
Notas de Acuario25: Mi adaptación sexy de «La sirenita».
Capítulo 1: carne de sirena
Siglo XVl
El reino de Copenhague era gobernado únicamente por el primogénito de los reyes, Tom Kaulitz, de tan solo 18 años de edad, quien tomó el mando luego de que su padre enfermara gravemente. El príncipe a su joven edad, no solo se hacía cargo del reino, sino también de su hermano Jared de 16 años.
El más joven de los príncipes, a diferencia de los demás chicos de su edad, prefería pasar horas y horas en la enorme biblioteca del castillo leyendo cuentos y relatos sobre seres mitológicos, incluso tenía una repisa llena de libros sobre a sus criaturas preferidas: Sirenas y Tritones, había investigado mucho sobre ellos, pero solo había poca información como que las lágrimas de esas criaturas se convertían en hermosas perlas, que eran incapaces de entender el idioma humano, que se comunicaban telepáticamente y si se lo proponían, eran capaces de hundir barcos enteros para conseguir alimento, ya que estás eran 100% carnívoras.
—Salen a cantar a la superficie cada 100 años, poseen belleza y juventud eterna e incluso se ha rumorado que aquel que sea capaz de comer su carne le serán otorgados estos dones —leyó con asombro mientras cerraba su libro—. Entonces… si logro atrapar a una y se la doy a mi padre… no solo se repondrá, también vivirá por siempre —los ojos del rubio brillaron con tanta ilusión y guardando su libro mientras se disponía a salir de la biblioteca.
Estaba más que decidido a ir en busca de una sirena y sabía que había grandes posibilidades de lograrlo, después de todo nadie sabía más de sirenas que él.
Para su buena suerte, el castillo se encontraba a la orilla del mar por lo que no tenía que recorrer mucho. Sin dificultad alguna y se dirigió al parque Langelinie, en la Bahía del Puerto de Copenhague, que desemboca al Mar Báltico. Le pagó a un hombre varias monedas de oro por un bote algo pequeño hecho de roble. El hombre de bastante edad, lo miró un segundo, tratando de ver el rostro del muchacho que era oculto por la negra capucha de la gabardina negra que usaba.
—¿Seguro que sabes navegar? —preguntó con desconfianza, el muchacho se miraba bastante ignorante con respecto al tema, sus brazos parecían ser bastantes débiles como para remar, no llevaba consigo provisiones y mucho menos carnada o una red en caso de que solo fuera a pescar.
—Por supuesto —contestó normalmente. Hacía algunos años, su padre y él se habían aventurado al mar, era un pasatiempo que tenían, salían una vez al mes a pescar su propia cena.
—Te daré una red de pesca muy resistente y algunas provisiones para ti, además de agua —le dijo amablemente mientras se metía a su mini barco—. No me gustaría que fueras solo, pero soy demasiado viejo para acompañarte.
—Le aseguro que no hay nada de qué preocuparse —sonrió mientras le tendían las cosas.
—Eso espero, soy demasiado viejo como para cargar con la muerte de un joven justo ahora —dijo seriamente mientras lo ayudaba a entrar en el barco, para luego desatar el nudo que mantenía al bote en el puerto.
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Hacer las cosas impulsivamente, sin contar con nadie y mucho menos decirle a alguien, era una de las razones por las cuales Jared se metía muy a menudo en problemas. Había remado en línea recta por horas hasta quedar sumamente agotado al punto de recostarse un momento y dormir.
Cuando despertó se encontraba en medio de la nada y con el sol apunto de oscurecer. No tenía una idea de cómo regresar.
—Tendré que esperar a que oscurezca por completo, la ubicación de las estrellas me ayudara a ubicarme. Mientras tanto a hacer lo que vine a hacer —acomodó la red de pescar y sacó una pequeña flauta mientras se disponía a tocarla. Las sirenas amaban los hermosos sonidos.
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Comiendo pescado crudo encima de una roca y observando su reflejo en el agua, mientras limpiaba la sangre que escurría de sus carnosos labios, se encontraba un tritón de negros y largos cabello, piel blanca, ojos color miel con una ligera sombra negra y una hermosa cola con escamas color plata, sus orejas parecían ser dos pequeñas aletillas de pescado, color gris.
Pocas veces y por poco tiempo, los de su especie salían a la superficie cada dos meses, ya que al igual que la raza humana su organismo necesitaba de oxigeno por determinado tiempo para seguir subsistiendo, era algo inevitable y bastante peligroso, ya que corrían con el riesgo de encontrarse con la criatura más peligrosa del universo… el ser humano.
Su especie tenía estrictamente prohibido interactuar con esa bestias y es que hace tres siglos atrás habían demostrado lo crueles que eran.
Uno de los suyos salió a la superficie en busca de aire y al percatarse de la forma de las nubes se dio cuenta de que habría una gran tormenta, fue entonces cuando fijó su vista en algo enorme que se encontraba a lo lejos, se aproximó lo más que pudo y pudo observar que criaturas semejantes a ellos se encontraban encima de esa monstruosidad, fue ahí cuando decidió advertirles del peligro, llamando su atención con su hermoso canto, más al verla tan distante a ellos la pobre sirena no solo fue herida de gravedad, sino que también la habían tomado prisionera. A los pocos minutos la tormenta arraso con todo hundiendo al barco por completo, algunos humanos lograron salvarse y eso fue lo más grave, ya que luego de eso miles de ellos comenzaron aparecer con la clara intención de casarlos.
Ninguno entendía por qué, ¿Qué daño hacían? Lo único que tenían en claro era que esos monstruos eran unos asesinos, egoístas y malagradecidos.
Observó la posición del sol y se dio cuenta de que era hora de regresar a casa y rápidamente se introdujo en el agua.
Nadaba lo más rápido que podía hasta que un bello sonido lo distrajo, paró un momento y observo hacia arriba, todo estaba bastante oscuro y estaba seguro de que si salía a escuchar mejor y ver de dónde provenía el sonido, nadie lo vería.
Asomó la mitad de su cuerpo y vio a lo lejos un objeto y la silueta de alguien sosteniendo algo en su boca, probablemente de ahí el sonido. Quiso aproximarse, pero su miedo fue más fuerte y solo se dispuso a quedarse quieto mientras se hundía por completo en el agua e iba directo hacia esa criatura.
Al quedar bajo ese extraño objeto, lo tocó un momento mientras cerraba sus ojos tratando de disfrutar más la melodía.
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Tocó el instrumento hasta el cansancio, hasta que finalmente se dio por vencido. Durante años, muchas personas habían ido en búsqueda de una sirena, se sentía estúpido al pensar que de inmediato tendría éxito.
—Será mejor regresar ahora —dijo con vos perezosa y decepcionada.
& Continuará &