
Fic TWC de lyra
Capítulo 9. A tu lado
Ya no sabía que más podía hacer. Llevaba casi toda la tarde fuera del apartamento, buscando desesperado a Bill sin haber dado con una pista que le indicara donde estaba o quien podía habérselo llevado.
Sabía que sus padres llegarían en cualquier momento y él había huido con la excusa de buscarle él mismo. No tenía fuerzas, o más bien valor para enfrentarse a su llorosa madre.
Sabía que tenía razón. El único culpable de que Bill no estuviera sano y salvo era él. Nunca debió distanciarse, enfadarse con él solo porque no reunía el valor necesario para confesarle sus más hondos sentimientos.
Tenía miedo de su reacción, de que le dijera que estaba enfermo. Tenía miedo de que se asustara y le diera la espalda, tal y como él había hecho. Le dolía verlo todos los días, a su lado sonriendo y él sin poder decirle dos sencillas palabras: “te quiero”.
El sonido del móvil le hizo pegar un salto. Rebuscó en el hondo bolsillo de su pantalón hasta que logró dar con el y lo cogió con manos temblorosas sin ver quien le llama.
— ¿Hallo?—preguntó con un hilo de voz.
— ¡Tom! Soy Gustav—saludó emocionado su compañero—Tus padres…
— ¿Ya han llegado?—le cortó frotándose la frente—Siento mucho haberos dejado con ellos en estas circunstancias, voy ahora mismo al apartamento.
—Nos vamos al hospital—le informó su compañero.
— ¿Al hospital? ¿Le ha pasado algo a mi madre?—preguntó Tom con miedo.
—Le han encontrado, Tom—dijo Gustav llorando sin poderlo evitar—La policía recibió un anónimo y han encontrado a Bill, en buen estado.
—Gracias a Dios—susurró llorando él también—Cojo un taxi y nos vemos allí.
Cortó la comunicación sin dar oportunidad de despedirse a su amigo. Corrió por la calle hasta que dio con una parada de taxis y se subió al primero, pidiéndole entre lágrimas que le llevara al hospital de inmediato, que necesitaba estar al lado de su hermano.
Tardó 15 minutos en llegar. Entró corriendo por la puerta de urgencias, preguntado a la primera enfermera que vio donde estaba Bill Kaulitz. La joven le sonrió calmándole y le señaló una sala de espera, en donde se encontraban sus padres y sus amigos.
Se reunió con ellos y se fundió en un abrazo con su madre, rompiendo a llorar contra su pecho como si fuera un niño pequeño.
—Lo siento…siento haber dejado que sucediera…—sollozó en voz baja.
—Tom, cariño—consoló Simone a su hijo mayor—No debí decir eso, estaba muy afectada y lo pagué contigo.
—Perdonen—les interrumpió un enfermero tosiendo.
Se separaron de inmediato, siguiendo unidos aún por las manos.
—El doctor ya ha terminado de examinar a su hijo—informó a Simone—En unos minutos saldrá y les explicará mientras le subimos a una habitación particular.
Todos suspiraron aliviados. Esperaron solo unos minutos hasta que se abrió la puerta de nuevo y por ella apareció el médico que llevaba el caso del cantante. Todas las miradas se dirigieron ansiosas a él.
—Doctor, ¿mi hijo…?—comenzó a preguntar Simone entre lágrimas.
—Se encuentra bien—le tranquilizó con una sonrisa—Fue hallado inconsciente dentro del maletero del coche, le habían drogado con un sedante suave del que despertará a lo largo de la noche, quizás mañana. Entonces podrán hablar con él.
— ¿Puedo ver a mi hermano?—preguntó Tom en un susurro.
—Por supuesto, ¿por qué no os adelantáis tú y tus amigos?—les pidió casi ordenando.
Los chicos obedecieron en el acto, conscientes de que quería hablar a solas con los padres. Desaparecieron por la puerta que el médico les señala y una vez a solas hizo sentar a los ansiosos padres.
—Bill se encuentra bien—repitió con firmeza—Le hemos examinado a fondo y no hemos hallados síntomas de que haya sido torturado ni forzado. Las únicas heridas que tiene es un golpe bajo el labio y las muñecas enrojecidas, señal de que ha sido atado por ellas. Pero nada más.
— ¿No ha sido…?—comenzó a preguntar Jörg.
Dejó la frase sin terminar. Era consciente de que la fama de su hijo era muy envidiada, y con los rumores que circulaban acerca de su homosexualidad, algún novio celoso o un fan loco le podía haber retenido para realizar su más honda fantasía.
Porque sin haber recibido una llamada o nota exigiendo un rescate por su hijo pequeño, y que éste hubiera aparecido al cabo de casi 24 horas, muchas horribles imágenes se le pasaban por la cabeza.
—No, no le han violado—le aseguró el médico con firmeza—Esa fue nuestra primera preocupación. Le hicimos un examen minucioso y no hallamos restos de semen ni ninguna herida que indicara que hubiera sido forzado. Pueden estar tranquilos en ese aspecto.
—Entonces, ¿Por qué le secuestraron? ¿Cuáles eran las intenciones del secuestrador?—intervino Gordon.
—Eso nunca lo sabremos, solo hasta que despierte Bill y lo pueda contar. Es mejor no obligarle, si quiere hablar y recuerda algo le debemos mostrar todo nuestro apoyo. Por supuesto, el hospital le ofrecerá toda la ayuda necesaria. El psicólogo ya está al tanto y en cuanto despierte le irá a ver de inmediato.
—Muchas gracias, doctor—dijo Simone respirando un poco más aliviada.
El médico se despidió de ellos y les indicó el camino de la habitación en la que descansaba su hijo pequeño ajeno a todas las preocupaciones que su secuestro había levantado, sumido en un sueño reparador en el que se encontraba a salvo en los fuertes brazos de su hermano.
Continuará…