
Fic TWC de lyra
Capítulo 12. De tal palo…
—Bill, vete a tu habitación—ordenó Jörg a su hijo pequeño.
—No hemos terminado de hablar, debemos…—trató de decir Bill.
—Deja que los mayores nos ocupemos de esto, tú vete a descansar—dijo Jörg con más suavidad—Tom, tú también.
Helen asintió conforme con su cuñado. Era mejor que dejaran el tema en sus manos. Se levantó y empujando con suavidad a sus sobrinos los echó del salón camino de las escaleras.
—Tratad de dormir—les pidió con un hilo de voz.
—Buenas noches, tía Helen—se despidió Bill en voz baja.
Tom solo inclinó la cabeza y echó a correr por las escaleras, evitando hablar con Bill o mirarle. Se encerró en su habitación y se desnudó sin dejar de llorar.
Su madre estaba muerta…nunca lo hubiera imaginado, ni en su peor pesadilla… ¿Pesadilla? ¿Así que era eso con lo que soñaba su hermano?
Mencionaron que le habían mandado una foto, de su madre muerta. Era lógico que la llamara en sueños. Tenía que verla él mismo, comprobar con sus propios ojos que todo eso era verdad y no una broma del destino.
Salió de la habitación llevando solo unos boxers y entró en la de Bill sin llamar, pillándole en el mismo estado.
—¡Tom!—exclamó el cantante girándose—Me has asustado.
Caminó hacia él, cogiéndole del brazo sin importarle hacerle daño.
—Quiero ver la foto, enséñamela—pidió Tom con brusquedad.
—No la tengo, desapareció, ya te lo dije abajo—explicó Bill con voz temblorosa.
—No te creo. Sé que lo has dicho para no hacerle daño a papá y a tía Helen. Debes de tenerla bien escondida, dime donde—exigió Tom apretándole más el brazo.
—Te juro que es verdad… ¡no la tengo!—susurró Bill rompiendo a llorar—Para, me haces daño…
Vio en sus ojos que le estaba diciendo la verdad, además de ver el dolor y el miedo que sentía en esos momentos. Aflojó el agarre, pero siguió sin soltarle.
—¿Cuándo descubriste la verdad? ¿Cuándo te lo contó Andreas?—preguntó Tom en voz baja.
—¿Y eso que importa?—preguntó Bill a su vez sin entender.
—¿Fue antes o después de que te acostaras con él?—siseó Tom entre dientes.
Le dolía decir esas palabras. La sangre le hervía solo de pensar que alguien había profanado el cuerpo de su hermano, algo con lo que él solo soñaba y que por una noche estuvo al alcance de su mano.
—Antes—susurró el cantante.
—¿Antes? ¿Y aún así lo hiciste? ¡Permitiste que el asesino de mamá estuviera dentro de ti!—gritó Tom enloquecido.
—Él no es ningún asesino—trató de aclarar Bill en vano.
—Deja de defenderle. Es culpable de algo, lo veo en sus ojos—dijo Tom forcejeando con su hermano.
—Estás celoso, eso es lo que pasa. Solo ves lo que quieres ver, no la verdad—dijo Bill lográndose soltar.
Escapó de su furioso hermano, apoyándose en la cómoda con las manos y suspirando. Inclinó la cabeza y se quedó mirando el último cajón en donde estaban el resto de las fotografías bien escondidas, incluyendo esas que con toda certeza sabía que no eran suyas.
Se inclinó y lo abrió de un tirón ante la atenta mirada deTom. Rebuscó entre su ropa interior y sacó los sobres azules que con tanto miedo escondió nada más llegar a casa. Se levantó y le tendió uno de ellos a Tom, quien le miró sin comprender.
—¿Qué es eso?—preguntó sin atreverse a tocarlo.
—Son las pruebas que querías. Ábrelo y míralo con tus propios ojos—contestó Bill dando un paso adelante.
Tom cogió el sobre que le ofrecía y lo abrió con rapidez, sacando una foto en la que solo salían unos ojos. Los miró con atención y luego levantó la mirada para estudiar los de su hermano.
—Son tus ojos—murmuró aún sin comprender.
—Fíjate mejor—susurró Bill desesperado—Están sin vida, ninguna luz brilla en ellos, solo un miedo intenso.
Le obedeció conteniendo el aliento. Los estudió con más atención, viendo que estaba en lo cierto.
—¿Desde cuando te las manda? ¿Por eso estabas tan asustado?—preguntó con un hilo de voz.
