Porque eres mío 10

Porque eres mío 10

«Porque eres mío» Fic de lyra

Capítulo 10: Saliendo de dudas

Tras echar a su amigo se acercó al baño, donde los sollozos habían remitido dando paso a un ligero hipo. Decidió que ya era hora de que dejase de llorar de una vez, de hallase el valor y las fuerzas necesaria para enfrentarse al mundo entero, incluido su hermano.

Llamó a la puerta con suavidad, oyendo como se levantaba con pesadez y antes de abrirle se lavaba la cara de lágrimas. Esperó con paciencia hasta que le abrió la puerta y salió con una toalla contra la cara sin mirarle.

Le vio regresar a la cama y tumbarse de nuevo en ella sin retirar la toalla de su mejilla derecha en ningún momento. Temiéndose lo peor se le acercó y rodeando la cama se arrodilló en el suelo para estar a su altura, alargando una mano y retirando el mismo la toalla sin resistencia alguna.

—¡Bill!—no pudo evitar exclamar al ver la señal.

Sabía que Tom tenía muy mal genio, y que ya se habían peleado, pero que le hubiera pegado por….

—¿Por qué lo ha hecho?—preguntó Gustav desconociendo el motivo de su amigo.

Escuchó parte de la conversación desde el pasillo, escuchó ese último grito en el que el cantante proclamaba su falta de virginidad, pero nada más que le hiciera sospechar el porque de esa bofetada.

A no ser que….

—Bill—llamó Gustav con suavidad—¿Eres gay? ¿Te ha pegado por eso?

No pudo evitar reír al escuchar las palabras de su amigo. Tom pegándole porque no aceptaba que fuera gay. Levantó la cabeza y negó en silencio.

No pudo evitar reír al escuchar las palabras de su amigo. Tom pegándole porque no aceptaba que fuera gay. Levantó la cabeza y negó en silencio.

No pudo evitar reír al escuchar las palabras de su amigo. Tom pegándole porque no aceptaba que fuera gay. Levantó la cabeza y negó en silencio.

Me ha pegado porque ha perdido la oportunidad de probarme el primero”—quiso gritar bien alto.

Así todo el mundo conocería ese lado oscuro de su hermano… ¿y el suyo de paso? Porque…ya iba recordándolo todo. No le besó con suavidad, exploró con la lengua la boca de su igual, sintiendo que su cuerpo se estremecía cuando le tomó por la cintura y le hizo frotarse contra su entrepierna, lo que provocó esa erección en toda regla que aún desconocía como llegó a desaparecer.

—¿Entonces…?—insistió Gustav asustado.

—Déjalo Gustav—suplicó Bill en voz baja—¿Quién entiende a mi hermano?

—Pensaba que tú eras el único que podía, pero veo que me he equivocado—murmuró Gustav resoplando.

—Sí, yo también me he equivocado….—susurró Bill.

Por pensar alguna vez que era el mejor hermano que podía tener”—pensó con dolor.

.

Gustav se quedó a pasar la noche con el cantante tal y como prometió al productor, a pesar de las súplicas de su amigo de que le gustaría pasar la noche a solas para poder pensar.

Pero se negó en rotundo a dejarle solo y tras pedir la cena por teléfono se acomodó en la misma butaca que la vez anterior mientras esperaba a que se la subieran viendo como el cantante resoplaba molesto entrando en el baño de nuevo para darse una ducha relajante.

Mientras estuvo dentro llegó la cena que pidió para los dos a pesar de que le juró que no pensaba probar bocado. Estaba casi terminando su plato cuando salió del baño llevando ya su pijama y se volvió a meter en la cama negando con la cabeza cuando le señalo su cena.

—Tienes que comer algo—dijo Gustav con paciencia.

Pero el cantante negó de nuevo y acomodándose en la cama se cubrió hasta la cabeza dándole la espalda. Pero Gustav no se dio por vencido. Levantándose cogió el hielo que también había pedido, envolviéndolo en una servilleta de tela y rodeando la cama se lo tendió al cantante para intentar bajar así la hinchazón que sobresalía en su pálida mejilla.

.

Cuando amaneció se estiró en su improvisada cama, bostezando mientras se frotaba los ojos con ambas manos. Miraba a la cama en donde el cantante aún dormía plácidamente. Cogió el móvil y vio que solo eran las 7, pero decidió levantarse ya.

Dejó a un lado la manta con la que se tapó y caminando despacio salió de la habitación para irse a la suya a darse una buena ducha y prepararse para esa rueda de prensa a la que nadie quería acudir, exceptuando a los ávidos periodistas en busca de esa gran noticia que era la foto desnuda del líder de Tokio Hotel.

