
Fic TWC de lyra
Capítulo 5. Un doloroso reencuentro
Cuando se despertó al día siguiente se encontraba solo en la cama. No sabía cuando se fue Tom, si pasó la noche a su lado o esperó a que cayera dormido para abandonarlo. Se levantó con cansancio, recordando lo que su tía le había. Con un poco de suerte su padre no estaría ya en casa y no se tendría que disculpar por algo que no sentía.
¿No quiso que se desahogara? Pues ahora que no le fuera con lamentos.
Se acercó a la ventana, descorrió la cortina y se quedó quieto al ver la escena que se desarrollaba en la puerta del jardín. De un taxi que había allí parado baja Andreas, que era recibido en los fuertes brazos de su tía. Se llevó una mano a los labios, ahogando los sollozos que luchaban por salir…recordando que fueron tiernamente besados la noche anterior.
Desechó ese recuerdo al fondo de su memoria, y sin calzarse sus zapatillas de andar por casa echó a correr escaleras abajo en pijama todavía. Abrió la puerta de la calle y corrió descalzo por el jardín hasta llegar a su amigo, a quien abrazó con fuerza mientras se le escapaba un sollozo contenido.
—Lo…siento…—logró decir con un hilo de voz.
Andreas le abrazó también con fuerza, casi llorando con él. Hacía meses que no se veían y tras la muerte de sus padres echaba de menos un fuerte abrazo, y más que fuera el cantante quien se lo diera, a quien nunca había dejado de amar por mucho que él se lo pidió.
Incómoda ante el abrazo de los dos amigos, Helen les dejó a solas. Dio un paso atrás sin dejar de mirar la puerta de la casa por si salía su sobrino mayor y veía algo que no debiera. Solo ella conocía la relación del menor de los hermanos con su mejor amigo, y mantendría el secreto hasta que decidiera algún día contarlo. Andreas no le disgustaba, hacían buena pareja, quien mejor para estar con su sobrino que alguien que le conocía a la perfección desde su más tierna infancia. Juntos vivieron muchas aventuras e hicieron miles de travesuras. Estuvo al lado de sus sobrinos cuando su hermana desapareció, les consoló como pudo, compartió su dolor…y ahora ellos compartirían el suyo.
Sollozando contra el cuello de su amigo sin poder remediarlo, el cantante disfrutaba del abrazo recibido. Sintió como le frotaba la espalda y le llenaba el cuerpo de escalofríos. Echaba mucho de menos el contacto físico, un abrazo bien recibido….porque los de Tom no eran nada al lado de los de su amigo, cuando le abrazaba no sentía lo mismo que en esos momentos sentía.
Separó los labios y no pudo evitar gemir entre sollozos….
Andreas lo escuchó y logra sonreír entre tanto dolor. Sabía que iba a pasar. En cuanto el cantante le volver a ver y abrazar, y más en su situación, lograría despertar esos sentimientos que hizo dormir aquella lejana vez. Le seguía queriendo, igual que él…. Cerró los ojos, recreándose en el abrazo, sintiendo el cálido aliento de su amigo contra su cuello, incluso sentía sus temblorosos labios rozarle la piel húmeda por tantas lágrimas derramadas.
—Lo siento tanto—repitió el cantante contra su piel.
Eso le hizo abrir los ojos de golpe, volver a la cruel realidad. Lentamente deshizo el abrazo, separándose del cálido cuerpo de su amigo que aún conservaba el calor de la cama. Levantó las manos y le limpió las mejillas de lágrimas, rozando la comisura de sus labios.
Recordaba que prometieron que no habría nada más entre ellos, pero no se pudo resistir y con ambas manos aún en la cara del cantante le atrajo a sus labios, rozando los suyos con un breve beso.
—Te he echado mucho de menos—susurró contra sus labios.
El cantante se puso tenso. No por lo escuchado, sino por estar en pijama en mitad de la calle besándose con su mejor amigo y amante…y a escasos metros de su sorprendida tía.
Helen les vio y no pudo evitar intervenir.
