Te equivocas 13

«Te equivocas» (Fic de Earisu)

Capítulo 13

Bill se había pasado toda la tarde solo. Acostado en el sofá. Ni siquiera se molestó en poner la televisión…No tenía ganas de nada.
Se quedó ahí, abrazado a sí mismo. No había vuelto a dar arcadas, pero sentía que seguía teniendo fiebre y le dolía el estómago…
Con una simple compañía, todo malestar es más llevadero. Pero Bill eso no lo sabía. Él estaba acostumbrado a lamerse sus heridas solo. No le había quedado otra. Así que no le supuso un gran esfuerzo mantenerse en su sitio y no caer en la tentación de aceptar la propuesta de Nathan.
»Para lo que necesites, ya sabes donde estoy».
No habían sido pocas las veces en las que se había visto así después de todo.
Bill era un chico frágil, de defensas bajas…Caía enfermo con bastante frecuencia.

Llamaron a la puerta.
Bill dirigió su mirada hacia allí, como si con eso la puerta fuera a abrirse sola.
Después hizo un esfuerzo por levantarse y abrir.
-…Hola. ¿Cómo sigues?…

Hablando del rey de Roma…
-…Bueno… – Contestó Bill desganado y volvió rápidamente a tumbarse en el sofá.
Nathan le siguió…
A Bill no le gustaba esa visita un pelo…Porque iba a descubrir que no había rastro de su supuesto »novio» en la casa.
Por supuesto a Nathan no le pasaba desapercibido, pero decidió no hacer ningún comentario al respecto. Al chico le podía sentar mal…
Nath volvió a sentarse en la mesa de cristal frente al sofá.
-…¿Has comido algo? – Se interesó el hombre.
-…Un yogur.
-…¿Sólo eso?…
-…No tengo hambre…Además tengo la impresión de que vomitaría lo que comiera ahora.
-…De todos modos, deberías intentarlo.
-…Nah, en serio.

Hubo un momento de silencio.
-…Te dije que no…
-…Lo sé. Pero me constaba que seguías solo así que no lo he podido evitar. Lo siento.
-…¿Que te constaba?…¿Es que me espías ahora o qué? – Bill, que tenía un brazo sobre su frente le lanzó una mirada algo molesta.
-…No te espío, pero vivo a dos pasos de ti. Quiera que no, oigo tu puerta cada vez que alguien sale o entra.
-… – Kaulitz suspiró y Nathan sonrió.
-…¿Por qué te molesta tanto que alguien se preocupe por ti? – Preguntó Nathan aunque él pretendía que fuera una pregunta retórica.
-…No es que me moleste. Es que no lo entiendo…No entiendo por qué tú tienes que preocuparte por mi.
-…¿Y por qué no iba a hacerlo?…Te tengo cariño, ¿qué le voy a hacer?… – Nathan se encogió de hombros.
-… – Bill le miró ahora algo más relajado, aunque incrédulo. – …Me tenías cariño cuando tenía cinco años. Pero ya no soy el niño ese que conocías…Ya no soy gracioso…Ni simpático…
-…Puede que no seas la alegría de la huerta, vale…Pero bueno, tienes otras cualidades. – Bromeó el otro.
Bill alzó una ceja y sonrió un poco de lado.
-…No, ahora en serio. Quizá no lo comprendas por que quizá tú no te acuerdes tanto de mi. Pero yo de ti sí…Aunque haya pasado tanto tiempo, te sigo teniendo cariño. Eso no ha cambiado nada.

Kaulitz posó sus dos manos sobre su estómago y después ladeó la cara de modo que se quedó mirando al respaldo del sofá.
-…Sí me acuerdo de ti.
-…¿Ah, sí? – Bill le estaba esquivando la mirada, por lo que no vio que Nathan le volvió a sonreír.
-…Mmm. – Asintió el chico sin moverse. – … También me acuerdo de todo lo que lloré cuando te fuiste.
-… Te enfadaste mucho conmigo cuando te conté que me iba a estudiar fuera. – Recordó Nathan.
-…No entendía por qué tenías que irte a estudiar al extranjero pudiéndolo hacer aquí.
-…Antes de irme fui a despedirme de ti a tu casa…Pero tú no quisiste salir a verme.

Bill sonrió aunque algo tristemente al rememorar aquello. Siguió con los ojos pegados al respaldo del sofá.
-…Luego me arrepentí.
-…
-…Salí corriendo de mi casa y fui al aeropuerto.
-…¿Que fuiste al aeropuerto? – Se sorprendió Nathan. De eso no había tenido noticias nunca.
-…Sí…Pero llegué tarde.