Cuando escuchó que por fin se iba su compañero, Bill abrió los ojos y dándose la vuelta en la cama se quedó mirando al techo. No había podido pegar ojo en toda la noche, sin dejar de pensar que era lo que iba a pasar con él y Tom a partir de entonces.

Estaba claro que esa buena relación que mantenían desde que eran bien pequeños se había ido al traste por un simple beso. Porque si él no hubiera dado ese gran paso, las cosas seguirían como antes. Él muerto de miedo pero sin haberle dado lo que más deseaba, un motivo para creer que estaba muy cerca de su objetivo, que cada vez se acercaba más a ese corazón que nunca le debía de pertenecer.

Cansado de dar vueltas en la cama se levantó a las 8 y comenzó a tratar de arreglarse. Se miró en el espejo del baño, arrugando la frente al ver su reflejo.

La clásica palidez que siempre llevaba estaba más marcada, como esos círculos negros bajo sus ojos que eran más que ojeras. En su mejilla derecha destacaba un ligero moratón que ni un buen maquillaje podría disimular bien, y la herida del labio le hacía tenerlo hinchado.

—Bonita cara—murmuró sonriendo.

Si antes le preocupaba salir en una foto llevando el labio hinchado, ahora saldría en todas las portadas con la cara hecha un cromo. Aunque, mirándolo de otra manera, mejor así que desnudo… Suspiró abriendo su neceser de maquillaje y tras rebuscar en él sacó sus sombras y lápices de ojos.

Se maquilló sin ganas, pasando con pereza la brocha impregnada en sombra negra sobre sus también hinchados ojos sin dejar de bostezar mientras. Aplicó un poco de colorete en su mejilla derecha, viendo que no lo disimulaba mucho.

Suspiró resignado y metió de nuevo sus cosas en el neceser, dejando fuera un analgésico que se tomaría con la leche del desayuno. Salió del baño y se vistió con lo primero que pilla mientras se frotaba el cuerpo dolorido. Llevaba en cama desde la tarde anterior y lo notaba resentido.

Una vez vestido y tras peinar su lacio pelo, cogió las gafas de sol y con ellas puestas abandonó la habitación con la cabeza inclinada, rezando por no encontrarse con nadie por el pasillo a esa temprana hora de la mañana.

.

Una vez en el desierto comedor respiró aliviado quitándose las gafas y se sentó en la primera mesa que encontró donde una adormilada camarera tomó nota de su pedido. Estaba esperando a que se lo sirvieran cuando sintió una mano sobre su hombro que le hizo dar un respingo.

—Perdona—se disculpó Gustav sentándose a su lado.

—Buenos días—logró murmurar casi sin voz.

—¿Has podido dormir algo?—preguntó Gustav preocupado.

—Mejor que tú en esa incómoda butaca—mintió Bill sonriendo con esfuerzo—Te dije que no hacía falta que te quedaras.

—Si la hacía, y no tienes que mentirme—dijo Gustav muy serio—Esas ojeras hablan por sí solas.

Resoplando como respuesta cogió las gafas y se las puso de nuevo pensando que debería haber pedido que le subieran el desayuno, pero tras haberse pasado el día anterior encerrado en ella y no poder estar tranquilo sin recordar lo que allí había sucedido, decidió cambiar de ambiente.

Le sirvieron el desayuno y Gustav aprovechó para pedir el suyo justo cuando Georg se les unió y también hizo su pedido. Mientras sus compañeros charlaban entre ellos de cualquier cosa menos lo que pasó la tarde anterior y la rueda de prensa que tendría lugar en menos de dos horas, el cantante se tomó ese analgésico que le aliviaría en parte su mal estar.

Estaban terminando de desayunar cuando se les unió el productor, que lo primero que hizo fue

echar una mirada al cantante y luego otra a Gustav, quien le indicó con un gesto de la mano que más tarde se lo explicaría.

—¿Y Tom?—interrogó David al ver que no estaba.

Pero nadie le supo contestar. No bajó a desayunar con ellos ni se reunió en la sala que habilitaron para esa repentina rueda de prensa en uno de los salones del hotel.

Casi a las 11 en punto le vieron aparecer por la puerta. Caminando con la cabeza inclinada y las manos en los bolsillos de su sudadera.

—¿Dónde estabas?—preguntó David procurando no gritar cuando llega a su lado.

—Pensando—contestó Tom sin más explicaciones.

Se había pasado la noche en vela, dando vueltas en la cama mientras hacía lo mismo con sus pensamientos, pero por más vueltas que le daba al asunto, solo veía una única solución clara. Declararse culpable de todo delante de la prensa.

