A pesar de todo 4

A pesar de todo 4

Notas de Aura Johannessen:  Hola, ahora les traigo un nuevo capi de este nuevo Fic. Seguro que ya se imaginarán lo que viene por el nombre del capi, ¡a leer!

«A pesar de todo» Fic Twc/Toll de Aura Johannessen

Capítulo 4: Primer Beso

La cabeza le daba vueltas sin parar, le dolía todo el cuerpo, sus piernas, sus brazos, todo. Fue una caída bastante dura, nunca había experimentado algo así. Tenía mucha práctica en trepar árboles, nunca se había caído de esa forma. En cuanto esa rama se rompió, cayó junto a ella hasta el suelo, se golpeó con otras de las ramas de ese gran árbol hasta lograr tocar el suelo duro y sucio. ¿Por qué a él? Estaba en el mejor momento de su vida contemplando algo que quizá, nunca volvería a ver, y se cae.

—“¡Maldita rama!”— se pensaba el pelinegro con un gran dolor en su cabeza. Trató de levantarse pero estaba muy débil y con mucho dolor que sería imposible mover hasta el músculo del dedo más pequeño. Dejó que su cuerpo descansara en el suelo sin importarle nada, solo esperaba a que nadie lo hubiera visto caer. Nadie.

Estaba a punto de cerrar los ojos, pero, escuchó pasos, pasos y más pasos. Se dirigían hacia él. El pelinegro creyó que se trataba de alguno de esos perritos callejeros que pasaban por la calle algunas veces. No le prestó atención y poco a poco fue cerrando sus ojos. Antes de cerrarlos por completo, vio una silueta delante suyo, como sus anteojos había caído y estaban al otro lado no podía ver muy bien. Pensó que solo era una simple alucinación, como se había golpeado fuerte la cabeza, seguro era eso. Cerró sus ojos.

Una manta caliente y suave lo cubría, se sentía en el cielo, volaba unos metros más alto del suelo, dejaba que eso lo llevara. Escuchó puertas abrirse y cerrarse, hasta llegar a un lugar cómodo en donde pudo descansar la cabeza.

Despertó. Miró a su alrededor, era diferente a lo que recordaba, bueno, a lo que le quedaba del recuerdo. Estaba en una habitación cómoda y agradable, su cuerpo estaba sobre una cama tapado por mantas y frazadas blancas como la nieve. Olía a agua caliente y al mismo tiempo a sangre. En cuanto se sentía un poco más despierto, se dio cuenta que no tenía sus anteojos, los buscó con la mirada haciendo un esfuerzo por ver. Los encontró a su lado en una mesita de noche, se los puso. Por un momento creyó estar en casa, pero la habitación era diferente.

Posters en las paredes negras, luz amarillenta, un baño en la misma habitación, un escritorio con una laptop, definitivamente esa no era su casa, tampoco su cuarto. ¿Dónde estaba?

Le dio otra mirada a la habitación, fue en donde se dio cuenta. Había alguien frente a la cama, pero estaba de espaldas. Al parecer la persona se encontraba con el torso desnudo y buscando algo en el enorme y desordenado armario, seguro buscaba alguna camisa. ¿Quién era? Alto, delgado pero con buen físico, llevaba pantalones enormes y que al parecer no eran de su talla, rastas largas y mojadas por agua…. Solo eso necesitaba.

—¿Tom?

La persona frente a él volteó.

—Hola, que bueno que despertaras— saludó sin importarle estar con todo su torso desnudo cubierto de gotitas de agua al igual que sus rastas mojadas. —¿Cómo estás?

—Bien— fue lo único que Bill respondió. Se sonrojó, estaba frente a un Tom mojado y musculoso.

—¿Qué fue lo que te pasó?— preguntó el rastudo. El pelinegro hizo lo que pudo para recordar, y lo único que tenía, era a un Bill espiando a la persona más sexy de su vida desde la rama de un árbol.

