Nadie me conoce 10

«Nadie me conoce» Fic de Earisu

Capítulo 10

Empezaban a extinguirse los últimos rayos de sol del día.
Bill estaba en el borde de su cama, echado de lado con las rodillas flexionadas y los brazos contra su propio pecho.
Estaba con un albornoz blanco puesto, y descalzo.
Tenía que prepararse para el concierto… Pero no podía.
La visita de David le había dejado devastado como nunca. Había sido como un hachazo cuando menos lo esperaba, a traición.
Por supuesto, no es que David le diera demasiadas treguas. Pero ese día… Ese día…
Había sido el más perfecto de su vida…Algo con lo que no se había atrevido a soñar antes siquiera. Y Jost había llegado y se sentía como si se lo hubiera arrebatado todo de golpe.
Después le había dejado ahí, magullado, agonizante, sin ganas ni fuerzas ni para lamer sus propias heridas.

Bill se abrazó aún más fuerte a su propio cuerpo.
Su existencia los últimos días podía compararse con una montaña rusa. Pasaba de estar en lo más alto a lo más bajo en cuestión de fracciones de segundo.
Era algo realmente difícil de asimilar.
Estaba confundido… Mucho.
Frustrado.
Zack le animaba a dar un paso adelante. Luego llegaba David y tenía que dar tres hacia atrás.
Jamás llegaría a ninguna parte de esa manera…

Cerró los ojos con fuerza.
No quería pensar…No quería pensar más… Iba a perder la cabeza…

-…¿Bill?

Los abrió, alarmado. La habitación ya estaba en la penumbra. Pero conocía esa voz y la silueta frente a él.
-…
-¿Bill? ¿Estás bien?

Zack había pasado por ahí, y se había encontrado con la puerta de la habitación de Kaulitz mal cerrada. Se había asomado y cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, a Bill echado en la cama dándole la espalda. Pensó que quizá se había quedado dormido, y sabía que tenía que trabajar. Así que se decidió a entrar para llamarle.

Lo que no se esperaba era encontrárselo con la cara descompuesta de nuevo.
Habían estado hasta hacía poco juntos, y él había estado bien, sonriendo, contento.
Algo había tenido que pasar en ese lapso de tiempo, otra explicación no tenía.
¿O sí?
-…Sí…Intento…Descansar un poco…Antes del concierto. – Mintió Bill, la voz ronca. Como si hubiera estado llorando…O…Gritando.

Zack encendió a tientas una lamparita que había en la mesita de noche junto a la cama.
La luz era muy débil. Pero era suficiente.
Bill se tapó la cara con las manos por que sus pupilas no se habían esperado ese ‘golpe’.
Zack frunció el entrecejo cuando vio que junto a la lámpara había un vaso de whisky. Sólo quedaba como la mitad de un dedo de la bebida.
-Por dios, apaga la luuuz… – Se quejó Bill, todavía sin quitarse el abotargamiento de encima.
-Bueeeeno, está bien.

Zack la apagó y se colocó de rodillas junto a la cama, de modo que ahora estaba cara a cara con Bill, aún de lado.
Acarició una orejita de el chico y después acercó su rostro mucho al de él. Tanto que la punta de su nariz llegó a frotarse con la de él.
Bill le dio un tímido beso en los labios. Fue muy corto, apenas un soplo. Pero fue algo que su herido corazón le había reclamado muy seriamente después del ‘desastre’…Y si Bill quería que éste siguiera latiendo, más le valía obedecer.
Zack pasó un brazo por encima de su cintura mientras le devolvía el beso.
Bill no olía a alcohol. Olía y sabía a menta. Como si acabara de lavarse los dientes.
De todos modos, él sabía que la persona que ha bebido algo tan fuerte, por mucho que se lave después, el aliento permanece.
Así que definitivamente descartaba la opción de que el vaso fuera suyo.

Zack apoyó sus antebrazos en el trozo de colchón que quedaba libre, y todavía muy cerca de Bill, y tras besar la punta de su nariz, repitió su pregunta anterior.
-¿Seguro que estás bien?
-…Seguro…Cansado. – Bill se recordó a si mismo dando esa excusa mil veces a Tom. Tragó saliva ante el pensamiento, incómodo.
-Um…

Kaulitz volvió a buscar los labios de Zack, de nuevo prácticamente como el roce de una pluma.
Bill dio pie a que empezaran una serie de cortos y suaves besos sin abandonar sus respectivas posiciones…Muchos…
Los de Zack para Bill eran como lluvia. Como lluvia limpiando todo lo malo que había en él y que arrastraba la suciedad lejos…

En un momento dado, Bill se detuvo.
-…¿Tú no trabajabas también?
-…Yo ya he terminado.
-Am…Qué rapidez.
-Claro…Sabes que estás a minutos de tener que ir a cantar, ¿no?…
-…Sí…Sí…
-Yo en realidad…Me había pasado por aquí…Por que… – Zack rebuscó en su bolsillo.

