Sólo mío 5

Sólo mío 5

Fic TWC de lyra

Capítulo 5. Hablando al miedo

Tumbado de espaldas, se masajeaba con la mano libre la dolorida barbilla. El efecto del analgésico había cesado hacía horas, y desde entonces no había podido conciliar el sueño al que cayó rendido por las lágrimas.

Con los ojos cerrados, trataba de poner en orden sus pensamientos. No sabía qué hora era, sobre las 10 de la mañana calculaba. A esa hora Tom y sus compañeros ya se habrían dado cuenta de que no había dormido en su cama.

Esperaba que Gustav no fuera tan tonto y pensara que era igual que Tom, que él también había pasado la noche fuera en compañía, aunque daba por hecho que pensaría que sería masculina. Porque sabía que sus compañeros sospechaban de él, de su secreto… sabían que era gay pero no se atrevían a preguntárselo a la cara.

Pero Tom era diferente. Con solo mirarle fijamente a los ojos supo de su secreto, y le apoyaba al cien por cien. Sabía que podía contar con él para todo, por eso rezaba en esos momentos con los ojos cerrados. Poder contar con su ayuda, a pesar de haberse ido distanciando.

No supo cuánto tiempo había pasado perdido en sus pensamientos. Escuchó el sonido de una llave, como era metida en una cerradura y girada hasta dos veces. Al poco tiempo, la puerta se abrió despacio y una rendija de luz entró en la habitación.

Abrió los ojos pero siguió sin moverse. Vio una silueta recortada en la puerta. Pestañeó hasta que logró enfocar la vista, recorriendo el cuerpo de su captor, en busca de algo que le diera una pista de quien era.

Pero todo le era desconocido. Llevaba puesto una especie de mono gris y un pasamontañas oscuro que le cubría por completo la cara. Sus manos también estaban protegidas con oscuros guantes. Era como si tuviera miedo de ser reconocido, o tal vez de dejar huellas que tras su liberación, si algún día se producía, le pudieran delatar.

Le vio entrar en la habitación y accionar un interruptor que se encontraba a su derecha. En pocos segundos la habitación fue inundada por una fuerte luz que le hizo gemir por lo bajo con los ojos cerrados. Se llevó la mano libre a ellos y se los frotó, hasta que se acostumbró a esa luminosidad y pudo dejar de pestañear.

Buenos días—le salud con toda naturalidad.

Se quedó quieto en su sitio, viéndole avanzar y dejar sobre una mesa que había enfrente de él una bandeja que llevaba en las manos. En ella debía estar su desayuno.

En otras condiciones no se atrevería a tocarlo por miedo de que estuviera drogado o envenenado, pero oyendo protestar a su estómago y ya habiendo tomado algo de sus manos sin haberlo visto primero, no le quedaba más remedio que aceptar que estaba hambriento.

Comenzó a incorporarse con lentitud, y al momento unas manos le ayudaron a quedar de nuevo recostado contra la pared. Se atrevió a mirar a la cara, pero solo vio unos ojos oscuros a través de las rendijas del pasamontañas, que le miraban con la misma fijeza que él le estaba mirando.

Te he traído el desayuno—le explicó incorporándose—Lo que sueles tomar. Un bol con cereales, dos tostadas con mantequilla y un vaso de zumo. Sé que te gusta muy dulce, pero me temo que este es un poco amargo, pero si quieres te traigo un poco de azúcar….

Deja, no te molestes—dijo con voz ronca cortando su monólogo.

Suspiró y se tocó de nuevo la barbilla inconscientemente, gimiendo por lo bajo. Sentía la garganta seca tras toda la noche sin beber.

También te he traído otro analgésico—le siguió explicando.

Le vio acercarse a la mesa y coger el zumo con la pastilla, que le ofreció inclinándose. Lo cogió de sus manos y se tomó el analgésico con un sorbo del amargo zumo.

Necesito ir al baño—informó Bill en voz baja.

Es esa puerta—le dijo señalando a su izquierda—Tienes cadena de sobra para llegar a él.

Miró en su dirección. Aún no había tenido tiempo de estudiar el sitio en el que había despertado. Los únicos muebles eran una mesa y una silla. El colchón en el que había pasado la noche estaba en el suelo directamente tirado.

Dejó el vaso en el suelo y se puso en pie con esfuerzo, aceptando sin otra alternativa su ayuda de nuevo. Fue cogido por el codo y ayudado a incorporarse. Le soltó cuando ya se podía mantener solo de pie y le vio alejarse, como si temiera que tuviera fuerzas para golpearle.

Caminó apoyándose en la pared con la mano que está encadenada y entró en el reducido baño. Dio la luz y cerró la puerta tras él, viendo que no se candaba del todo por culpa de la cadena.

La cerró todo lo que pudo y se dio prisa en hacer sus necesidades, preguntándose si le estaría vigilando por la rendija de la puerta o si quizás había instalado una cámara que le estuviera grabando.

Terminó y tras tirar de la cadena se lavó las manos, momento que aprovechó para mirar su aspecto en el espejo que tenía delante colgado. Lucía una palidez más blanca de la habitual, y bajo sus ojos había dos grandes ojeras.

Lo que más le asustó fue el gran morado que se le extendía desde la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla. Había recibido un gran golpe, que le había dejado inconsciente en el acto.

Dejó de lavarse las manos y se las secó a una toalla, cogiendo una esquina que empapa con fría agua y se aplicó en la comisura del labio, suspirando por lo bajo. El frío le calmaba un poco el dolor.

Decidió salir del baño antes de darle la oportunidad de entrar a por él. Apagó la luz y salió sin soltar la toalla. Vio que le señala una silla y le obedeció. Pensaba que lo mejor era tenerlo contento, que viera que le obedecía sin rechistar, antes de hacerle enfadar y que le golpeara de nuevo.

Se sentó y se tomó el desayuno ante su atenta mirada. Esperó a que le dijera algo, que le contara cuales eran sus planes, pero solo recibió su aterrador silencio.

Decidió ser él quien diera el primer paso.

Si lo que quieres es dinero, yo….

No—le cortó con firmeza.

Tragó con dificultad la cucharada de cereales que se había llevado a la boca, si no quería dinero, solo quedaba otra cosa. Él mismo, más bien su cuerpo.

Tengo que irme ya—le oyó decir de repente.

Antes de que pudiera reaccionar, salió de la habitación, pero no cerró la puerta. Sabía que regresaría a traerle algo, y le esperó con el miedo brillando en sus tristes ojos.

Al minuto le vio entrar con otra bandeja en las manos que dejó en la mesa al lado de la otra.

Te dejo la comida, no sé cuándo podré volver—le informó retrocediendo un paso—Pero esta noche vendré sea como sea.

¿Por qué lo haces? ¿Qué obtienes con esto?—preguntó Bill en un susurro.

A ti—le contestó de igual manera.

Le vio dar media vuelta y cerrar la puerta, candándola bien con la llave. Solo entonces rompió a llorar desesperado, a rezar con más fuerza. Si Tom no le encontraba a tiempo, iba a ser cruelmente violado.

Continuará…

por lyra

Escritora del Fandom

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