Estrella fugaz FIN

Estrella fugaz FIN

«Estrella fugaz» Fic de lyra

Capítulo 10. Escrito en las estrellas

Se despertó sollozando por lo bajo. Siempre que recordaba la manera en la que su hermano le había expulsado de su cama, no podía evitar echarse a llorar. Solo quiso consolarlo, pero no le dejó. Y en esos momentos pasaba igual, Bill sufría y él tenía que verlo sin poder hacer nada.

Un momento….había algo que si podía hacer….

Se levantó con rapidez y se arregló la ropa. No pensaba quedarse de brazos cruzados viendo como le hacían daño a Bill. Quizás no quería su consuelo, pero su ayuda no se la iba a negar.

Salió de la habitación y pasó por delante de la de Bill sin detenerse. Bajó las escaleras y se asomó al salón, donde Gustav descansaba con su pie lastimado en alto.

¿Vas a alguna parte? ¿Le ha pasado algo a Bill?—preguntó Gustav preocupado.

Sigue descansando, voy a resolver un asuntillo y vuelvo enseguida. Si se despierta Bill y pregunta por mi no le digas a donde voy—dijo Tom saliendo ya por la puerta del apartamento.

Pero…si no me has dicho a donde vas….—gritó en vano Gustav.

Subió al coche y arrancó, derrapando al incorporarse a la carretera. Condujo mordiéndose los labios, pensando en lo que le iba a decir a ese desgraciado. Se había burlado de los sentimientos de su hermano, para él fue un simple juego, pero para Bill algo mucho más serio.

Haría que se arrepintiera por haberle mentido y manipulado. Solo le dijo una par de palabras bonitas, algo que todo el mundo deseaba escuchar al menos una vez en su vida. Saber que para alguien era especial, que como él no había nadie igual…

¡Y cuanta razón llevaba! Bill era único, y no estaba dispuesto a renunciar a él…

Sabía que cuando se enterara de lo que había hecho, se iba a enfadar mucho con él. Ya sabía lo que le iba a decir, que era su vida y no tenía ningún derecho a opinar en ella. Pero si lo tenía, desde el momento en que sus labios se rozaron, sus vidas quedaron unidas, compartirían lo que les deparara el destino, porque era el mismo….

&

Llegó a la discográfica y aparcó sin importar rozar el coche con el de al lado. Se bajó dando un ligero portazo y entró en el ascensor del parking subterráneo. Marcó el piso deseado, sabiendo en que despacho le podía encontrar, no teniendo el suyo propio de momento y recordando donde perdió Bill el móvil….y sospechando como…

Salió del ascensor y corrió por el pasillo. Localizó el despacho de David, y sabiendo que él estaría en su casa reponiéndose de la regañina de su madre, abrió la puerta sin llamar y la cerró de un portazo.

¡Joder!….Tom…—gruñó Ian dando un bote.

Carraspeó maldiciendo por lo bajo. Estaba concentrado en la carpeta que tenía abierta sobre la mesa que se había dado un buen susto al escuchar la puerta, y más al ver quien era. No se lo esperaba…

¿Tenías una cita?—preguntó Ian tratando de mantener la calma.

¿Contigo? Ni en mis peores pesadillas—contestó Tom con ironía.

Dio un paso y se quedó de pie delante de la mesa, cruzándose de brazos y mirándole fijamente. Quería darle la oportunidad de que se explicara, que le diera un buen motivo para no partirle la cara.

Pero Ian cerró la carpeta que tenía delante como si nada y le imitó cruzándose él también de brazos, esperando que le dijera lo que sabía que le iba a decir. Que se alejara de su hermano, que no le volviera a tocar nunca más…

¿Cómo…cómo has podido?—estalló al fin Tom.

No sé de que me hablas—contestó sonriendo Ian haciéndose el difícil—Como no te expliques mejor…

Si te parece, te hago un dibujo”—pensó Tom con sorna.

No me trates como a un niño, yo no soy Bill—le escupió a la cara—Sé lo tuyo con mi hermano, todo el dolor que le has provocado.

Escuchar esas palabras hicieron que Ian meditase y borrara esa estúpida sonrisa de su cara. La cosa iba muy en serio, había hecho daño a una persona que no se lo merecía, que era solo una víctima.