—Entremos en casa, no vayas a coger frío Bill—interrumpió carraspeando.
Andreas le soltó y se volvió asintiendo con la cabeza. Cogió sus maletas y echó a andar tras el cantante, quien sentía como sus mejillas se sonrojan.
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Una vez dentro de la casa, recibió otro abrazo, pero no tan cálido como el anterior.
—Andreas…—llamó Tom con voz ronca.
—Estoy bien, ya pasó—dijo Andreas con firmeza.
—Deja las maletas, ya las subimos luego—pidió Helen—Id a la cocina los tres y desayunad.
Los chicos obedecieron y se sentaron a la mesa mientras que Helen les ponía un plato rebosante de tostadas y una jarra con leche delate de las tazas con café ya preparadas.
—Bill, no te olvides de tu medicina—recordó Helen a su sobrino pequeño.
—¿Estás enfermo?—preguntó Andreas preocupado.
—La garganta, ya sabes—explicó Bill por encima.
Todos guardaron silencio. Si el cantante no quería decir nada más, ellos respetarían su decisión.
—¿Y dónde esta vuestro padre?—preguntó Andreas con naturalidad sirviéndose una tostada.
Todos se pusiero tensos al escucharle mencionar al padre, recordando la discusión de la noche anterior.
—Ha tenido que irse esta mañana muy temprano—explicó Helen.
—Como no—murmuró Bill con sorna.
—Me ha pedido que te recuerde lo que te dijo ayer—dijo Helen cansada ya de su actitud.
—Ayer se dijeron muchas cosas—contestó Bill de malas maneras.
—A mi no me hables en ese tono, jovencito—le riñó Helen sin importarle que le escuchara su amigo—Puedes emplear el tiempo que estés en casa ordenando tu habitación, y deshaciendo tus maletas de una vez.
Andreas escuchó la “conversación” sintiéndose muy incómodo. Nunca había visto a la tía Helen reñir al menor de sus sobrinos, siempre le consideraba su ojito derecho y se preocupaba por él más que por los demás. Y nunca había escuchado el tono de voz usado por el cantante. Estaba claro que lo habían disgustado, y había sido de nuevo su padre.
Conocía la indiferencia con la que trataba a sus hijos, el cantante se lo confesó una noche entre lágrimas, cuando al padre se le olvidó que era su cumpleaños. Lloró sobre su hombro pensando que siempre iba a ser así. Su padre se centraba en su trabajo para no pensar en la mujer a la que no puedo retener a su lado, olvidando de paso a sus dos hijos que añoraban su cariño y un abrazo.
No pudo evitar sonreír al recordar ese día tan señalado en el que el cantante cumplía los 15 años. Él le hizo un regalo muy especial. Era la primera vez que ambos hacían el amor, y aunque se sintieron muy torpes al principio una vez entrados en calor ayudados por besos y caricias dejaron atrás la timidez y el dolor, disfrutando de la mejor noche que ambos habían tenido jamás.
—¿Y esa sonrisa?—preguntó Helen de repente.
—Nada, recordaba viejos tiempos—contestó Andreas avergonzado porque le habían pillado—La casa está como siempre, no ha cambiado nada.
—Nunca cambiará nada—siguió el cantante con su enfado.
—Pasabas aquí la mitad del tiempo, siempre te consideré como un sobrino más—dijo Helen con una sonrisa.
Terminaron el desayuno y ayudaron a su amigo a instalarse en la habitación de invitados. Mientras el guitarrista salió al pasillo a atender una llamada, Andreas aprovechó para hablar con el cantante una vez a solas.
—Podíamos dar luego un paseo, tú y yo solos—pidió conteniendo el aliento.
—Por si no ha quedado claro, estoy castigado—murmuró Bill avergonzado.
—Nunca te había visto contestar así a tu tía—comentó Andreas.
—Ayer discutí con mi padre. Quiere encerrarme en casa de por vida—explicó Bill su versión de los hechos.
—¿Ha pasado algo?—preguntó Andreas viendo el rencor en sus palabras.
