
Fic TWC de lyra
Capítulo 9. Confesiones
Despertó cuando la luz del nuevo día le hizo cosquillas en la nariz. Subió una mano y se la frotó gimiendo con pereza. Abrió los ojos y sonrió. Bill dormía recostado contra él, con la cabeza cómodamente puesta sobre su hombro.
Se quedó quieto, disfrutando de su compañía, recordando el fantástico beso que se habían dado…y lo que vino a continuación también…
Escuchó unos pasos fuera de la habitación y pensó que ya iba siendo hora de abandonar esa cálida cama antes de que su tía o su padre entraran de improvisto…o su amigo…
“¡Andreas!”—pensó poniéndose tenso.
¿Cómo había podido olvidar que el día anterior era él quien había besado a Bill?
Se escabulló como pudo sin despertarle, empujándole con suavidad hacia el otro lado de la cama. Salió de ella y se pasó las manos por la cara, gimiendo contra ellas en voz baja.
“¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?”—pensó mordiéndose los labios.
Un suspiro le hizo descubrirse. Vio como Bill se estiraba y sonreía en sueños. Gracias a él, no había tenido una pesadilla.
La puerta de la habitación se abrió y su tía se asomó sonriendo. Le hizo una señal para que saliera y le esperó en el pasillo. Asintió y alisándose el pijama con las manos salió de la habitación.
—¿Qué tal ha pasado la noche?—preguntó Helen en voz baja.
—Muy bien—contestó Tom suspirando.
—Entonces hoy se levantará más animado—dijo Helen sonriendo.
Bajaron a la cocina y comenzaron a preparar el desayuno los dos solos hasta que se les unió Andreas.
—Buenos días—saludó muy serio.
Tom se le quedó mirando mientras untaba su tostada con mantequilla. Su amigo traía mala cara, como si no hubiera podido dormir nada.
Se llevó la tostada a la boca y la mordió, tragando con dificultad. Se sentía muy mal, como si le hubiera engañado besando algo que él vio primero.
—¿Has dormido bien?—preguntó Andreas sin mirarle.
—Si—dijo Tom con esfuerzo—¿Y tú?
—No he podido pegar ojo en toda la noche—contestó Andreas con sinceridad.
—Ayer estábamos todos nerviosos, pero por el bien de Bill hoy nos comportaremos como si nada hubiera pasado—pidió Helen.
—Si, no ha pasado nada—afirmó Tom en voz baja.
—Si tú lo dices…—murmuró Andreas con dureza.
Alzó la mirada y miró a su amigo, quien comenzó a desayunar como si nada.
—Voy a subirle el desayuno a Bill—anunció Helen, ajena a sus palabras.
Lo estaba preparando cuando alguien llamó a la puerta. Se quedó parada, extrañada de recibir una visita a esa hora de la mañana. Antes de que pudiera ir a abrir, su cuñado se le adelantó y al cabo de un momento entró en la cocina seguido de un agente de policía.
—Buenos días—saludó—Siento molestarles tan temprano.
—¿Ha pasado algo?—preguntó Helen asustada.
—Quiere hablar con los chicos—explicó Jörg.
—¿Con los tres?—repitió Andreas.
—Si, pero ya le he dicho que Bill se encuentra mal y con él no podrá ser. No quiero que nada le altere—explicó Jörg al policía.
—Solo son unas preguntas de rutina—dijo el agente dirigiéndose a los muchachos, que dejaron de desayunar de inmediato—¿Conocéis al matrimonio que está acampado en el río?
—Sí, mi hermano y yo los vimos cuando llegaron. Nos preguntaron si se podía acampar y les indicamos el mejor lugar—explicó Tom.
—¿Los volvisteis a ver?
—Ayer. Paseamos cerca de donde estaban y vimos como la mujer, Susan, salía de la tienda de campaña—recordó Tom.
—¿Notasteis algo raro?
—¿Aparte de que estaba muy cabreada?—rió Andreas.
—Esto es serio. Su marido ha desaparecido.
—Perdón—se disculpó Andreas carraspeando —Como iba diciendo, estaba cabreada, y con su marido.
El policía tomó nota de sus palabras en la pequeña libreta que abrió nada más empezar el interrogatorio.
—¿Es algo grave?—preguntó Helen.
—La mujer está muy preocupada, su marido salio a dar un paseo por la noche y aún no ha regresado.
—Seguro que se cansó de ella y está cómodamente en su casa—opinó Andreas—Le estará dando una lección, así la próxima vez no discutirán.