Lo sé, no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde—dijo Ian suspirando—Le dejé porque no quería que sufriera por mí, no se lo merecía…

Le dejaste porque ya obtuviste de él lo que deseabas—le cortó Tom gritando—Eres un depravado, acostarte con un niño…

Tu hermano tenía 17—apuntó Ian—No era tan niño como tú crees.

Era un ser inocente, y tú te aprovechaste de él—insistió Tom con furia—Debería llamar a la policía, que te metan en la cárcel de por vida por abusar de un menor.

Sé que no lo vas a hacer—dijo Ian con firmeza—Bill te importa demasiado y esto le destrozaría. Le quieres y nunca le harías daño.

¿Qué sabrás tú de mi amor por Bill?—estalló Tom—No debiste tocarle, nadie puede hacerlo.

Pero… ¿tú te estás oyendo?—preguntó un asombrado Ian—Cualquiera diría que estás celoso.

Lo que estoy es cansado, de ver como la gente se aprovecha de mi hermano sin ver el dolor que le causan—contestó Tom relajándose un poco—Te lo pido por favor, no le hagas más daño. ¿No ha sufrido ya bastante?

Esas palabras hicieron mella en Ian, porque eran muy ciertas. Jamás debió tomarle, pasaba por un mal momento y el cantante apareció en su vida cuando más lo necesitaba. Vio su tierna cara, escuchó su dulce risa…y no se lo pensó dos veces.

Yo….tal vez debería irme—dijo Ian comenzando a levantarse.

Bien lejos—apuntó Tom.

Este era un trabajo temporal—siguió diciendo Ian— Estaba de paso y David me pidió que le hiciera un favor. Le diré que no puedo quedarme, que me ha surgido algo y que me marcho esta misma tarde. Dile a Bill….

No le pienso decir nada—aseguró Tom con firmeza—Y si mi hermano te llama…

No le cogeré la llamada—terminó Ian por él la frase.

Cerró la carpeta y la metió en su maletín. Se puso la chaqueta que había dejado en el respaldo de la silla, mirando fijamente el lugar en donde estaba Tom de pie. Hacía solo un día, el cantante estuvo allí mismo, entre sus brazos. Le hizo otra vez el amor, volvió a caer rendido a sus encantos…

Carraspeó y cogió el maletín. Rodeó la mesa y pasó al lado del guitarrista sin mirarle, parándose ante la puerta.

Bill es único, como él no hay nadie igual—dijo sin volverse.

No, no lo hay—aseguró Tom.

Tiene mucha suerte de poder contar contigo, sé que le darás el consuelo necesario si le vuelven a hacer daño.

Nadie se lo volverá a hacer—dijo Tom con firmeza—De eso me encargaré en persona.

Ian asintió y salió del despacho, dejando a solas al guitarrista. Entró en el ascensor y pulsando el botón de la última planta salió para siempre de la vida de esa joven estrella a la que nunca debió querer atrapar, debía dejarla libre…debía dejarla brillar…

&

Cuando regresó al apartamento fue directo a la habitación de Bill, pero la halló vacía. Entonces se dirigió a la de Gustav, que recostado en la cama leía una revista.

¿Y mi hermano?—preguntó sin aliento.

¿Aún no ha vuelto?—preguntó a su vez Gustav preocupado.

¿Ha salido? ¿Cómo le has dejado?—gritó Tom sin querer.

Mírame, no estoy en condiciones de parar un tren—dijo Gustav señalando su tobillo vendado.

Lo siento, tienes razón—se disculpó Tom frotándose la frente.

Al poco escuchó abrirse la puerta del apartamento y corrió hacia ella. Bill entraba cabizbajo, pero al verle levantó la cabeza y sonrió ampliamente.

¿Y esa sonrisa?—preguntó Tom olvidando el susto que se había llevado al no verle.

¿Damos un paseo?—preguntó Bill tendiéndole una mano.

Está anocheciendo, es tarde….—empezó a decir Tom.

Así veremos las estrellas—cortó Bill sin bajar la mano.

Tom la miró y asintió. Suspiró y le hizo una señal para que saliera él primero, cerrando él la puerta. Caminaron en silencio sin decir nada, sin saber a donde ir. Pero Bill si lo sabía, pues al llegar al cruce giró a la derecha y se metió en el parque. Caminó entre los vacíos columpios y llegó a una zona ajardinada, pasando por encima de los setos que la rodeaban y tumbándose tras unos matorrales.

