
Fic TOLL de lunallena
Capítulo 21: Acos (parte 1)
Cuando Tom fue despertado de su pacífico sueño, en dónde había creado un mundo en el que él y Bill vivían juntos en la tierra como cualquier pareja normal, fue para que le avisaran que atravesarían “el túnel”. Honestamente, no entendía a qué se referían con “el túnel” pero debía ser algo realmente importante porque Derbus y Bill se dirigieron a una cabina especial y se colocaron unas mascarillas extrañas, por supuesto, el alienígena le había obligado a que hiciera lo mismo si no quería morirse en el proceso. Tom, por supuesto, aceptó sin chistar.
Ya dentro de la cabina y con una mascarilla puesta en el rostro. El humano sintió como la presión en el ambiente se volvía más pesada, incluso la gravedad. Sentía que era atraído al suelo con fuerza, pero gracias a las correas que lo sostenían en la cabina, pudo mantenerse en su lugar. Por unos segundos, todo se había calmado, de hecho, sintió que necesitaba respirar, menos mal tenía la mascarilla puesta. Cuando creyó que todo esa incomoda sensación había terminado, un fuerte movimiento le dijo que no era así. Su cabeza comenzó a doler fuertemente y su estómago se estrujó.
“Voy a vomitar, voy a vomitar, voy a vomitar”. Se repetía una y otra vez en su mente. Sus ojos estaban cerrados con fuerza y aguantó todo lo que pudo para no devolver lo poco que tenía en el estómago. Hubo un momento que Tom se había sentido paralizado y sintió que todo se había detenido, de hecho, que todo se había vuelto blanco y un incómodo, casi inaudible ruido constante se podía oír en su oído. ¿Se había muerto? Eso no podía ser, estaba pensando, pero sus extremidades parecían no recibir ninguna señal de su cerebro porque se negaban a cumplir la orden de moverse. Pensó que entraría en pánico en cualquier instante.
Eso le hizo recordar el día que se subió a una montaña rusa por primera vez. Toda su familia había ido al parque de diversiones, ese día, inauguraban las más nueva montaña rusa. Fabián y él habían estado molestando a sus padres hasta el cansancio para poder subir a tal monstruosidad, como le llamaba su madre. Un fin de semana, todos decidieron salir tras la insistencia de los dos niños. El encargado del juego mecánico les negó el pase al principio, ya que eran muy pequeño para poder subir al juego a menos que fueran con un adulto. Después de rogar a sus padres, estos accedieron y subieron con ellos. La sensación de la subida del carrito por el riel empinado era desesperante. Tom recordaba la sensación claramente, sus manos le habían estado sudando y su cuerpo empezaba a temblar con anticipación. Cuando el carrito llegó a la punta, era como si todo se hubiera detenido e iba en cámara lenta. Entonces el carrito se inclinaba ligeramente hacia abajo, dejando ver a todas las personas como pequeñas hormigas y todas las luces del parque de diversiones como diminutos puntos de colores. Y sucedió. El carrito se deslizó a toda velocidad y Tom sintió que el alma se le salía del cuerpo, el aire fuerte golpeando su rostro haciendo que cerrara los ojos con fuerza y soltara un grito más de terror que de emoción. Agarraba firmemente el pequeño chaleco metálico de seguridad que lo detenía de salir disparado por el carrito como si su vida dependiera de ello. Su estómago había dado un vuelco y tras las vueltas y vueltas que daba el carrito, Tom sentía que en cualquier momento saldría volando por los aires y se mataría.
Todas esas sensaciones que había sentido la primera vez que se subió a la montaña rusa fue lo que sintió mientras a travesaba el muy llamado “túnel”…pero multiplicado por mil elevado a la millonésima potencia.
Cuando creyó que su vida se estaba desvaneciendo, que quizá pronto empezaría ver escenas de su vida completa como había oído a muchas personas decir cuándo estaban al borde de la muerte. Una persona cruzó su mente. Bill. ¿Dónde estaba Bill? Quería verlo. Al menos una última vez.
—Tom…
Oyó una voz en la lejanía. ¡Bill! Sí, ahí estaba él, era su voz, pero sonaba en eco y bastante distante, ¿por qué estaba tan lejos?
—Tom, despierta, ¡Tom!