Todos le miraron, sorprendidos por la dureza de sus palabras.
—¿Qué?—preguntó.
—Si tienen alguna noticia, o si su otro hijo recuerda algo más, llámenos—dijo el policía entregando una tarjeta a Jörg.
Se despidió de Helen y los chicos y fue acompañado por el padre a la salida.
—¿Es muy grave el asunto?—preguntó Jörg una vez a solas.
—Si el marido se ha ido a casa tal y como ha sugerido el amigo de sus hijos, se hubiera llevado sus cosas, pero no lo ha hecho—le explicó el policía en voz baja—El coche está donde le dejaron aparcado, y se dejó la mochila con su cartera y móvil. Sin dinero ni documentación…
—¿Qué medidas vais a tomar?—preguntó Jörg, pensando con dolor si harían lo mismo que cuando su mujer desapareció.
—Buscaremos por el río en buscas de pruebas, y como último recurso iremos al pantano—le explicó—Al ser de noche y no conocer estos parajes, es posible que se perdiera o cayera al pantano.
—Esperemos que no—dijo Jörg suspirando.
Estrechó su mano y se despidió cerrando la puerta de la calle tras él.
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—Seguid desayunando, yo iré a despertar a Bill—pidió Helen cogiendo la bandeja.
Subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación de su sobrino pequeño, quien dormía ajeno a la conversación que había tenido lugar en la cocina. Dejó la bandeja sobre la mesilla y se sentó en la cama, pasando una mano con suavidad por su mejilla hasta que logró despertarle.
—Tom…—gimió Bill sonriendo.
—No, soy yo—dijo Helen imitándole.
Abrió los ojos de golpe, sonrojándose al ver a su tía.
—Estaba soñando—murmuró incorporándose en la cama.
Helen rió y le puso la bandeja sobre las rodillas.
—Sabía que te levantarías de mejor humor, ya me lo advirtió Tom—comentó Helen.
Prefirió no contestar a su pregunta. A pesar de no tener casi hambre, se tomó el vaso de leche que le había subido su tía y una tostada, sin dirigirle la mirada. Tenía miedo de que descubriera lo que había pasado la noche anterior, como ya hiciera cuando comenzó su primera relación.
—Si ya has terminado, ve a ducharte y ponte ropa cómoda—dijo Helen al ver que no comía más.
Se levantó de la cama y esperó a que él también lo hiciera, comprobando que podía andar sin marearse ni nada.
Los ojos del cantante enseguida volaron a la cómoda, en donde estaban esas fotos que tanto miedo le daba mirarlas. Dio un paso en dirección a ella, pero la voz de su tía le detuvo.
—Vamos, ve a la ducha—insistió Helen sonriendo.
Decidió esperar a estar a solas. Entró en el baño y cerrando la puerta a medias se desnudó y metió bajo la ducha, gimiendo con los ojos cerrados cuando el agua caliente acarició su cuerpo.
Sentía la cabeza algo embotada, resultado de la pastilla que se tomó. Se lavó el pelo y el cuerpo, y antes de salir cortó el agua caliente y dejó que la fría le despertase del todo.
Salió tiritando de la ducha y se secó con una toalla, que ajustó a su cadera. Cogió otra y se secó el pelo, saliendo del baño con ella de la mano, suspirando al ver que no había nadie.
Corrió hacia la cómoda y cogió el montón de fotos con manos temblorosas. Las fue pasando una a una, pero solo eran las suyas. No había rastro de la de su madre. Echó un vistazo al suelo, donde las dejó caer cuando vio el temido sobe azul. Pero tampoco estaba.
Sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas. Llegó a la cama y se sentó en ella sin soltar las fotos de sus manos. Se estaba volviendo loco, viendo cosas que eran imposibles, a no ser que….
—¡Georg!—exclamó en voz baja.
A lo mejor la cogió y se la llevó, al ver lo mal que se había puesto al verla, evitando que el resto de la familia también sufriera.
Dejó las fotos sobre la cama y cogió el móvil que siempre dejaba en la mesilla. Marcó su número con rapidez y contuvo el aliento mientras escuchaba los tonos de espera.
—¡Bill!—saludó Georg nada más descolgar.
—Hola, necesito saber…
—¿Estás bien?—cortó Georg—Nos distes un buen susto.
—Sí, gracias. Escúchame, por favor. Las fotos…
—Las dejó Andreas encima de la cómoda—cortó Georg de nuevo.
—Si, las tengo de la mano. Solo quiero saber que hiciste con la foto que no era mía—susurró Bill cerrando los ojos.