—Un ave se llevó mis anteojos y tuve que subir un árbol para recuperarlas, pero una de las ramas se rompió y me caí— mintió.

—Ya veo, fue una caída muy fea, tenías un golpe en la cabeza que comenzaba a sangrar poco a poco— dijo el rastudo. Ah, por eso el extraño olor a sangre.

—¿Qué?— preguntó Bill llevando una de sus manos a su cabeza, le dolió un poco, pero sintió algo raro ahí, ¿acaso era algún tipo de bandita?

—Será mejor que no te la toques. Tranquilo, estarás bien, mi madre es doctora y me enseñó a cómo tratar con heridas como esas, estarás bien. Tengo mucha experiencia en eso — dijo Tom.

 

Cuando tenía once años, su madre le había enseñado a Tom algunas cosas sobre cómo tratar con heridas, el rastudo quería aprender. Además quería ayudar a personas con algún problema o algo así, quería ser doctor.  Hubo un día en el que tuvo una pelea en su antigua escuela en Berlín. Tres compañeros lo habían acusado de robar en la casa de uno de ellos. Pero nunca haría eso. Tom intentó hablar con ellos pero era tarde, uno de ellos había dado el primer golpe. No tuvo más remedio que terminar con eso. Pelearon en la parte menos habitada de la escuela, en la antigua cancha de fútbol la cual estaba completamente abandonada y la iban a convertir en un parque para los niños de primero. Ese lugar era un poco peligroso, había vidrios rotos, basura, había grietas en el suelo, y las gradas que servían como grandes asientos donde se sentaban los animadores estaban destrozadas. La pelea era tremenda, Tom siempre fue fuerte, golpeaba sin problema a los tres, pero en cuanto se fue cansando, los otros tres se adueñaron de él y le dieron horrendas palizas dejándolo con moratones, con la nariz sangrando y se le estaba por salir un diente. Uno de los chicos, el más grande, se acercó al rastudo, quien estaba rendido entre el suelo. Le dio un último golpe que mando su cabeza hacia la orilla de una de las gradas y cayó entre algunos vidrios rotos. Su trabajo estaba hecho, pero al ver que la cabeza de Tom empezaba a sangrar de forma incontrolable, se marcharon asustados. Después de un buen tiempo de haber perdido mucha sangre, el rastudo logró recuperarse y con lo último que le quedaba de fuerza fue corriendo hacia la enfermería. Correr, en esos momentos era terrible, no sentía sus piernas y ratos se caía, pero no se dejaría vencer, no moriría desangrado.  Como era hora de clase nadie, ni un alma estaba en los pasillos. Estaba solo. En cuanto llegó a la enfermería, no había nadie ahí, la puerta estaba cerrada y no había nadie ahí dentro. Era el fin, moriría. O tal vez no, no se dejaría llevar, algo en él le decía que aún podía, que tendría grandes cosas por hacer en el futuro. Se levantó del suelo lleno de gotitas de sangre, al igual que los pasillos, y con una patada, abrió la puerta. Rápidamente cogió algunas cosas y por si mismo, siguiendo la guía de su mamá, logró curarse, ya no sangraba, estaba salvado. Pero, igual se desmayo por la pérdida de tanta sangre. En cuanto lo encontraron ahí, como un muerto, llamaron a sus padres y se lo llevaron al hospital, en donde se recuperó.

—Gracias por curarme— dijo el pelinegro agradecido.

—De nada— dijo Tom sentándose a su lado.

—¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué estás mojado?— preguntó Bill.

—Yo te traje. Escuché el sonido de un grito y un feo golpe, miré por mi ventana, y vaya sorpresa que me di al encontrarte ahí en el suelo. Fui hacia dónde estabas y me di cuenta que de tu cabeza salía sangre, me preocupé y decidí traerte en mis brazos a mi cama. Después de curarte y asegurarme de que estabas bien, me di un baño y, bueno, ahora acabo de salir— dijo Tom.