¿Hacerle qué? ¡Estaba bien! Solo que…no podía moverse y tampoco responder. Mierda, era tan desesperante como esas pesadillas en las que quieres gritar y no puedes articular nada, en las que quieres escapar de tu asesino pero tus piernas no responden y te quedas tieso esperando por tu muerte.
—Demonios, ¡Tom! …por favor.
De acuerdo, podía oír la voz de Bill con más claridad ahora. Tenía que seguir hablándole, podía casi sentirlo, lo sentía cerca.
— ¡Prometiste que haríamos esto juntos!
Cierto, había sido una promesa y Tom no faltaba en sus promesas. Rápidamente Tom sintió un fuerte pinchazo en el pecho y, como si despertara de una pesadilla en mitad de la noche, abrió los ojos de golpe a la vez que hizo un sonido ahogado y se atoró en toses continuas. Como si al mismo tiempo hubiera estado sumergido en el agua por horas y finalmente alguien lo sacaba y le brindaba algo de oxígeno.
Pudo oír el suspiro de alivio de Bill a lo lejos.
— ¿Puedes verme? —Una voz le habló, Tom buscó con la mirada desenfocada y encontró un rostro extraño. Tras parpadear un par de vez, se dio cuenta que era Derbus. Asintió. — ¿Puedes hablar?
—S-Sí.
—Genial.
— ¿Qué me suc-
Antes de que pudiera terminar su pregunta, unos brazos se envolvieron alrededor de su cuello y el familiar aroma invadió su nariz.
— ¡Eres un tonto! —El alienígena dijo escondiendo su rostro en el cuello de Tom, reprochándole. —No vuelvas asustarme de esa manera ¿me oíste?
Tom no comprendía nada pero solo asintió en el agarre, apenas pudiendo alzar sus brazos para responder al repentino abrazo. Este era Bill. Lo tenía en sus brazos, podía sentir como resucitaba de pronto.
— ¿Qué me sucedió? —Finalmente dejó salir su pregunta. Se sentía un poco mareado.
—Estuviste a punto morir —Derbus respondió —Sorprendentemente, tu cuerpo fue lo suficiente fuerte para resistirlo…o casi. Al menos ahora estás vivo.
— ¿Qué estuve QUÉ?
—Pasamos por el túnel. —Bill se separó y lo miró directamente a los ojos, con ternura y preocupación —Este es como un teletransportador, un atajo para viajar a otra galaxia. Bienvenido a otra galaxia, por cierto.
Otra galaxia. Los ojos del humano se abrieron tan grandes que pensó que se saldrían de sus cuencas. ¿Otra galaxia? Si nunca antes se había imaginado en viajar a otro planeta, viajar a otra galaxia estaba más allá de sus límites. No podía asimilarlo y su cabeza aún estaba procesando lo del túnel.
— ¿Otra…galaxia?
—Sí —Bill asintió —En esta galaxia se encuentra el planeta Acos, a dónde nos dirigimos ahora, en esta galaxia también se encuentra mi planeta, Karnak.
—N-No puedo creerlo esto…esto es…debo estar soñando. —Tom dijo mareado, confuso y con un dolor de cabeza ahora. Primero le habían dicho que estuvo muy cerca a morir, ahora que están en otra galaxia. ¿Qué clase de broma era esta? Sin embargo, al ver los rostros serios y preocupados de Bill y Derbus, supo que todo era verdad. —De acuerdo, entonces no estoy soñando.
—Iré a dirigir la nave, estamos muy cerca de Acos y por lo que me dijo Bill, nos darán una grata bienvenida. Así que preparen las armas —Derbus dijo con sarcasmo saliendo de la habitación.
—No entiendo nada —Dijo Tom, no sabiendo si era por lo que dijo Derbus o toda la situación en general.
—Cierto, olvidé decirte. Me comuniqué con Andreas, me está esperando en Acos, haremos un plan para luego dirigirnos a Karnak, el problema es que el planeta ha comenzado a ser invadido, es probable que algunos parkos nos den la bienvenida, así que tenemos que estar listos.
—De acuerdo. —Tom asintió, intentando aclarar su mente y asimilar toda la información que Bill le estaba dando.
—Me alegra que estés de vuelta, yo…realmente me asusté. —El alienígena admitió de pronto sin quebrar el contacto visual. Lentamente llevando una mano a la mejilla del confundido humano —No lo vuelvas hacer, no quiero perderte. —Dijo en un susurro, con verdadero miedo en su voz.
