
Fic TWC de lyra
Capítulo 13
Los primeros días de vida del pequeño Matthew fueron los mejores para Tom, aunque le costara admitirlo. Tuvo que encargarse de él desde la primera noche cuando Bill se lo pidió con lágrimas en los ojos. Le conocía a la perfección y sabía que eran falsas, como esas veces que las usaba para obtener lo que deseaba.
Pero no dijo nada. Era verdad que le veía muy débil y necesitaba descansar. Se llevó la cuna a su propia habitación y cada vez que Matthew se despertaba con hambre, le cogía en brazos enseguida para que no llorara y despertara a Bill.
Iba con él a la cocina y le preparaba un biberón que le daba encantado mientras le acunaba entre sus brazos. Luego le acostaba de nuevo y se quedaba despierto hasta que le sentía caer en un profundo sueño.
Pero no podía seguir así. Había tenido que cancelar varios compromisos y aunque Sammy le aseguró que no pasaba nada, él lo sentía mucho en el alma. Al final de la semana se armó de valor y decidió hablar muy seriamente con Bill. Aprovechó que Matthew dormía plácidamente tras su segundo biberón de la mañana y entró en su habitación. Estaba acostado en la cama y dormía, o lo parecía.
Se sentó en el borde de la cama y esperó a que abriera los ojos y le mirase.
—Tom….buenos días…—saludó Bill con un bostezo.
—¿Cómo estás? ¿Has dormido bien?—preguntó Tom tratando de mantener la calma.
—Como nunca—contestó Bill con una sonrisa.
—Bien, entonces te puedes quedar con Matthew mientras salgo a hacer unos recados—dijo Tom levantándose de la cama.
—¿Qué?—dijo Bill borrando la sonrisa de inmediato—¿No te lo puedes llevar? ¿Tom? ¡Tom!
Maldijo al ver que le ignoraba. Se levantó con rapidez de la cama y fue directo a su habitación, en donde Tom ya se estaba cambiando de ropa.
—Tom, no puedes hacerme esto—suplicó Bill a punto de llorar.
Tom le miró y negó con la cabeza mientras se cambiaba de camiseta.
—Solo serán unas horas, vigílale y si se despierta llorando le acunas en los brazos. Si tiene hambre le calientas el biberón que ya te he dejado preparado—explicó Tom.
—No sabré como cogerle, se me caerá—dijo Bill derramando ya una lágrima—¿Y si no sé darle el biberón? ¿Y si…?
—Bill, yo tampoco sabía nada y tuve que aprender porque tú te negabas—estalló Tom sin poder evitarlo—No le has cogido en brazos desde que nació, comprendo que lo odiaras cuando lo llevaras dentro pero ahora que estás libre de él no te vas a morir por verle crecer.
—Es que…tengo mucho miedo—sollozó Bill en serio—Me da miedo cogerle y que sienta que nunca le quise….que quise deshacerme de él cada vez que creía que no era….
Tom esperó a que siguiera, pero Bill agachó la cabeza y entrando del todo en su habitación se sentó en la cama y se cubrió la cara con las manos para que no le viera llorar tras ellas. Tom chasqueó la lengua y se apresuró a sentarse a su lado. Le pasó un brazo por encima y le trató de consolar en vano. Se moría de ganas por preguntarle que era lo que no creía que Matthew era.
—Lo harás muy bien, ya verás—le animó—Y Matthew te querrá siempre. Eres su padre, y has hecho mucho por él desde que supiste que crecía en tu vientre.
—Hice cosas de las que me arrepiento, pensé….
—¿Qué?—le animó Tom a seguir.
Se descubrió la cara y miró a Tom con los ojos llenos de lágrimas. Había prometido contarle todo desde el principio, y ese parecía un buen día para empezar a hacerlo…omitiendo algunos detalles que aún no se atrevía a que Tom conociera…
—Quise abortar cuando supe que estaba embarazado—musitó con un hilo de voz.
—¿Para eso querías el dinero con tanta urgencia?—preguntó Tom.
Bill asintió. Nada más hacerse la prueba y que diera positiva, su primer pensamiento fue deshacerse del bebé. Estaba de solo 2 meses, y si no lo hacía pronto se le acabaría el tiempo. Pero de nuevo el destino le jugó una mala pasada, no consiguió el dinero que necesitaba y tuvo que conformarse con ver crecer su vientre.
Además, quedaba otra posibilidad que no desechaba…
—Estaba muy asustado, pensé que eso sería lo mejor. Era muy joven y tenía una carrera por delante—siguió contando Bill.
Tom se abstuvo de mencionarle que dejó el grupo antes, que si hubiera llevado el aborto a término, el grupo ya no estaría allí para recibirle con los brazos abiertos.
