Vidas eternas 3

Vidas eternas 3

Fic TWC de lyra

Capítulo 3. Una dura decisión

Trataba de respirar profundamente. No podía creer que todo hubiera ocurrido así, aunque en el fondo de su mente sabía que era cierto. ¿Vampiros? ¿Se alimentaron de él? ¿Le convirtieron en uno de ellos?

Se sobresaltó al escuchar unos golpes en la puerta. Se giró apoyando las manos en le lavabo. No sabía como podía ocurrir, pero a través de la puerta le llegaba el dulce aroma de su hermano. Respiró profundamente y le sintió llenarle por dentro.

— ¿Tom?—llamó Bill asustado.

—Ya salgo….espera—logró contestar Tom en un susurro.

Alargó una mano y descorrió el cerrojo, abriendo la puerta de golpe y encontrándose cara a cara con su hermano, quien le miraba asustado mientras se apretaba una mano con la otra.

— ¿Me …ayudas?—preguntó Bill tartamudeando.

Le señaló la herida y las vendas que llevaba bajo el brazo. Tom asintió y tomándole por el codo le hizo sentarse en el borde de la bañera. Cogió las vendas y tomó su mano entre las suyas, tratando de vendarle la herida sin fijarse en esa sangre que de nuevo le llamaba.

— ¿Estás bien?—preguntó Bill preocupado.

No le contestó, solo quería cubrir la herida y que se fuera de su lado. Estaba arrodillado en el suelo para llegar mejor a ella, mirando sus dedos sin alzar la vista hasta su cuello. Escuchó retumbar en sus oídos los latidos de su corazón. La sangre le estaba llamando a gritos, y tenía miedo de seguir escuchando.

— ¿Tom?—insistió Bill de nuevo.

Terminó de curarle y se levantó con rapidez. Estaba sudando. Se pasó una mano por la cara y le dio la espalda. Quería que se marchase de una vez, antes de que hiciera algo de lo que sabía se iba a arrepentir.

Pero Bill estaba muy preocupado por él, y se levantó para situarse a su lado. Le puso la mano en el hombro y se lo apretó con cariño.

Tom se giró y le miró a los ojos, viendo en ellos su amor por él, deseando estrecharle en sus brazos y no soltarle nunca más.

— ¿Qué te pasa?—preguntó Bill al cabo de un rato.

Se sentía incómodo con él mirándole fijamente.

—Es mejor que te vayas—pidió Tom arrugando la frente—No te acerques a mí nunca más.

— ¿Qué? No entiendo—susurró Bill asustado.

— ¡Qué te vayas!—gritó Tom empujándole.

Bill retrocedió y estuvo a punto de caer, pero recobró el equilibrio para mirarle sin comprenderle. Se quedó en su sitio sin saber que hacer. Extendió una mano hacia él, suplicándole con la mirada que no dijera esas palabras en serio.

Tom se enfadó y tomando su mano con fuerza le sacó él mismo del baño, cerrando la puerta tras él y haciendo caso omiso del sollozo que se le escapó cuando le echó de su lado.

Lo había hecho por su propio bien. Si continuaba a su lado, algo malo iba a pasar. Le podría hacer daño, y eso nunca se lo iba a perdonar.

.

Tras un ensayo en el que todo había salido mal, Bill se secaba las lágrimas en compañía de Gustav, quien trataba de consolarle pasándole un brazo por el hombro.

—Te dije que estaba raro. No ha sido el mismo de siempre tras esa noche—dijo Gustav suspirando.

—No sé que le pasa—sollozó Bill sin poderse contener—Ya no quiere que esté a su lado, me aparta de él diciendo que solo me haría daño, y ya me lo hace con sus palabras.

—Tras la actuación de esta noche hablaremos todos con él—dijo Gustav con firmeza—Le diremos que busque ayuda o le obligaremos. Está claro que tiene un trauma ras el ataque que recibió. Además, todavía no nos ha contado nada de o que pasó.

—Dice que no recuerda nada—murmuró Bill.

—Han pasado ya semanas, algo debe haber recordado, y no nos lo quiere decir—insistió Gustav.

Ni siquiera a mí, con lo unidos que estamos…. estábamos…”—pensó Bill con dolor.

&

Llegó la noche y con ella una pésima actuación. Tom no lograba sacarse el dolor de su hermano de la cabeza y fallaba cada nota que trataba de tocar en su guitarra. Al final decidieron acortar la actuación, más al ver como de repente se puso a sudar y jadear.

— ¿Estás bien?—preguntó Bill preocupado.

Estaban en el backstage, en donde recostado en el sofá el guitarrista era el centro de todas las miradas. Bebía despacio el vaso de agua que le habían dado para ver si así se recuperaba, pero no era eso lo que en esos momentos necesitaba. Otra clase de líquido llamaba su atención, y desde la posición en la que estaba podía ver perfectamente la venda que Bill llevaba sobre esa herida que aún no cicatrizaba.