—No te entiendo—dijo Georg perplejo.
—Todas son fotos mías, pero había una que no lo era—insistió Bill con firmeza—Vamos, tuviste que verla, estaba encima de las demás…
—Lo siento Bill, pero no lo recuerdo. Estaba muy preocupado por ti, no me fije en las fotos. ¿No lo habrás imaginado?—preguntó Georg preocupado.
Gimió frustrado. Decidió que lo mejor era dejarlo, darle la razón a su amigo antes de que se preocupara más por él y llamara a Tom tras colgarle.
Pero él creía con firmeza que no se había imaginado nada. La foto era real, la vio con sus propios ojos. El cuerpo desnudo de su madre, los ojos llenos de miedo, el mismo que había en los suyos en ese momento…
—¿Bill?—llamó Georg preocupado al ver que no decía nada.
—Debió ser eso, gracias de todos modos—dijo para alivio de su amigo.
Cortó la comunicación sin esperar a que Georg se despidiera. Se quedó mirando al vacío apretando con fuerza el móvil en sus manos…
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—¿Todavía estás así?—preguntó Helen entrando.
Pestañeó y se levantó de inmediato dispuesto a vestirse.
—Vamos, que te hago la cama—le apremió Helen.
Trata de coger las fotos, pero su tía se le adelantó y las cogió observándolas.
—¿Qué es esto?—preguntó pasándolas una a una.
—Nada, solo son fotos mías—contestó Bill arrebatándoselas de las manos.
Abrió el último cajón de la cómoda y las metió bajo la ropa interior, donde también estaban las otras. Cogió una muda limpia y girándose de espaldas se la puso bajo la toalla mientras su tía comenzaba a hacerle la cama.
Estaba terminando de vestirse cuando Andreas entró en su habitación.
—Bill, ¿tienes un momento?—casi le suplicó.
Se le quedó mirando con la camiseta medio puesta. En esos momentos no tenía fuerzas para enfrentarse a nadie, más tras lo pasado la noche anterior.
—Ahora no, ¿más tarde?—murmuró.
Vio como su amigo asentía inclinando la cabeza y salía de su habitación.
—Está un poco raro—comentó Helen cuando se fue.
—Todos lo estamos—susurró Bill carraspeando.
Se preguntaba donde se había metido Tom. Tras lo que había pasado cuando estuvo en sus brazos…lo poco que podía recordar bajo los efectos del sedante…pensaba que sería la primera persona que viera cuando abriera los ojos, a no ser que también se lo hubiera imaginado, claro…
Se quedó pensando en esa posibilidad. Estaba atontado por la pastilla, y tuvo un agradable sueño. Porque en la vida real eso jamás pasaría. Eran hermanos, no se amaban, solo se querían…
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Pasó el resto del día descansando en su habitación. Su tía advirtió a los demás que no le molestaran, y se aburría de estar tumbado sin hacer nada, ni de hablar con nadie.
Además, solo había una cosa que atormentaba su mente, y estaba cansado de darle más vueltas al tema. Se lo imaginó, la foto nunca existió….entonces, ¿qué pasaba con las que guardaba en el cajón? ¿De quien eran si no suyas o de su madre?
Se levantó y caminó hacia la ventana, apoyando la frente en el cristal y suspirando con los ojos cerrados. Sentía que la cabeza le iba a estallar de un momento a otro.
No sintió que la puerta se abría y alguien se colaba en su habitación.
—Bill, soy yo—llamó Tom cerrando la puerta tras de sí.
Se giró de inmediato y se le quedó mirando. Veía en sus ojos algo que nunca había visto antes,… ¿arrepentimiento?
Entonces no fue un sueño,… pero Tom quería olvidarlo. Estaba claro.
—Lo siento—se disculpó antes de que dijera algo—Anoche no era yo.
Tom asintió en silencio. Había venido a hablar de lo ocurrido, pero Bill zanjó el tema antes de que pudiera pedirle o darle explicación alguna. Pero estaba claro que actuó inconscientemente, bajo los efectos del sedante.
—No hablemos más del tema—murmuró antes de salir de la habitación.
Le vio salir y se quedó de pie donde estaba. No, no volverían a hablar del tema, pero era imposible dejar de pensar en él….y de recordarlo cada vez que cerrara los ojos suspirando…
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Llegó la hora de comer y cansado de su reclusión, bajó a la cocina y se extrañó al ver a su padre en casa todavía. No había subido a ver que tal estaba y pensó que como de costumbre no estaba.