Fueron interrumpidos por el llanto de Matthew. Era la hora de su biberón y Tom se apresuró a cogerle en brazos y se lo pasó a Bill.
—No…Tom, no sé…me lo dejaré caer—se negó Bill tratando de levantarse.
Pero Tom se lo impidió. Le hizo sentarse de nuevo y sin decir nada puso a Matthew en su regazo. A Bill no le quedó más remedio que estrecharlo en sus brazos cuando él retiró los suyos.
Sonrió satisfecho al ver como le cogía con fuerza y se lo llevaba al pecho sonriendo cuando Matthew cesó de llorar y le dirigió una débil sonrisa.
—Me ha sonreído—dijo Bill muy contento.
—¿Lo ves? Ha sido saber que estaba en los brazos de su padre y callarse de inmediato. Quédate con él mientras voy a por su biberón.
Antes de que a Bill le entrara el miedo de nuevo, Tom salió corriendo de su habitación y calentó el biberón que ya había dejado preparado. Regresó con el de la mano y se lo tendió a Bill, que no tuvo más remedio que cogerlo.
—Acércaselo a los labios pero no lo inclines demasiado, solo lo suficiente para que no coja aire—le explicó Tom de pie a su lado.
Bill asintió en silencio e hizo todo lo que le iba diciendo, sonriendo ampliamente cuando su hijo empezó a tomarse el biberón sin dejar de mirarle fijamente. Contuvo la respiración cuando levantando una mano cogió con firmeza en ella uno de sus dedos y no lo soltó hasta que se hubo terminado todo el biberón.
—Ahora tiene que echar los gases—dijo Tom cogiéndole el biberón a Bill.
Lo dejó en la mesilla y cogiendo una toalla la puso sobre el hombro izquierdo de Bill para que no se manchara.
—Ahora te lo pones contra el hombro, le das unos ligeros golpecitos en la espalda hasta que…
Calló sonriendo. Mientras hablaba Bill ya colocaba a Matthew contra su hombro izquierdo, sonriendo también cuando le escuchó eructar.
—Hasta que eso—terminó Tom lo que estaba diciendo—¿A que no ha sido tan difícil?
—Me ha salido bien porque estabas al lado. Por favor, no me dejes solo con el bebé, todavía no—suplicó Bill.
Tom cedió. No podía negarle nada a Bill.
—Llamaré a Silke, quería hablar en persona con ella sobre cierto tema pero lo haré desde aquí—explicó asintiendo—Pero cada vez que llore Matthew le coges tú y si hace falta le cambias. Yo solo miraré y te iré indicando.
Bill asintió sonriendo y volvió a poner a su hijo en sus brazos. Sin que Tom le dijera nada, comenzó a mecerlo poniéndose a cantar en voz baja, sonriendo al verle caer dormido aferrando en su mano un mechón de su pelo.
Le acostó en la cuna con cuidado y salió de la habitación seguido por Bill.
—Esta noche traslado la cuna a mi habitación—empezó a decir Bill—Perdóname, he sido muy egoísta al encargarte el cuidado de mi hijo teniendo tú tanto trabajo.
—No importa, ¿por qué no te vistes y bajamos a dar un paseo con Matthew? Mientras hago una llamada—dijo Tom sonriendo.
Bill asintió y se apresuró a obedecerlo. Entró en su habitación y se quitó el pijama que aún llevaba. Se vistió con un cómodo chándal y entró en el baño a peinarse ajeno a la conversación que mantenía Tom en voz baja en su habitación para no despertar a su sobrino.
—¿Ya tienen los resultados de las pruebas?—preguntó a Silke en voz baja.
—Lo siento Tom, pero aún no—contestó Silke suspirando—Les he metido toda la prisa que he podido pero tardan.
—No pasa nada, es que necesito saber si de verdad no es su hijo, y de ser así que no moleste a Bill apareciendo en cualquier programa basura contando como se lo montó con mi hermano en un sucio callejón.
Silke asintió en silencio, eso solo haría que Bill recayera. Desde el primer momento que le vio supo que lo había tenido que pasar muy mal ese tiempo él solo, y ahora que por fin sonreía aparecía alguien dispuesto a borrarle la sonrisa.
—Te llamaré en cuanto sepa algo—le prometió a Tom.
—Muchas gracias por todo Silke—se despidió Tom.
Se guardó el móvil en la sudadera y cogiendo con cuidado a su sobrino lo acostó en el cochecito que también le había comprado y fue en busca de Bill. Bajaron al jardín particular del edificio en el que vivían y pasaron unas horas agradables mientras observaban dormir a Matthew, ajeno a todo el caos que se había desatado con su nacimiento.
Continuará…