Kaulitz alzó una ceja intrigado.
-…Te dije que lo perderías. – Y le tendió el anillo de la mariposa. – Estaba en mi sofá.

Bill abrió la boca realmente impactado.
-¡Nooo! ¡No puede ser!… – Se puso el anillo negando con la cabeza.
-Pues para que veas. – Zack se encogió de hombros.
-Claro…¿Ves? Por eso he tenido mala suerte…No tenía protección… – Susurró Bill recordando mucho a un niño pequeño.
-¿Qué?…
-Nada…Tonterías. – Y lo pensaba de verdad… Hasta él mismo se dio cuenta de la estupidez que acababa de decir.
-Bueno, pues te dejo que te prepares, ¿vale?… – Zack cogió de la mano a Bill y le dio un pequeño masaje.
-Mmmm…Vale.

Bill se sentía algo mejor ahora, aunque sabía que en cuanto Zack se fuera todo volvería a estar igual que antes.
Pero sí, al menos momentáneamente había vuelto a animarse un poco.
Zack lo notó.

Se despidieron dándose un beso, y Zack se iría terminando con sus paranoias.
¿Por qué Bill no podía estar simplemente cansado de verdad? Era normal. Estaba sometido a mucha presión y no era más que un niño. A su edad, la única preocupación de Zack era que el profesor no le pillara copiando en el examen de Historia o que su madre no le descubriera llegando a las cinco de la mañana tras un sábado.
¿El vaso? Pues podía ser de cualquiera de su equipo que le hubiera estado haciendo compañía. Tampoco era un delito tomarse una copa de cuando en cuando…

Cierto es que Bill tiene muchos altibajos…Muchas inquietudes; Cosas, según sus propias palabras, que no le gustaban de su vida…Pero…¿Qué chaval de dieciocho años más o menos centrado no las tiene?

Zack sacudió su cabeza. Si Bill le decía que no le pasaba nada…¿Pues por qué no iba a creerle?
En ese momento, se planteó que quizá él estaba…Preocupándose en exceso por…
Bueno, por lo de su hermano.
Quizá ahora le había entrado la vena sobre-protectora, por el temor de que a Bill le pasara algo malo, como a él.
Pero eso no era sano…No podía serlo.
No podía obsesionarse en buscarle los tres pies al gato. No podía emparanoiarse así, sin tener motivos de peso fuertes para desconfiar de la palabra de Bill.

Definitivamente…Quizá todo estuviera más en su cabeza que otra cosa.

&

Por la mañana Bill, después de pedir un pequeño desayuno, comenzaría a arreglarse a conciencia para el día.
Estaba poniéndose un colgante cuando llamaron a la puerta.
Fue a abrir y se encontró con David.
Le dejó pasar sin mediar palabra y siguió a lo suyo.
-Vaya hombre, yo también te he echado de menos… – Soltó Jost lleno de sarcasmo. Bill le lanzó una mirada llena de cansancio.
-…
-¿Cuánto te queda? La furgoneta estará aquí en diez minutos.
-…Nada…Ya estoy.

David le estudió detenidamente y después asintió.
-Así me gusta… – Después se fijó en un pequeño detalle. – ¿Llevas brillo de labios?
-…S…Sí. Es que…A veces se me cortan con el frío.
-Mmmm…Esta noche, cuando vengas a mi habitación, llévalos así. En tus labios está bien, pero seguro que por toda mi polla quedará mejor.

Bill abrió los ojos desorbitadamente. Era imposible terminar de acostumbrarse nunca a este tipo de comentarios.
-¿Me has oído?…

Era horrible…Le escupiría a la cara si pudiera. Empezó a tener náuseas. ¿Cómo podía ser tan cerdo?
Llevó sus dedos a su mano contraria, y sin ser consciente de ello, comenzó a acariciar las alas de la mariposa.
-…¿Que si me has oído?

En ese preciso instante el móvil de Jost sonó. David lo cogió y se fue a la otra esquina de la habitación para hablar.
Bill siguió jugueteando con su anillo, cabizbajo.
Unos minutos después un David algo más pálido se dirigió a él.
-…Bueno…Lo de esta noche vamos a tener que aplazarlo… Ve y reúnete con tus compañeros… En un minuto voy a hablar con vosotros.

David salió de la habitación sin más.
La boca de Bill era una literal »o». Sus cejas le llegaban al cielo.
Lanzó una nueva mirada a su mano…A la mariposa en su mano.

No creía en la suerte del todo… Pero no pudo evitar quedarse totalmente aturdido ante lo que acababa de pasar.

Continúa…

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por Earisu

Escritora del Fandom

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