—La primera la recibí hará ya un mes—explicó Bill aliviado de poderlo al fin contar—No le di mayor importancia, hasta que recibí esa que tienes en tus manos. Sabía que no eran mis ojos, y las pesadillas comenzaron.
—Y yo que pensaba que eran porque echabas de menos a mamá, no porque te estaban asustando de esta cruel manera—dijo Tom frotándose la cara con las manos—¿Tienes más?
—No, el resto ya son mías—siguió explicando Bill abriendo otro de los sobres.
Dejó escapar un grito cuando vio la primera fotografía. Esa era nueva, tomada en esa misma casa.
—Tom…—llamó con un hilo de voz.
Tom vio como comenzaba a tambalearse. Corrió a su lado y le cogió en sus brazos, llevándole a rastras hasta la cama.
—Siéntate y pon la cabeza entre las piernas—le ordenó tratando de mantener la calma—Cierra los ojos y respira hondo.
Bill le obedeció de inmediato, reconociendo los síntomas de un futuro desmayo. Respiró hondo, agradeciendo queTom le frotara la espalda de paso. Sentir su contacto bastaba para evitar que se desmayara.
Continuó inclinado unos minutos más hasta que sintió que todo iba volviendo a la normalidad. Respiró hondo por última vez y poco a poco se comenzó a incorporar.
—¿Mejor?—preguntó Tom asustado al verle tan pálido.
—Si, gracias a ti—respondió Bill sonriendo con esfuerzo.
Tom le devolvió la sonrisa con esfuerzo y se sentó a su lado, quitándole de las manos ese sobre azul que agarraba con tanta fuerza. Lo abrió y sacó una de las fotos nuevas, mirando a su hermano sin comprender porque se había agitado.
—Esa es nueva—explicó Bill con voz temblorosa—Y la han hecho en esta casa.
Tom vio que era verdad. Sacó el resto de las fotos y las fue pasando una a una enseñándoselas a Bill de paso. En una de ellas se le veía dormitar en la hamaca del porche, con su largo pelo cayéndole por un costado. Se fijó en su expresión, relajada y calmada, recordándole cuando él era pequeño y su madre estaba ahí mismo tumbada. Le encantaba sentarse en el suelo y dejar que con una mano le revolviera el pelo mientras le preguntaba por las nuevas travesuras que había planeado con su hermano y el mejor amigo de ambos.
Una vez llegó a pensar que solo le preguntaba para disimular, y mientras él hablaba su madre solo pensaba en la manera de escapar de esa casa, puede que incluso con un amante que se hubiera echado.
Ahora que sabía la verdad se odiaba por haber tenido esos duros pensamientos…
Suspiró y pasó a otra foto, no pudiendo evitar sonreír al verla. La cogió y se la enseñó a Bill, quien la tomó entre sus temblorosos dedos mientras apoyaba la cabeza en su hombro.
—Sé que no es apropiado decir esto en estos momentos, pero me encanta esta foto—dijo Tom sonriendo.
En ella estaba Bill sentado en el regazo de su padre, escondiendo la cabeza en su pecho mientras que Jörg le consolaba.
—Fue el día que me encerraron en el garaje—recordó Bill—Me pareció escuchar una risa cuando trataba de abrir la puerta. Papá dijo que habrían sido unos chiquillos los que me encerraron, pero era….
—¿El padre de Andreas?—terminó Tom por él la frase.
—Sé que cuesta creerlo, pero es la verdad—dijo Bill incorporándose—Andreas siempre ha sido nuestro amigo, y le hemos dado la espalda. Está tan asustado como nosotros, no se merecía nuestras palabras.
—Puede que me haya dejado llevar por los celos—admitió Tom levantando una mano y acariciando la húmeda mejilla de su hermano.
Le secó esas lágrimas que se le habían escapado, inclinándose hasta rozarle los labios. Le besó suavemente, levantándose de la cama y tendiéndole una mano.
—Vístete—le ordenó con suavidad—No podemos esperar hasta mañana para hablar con la policía. Estas fotos demuestran que ha estado en la casa. Hay que tomar medidas de inmediato.
Bill asintió suspirado. Comenzó a ponerse la misma ropa que se quitó minutos antes, dejando que Tom cogiera todas esas fotos que con miedo escondió y se las llevara a su propia habitación.
