—intervino Georg con una sonrisa traviesa.
—Georg por favor, trata de controlarte—pidió Louise—Si sigues comiendo así te va a dar algo.
—Sabes que luego quemaré todas esas calorías en el gimnasio —replicó Georg—Además, el partido de voleibol me ha dejado extenuado.
—El partido fue a primera hora de la mañana —le recordó Louise— ¿Vas a seguir usándolo como excusa para comerte hoy todo lo que quieras?
—Lo que tenemos que hacer después de comer es dar un largo paseo por el lago—apuntó Helen.
—Me encanta la idea, hace un día precioso —dijo Louise asintiendo.
—Así compensamos el atracón de comida que se va a dar Georg—murmuró Peter lanzándole una mirada burlona a su primo.
—Oye, oye… —protestó Georg, llevándose una mano al pecho como si estuviera ofendido— ¿Por qué siempre soy yo el ejemplo de glotonería?
—Porque siempre te lo ganas —contestó Louise sin perder la sonrisa.
Georg abrió la boca para replicar, pero en ese momento Patrick regresó con el vaso de agua con hielo para Helen. Ella se lo agradeció con una sonrisa cálida antes de dar un sorbo.
—El paseo te vendrá bien—continuó diciendo Louise mirando fijamente a su novio—Necesitas moverte y hacer hueco para la barbacoa.
—Ya me he movido bastante esta mañana —refunfuñó Georg sin perder el buen humor.
—El partido ya no te sirve de excusa, primo—le recordó entre risas Peter.
Louise soltó una risa suave mientras negaba con la cabeza y echaba un vistazo a su alrededor. El día estaba saliendo mejor de lo que habían planeado, se respiraba una tranquilidad en el ambiente que hacía mucho tiempo que no se sentía.
Sus ojos buscaron a Bill, quien permanecía aún en la puerta del club conversando en voz baja con Tom sin perder esa sonrisa que iluminaba su cara.
Louise sonrió satisfecha, todo parecía encajar en su sitio como si nada pudiera estropearles el día.
Pero entonces se fijó en Víctor y Lukas, de pie al lado de Bill y Tom permanecían en silencio y se les notaba algo incómodos. Arrugó la frente sin poder evitarlo, por lo visto no todos sentían que ese día iba a ser tan especial como ella creía.
—Creo que la mesa ya está lista —dijo Helen de repente.
Louise pestañeó y apartando la mirada de la silenciosa pareja se fijó en que Anouk estaba en la puerta haciéndoles una señal para que la siguieran. Todos se pusieron en marcha y tras reunirse en la puerta con Bill y Tom echaron a andar hacia el embarcadero siguiendo los pasos de Anouk.
Víctor y Lukas se habían quedado algo rezagados, caminaban más despacio casi como si el resto del mundo se hubiera difuminado a su alrededor. Lukas se mantenía atento a cada gesto de Víctor que parecía debatirse entre hablar o guardarse todo eso que le atormentaba dentro.
Tom se los quedó mirando por encima del hombro y luego se volvió hacia Bill quien también parecía haber notado la ausencia de la pareja.
—Vamos a dejarles—susurró Tom suspirando—Necesitan hablar.
Bill asintió con la cabeza entendiendo que lo que Víctor necesitaba en esos momentos era poder hablar con alguien, y aunque apenas conocían a Lukas tenían la impresión de que era una de esas personas a las que se les daba muy escuchar y aconsejar.
Siguieron caminando con los demás hacia la mesa que ya estaba preparada bajo la sombra con el sonido del lago golpeando suavemente contra el embarcadero marcando el ritmo de sus pasos, mientras que a unos metros tras ellos la conversación pendiente entre Víctor y Lukas por fin empezaba a tomar forma.
Continúa…
OMG, estamos tan cerca del final. No te vayas sin comentar 🙂