Logró dirigir la mirada hacia Bill, quien medio escondido tras Gustav se ajustaba las gafas y trataba de ocultar con el pelo la mejilla que le marcó la tarde anterior cuando con rabia le abofeteó.

David les hizo una señal y ocuparon sus asientos en la mesa que les habían dispuesto. Las sillas que habían enfrente de ellos pronto fueron ocupadas por los ávidos periodistas que micrófono en mano esperaban ansiosos las palabras del cantante.

Cuando todos se hubieron acomodado, David carraspeó y rezando por lo bajo indicó a un periodista que ya podía hacer la primera pregunta.

—Bill, por favor ¿cómo se ha podido filtrar una foto tuya de esa manera?—preguntó el periodista sin andarse por las ramas.

Todas las miradas se dirigieron al cantante, que sin quitarse las gafas se adelantó y separó los labios para hablar, pero hubo una persona que le tomó la delantera.

—Fui yo—confesó Tom con voz alta y clara.

Un murmullo recorrió la sala al escuchar esas palabras. Los chicos le miraron con la boca abierta mientras que David casi se desmayó al oírlo. Ya se imaginaba los titulares: “Cantante de Tokio Hotel traicionado por su propio hermano”

Mientras todos recobraban la calma, Tom dirigió la mirada a Bill, quien sentado a su lado ni se había inmutado con su confesión. Vio como mantenía la mirada fija al frente mientras se mordía nervioso los labios sin poder evitarlo.

Ahora todas las miradas y preguntas eran dirigidas a él, quien suspiró porque había conseguido desviar algo la atención de su hermano.

—Tom, ¿por qué?—insistió otro periodista.

La pregunta fue realizada alta y clara. Todos querían saber cual era el motivo por el que un hermano traicionaba al otro de esa cruel manera.

—Por celos—contestó Tom sin más acomodándose mejor en su asiento.

Sintió a Bill volverse hacia él, preguntándose que demonios estaba haciendo.

—¿Puedes explicarte mejor?

—Ni se te ocurra—logró susurrar Bill inclinándose hacia él.

Pero le ignoró, tenía un plan en mente y lo pensaba llevar a cabo, costara lo que costara, arruinando una vida por el camino si era preciso, rezando que fuera solo la suya y no la de la persona que amaba con toda su alma.

—Tenía celos de mi hermano…—empezó a decir.

—Tom, ¡cállate!—gritó Bill tapando el micrófono con una mano.

Los periodistas no pudieron evitar sonreír al verlos forcejear por el micrófono, pensando que tras esa foto se escondía algo más.

—Bill…Tom…¿es una chica el motivo de vuestra pelea?

Los gemelos miraron al periodista que acababa de hablar. ¿Cómo se había enterado de la pelea que mantuvieron en el backstage? Entonces se miraron entre ellos y las pruebas saltan a la vista.

El cantante con el labio hinchado y un cardenal en su mejilla derecha, y el guitarrista con la nariz ligeramente hinchada del puñetazo recibido por su propio hermano. Sus golpes solo podían significar algo, y era tarde para negarlo.

—¿Qué es lo que lleva a dos hermanos a pegarse?

—El amor—contestó Tom aprovechando una distracción del cantante.

—Calla de una vez—ordenó Bill entre dientes.

Pero los periodistas vieron allí una gran noticia y no la iban a dejar escapar.

—¿Quién es ella? ¿Fue quien hizo la foto?

—Eso no es importante, solo hemos convocado la rueda de prensa para dar una disculpa a los padres de las fans, dejando claro que nunca se va a volver a repetir—afirmó Tom seriamente.

—Pero Tom, tenemos derecho a saber…

—No tienen ningún derecho a nada—estalló Tom sin poder contenerse—Solo quiero que sepan que lo hice yo, y que me arrepiento. Que todo el mundo sepa…que mi hermano es inocente…y que no me merezco tenerlo como tal…

—¡Tom!—exclamó Bill casi sin voz.

—Es la verdad—dijo Tom girándose para hablarle solo a él como si no hubiera nadie más en la habitaicón— Soy el peor hermano que puedes tener. Consigo a la fuerza lo que más deseo, sin pararme a ver las consecuencias ni el daño que te hago. Pero eso se va a terminar…porque abandono el grupo…

Y tras decir esas palabras se levantó y recorrió la sala, que se había quedado muda de repente. Todos le observaban llegar a la puerta, abrirla…y detenerse en seco cuando unas palabras suplicadas con desesperación resonaron por toda la sala.

—Tom…no me abandones…

Continúa.

por lyra

Escritora del Fandom

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