Una vez vestidos los dos, bajaron juntos las escaleras y entraron en la cocina en donde su padre hablaba muy serio con su cuñada. Se sentaron a la mesa con ellos y dejaron las fotografías sobre ella, comenzando a contarles todo lo que había ocurrido meses antes y que llevó al cantante al borde de otro ataque.
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Eran ya las 8 de la mañana. Se habían pasado la noche en comisaría. Llamaron a Andreas, quien estuvo dispuesto a contar todo lo que sabía. La policía tomó nota de su declaración e hicieron las llamadas necesarias para comprobar su versión de la supuesta muerte de su padre.
Les confirmaron que solo habían hallado el cadáver de la madre, pero que seguían buscando al padre a pesar del tiempo pasado.
Quisieron hablar a solas con los mayores, así que les pidieron a los chicos que les esperaran en una de las salas de interrogatorios, en donde les llevaron café y unas mantas.
Sentados en unas incómodas sillas, Tom y Andreas no se dirigían la palabra. Observaban como el cantante dormitaba con la cabeza sobre la mesa, tapado con una de las mantas y con una triste expresión en la cara.
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—Tenemos los resultados de la autopsia de Scott—les informó la policía—Le estrangularon con algo muy fino, creemos que con un pañuelo de seda. Pero me temo que antes le habían violado.
—¡Dios!—exclamó Helen llevándose una mano a los labios.
—Al contarnos la manera en la que murió su esposa, no nos ha quedado más remedio que pensar que ha vuelto a actuar.
—¿Es el mismo asesino?—preguntó Jörg aún conmocionado.
—Todavía no podemos asegurarlo, estamos estudiando las pruebas.
Helen miró a su cuñado muy preocupada, y asustada. Si era verdad que el padre de Andreas estaba vivo y había estado en la casa, todos corrían peligro.
—Les pondremos vigilancia—dijo uno de los policías como si le hubiera adivinado el pensamiento—Nadie podrá acercarse a la casa sin ser visto.
—¿Y que pasa con Andreas? ¿Le vais a detener o algo?—preguntó Jörg.
—No ha hecho nada, fue su padre—dijo Helen con calma—Es mejor que se quede en casa. Allí estará protegido, y vigilado.
Jörg aceptó a regañadientes. No le gustaba tener en su propia casa al hijo del asesino de su mujer, más ahora que sabía que él y su hijo habían mantenido una relación amorosa, o la seguían manteniendo. Eso no le había quedado claro.
—Regresen a la casa y traten de descansar. Dejen todo en nuestras manos—les despidió el policía.
Se levantaron y fueron en busca de los muchachos, que no se habían movido de donde les habían dejado.
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No podía apartar los ojos de su amigo. Sentado enfrente de él, se frotaba las manos por los nervios, sin dejar de mirar como su hermano seguía dormitado a su lado.
—No creas que te hemos perdonado—murmuró Tom con dureza.
—Siento oírte decir eso—dijo Andreas de igual manera.
—Y ni se te ocurra volver a tocar a mi hermano. Ya le has hecho mucho daño—continuó diciendo Tom.
—¿Es eso una amenaza?—inquirió Andreas con una media sonrisa.
Tom se levantó en el acto, pero para su sorpresa, Bill le agarró por la muñeca y le miró con los ojos llenos de dolor.
—Dejad de pelearos por mí—les pidió a los dos.
—¿Cómo puedes perdonarle tras lo que ha pasado?—insistió Tom de nuevo.
—Tienes que entender que fue su padre—le trató hacer entender Bill—Andreas es nuestro amigo, siempre hemos estado muy unidos y nada podrá cambiar eso. Recuerda todo lo que hemos pasado.
—Y no puedo dejar a tu hermano, le amo demasiado—confesó Andreas.
Los hermanos le miraron asombrados. Nunca se habrían esperado una declaración en toda regla, y menos en esos duros momentos.
—Andreas—dijo Bill aclarándose la garganta—Eso tenemos que hablarlo.
—¿Otra vez estás con eso de que el grupo es lo primero? ¿Vas a volver a dejarme por ir a cumplir tu maldito sueño?—estalló Andreas sin poder evitarlo.
La puerta se abrió justo a tiempo. Helen se asomó y les pidió que se levantasen, que ya habían terminado y se podrían ir a casa. Todos.
Obedecieron sin mirarse entre ellos. Cogieron sus cazadoras y subieron al coche en donde Jörg les esperaba. Condujo hasta casa sin poder dejar de mirar por el retrovisor el coche de policía que les hacia de escolta.
—Subid a costaros—les ordenó cuando entraron por la puerta.