Se quedó parado en la puerta sin saber que hacer. Su padre solo levantó la mirada y le dirigió una tímida sonrisa. Pero nada más. Ni un “¿qué tal estás?” o “siento mucho lo de ayer”. Nada. Inclinó la cabeza y siguió entretenido con la lectura del periódico.
—Siéntate antes de que se te enfríe—llamó Helen.
Obedeció y se sentó al lado de su cabizbajo hermano. Comenzaron a comer en silencio, que solo fue roto por las palabras de su padre.
—No quiero que os acerquéis al río—les ordenó con firmeza—Ni al pantano.
—¿Ha pasado algo?—preguntó Bill dejando de comer.
—La policía estuvo aquí esta mañana, al parecer ha desaparecido el marido de la mujer que conocimos el otro día—explicó Tom sin mirarle.
—Solo lleva 12 horas desaparecido. La policía siempre se pone en los peor—opinó Andreas si dejar de comer.
—Es que, al final siempre ocurre lo peor—murmuró Bill.
—Bueno, cambiemos de tema—pidió Helen viendo el nerviosismo de su sobrino.
—Voy al bar a ver si me entero de algo—anunció Jörg levantándose.
Se despidió de sus hijos y salió de casa, dejándoles terminar de comer a solas. Tras ayudar a su tía a lavar los platos, fueron al salón y trataron de ver la tele en vano.
Estaban en silencio viendo unos anuncios, cuando el móvil de Tom sonó. Miró quien era y salió a atender la llamada.
—¿Estás bien?—preguntó Andreas cuando por fin estuvieron a solas.
—Si….no…—contestó Bill frotándose la frente.
—¿Quieres que salgamos a que te de el aire? Así podemos hablar de paso—suplicó Andreas.
—Vale. Esto…. ¿te queda algún cigarro?—preguntó Bill en voz baja.
Andreas asintió sonriendo y corrió escaleras arriba antes de que los vieran Tom o su tía. Entró en su habitación y sacó los cigarros que guardó por si se presentaba una urgencia como esa.
Le conocía muy bien, mejor que su propio hermano. Sabía que tarde o temprano le pediría ayuda en algo…..y por eso mismo odiaba tener que hacerle daño…
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Bajó de nuevo al salón, viendo que no se había movido de donde lo había dejado. Sentado en el sofá con la mirada perdida por la ventana….se le veía tan indefenso….
—Bill—le llamó.
El cantante se volvió y se levantó, sin quitar los ojos del bolsillo de su cazadora.
—Tengo que avisar a tía Helen—murmuró pasando por su lado.
—¿Vas a decirla que sales a echar un cigarro?—preguntó Andreas con sarcasmo.
—No, solo que vamos a dar un paseo. No quiero que se preocupe por mí si ve que me he ido—explicó Bill.
Entró en la cocina y no le costó mucho convencerla. Al parecer, el doctor Wagner le había pedido que hiciera todo lo que estuviera en su mano para hacerle sentir cómodo. Como salir a dar un paseo con su mejor amigo y ex amante.
Sonrió saliendo de la cocina y le hizo una señal a su amigo. Salieron a la calle y solo cuando estaban a unas manzanas lejos de la casa Andreas se atrevió a pasarle un cigarrillo.
Pero sus temblorosas manos eran incapaces de encenderlo, y tuvo que dejar que le ayudara, poniendo sus manos junto a sus labios para que el aire no apagara el mechero.
—Estás nervioso—comentó Andreas acariciándole el pelo.
Aspiró profundamente y soltó una bocanada de humo suspirando. Lo iba necesitando. Llevaba casi dos días sin fumar, y los nervios le estaban destrozando.
Siguieron caminando y llegaron al pueblo, donde la gente estaba reunida en corrillos. Todos susurraban comentando la tragedia del desaparecido, recordando incluso que no era el primero en irse misteriosamente del pueblo.
Todas las miradas recayeron sobre el cantante, quien no sabía donde meterse y echó a andar por la primera calle que se ancontró sin dejar de fumar.
—Bill, no les hagas caso—le consoló Andreas—Era lógico que pensaran en lo de tu madre…
—Lo de mi madre fue distinto—se le escapó a Bill en un gemido.
—¿Cómo?—preguntó Andreas sin entender.
Pero negó con la cabeza. No podía contárselo, primero estaba la familia…
Sin esperarlo, sintió que Andreas le cogía de la mano y le hacía girarse. Se le quedó mirando mordiéndose los labios.