El cantante se sentó en la cama de su amigo y decidió contarle la verdad. De todos modos, se extrañaba que no se hubiera enterado, las noticias se hicieron eco de su desmayo y ya especularon con lo que les dio la gana. Anorexia, estrés,…. ¿drogas?
—Yo…bueno, me desmayé en pleno escenario hace dos días—explicó por encima.
—¿Estás bien? ¿Has ido al médico?—preguntó Andreas sentándose a su lado.
—Si, fui ayer. No es nada, lo de siempre. Cansancio, estrés, mala alimentación,…nada que unos días de descanso cure—le tranquilizó Bill—Además, me ha prohibido el tabaco y me muero por un cigarro.
Pero Andreas sabía que hay algo más. Lo veía en los asustados ojos del cantante, quien trataba de desviar la mirada, pero poniendo una mano en su barbilla se lo impidió, como ya hiciera su tía.
—Sabes que me lo puedes contar, lo que sea—susurró Andreas cogiéndole una mano.
Si, sabía que podía confiar en él. Siempre le había comprendido y apoyado, a pesar del dolor que le había causado. Pero no sabía por donde empezar. ¿Le hablaba de las fotos? ¿Le decía que estaban en el fondo de su maleta y que el miedo le impedía deshacerla?
—Es por tu madre, ¿verdad?—preguntó Andreas, adivinando en parte sus pensamientos.
Inclinó la cabeza y asintió mordiéndose los labios.
—Se acerca la fecha, y los recuerdos vuelven con más fuerza—continuó diciendo Andreas.
—Intento bloquearlos, pero mi mente vuelve a esa noche una y otra vez—susurró Bill con voz temblorosa.
—Era Gustav, quería saber si ya habías llegado y te manda saludos—interrumpió de nuevo Tom.
Se quedó parado en mitad de la habitación, viendo la extraña escena. Los dos sentados a los pies de la cama con sus manos entrelazadas.
—Vendrán a hacernos una visita—informó Bill levantándose.
—Si, hace mucho que no se nada de ellos—comentó Andreas imitándole.
—Te dejo que sigas deshaciendo tu maleta, me voy a vestir antes de que tía Helen me riña de nuevo—dijo Bill logrando sonreír.
Pasó al lado de Tom sin mirarle y salió de la habitación.
—Me estaba contando lo que le ocurrió—explicó Andreas a su amigo—Está bien, ¿verdad?
—Si, le han recetado unas vitaminas y mucho reposo. Por eso discutió ayer con papá. No le deja salir de casa por si se vuelve a desmayar y también habló de obligarle a dejar el grupo—explicó a su vez Tom.
—No me extraña que esté tan enfadado. El grupo es lo más importante para Bill—saltó Andreas enojado.
Por el grupo le abandonó, a pesar de lo mucho que se amaban…
—Dijo cosas muy duras sobre mamá, mi padre no se merecía escucharlas—le defendió Tom un poco molesto.
—Tom, tu madre os abandonó cuando solo teníais 7 años. Si Bill quiere odiarla a ella, o a tu padre por no haceros ni puto caso, está en su derecho—dijo Andreas con dureza.
—Mejor cambiamos de tema—murmuró Tom tratando de no enfadarse con su amigo.
—Como quieras—replicó Andreas encogiéndose de hombros.
Terminó de deshacer su maleta mientras le pidió que le contase que tal le iban las cosas. Pero no le escuchaba, su mente estaba centrada en otros asuntos más importantes que saber cuantas chicas se había tirado su amigo en la última gira. Solo había aceptado la invitación de Helen cuando supo que Bill estaría en casa esos días. Sabía que un poco de paciencia, volverían a estar juntos de nuevo. Nunca debieron separarse, nunca debió dejarle por querer hacer su sueño realidad.
&
“Lo he conseguido. Ha regresado a casa. No sabe lo que le espera, no se imagina mi sorpresa. No puedo dejar de sonreír solo de pensar en la cara que pondrá cuando descubra la verdad….”
Continuará…