—Desayunad antes—pidió Helen.
Los chicos les miraron sin saber a quien obedecer, pero una inclinación de Jörg les indicó que su cuñada tenía razón. Tantos años ocupándose de sus propios hijos, que era quien mejor sabía lo que les convenía.
Camino de la cocina, retuvo a Andreas por el brazo y esperó hasta estar a solas para imponer sus normas.
—Solo estás aquí porque me es más fácil vigilarte—le dejó bien claro—No sé que te traes con mi hijo pequeño, pero en esta casa te lo prohíbo. No le hables, y menos le mires.
—Cuando todo termine, los dos estaremos juntos, y ni tú ni nadie nos podrá volver a separar—le dejó claro Andreas también.
Se soltó de su agarre y entró en la cocina, agradeciendo con una sonrisa la taza de café que Helen le sirvió.
—Yo me subo a acostar ya—anunció el cantante dejando su desayuno a medias.
—¿Te acompaño?—preguntó Tom levantándose.
—Puedo yo solo, no soy ningún inválido—contestó Bill con dureza.
Tom se quedó observándole partir. Sabía que todo era culpa de Andreas, y de su maldito padre. Por culpa de los dos, estaba perdiendo a su hermano, ahora que lo había encontrado…
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Pasaron el resto de la mañana encerrados cada uno en su habitación. No se miraban por miedo a ver el odio en sus ojos, no se hablaban por miedo a decir lo que no debían….
Paseando por su habitación, el cantante se mordía las uñas con rabia. Le costaba respirar, sentía una opresión en el pecho. Recordaba con dolor que la última vez que se sintió así, recurrió a la persona equivocada.
Esa vez no fallaría….
Salió a escondida de su habitación. Su padre y su tía hablaban en la cocina. Tenían muchas cosas que planear, entre ellas un funeral. Porque aunque ya habían pasado casi diez años, su madre se merecía ser enterrada y recordada.
Se paró de golpe en el pasillo. Ese mismo día era el aniversario, y se le había olvidado. Le parecía una cruel broma del destino. Averiguar que estaba muerta el mismo día de su desaparición.
Echó a correr y entró en la habitación de Tom. Estaba metido en la cama, acostado dándole la espalda. No se lo pensó dos veces y se metió también en ella, acercándose todo lo que pudo y acomodándose contra su espalda.
—¿Bill?—llamó Tom girándose.
—Por favor, no me eches de tu lado—suplicó Bill sollozando—Hoy no…
Se giró del todo y le cogió en sus brazos asustado por su estado. Temblaba y lloraba, se aferraba a su pecho mojándoselo con sus lágrimas.
—Bill…—le consoló en voz baja.
—He escuchado a papá en la cocina…hablaban de un funeral para mamá—contó Bill entre lágrimas.
—¿Es necesario? No hay nada que enterrar…—murmuró Tom sin pararse a pensar.
—Al menos tendremos un lugar donde ir para recordarla y hablar con ella—dijo con firmeza el cantante—Y llevarle flores. Las rosas blancas eran sus favoritas, al igual que las mías…
—También las mías—susurró Tom asintiendo—El rosal de mamá aún sigue en su sitio, papá se niega a podarlo y Helen lo cuida con cariño. Cogeremos dos rosas para llevárselas a su tumba, una por cada hijo que tanto la han echado de menos este tiempo que pensaban que se había ido de casa…
No pudo terminar la frase, no podía repetir en voz alta que su madre había sido asesinada. No con Bill llorando contra su pecho y temblando de miedo. Le abrazó con más fuerza, inclinando la cabeza hasta que sus labios se rozaron. Le besó con suavidad, sintiendo como sus lágrimas le mojaban sus mejillas, lo que le hizo romper a llorar a él también.
El cantante respondió a su beso sin pensárselo, agradecido por contar con él en esos duros momentos, desterrando al fondo de su mente la noche que pasó con su Andreas, aunque en realidad fue con Tom, pues solo llegó al placer cuando pensó que quien le hacía el amor era él….
El beso terminó y los dos se quedaron mirando abrazados. Suspiraron a la vez y sonrieron, acomodándose mejor, tratando de descansar un poco cada uno en los brazos del otro….
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Llegó la hora de la comida, pero nadie subió a despertarlos. El primero en hacerlo es el cantante. Levantó la cabeza y vio los ojos cerrados de su hermano. Sonrió a pesar del dolor que sentía por los recuerdos que permanecían presente.