—“Ahora entiendo el por qué de ese olor a agua caliente y sangre”— se pensó el pelinegro. —Ahh, gracias Tom, si no fuera por ti hubiera muerto desangrado— Bill actuó por instinto, se levantó un poco hasta donde estaba Tom y le dio un beso en la comisura de sus labios. No se dio cuenta de lo que hizo hasta que sintió sus mejillas calientes, seguro estaba sonrojado. Solo esperaba que con la luz amarillenta de la habitación no se notara.

—No, no fue nada, no me hubiera gustado perderte— dijo el rastudo con un tono tímido y avergonzado mientras los nervios subían de sus pies a su cabeza junto a un color rojo aparecía en sus mejillas. Dentro de él, algo lo hacía sentirse así, pero no sabía que era. — ¿Cómo haces para hacerme sentir así?— dijo el rastudo. En realidad no quería decirlo, simplemente quería preguntárselo en su cabeza, pero las palabras se le escaparon sin darse cuenta.

—¿Hacerte sentir cómo?— preguntó Bill.

—¿Qué? No, nada, olvídalo— dijo mientras una gota de agua descendía por su rostro. El pelinegro extendió su mano hasta que uno de sus dedos llegó hacia la cara del rastudo y secó la gotita. Tom sintió un cosquilleo. Tomó la mano del pelinegro y entrelazó sus dedos con los de Bill.

—No sé porque, pero desde que te conozco, siento que toda mi vida ha cambiado— dejó que las palabras fluyan.

—¿Por qué?— preguntó Bill.

—Bueno, no sé, simplemente, algo en mi se encendió, y cada vez que estoy contigo, siento que todo a mi alrededor desaparece y solo te tengo a ti para mí— Dejar que las palabras fluyan, eso estaba haciendo Tom. Su padre, que era psicólogo, le había dicho una vez que a veces, dejar que todo fluya era mejor que tenerlo todo encerrado en un secreto. —Sé que solo somos amigos y que solo nos conocemos desde hace un día, pero, todo cambio. No podía dejar de mirarte en clase, la forma en que escribías, por cierto, también soy ambidiestro— dijo el rastudo, haciendo reír a Bill.

—Ya somos dos— dijo el pelinegro.

—Sí… Y bueno, siempre quería estar contigo, por eso fui contigo en el recreo, me encantó pasar esos momentos junto a ti, me sentí el chico más feliz. Y después, la pelea con ese chico…

—Ah, sí, Tom, otra vez gracias, necesitaba que alguien haga eso por mí, en verdad odio a ese sujeto— dijo Bill.

—¿En serio? Porque creí que era tu novio y después me sentí mal por hacer eso es que, no sé, te veía un poco enojado y no me gustó que te molesten así y además, no me agradó que ese chico este contigo. No es bueno para ti, me sentí tan enojado al verte con él, porque tú eres mío y no de él y….

—Espera, espera— lo interrumpió Bill poniendo uno de sus dedos contra los labios del rastudo— Ese chico no es mi novio y nunca lo será, me agrada que no te guste que me molesten y eso, los demás solo se ríen, y, ¿yo? ¿Tuyo? ¿Qué?— preguntó en shock.

—Bueno, me refiero a que eres mi amigo y, ahhh…..— Tom no sabía que decir, estaba pillado.

—¿Estabas celoso? — preguntó Bill.

—¿Yo? ¿Celoso? Nunca, no digas tonterías, por favor. Eres muy inteligente para pensar en eso, y además…

Bill volvió a poner uno de sus dedos contra los labios del rastudo, pero esta vez para tocarlos un poco. —Sabes, yo también soy muy celoso, y, tengo la respuesta de porqué te sientes así cuando estoy cerca.

Bill se dejó llevar por completo, no le importaba nada, se olvidó de todo a su alrededor y solo se dispuso a una cosa. Ahora sus labios estaban contra los de Tom.

&   Continuará   &

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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