Tom tuvo que sonreír a aquellas palabras al mismo tiempo de sentir una agradable calidez en todo su cuerpo. Su corazón latía como un loco y su sonrisa se ensanchó aún más. No es que él hubiera planeado “casi” morirse en el proceso de pasar por el túnel . Simplemente sucedió, en contra de su voluntad. Pero lo importante ahora, era que estaba vivo y tenía a Bill consigo.
Aun con la mano de Bill acariciándole la mejilla, Tom acercó el rostro del alienígena para capturar sus labios. Tenía que hacerlo, su corazón se lo pedía a gritos. Bill aceptó el beso sin pensarlo dos veces, sintiendo la húmeda, deliciosa boca del humano que lo besaba con pasión.
No duró mucho, una luz roja comenzó a parpadear en la habitación y pronto ambos se separaron mirando todo alrededor, desconcertado.
— ¡Bill! Hay alrededor de doce Parkos esperándonos en la base de aterrizaje, ¿ya tienen todo listo? …El aterrizaje será un poco violento, por cierto —La voz de Derbus fue oída en la habitación.
—Mierda —Tom dijo por lo bajo, levantándose, aún mareado de la mesa metálica donde había estado sentado y previamente acostado.
—Ugh, tendríamos todo listo, si cierto humano no hubiera sido tan débil para desmayarse cuando pasábamos por el túnel —Bill dijo de manera divertida mientras se apresuraba en equipar su traje con algunas armas.
— ¡Casi muero! —Tom le respondió mirándolo incrédulo —Además, hubiéramos hecho esto hace un rato si no me hubieras provocado en besarte. —Tom le sonrió de lado mientras se equipaba algunas armas también.
—Deja de mirarme así o te juro que…
— ¿Juras qué? —Tom desafió con otra mueca, el rostro del alienígena muy cerca de su rostro.
— ¡Apresúrense, ya vamos aterrizar! —Derbus interrumpió con advertencia.
Ambos resoplaron, pero se dirigieron una sonrisa cómplice, la cual fue suficiente. Rápidamente, se sentaron en sus respectivos asientos cerca de Derbus y un tubo protector los cubrió a los tres mientras la nave comenzaba a aterrizar. Efectivamente, el aterrizaje fue violento. No porque la nave fuera mala, porque definitivamente no lo era. El problema eran los Parkos. Al momento de aterrizar, la nave ya podía ser visible y los Parkos, armados como había dicho Andreas que estaban, habían comenzado a disparar con sus viejas armas. Nada comparadas a las armas que Talnor fabricaba. Por supuesto, eso no dañaría a la nave en lo absoluto, pero si perturbaría el aterrizaje, como lo estaba haciendo ahora.
—Muy bien, aquí vamos —Dijo Derbus listo para abrir la puerta, una vez la nave estaba sobre Acos. El aterrizaje había sido bastante rápido para sorpresa de Tom. De hecho, agradeció que así fuera.
— ¿Preparado, Tom? Espero que los entrenamientos que tuviste conmigo no hayan sido en vano —Bill dijo mientras preparaba su arma en mano y oscurecía sus ojos totalmente.
—Oh, claro que no —Tom le sonrió, acomodándose la bandana en su frente y el aparato que cubría uno de sus ojos, parecido a un monóculo, pero no tan anticuado. De hecho, era bastante genial. Según lo que Derbus le había explicado cuando estaba en el taller de Talnor, ese aparato lo ayudaría a poder ver. Tom no había entendido muy bien, pero ahora sabía a qué se refería. Él no era un alienígena y no podía tornar sus ojos completamente negros, como Bill podía hacerlo, lo cual lo ayudaba a ver a sus enemigos.
La puerta de la nave se abrió de inmediato y los tres salieron corriendo listos para atacar a cualquiera que se entrometiera en su camino. Cuando la nave se cerró y ellos estaban fuera, pudieron divisar a los Parkos que los apuntaban con las armas. Estaban rodeados.
Bill, Tom y Derbus estaban pegados de espaldas, cada uno mirando distintas direcciones y también apuntando sus armas.
—Los Parkos son muy torpes, su puntería es muy mala y las balas de sus armas tienen una luz. Podrás esquivarlos, piensa que son pequeñas bolitas de papel —Bill pronunció en voz baja para que el humano oyera. —Con la diferencia que…si una te toca, podría paralizarte y luego podrían matarte.