Tom le miró intrigado pero no preguntó nada, simplemente le siguió y se tumbó a su lado. Se quedó de espaldas, viendo como las nubes se iban despejando y daban paso a las estrellas.

Son preciosas—suspiró Bill al verlas.

Si—dijo Tom sonriendo.

Siempre quise tener una—siguió diciendo Bill en voz baja.

Bueno, ya la tienes—dijo Tom carraspeando.

No hacía falta que le dijera que sabía cual era el significado del tatuaje, dejaría que Bill creyera que era por eso, una fantasía infantil que hizo realidad a los 17 años.

Fui a ver a Ian—dijo Bill de repente.

¿Cómo?—casi gritó Tom girándose.

Esta tarde, me desperté y lo primero que hice fue pensar en él—explicó Bill girándose él también.

No….no lo entiendo… ¿por qué? ¿Has vuelto con él?—preguntó Tom con miedo.

Solo quería saber porque lo hizo. Está casado, tiene una hija que nos admira, ¿qué pensaría si supiera que me acosté con su padre? ¿Me odiaría?—preguntó Bill a punto de llorar.

Bill, a ti no te odia nadie—dijo Tom con suavidad.

Me odio a mí mismo—susurró Bill con rabia—He hecho una estupidez, y he sido muy duro contigo…

No lo sabías, y….bueno, me lo merecía—dijo Tom suspirando—Jamás debí besarte esa noche, ni recordarlo cada vez que te veía a mi lado…era como si en el fondo, deseara que volviera a suceder….

¿Y no quieres?—preguntó Bill en voz baja.

¿Qué le iba a responder? ¿Qué nunca más le iba a desear? No podía mentirle, ni a sí mismo…

Fui al despacho de David—siguió explicando Bill—Oí tu voz y me quedé escuchando…

¿Qué oíste?—preguntó Tom arrugando la frente.

Se dijeron tantas cosas….

La verdad—contestó Bill sonriendo—Le dijiste a Ian lo mucho que me querías, que era especial y que nadie me debía tener o tocar…

Lo dije…no pensaba con claridad—balbuceó Tom nervioso—Solo quería que se marchara bien lejos y no te volviera a hacer daño nunca más…

Cuando Ian se iba del despacho me vio—continuó Bill explicando—Me miró fijamente y me dijo que era único, y que tenía mucha suerte de poder contar contigo.

También me pidió que te consolara si te volvían a hacer daño…—recordó Tom.

Me lo han hecho y no me has consolado—susurró Bill.

No me has dejado—aclaró Tom también en voz baja.

Te dejo—dijo Bill inclinándose.

Tom se quedó quieto, viendo como apoyaba una mano en su pecho y sin parar de sonreír ni temblar, poco a poco se iba acercando hasta que se rozaron sus labios. Fue un beso breve, muy casto…fue la señal que esperaban para decidirse.

Con los ojos abiertos, Tom fijó la mirada en el cielo y sonrió contra sus labios al verla pasar.

Mira…una estrella fugaz. Pide un deseo—susurró interrumpiendo el beso.

Te tengo a ti, ¿qué más puedo pedir?—preguntó Bill sonriendo.

Pide otra estrella más…pide mis dulces besos…

Esa vez fue él quien se apoderó de sus temblorosos labios. Llevó una mano a su nuca y le atrajo, ahogando sus sollozos, secando sus lágrimas con la otra mano. Le hizo rodar sobre el mullido césped hasta tenerle debajo.

Siguió besándole profundamente, bajando las manos por su cuerpo, llegando hasta el borde de su camiseta que alzó con temblorosos dedos. Puso la mano en su cadera derecha, rozó esa estrella con la punta de los dedos….

Si la luna saliera en esos momentos, se enfrentaría a ella. Le diría que mirase hacia otro lado, que había subido al cielo y una estrella le había robado…

¿Cómo enfrentarse al destino? Si se tenían que amar hasta la eternidad, lo harían sin dudar, pues escrito estaba en las estrellas que eran dos almas gemelas destinadas a amarse en esa vida y en las que vinieran…

F I N

Lo admito, un final algo confuso….tierno, pero confuso.

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por lyra

Escritora del Fandom

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