Sin apartar los ojos de ella trataba de respirar hondo, de alejar esos pensamientos que le decían que abrazara fuertemente a su hermano y clavara los dientes en ese dulce cuello que tatas veces había besado con pasión tras una noche de amor.

— ¿Tom?—llamó de nuevo Bill—Me estás asustando.

Consiguió levantar la mirada y posarla en esos ojos que poco a poco se fueron llenando de lágrimas. Por su culpa, por el dolor que le causaron sus palabras. Pero era mejor así, alejarle de él antes de que hiciera algo peor que tomar su dedo y chupar esa gota de sangre que se deslizó por su herida.

Tenía que hacer lo necesario para alejare de él, para ponerlo a salvo y no hacerle más daño…aunque para ello tuviera que romper su corazón…

Vio que extendía una mano para tocarle, lo que le hizo levantarse de un salto y empujarle a un lado.

— ¡Tom!—gritó Gustav mientras cogía al cantante por la cintura.

Si no lo llega a hacer en esos momentos estaría tirado en el suelo. No entendía lo que le pasaba a su amigo, que le había puesto en ese estado que le daba igual hacerle daño a su propio hermano.

—Te dije que te alejaras de mí, que no me tocaras—siseó Tom mirando con rabia a Bill.

—Pero…necesito saber que te pasa…—suplicó Bill casi sin voz desde los brazos de Gustav.

— ¡Que ya no te quiero!—gritó Tom antes de salir corriendo.

Se encerró en el baño dando tras de si un sonoro portazo que ahogase el llanto de su hermano. Rompió a llorar cuando salieron de sus labios esas palabras, esa mentira que haría que Bill se olvidara de él de una vez. Le había hecho daño, pero no podía evitarlo.

Y más tras volver a verla…

Allí, mezclada entre el público se encontraba Cassandra. No llegó a verla con claridad, pero algo en su interior le decía que estaba allí. Más bien fue su corazón. Dejó de latir y eso fue lo que provocó que fallara, que no se concentrara en la canción ni le llegara la voz de su hermano. Fue como si de repente no hubiera más gente e la sala, como si solo estuvieran ellos dos y le llamara en silencio, pudiendo escuchar su dulce voz retumbar en sus oídos.

Como en esos mismos momentos, con la puerta cerrada. Dejó de escuchar los sollozos de Bill para escuchar la voz más dulce que jamás había escuchado. Le llamaba, le ordenaba que fuera hacia ella de inmediato….

Y él quería obedecer, moriría si no hacía lo que le estaba pidiendo.

Cogió aire y salió del baño, chocándose con el bajista por el camino.

—Venía a ver que tal te encontrabas—dijo Georg frotándose el estómago en donde había recibido un duro golpe.

—Necesito tomar aire, y estar solo—murmuró Tom pasando a su lado.

—Bill está….

Pero no escucha el final de la frase. Esa voz cantarina ocupaba todo sus pensamientos y no le dejaba escuchar nada más. Salió al parking y se dirigió al oscuro callejón al que fue la primera vez que la siguió.

En esos momentos los recordaba todo claramente. Ya no tenía ninguna duda. Cassandra era una vampira, y el fue una de sus víctimas. Recordaba que le cogió de la mano y le llevó hasta ese mismo callejón sin que pudiera hacer nada para impedirlo, por más que le preguntaba a donde le llevaba.

&

—¿Dónde vamos?—logró decir después de unos minutos.

—Solo sígueme—ordenó Cassandra tirando de él.

Se dejó llevar. No puede pensar en nada más. Había intentado resistirse, pero le había hipnotizado con sus ojos y le obligaba a seguirle.

Se detuvieron ante un callejón oscuro y entraron en el.

—Mírame—ordenó Cassandra.

Tom fijó su mirada en ella, vio esos ojos verdes que tiraban de su mente para que no pensara en nadie más.

—Bill….—susurró muy bajito.

—¡No!—gritó Cassandra haciéndole apartar la mirada.

Le cogió la barbilla con fuerza y besó sus labios con violencia.

—Solo estamos tu y yo—susurró acercándose a su oído—Solo existo yo, Cassandra. Y ahora, mírame.

Volvió a mirarla y esa vez una sonrisa apareció en sus labios.

— ¿Confías en mí?—preguntó Cassandra acariciándole la mejilla.

Solo asintió con la cabeza, incapaz de articular una palabra.

— ¿Harás todo lo que te pida?—preguntó de nuevo Cassandra con firme voz.

Volvió a asentir.

Cassandra sonrió y le atrajo a su cuerpo. Le hizo apoyar la cabeza en su hombro, y puso los labios en su cuello.

De los labios de Tom escapó un gemido de dolor cuando notó como unos dientes hacían presión en su cuello, como unas gotas de sangre salieron de esa herida que comenzaba a hacerse más profunda cada vez.

Cerró los ojos y se aferró a Cassandra gimiendo de dolor. Gritó en su mente para que se detuviera, pero de sus labios no salió ningún sonido.