Estiró una mano y le recorrió los labios con la punta de los dedos, haciéndole cosquillas y despertándolo.
—Hey—protestó Tom sonriendo.
—Lo siento—se disculpó de igual manera.
Tom sonrió más y haciéndole rodar le puso sobre él, metiendo las manos bajo su camiseta y comenzando a frotarle la espalda con suavidad.
—Mmmm…..—gimió el cantante con los ojos cerrados.
Apoyó la cabeza en el pecho de Tom, dejando la cara en la curva de su cuello, que besó pasando la lengua por su piel, haciendo círculos con ella….
—Bill….no sigas por ahí—frenó Tom con pesar.
—Perdona—se disculpó Bill de nuevo, esa vez sonrojado.
Sentía el miembro de Tom hacer presión contra el suyo. Decidió que era mejor dejarlo, antes de hacer algo que los dos llevaban tiempo deseando.
—Bajemos a comer—susurró quitándose de encima de él.
Tom asintió y le siguió. Se levantó estirándose mientras bostezaba. No había podido descansar nada, pero no se lo pensaba echar en cara.
Salieron de su habitación y bajaron a la cocina como si nada, viendo la expresión de su padre. Se pararon en la puerta, pensando que lo que su padre necesitaba en esos momentos era un abrazo y corrieron a dárselo.
—¡Chicos!—exclamó Jörg asombrado.
Helen se llevó una mano a los labios, ahogando un sollozo contra ella. Esa escena era la que llevaba años deseando que ocurriera. Sus sobrinos y su cuñado dejando atrás el doloroso pasado, mirando al futuro con ilusión.
—Bueno, bueno…—dijo Jörg con torpeza.
Los hermanos le soltaron y sonrieron a su tía antes de sentarse. Comieron en silencio, sin percatarse de que no estaba Andreas.
El teléfono sonó y todas dieron un salto. Jörg corrió a cogerlo y le escucharon hablar desde la cocina con el corazón en un puño.
—Le han encontrado—anunció entrando en la cocina jadeando.
—¿Al padre de Andreas?—preguntó Tom levantándose.
—Era la policía. Al parecer han recibido un chivatazo, han visto a una persona que coincide con su descripción merodeando por el río—les explicó.
—¿El río? Eso está bien cerca—dijo Bill mirando a Tom con miedo.
—No permitiré que te haga algo—le prometió Tom cogiéndole de la mano.
—Ni yo tampoco—dijo Jörg cogiendo su cazadora—No pienso quedarme aquí a esperarle.
—¡Jörg!—llamó Helen saliendo tras él.
Los chicos también se levantaron y siguieron a su tía.
—No vayas, puede ser peligroso—pidió Helen llorando.
—Helen, debo hacerlo. Mató a Simone, no pienso quedarme de brazos cruzados viendo como ataca a mi hijo pequeño.
—Pues voy contigo. No quiero que hagas una locura—dijo Helen con firmeza.
No pudo impedírselo. Era su hermana, ella también estaba dolida.
—No abráis la puerta a nadie. Si necesitáis algo, me llamáis al móvil y vengo de inmediato—les ordenó Jörg a sus hijos—Y recordar que hay un coche de policía en la acera aparcado
—Papá, ten cuidado—le pidió su hijo pequeño.
Jörg asintió con la cabeza y le abrió la puerta a su cuñada, viendo como el cielo se había nublado y comenzaba a llover.
Tom abrazó a su hermano sin dejar de ver como su padre echaba a correr bajo la lluvia. Se quedó con la boca abierta al ver que le abría la puerta a su tía y la besaba en los labios.
—Sabía que entre ellos iba a pasar algo—dijo el cantante sonriendo con esfuerzo.
Tom asintió y cerró la puerta de nuevo. Se giró sin soltarle, encontrándose a Andreas al pie de las escaleras.
—Han encontrado a tu padre—explicó Bill soltándose.
—¿Mi padre?—repitió Andreas sin creérselo.
—Ven, necesitas sentarte—dijo Bill señalando la cocina.
Esperaron a que pasase y le siguieron. Mientras se sentaba abatido en una silla, Bill le preparó una taza de té mientras que Tom le miraba con los brazos cruzados.
No confiaba ya en él. Había algo que nunca le llegó a gustar, como esa fea sonrisa que lucía en esos momentos en los labios.
—Voy a por una chaqueta—anunció saliendo de la cocina.
Echó a correr escaleras arriba, aprovechando que estaba en la cocina. Se coló en la habitación de invitados donde dormía Andreas y cerró la puerta con cuidado.