Pasaron unos segundos sin decir nada. Cuando Bill volvió a mirar a Nathan, este tenía la boca ligeramente abierta.
-…¿Qué? – Preguntó Bill.
-…Nada…Es sólo que…No lo sabía.
Kaulitz recolocó un cojín para acomodarse mejor.
-…Pues ya lo sabes.
-…
-…Cuando llegué, ya te habías ido. Estuve sentado allí en el aeropuerto horas, enfadado conmigo mismo y demasiado triste…Cuando regresé a mi casa ya era de noche. Y estaba lloviendo, así que me puse chorreando por el camino. Al día siguiente amanecí enfermo…Y tuve que soportar que mi madre me regañara por, según ella, »ser tonto». Se enfadó mucho porque tuvo que gastar dinero en un jarabe y en unas pastillas. Pero bueno, a mi me daba igual. Yo sólo quería que tú volvieras.

Ahora Nathan se había puesto muy serio escuchando aquella historia, que por alguna razón, provocó que se le hiciera un nudo en la garganta.
-…Bueno…Pues ya he vuelto. – Consiguió decir al final.
-…Sí. Más de diez años después…

Nathan suspiró y sin pensárselo colocó una de sus manos sobre otra de Bill, que descansaba en su vientre y la estrechó.

Fuera por la fiebre (las pocas fuerzas y ganas de hacer nada) o por el momento, Bill no fue capaz de negarse al contacto.
No sólo eso, sino que nada más sentir la calidez de su tacto sobre su piel, le embargó una repentina sensación de seguridad…Había estado cansado desde hacía mucho, pero justo entonces fue cuando cerró los ojos por primera vez, dejándose vencer por el sueño, no sin antes enlazar sus propios dedos con los de Nathan.

Por su comodidad, Nathan se levantó de la mesita y se sentó en el sofá con Bill sin soltarle. Como el chico era tan delgado, los dos podían estar en él sin problema.
Ya allí, Nathan posó su otra mano en la frente de Bill para tomarle la temperatura. El chico abrió los ojos un poco, pero los volvió a cerrar sin decir nada.
Si tenía fiebre, debían ser ya sólo unas décimas.
-…Bill…No deberías dormirte sin comer algo antes. ¿Quieres que te prepare algo?…
-…Tengo mucho sueño… – Susurró el chico sin abrir los ojos.

Nathan le observó durante largos minutos. Así en silencio y a punto de dormirse Bill por fin aparentaba la edad que tenía.
…No era más que un crío…

Nath fue a apartar su mano para dejarle tranquilo, pero para su sorpresa Bill se la retuvo agarrándose a él con más fuerza.
Así que se quedó ahí, a su lado…Mirándole…Hasta que se durmió del todo.

Un mechón más corto del pelo de Bill se había puesto sobre uno de sus párpados cerrados y Nathan, antes de marcharse decidió colocarlo bien.
Le preocupaba que el chico pasara mala noche, pero no podía quedarse con él. No porque no pudiera, sino porque el mismo Bill le había dicho que no quería que se quedara y le había dado sus razones.
Así que no le quedaba más remedio que obedecerle.
Al menos, se le veía mejor…Esperaba que no recayera.

El mechón quedó perfectamente tras la oreja de Bill…Nathan no pudo evitar acariciar con su pulgar una suave mejilla de el chico…Si no fuera porque ya le parecía un pequeño abuso, la habría besado también.
Se levantó con todo el sigilo que le fue posible, le tapó con una pequeña y fina manta que estaba en un sillón hasta la cintura y con esto se fue.

&

Lo malo que tenía descansar un viernes es que el sábado sí que tenía que trabajar.
Nathan se levantó temprano y se planteó si hacer una visita o no a su vecino.
Pero si seguía durmiendo no quería despertarle, así que ya le preguntaría cómo estaba cuando llegara.

Nath salió de su apartamento dispuesto a enfrentarse con energía al nuevo día laboral. Estaba echando la llave cuando del ascensor a sus espaldas salió alguien.

-…Cariño, por favor. Te estás poniendo histérica. ¿No has oído al médico? La niña se va a poner bien, sólo nos ha dado un susto. Tranquilízate y deja de meterle miedo tú misma con tus tonterías…

Nathan se dio la vuelta, encontrándose con Jared pegado a su móvil.

Mientras que Nath se dirigiera al mismo ascensor, mosqueado…Jared iría en camino al apartamento de Bill.

-…Mira, te dejo, que tengo mucho trabajo atrasado por delante…Haz el favor de estarte tranquila… Hasta luego, cariño…Adiós.

Antes de que las puertas del ascensor se cerraran, Nathan vio como Jared abría la puerta con sus propias llaves…

Y se preguntó qué diablos había significado eso.

Continúa…

por Earisu

Escritora del Fandom

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