Cassandra separó los labios de su cuello y se limpió con una mano unas gotas de sangre que bajaban por sus labios. Le separó de su cuerpo y se le quedó mirando sonriendo.

—Este es solo el principio. Por hoy es suficiente. Vuelve a tu casa y ve directo a la cama. Tienes que descansar para lo que vendrá después.

Le soltó y vio como caminaba tambaleándose. Sabía que haría lo que le había ordenado. Nadie era capaz de desobedecer sus órdenes, y menos aún cuando ya le había marcado para toda la vida.

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—Sabía que vendrías—escuchó a Cassandra claramente.

Se quedó quieto en el sitio sin poder moverse. Vio como se acercaba a él con una gran sonrisa en los labios. Separó los suyos para hablar, pero solo pudo susurrar.

— ¿Qué me has hecho?—preguntó casi sin voz.

—Lo sabes perfectamente, los recuerdos están volviendo—explicó Cassandra sin dejar de caminar hacia él—Te he mordido, he bebido de tu sangre para transformarte en uno de los míos.

— ¿Soy un vampiro?—preguntó Tom ahogando un sollozo.

—Todavía no. Te voy a dar la opción de elegir—susurró Cassandra pasando un dedo por sus labios—Puedes quedarte tal y como estás, sabiendo que has perdido una gran oportunidad. O vivir eternamente, a mi lado.

— ¿Y mi hermano?—no pudo evitar preguntar Tom.

—Bill. Sé que sientes algo por él—contestó Cassandra suspirando—Cuando probé tu sangre sentí como el amor fluía por tus venas. Le amas, y él te corresponde. Conmigo encontrarás el amor eterno, o si quieres un compañero también lo podrás encontrar.

—Le quiero solo a él—afirmó Tom seriamente.

— ¿Le transformarías en uno de los nuestros? ¿Es eso lo que me estás pidiendo?—preguntó Cassandra sonriendo.

—No tengo más remedio, así no puedo vivir—contestó Tom suspirando—Me has dejado medio muerto, no puedo mirar a nadie sin desear probar su sangre. Cada vez estoy más débil, la comida ha dejado de saciarme y puedo desfallecer de un momento a otro.

—Repito, ¿le harías pasar por todo esto a tu hermano? ¿Es lo que él desea?

Se quedó pensando en sus palabras. ¿Cómo podría hacerlo eso a Bill? Antes tendría que preguntárselo. Pero si él se iba, ¿podría vivir sin tenerle a su lado? Ya si se convertía en un vampiro o si se negaba y moría por lo enfermo que cada vez se iba encontrando, Bill se quedaría solo, y sufriría pensando que dejó de amarle.

—Hay una manera de saberlo—dijo Cassandra leyendo sus pensamientos.

—¿Cómo?—preguntó Tom desesperado.

—Entrando en sus sueños—contestó Cassandra en un susurro—Te diré como, sólo tienes que hacerle beber una pócima que te prepararé a base de una mezcla de nuestras sangres. La tuya porque eres su amor verdadero, la mía porque soy el vampiro que te creó.

Tom se le quedó mirando sin comprender. Nunca había creído en pócimas mágicas, ni en vampiros. Pero en esos momentos lo veía todo con otros ojos. Asintió con la cabeza ligeramente. Si de esa manera podía saber que era lo que deseaba Bill, lo intentaría por muy absurdo que pareciera.

—Una vez que se haya tomado la pócima, caerá en un profundo sueño—siguió explicando Cassdandra—Solo tienes que echarte a su lado, poner la cabeza en su pecho y escuchar el sonido de su corazón. Eso te hará dormir a ti también y compartir su sueño. Así de fácil.

—Así de complicado—rectificó Tom.

—Nadie dijo que la vida eterna fuera sencilla—dijo Cassandra entre risas.

Sin decir palabra tomó su muñeca y le hizo un corte con la pequeña daga que sacó de su escote, haciéndose ella otro en su muñeca, dejando que a sangre fluyera hasta un pequeño frasco de cristal que sacó de su bolso. En el las dos sangres se mezclaron hasta que con una fuerte sacudida el líquido rojo se volvió cristalino como si de agua se tratara.

—Cógelo, dale de beber a tu hermano y descubre si lo que siente por ti es amor verdadero o una mera ilusión—dijo Cassandra entregándole el frasco—Cuando tengas la respuesta, actúa en consecuencia. Pero antes, tienes que darme la tuya.

Se lo pensó profundamente. ¿Qué era lo que quería? ¿Morir ante los ojos de Bill o transformarse en vampiro y esperar a que él deseara lo mismo?

—Date prisa—pidió Cassandra.

Tom asintió con la cabeza, esa era su respuesta. Sintió como le cogían por la cintura con fuerza y cerró los ojos, apretándolos fuertemente al sentir como unos dientes se clavaban en su cuello con fuerza y bebían de su sangre hasta la última gota.

Su último pensamiento antes de “morir” fue esperar estar haciendo lo correcto.…

Continuará…

por lyra

Escritora del Fandom

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