—Bill, tengo que decirte una cosa…—comenzó a decir Andreas en voz baja.
Pero Bill se soltó. No quería escuchar nada parecido a una relación en esos momentos. Echó a andar sin fijarse en donde estaba, hasta que sintió que le faltaba el aire. Alzó la mirada y vio el río correr a sus pies…
—Papá no me deja acercarme al río—susurró asustado como si fuera un niño.
Dio media vuelta y se chocó con Andreas, quien le cogió en sus brazos y le besó en los labios sin querer evitarlo.
—Para…no puedo….—susurró Bill forcejeando.
Logró librarse. Caminó dando tumbos hasta que llegó a un tronco caído y se sentó en el, rompiendo a llorar para asombro de su amigo.
—Bill, compréndelo….te amo—confesó Andreas en un susurro.
—No puede ser, ahora no—logró decir Bill entre sollozos.
—¿Por qué no?—preguntó Andreas sentándose a su lado.
—Me estoy volviendo loco—confesó Bill a su vez.
—¿Qué te estás volviendo loco? Vamos, solo estás pasando por un mal momento, eso es todo—afirmó Andreas asintiendo.
—No—dijo Bill levantándose—No es eso. Yo…veo cosas y….luego ya no está…
—¿De que hablas? Me estás asustando—dijo Andreas imitándole.
—De fotos, primero mis ojos, o los de ella….luego su cuerpo….—empezó a decir Bill.
—Desnudo, como si estuviera durmiendo—murmuró su amigo.
—¿La viste? ¿Por qué me dijiste que no? ¿La tienes?—preguntó Bill histérico.
—No, no es eso… ¿podemos hablarlo luego? –pidió Andreas tendiéndole una mano—Mejor cuando estemos en casa, este no es el lugar apropiado.
Pero el cantante negó con la cabeza. No podía confiar en él. Sabía lo de la foto. Si no la vio ni tampoco se la quedó, ¿entonces fue él quien se la envió?
—No pienso moverme de aquí hasta que me cuentes como sabes lo de la foto—dijo negándose en redondo.
—Es muy complicado, ni yo mismo lo entiendo—murmuró Andreas tratando de ganar tiempo.
—Por favor, necesito saberlo. Dime que no me estoy volviendo loco—suplicó Bill con un hilo de voz.
—Te haré mucho daño—avisó Andreas con dolor.
—No me importa, lo prefiero a vivir en la ignorancia—aseguró Bill conteniendo el aliento.
Se le quedó mirándole mordiéndose los labios. En cuanto le contara la historia, le perdería para siempre. Pero él se lo había pedido, a pesar del dolor.
—La hizo mi padre—dijo Andreas en voz baja.
—¿T-tu padre?—preguntó Bill sin creérselo.
—Si, mi bendito padre—rió Andreas con sarcasmo—He estado 10 años creyendo que era el mejor que podía tener, al ver como el tuyo pasaba de ti y tu hermano, pero un día se muere y todo sale a la luz. Su diario, las fotos…
—¿Un diario? ¿Fotos?—repitió Bill jadeando.
—Un diario en el que contaba como una buena noche violó y asesinó a tu madre—explicó Andreas en voz baja.
Los ojos del cantante se abrieron como platos. Negaba con la cabeza a la vez que separaba los labios y jadeaba. ¿Violada? ¿Asesinada?
—No, no puede ser—susrró comenzando a temblar—Tu padre era una buena persona. Cuidó de nosotros cuando mi madre desapareció. Siempre con una sonrisa, una palabra de consuelo…
—Bill, lo siento. Os lo tenía que haber contado nada más saberlo, pero es que no sabía como, hasta que mencionaste lo de la foto…
—¿Me la mandaste tú?—preguntó Bill con miedo.
—¿Por qué iba a hacer eso?—preguntó Andreas ofendido—Es horrible. Además, no podía haberlo hecho. Las fotos y el diario desaparecieron, alguien se los llevó.
—¿Quién?—susurró Bill.
—No lo sé, y tengo mucho miedo por eso. Es que…
—No quiero seguir escuchando más….necesito estar a solas…—le interrumpió Bill levantándose de un salto.
Echó a correr antes de que su amigo se lo impidiera. No podía respirar. No podía pensar. Alguien le mandaba las pruebas que necesitaba para saber con certeza que su madre estaba muerta, pero ¿con qué propósito? ¿Para que se volviera loco? Porque lo estaba consiguiendo.