Tom asintió, tragando pesadamente al ver a los horribles Parkos mirándolos con curiosidad. Como si esperaran una señal para empezar a disparar.
—Lanzaré el humo, asegúrense de dispararles en puntos vitales —Mencionó Derbus.
Entonces todo sucedió muy rápido. Derbus lanzó una pequeña bola metálica que en el momento que tocó el suelo, un humo blanco cubrió el lugar. Los disparos iniciaron y gruñidos fueron oídos. Tom pudo divisar dos Parkos frente a él y pequeñas luces que salían de sus armas y apuntaban hacia su dirección. Inmediatamente, esquivó las que pudo y apuntó su arma hacia una de las criaturas. Oyó un gruñido. Bingo.
Por otro lado, Bill ya había derrotado a tres Parkos e iba por el cuarto. De hecho, estaba tardando con este último, ya no poseía un arma y solo estaban combatiendo cuerpo a cuerpo. La criatura ya le había propinado unos cuántos golpes a Bill, pero no lo suficiente fuertes para hacerle un mayor daño o detenerlo. Bill notó que la criatura era, en efecto, bastante torpe y sus golpes eran imprecisos, no debería estar tardando tanto.
Derbus, por su parte, ya había derrotado a dos y estaba lidiando con uno muy molestoso que no dejaba de dar saltos y esquivando sus golpes. Maldito cobarde. Decidió usar una de sus armas de largo alcance, era como un gancho que se estiraba lo suficiente para alcanzar a tu enemigo, penetrar su cuerpo, atraerlo a ti y terminarlo. No estaría mal usar esta arma.
Tom ya se había encargado de tres parkos ahora y estaba comenzando a cansarse. Su respiración era acelerada y su cuerpo entero temblaba por la adrenalina. El humo ya se había disipado, podía ver a Bill sentado de horcajadas en uno de los parkos y propinándole severos puños en su rostro. También, divisó a Derbus degollando a un Parkos y esquivando el golpe de uno que venía por él. El humano tuvo que parpadear un par de veces y sacudir la cabeza, esto parecía sacado de una película y la escena entera lo estaba perturbando. No se consideraba una persona violenta…no hasta ahora.
Fue interrumpido de sus pensamientos cuando un Parkos lo agarró por sorpresa del cuello y comenzó hacer presión con la intención de asfixiarlo…o quebrarle el cuello. Solo fueron unos segundos después que el agarre del Parkos se debilitó y su cuerpo cayó rendido en el suelo. Tom empezó a toser y se giró de inmediato para encontrar a Bill apuntando el arma hacia el cuerpo caído. Sí, lo había salvado. Una vez más.
—Gracias.
—Solo cuidándote la espalda. Nos quedan pocos, apresúrate. —Bill se giró y se dirigió a ayudar a Derbus que tenía problemas con dos Parkos sobre él.
Tom sacudió la cabeza, se supone que debía ser una ayuda, no un estorbo. Muy bien, tenía que concentrarse. Sacó otra de las armas que llevaba consigo, esta era filuda y de dos puntas, estaba seguro que cortaría cualquier cosa que rozara.
Inmediatamente y con la concentración del caso, Tom saltó sobre un Parkos que se dirigía hacia dónde Bill y Derbus estaban, con un movimiento rápido de muñeca se deshizo de la criatura haciéndole un profundo corte en el cuello y dejando que caiga con un sonido pesado en el suelo.
Una vez los doce Parkos estaban derrotados en el suelo, ninguno con vida, ambos alienígenas y el humano se dirigieron a la dirección que Andreas había indicado.
—Oeste, cerca de la señal de la estrella Tora —Bill se repetía una y otra vez caminando hacia la dirección indicada. A Tom le sorprendió ver que tanto Derbus como Bill, no parecían estar exhaustos en lo absoluto, mientras él sentía que necesitaba un tanque de oxígeno. — ¿¡Dónde demonios está esa maldita señal!? —Dijo exasperado al encontrar todo el campo vacío.
Derbus frunció el ceño y manipuló un aparato en sus manos, Tom supuso sería como una brújula o mapa, pero con más tecnología, obviamente.