Se puso a buscar entre sus cosas. Necesitaba algo que le dijera que se estaba equivocando, que eran los celos lo que le hacía ver lo que no era…
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—¿Estás bien?—preguntó Andreas al cantante.
Había estado a punto de dejar caer un vaso. Vio que no se atrevía a mirarle, y sabía perfectamente el porque.
—Se te veía tan a gusto dormido en brazos de tu hermano—soltó Andreas de repente.
Esa vez se le escapó el vaso de las manos. Cayó al suelo y allí se hizo añicos mientras ahogaba un gemido. Les había visto, por eso actuaba de esa manera.
—Andreas, yo…—empezó a decir Bill con voz temblorosa.
—Me dejas por tu propio hermano… ¡que asco!—gritó Andreas levantándose.
—No, no es eso—trató de calmarle Bill—Nosotros solo estábamos…
—Os he visto con mis propios ojos—cortó Andreas con brusquedad—Dormidos el uno en los brazos del otro, con una sonrisa de felicidad en los labios… ¿ya habéis follado?
Se le acercó haciéndole retroceder, hasta que su cuerpo se dio contra la pila de fregar y no tenía escapatoria. Vio con horror que Andreas le ponía las manos a ambos lados de su cuerpo, acercándose todo lo que pudo hasta que se rozan sus alientos.
—Regresé a esta casa para volver a tenerte—dijo Andreas con odio en sus palabras.
—Me estás asustando—logró susurrar Bill.
—Deberías estarlo. El asesino de tu madre te busca para hacerte lo mismo—rió Andreas en su cara.
—Si grito, Tom bajará al instante. Te matará con sus propias manos—amenazó Bill tragando con esfuerzo.
—Eso será si te dejo gritar—siseó Andreas antes de actuar.
Se movió con rapidez. Le asestó un puñetazo en la cara que le hizo perder el sentido de inmediato sin haber separado los labios. Le cogió en sus brazos y le echó en el suelo.
Primero un hermano, luego el otro.
Silbaba mientras andaba por la cocina. Cogió un trozo de cuerda y le ató las manos fuertemente a la espalda. Le amordazó con un paño de cocina y solo entonces pudo respirar tranquilo.
Continuó silbando mientras cogía de la pila un cuchillo de grandes dimensiones. Subió las escaleras y sabiendo donde estaba su otro amigo, entró directamente en su habitación.
—¿Ves algo interesante?—preguntó haciéndole dar un salto.
—¡Andreas!—no pudo evitar gritar Tom girándose.
—Si buscas mis obras de arte, están en el cajón de la derecha—explicó Andreas escondiendo el cuchillo a su espalda.
Tom miró el cajón que le ha indicado y se movió con rapidez. Lo abrió haciéndolo salirse de su carril, dejando caer al suelo su contenido.
Vio entre la ropa de su amigo un sobre azul sellado. Lo cogió y abrió mientras comenzaba a jadear. Sacó las fotos que contenía, y se levantó con ellas de la mano.
—Dios, Andreas, ¿qué has hecho?—preguntó Tom realmente asustado.
—Terminar el trabajo de mi difunto padre—murmuró Andreas dando un paso.
Todo ocurrió muy deprisa. Se acercó a su amigo y antes de que pudiera reaccionar hundió el cuchillo en su estómago, lentamente…cada vez más y más…
Tom solo pudo suspirar por la sorpresa, ni siquiera tuvo tiempo de gritar. Dejó caer las fotos y puso una mano en su hombro, tratando de empujarle sin dejar de negar con la cabeza.
Andreas sonrió al verle y le empujó sobre su cama sin delicadeza. Pisó las fotos que había dejado caer al suelo y se cercioró de haber dejado malherido a su amigo.
En el suelo han caído unas gotas de su sangre, manchando esas fotos en las que se veía al pobre Scott posando tras ser asesinado. En otra foto se veía que la habían trucado, era el cuerpo del difunto, solo que en vez de su cabeza estaba la del cantante.
Ese había sido siempre su plan. Superar a su padre, coger lo que más quería en el mundo y disfrutar de ello antes de matarlo, porque como ya le había dejado bien claro el cantante, él solo amaba a su hermano, y por eso los dos serían castigados.
Continuará…
La escena donde Bill le enseña las fotos y Tom comenta que le gusta mucho en donde sale Bill siendo consolado por su padre, esta sacada de la novela.