Corrió a ciegas sin ver hacia donde le dirigen sus pies, tropezando con una rama que le hizo caer de rodillas al suelo, lastimando las palmas de sus manos.
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—¡Andreas!
El grito de guitarrista hizo que su amigo se girase asustado. Le vio correr hacia él, parándose a su lado para recuperar el aliento perdido por la carrera.
—¿Eres gilipollas o que?—se encaró Tom jadeando a su amigo—¿Cómo te atreves a traer aquí a Bill? Nuestro padre lo ha prohibido.
Al terminar de hablar por teléfono, su tía le había explicado que Andreas se había llevado a Bill a dar un paseo. Le extrañó que no le hubieran esperado, así que salió tras ellos.
Al llegar al pueblo y no verlos, preguntó por ellos y le señalaron la dirección del río, momento en el cual echó a correr con una mal presentimiento.
—Estábamos hablando, no nos dimos cuenta—explicó Andreas.
—¿Y Bill?—preguntó Tom mirando a todos lados.
—Se fue por ahí—señaló Andreas.
Echó a correr de nuevo sin ver si le seguía o no, alcanzando a ver justo el momento en que Bill caía de rodillas en la orilla del río. Corrió a su lado y al momento le cogió del brazo y le ayudó a ponerse en pie, pero Bill forcejeaba con él.
—Vamos Bill, levanta de una vez—dijo Tom tirando con más fuerza.
—Espera….déjame—pidió Bill fuera de sí—Mira…allí, en el agua.
—¿De qué hablas?—preguntó Tom preocupado.
—Hay algo flotando. Es… ¿es mamá?—susurró Bill rompiendo a llorar.
Separó los labios para pedirle que se tranquilizara y dejara de decir esas cosas sin sentido, pero entonces se fijó mejor en el río. Tenía razón, algo flotaba en el, enganchado a las raíces de las plantas que crecían en su orilla.
Levantó la mirada y vio que su amigo se acercaba. Le hizo una señal y consiguió levantar a Bill de una vez.
—Hay que llamar a la policía, me temo que hemos encontrado a Scott—explicó en un susurro.
—¿Scott?—repitió Andreas extrañado.
—El marido de Susan. Su cuerpo está flotando en el río—aclaró Tom.
Obligó a Bill a caminar, llevándole a un árbol caído y dejándole sentado en el. Cogió su móvil y enseguida llamó a la policía, explicándole la situación sin apartar los ojos preocupado de su hermano.
—Vienen en 10 minutos. Me han pedido que no nos movamos y mucho menos que toquemos nada—explicó Tom cerrando el móvil.
Pero cuando se dio la vuelta, vio a Andreas metido hasta las rodillas en el río. Maldijo por lo bajo y corrió a detenerle en vano.
—Andreas, han dicho que no toquemos nada—repitió sin atreverse a meterse en el río.
—Se ha soltado, si no hacemos nada se lo llevará la corriente—gritó Andreas haciéndose escuchar por encima del agua.
Tom vio que llevaba razón. Dejó a un lado cualquier sentimiento de repulsión y poco a poco se fue metiendo en el río, aguantando el aliento al sentir la frialdad del agua.
Enseguida llegó a donde estaba Andreas, quien sin ningún miramiento había pasado un brazo bajo el cadáver y soltado del todo de las ramas que lo tenían cogido.
Tragó con esfuerzo y cogiendo los brazos sin vida que hacia él llevaba la corriente, tiró con fuerza y entre los dos consiguieron sacarle del río, dejándole tumbado boca abajo en la hierba.
Se quedó mirando como Andreas le daba la vuelta con la punta del pie sin ningún tipo de respeto, como si estuviera acostumbrado….o como si buscara algo….
—Le han asfixiado—susurró Andreas señalando las marcas de su morado cuello.
No quería hacerlo, pero sus ojos se fijaron donde señalaba. Vio las marcas moradas que recorrían esa piel tan pálida, subiendo los ojos por su cuello hasta fijarlos en los del muerto…tan abiertos, y con el miedo brillando en ellos….
Sintió una arcada subirle por la garganta, se giró con rapidez y cayó de rodillas al suelo vomitando con esfuerzo, preguntando quien había podido hacer eso…y con el presentimiento de que se iba a volver a repetir otra vez…
Continuará…
La escena del río, donde encuentran el cuerpo de Scott está sacada de la novela, así como cuando Bill lo ve y cree que es su madre
y la historia del padre de Andreas claro, que es clave en el fic. Y mañana, toda la confesión que harán también esta sacada de la novela, incluyendo algunos diálogos.