El cielo era de un color púrpura y celeste combinados, a lo lejos se podía ver la forma de un planeta, quizá uno muy cercano a este. El lugar donde estaban ahora era bastante rocoso y lleno de arena. Tom se agachó para tocar esta, era bastante suave y la sensación era diferente a la arena de la tierra. Alzó la mirada, sí, todo era rocas y arenas. De todos modos ¿qué rayos era la estrella Tora?
— ¿Qué estamos buscando exactamente? —Le preguntó a Derbus, ya que Bill estaba muy ocupado trepándose a una roca enorme para divisar algo en el desierto lugar.
—La señal de la estrella Tora, es una roca perfectamente cúbica con símbolos característicos de la lengua Aquense. Esta piedra existe en varios puntos de Acos, para poder, según las inscripciones de la roca “guiar a los seres perdidos”. Literalmente.
— ¿Hay posibilidades de que se hayan llevado esa roca o que la hayan destruido? —Tom preguntó viendo a su alrededor intentando divisar alguna roca cúbica.
Derbus suspiró y negó con la cabeza —Talvez.
—Quizá necesitamos caminar un poco más, Bill —Tom sugirió.
—Eso creo. ¿Derbus?
—Cierto. Aquí tienen el equipamiento para que no se pierdan o necesiten de mi ayuda con alguna información. Yo estaré en la nave, ya saben, para que permanezca invisible mientras estén aquí. Cuando tengamos que irnos, vendré a recogerlos.
— ¡Espera! ¿No nos acompañarás?
—No, ¿quién crees que se encargará de la nave? Cuida bien de este chico, es bastante terco y creo que puedes mantenerlo cuerdo —Derbus bromeó señalando a Bill quién bufó y rodó sus ojos.
—Eso creo —Tom sonrió recibiendo los equipos que Derbus le entregaba. No tenía idea de cómo funcionaba, pero ya aprendería.
— ¡Nos vemos, entonces! Karnak los espera.
Ambos, alienígena y humano asintieron al mismo tiempo que vieron a Derbus marcharse hacia la nave.
—Andando, Tom. Esa maldita señal tiene que estar por aquí. —Bill se adelantó mirando todo a su alrededor que podría lucir como una señal. Tom sin embargo, decidió ir más lento, de hecho había notado algo distinto. El color de la arena que estaban pisando ahora era más clara que la anterior sobre la que estaban caminando.
Esto tiene que significar algo. Tom pensó arrugando el rostro pensativo. Había decidido decírselo a Bill pero finalmente optó por no hacerlo ¿qué si no era nada relevante? Solo haría perder el tiempo, así que decidió descubrir por sí mismo qué podría significar el ligero cambio de color en la arena.
Se puso de cuclillas y tomó un puñado de arena en su mano. Sí, definitivamente era distinta a la que había tocado momentos atrás. Tom comenzó a esparcir la arena con ambas manos, casi intentando excavar hasta poder encontrar algo, lo que sea.
— ¡Bill! —Llamó de pronto al sentir una superficie dura contra sus dedos. Había algo escondido debajo de todo ese montón de tierra. Tenía que ser la señal. — ¡Bill! —llamó nuevamente.
— ¿Qué sucede? ¿Qué haces? —Bill preguntó con el ceño fruncido y colocándose de cuclillas al igual que Tom — ¿Qué encontraste?
—Siéntelo tú mismo —Tom sonrió tomando la mano de Bill e introduciéndola en el pequeño agujero que había creado en su intento de excavar. Ahí, el alienígena pudo sentir una superficie dura.
—La señal, tiene que ser la señal. —El alienígena dijo con sorpresa y cierta esperanza en su voz. Es así, que ambos, alienígena y humano comenzaron a excavar con sus manos, tanto como pudieron, para que la superficie dura estuviera a la vista. Sobre ella, había una inscripción, de hecho, para Tom solo eran trazos pero que estaba seguro tenía que significar algo.
— ¿Sabes lo que dice? —Preguntó con curiosidad y Bill asintió.
—La luz de la estrella tora está contigo, sigue el camino de tu interior, te guiará a tu destino. No estás perdido. —Leyó el alienígena casi en un susurro, posando sus dedos sobre la inscripción.
Tom pestañó un par de veces observándolo con confusión.
—El oeste. Andreas me dijo al oeste de la señal de la estrella Tora.
Tom comenzó a excavar hacia el oeste de la señal que habían encontrado hasta encontrar algo que llamó completamente su atención.
—La luz de la estrella Tora está contigo…—Dijo con una sonrisa — ¡Eureka!
Bill se giró de inmediato hacia el humano y pudo notar una pequeña luz.
—Maldito, Andreas. —Bill sonrió, yendo hacia Tom y ayudándolo a excavar con más rapidez.
No pasó mucho tiempo para que una puerta con una luz parpadeante salga a la vista. Justo como Andreas lo había dicho, al oeste de la señal de la estrella Tora. El alienígena no lo pensó dos veces y tocó la puerta con tres fuertes golpes.
En solo cuestión de segundos, dos grandes armas de fuego salieron de la puerta apuntando directamente a ambos. El humano se sobresaltó y cayó sentado en el suelo, mientras que el alienígena ni siquiera se inmutó, ni un parpadeo. Sus ojos completamente negros y mirando directamente a la punta del arma que casi tocaba sus narices.
—No estoy de juego, Andreas —Bill articuló.
— ¿Q-Q-QUÉ DEMONIOS? —Tom gritó desde su posición en el suelo, pálido y con los ojos completamente abiertos.
— ¿Oh? ¡Bill! ¡Eres tú! —De pronto una cabeza rubia se asomó y las armas que hace poco habían aparecido ya no estaban apuntándolos más. —Adelante pasen. —El chico rubio, de un aspecto bastante humano para la opinión de Tom, les hizo un ademán para que ingresaran.
Tom estaba tan sorprendido de todo lo que estaba pasando que no notó la mano de Bill que lo ayudaría a levantarse.
—Vamos —Le dijo con una sonrisa, sus ojos regresando a la normalidad una vez más.
Tom asintió, aceptó la mano del alienígena y se levantó para sacudirse la arena que tenía encima y detrás.
Ambos ingresaron al, aparentemente, escondite y una vez dentro la puerta se cerró automáticamente con un sonoro clic.
— ¡Bill, estás bien! —El rubio abrazó al alienígena quien respondió al abrazo de igual manera afectuosa. Tom sabía de Andreas porque Bill le había hablado mucho de él, sabían que ambos que eran muy buenos amigos, comprendía la repentina muestra de afecto y solo sonrió.
—Por supuesto que estoy bien —Bill respondió.
—Estuve muy preocupado y lo sabes —El rubio contestó.
Tom se sentía un poco fuera de lugar, ambos alienígenas estaban hablando en su idioma y él no entendía absolutamente de lo que estaban diciendo, en su lugar decidió echarle un vistazo a este muy llamado “Andreas” o “Andi” como Bill solía llamarlo a veces. Era unos centímetros más alto que Bill, pero no mucho, así que no era notorio. Delgado. Su cabello rubio, casi blanco. Es entonces cuando Tom notó sus orejas. Estas eran puntiagudas, como las de un duende, tenían una forma extraña, pensó. Sobre su frente, tenía tres puntos violetas que daban forma a un triángulo. Sus ojos eran completamente negros y su piel era ligeramente cobriza.
—Tom, este es Andreas —De pronto Bill se giró, finalmente notando su presencia —Andreas, él es Tom —Bill se dirigió a Andreas respectivamente.
—Mucho gusto —Tom respondió en su idioma y sin estrechar la mano, eso lo tenía bien claro.
—Mucho gusto, humano —Andreas respondió aunque Tom no lo vio mover sus labios en ningún momento, solo lo vio sonreír y de pronto oyó la voz en su mente que le respondía.
— ¿Sabes mi idioma? —Tom preguntó sorprendido y Bill solo rodó los ojos divertido.
—Está haciendo alarde de sus habilidades mentales, Tom. —Bill rio.
— Sé tu idioma, humano. Descuida. Bienvenido a Acos. —Volvió a responder Andreas mentalmente y haciendo caso omiso al comentario de su amigo.
—Uhm, gracias —Tom respondió no acostumbrado a esta extraña manera de comunicarse. ¿También podría leer sus pensamientos? Esperaba que no. Aunque la sonrisa socarrona del rubio alienígena lo hizo dudar.
—Por aquí, les mostraré el lugar.
Bill asintió y tomó la mano de Tom para que lo siguiera, ya que el humano aún parecía estar sorprendido por lo que sucedía a su alrededor. Los humanos son tan extraños, pensó por…perdió la cuenta de cuántas veces desde su llegada a la tierra.
Continuará…