Nadie me conoce 9

«Nadie me conoce» Fic de Earisu

Capítulo 9

Bill había vuelto a madrugar. Él y Zack habían quedado para desayunar. En un principio habían dicho de ir a alguna cafetería o algo así… Pero al final, Zack hizo un pedido al servicio de habitaciones y se quedaron en su cuarto. Al parecer no estaban los ánimos por las nubes.

Lo pudo confirmar cuando Bill, ante su copa de helado, se quedó absorto mirando el postre, meneándolo con la cucharilla ausente, derritiéndolo y sin probarlo apenas.
Era cierto. Bill estaba desanimado… No dejaba de comerse la cabeza, pensando que había metido la pata el día anterior, y además, estaba con los nervios a flor de piel, asustado. Todavía no había hablado con David y se temía lo peor.
Lo único que se oía en la habitación era la cuchara hacer círculos en el cristal insistentemente.
Hasta que Zack le detuvo poniendo su mano sobre la de él.
Bill le miró.
Zack le hizo un gesto como de »Quieto, me estás poniendo nervioso». Bill obedeció, y se chupó el pulgar, que se le había salpicado de helado.
-…Perdón.
-…¿Es por que no quieres cantar y alguien te está obligando? ¿No te gusta tu trabajo? – Zack empezaba a preocuparse por el chico de verdad y empezó a plantearse teorías.

Bill se lo pensó unos segundos.
-No, no es eso…Me gusta cantar… – Se encogió de hombros.
-¿Es por que… Crees que te están explotando?

Kaulitz se mordió los labios. Asintió ligeramente tras unos instantes. Al fin y al cabo, eso no era del todo una mentira…
-Mmm, ya veo. Pero no es sólo eso…¿No?…

Ahora Kaulitz no reaccionó de ninguna manera.
-En fin…No tengo ni idea. Qué se le va a hacer. – Zack intentó quitar hierro a la escena para no agobiar en exceso a Bill. Seguía pensando que cuando necesitara contarlo, lo haría él solo.
-Te tengo que parecer un coñazo, ¿eh?… – Bill esbozó una forzada media sonrisa.
-Para nada. Me gustan los enigmas.

Bill sonrió tapándose la boca, aunque sus ojos seguían tristes.
-¿Por qué haces eso tanto?… – Preguntó Zack.
-¿El qué?…
-Taparte la boca cuando te ríes…
-…
-Tienes una sonrisa muy bonita, no lo entiendo.

Bill puso los ojos en blanco aunque se ruborizó un poco.
-Mis dientes son horribles. – Soltó mecánicamente, como si fuera algo que tuviera asimilado.

Zack alzó una ceja como si acabara de oír la mayor barbaridad del mundo.
-Horribles, por dios… No los tienes totalmente rectos, pero eso es precisamente lo que la hace bonita…Si te pusieras un aparato y te los arreglaras ya no sería lo mismo.

Bill ahora se puso totalmente rojo, y fue a coger de nuevo la cuchara. Marraneó de nuevo con su helado.
Zack volvió a detenerle. Después le agarró con suma dulzura de la barbilla y le hizo mirarle a los ojos. Acarició con su pulgar una de sus mejillas.

Aunque Bill hubiera querido, no hubiera podido articular palabra alguna… Se había quedado mudo.
Las manos de Zack eran masculinas pero suaves, cálidas en contraste con su casi siempre fresca piel. Sus caricias no le hacían sentir violento, ni sucio… Estaban llenas de afecto, de cariño. Y eso era algo de lo que Bill estaba muy falto últimamente. No, no se sentía incómodo, se sentía desfallecer, mareado, anhelando mucho más.

Bill siguió sus impulsos sin pensarlo demasiado, y volvió a abrazarse a Zack. Éste le recibió sin ninguna clase de oposición.
En un arrebato de valentía, Bill se atrevió a darle un beso en el cuello. Zack olía tan bien… A piel recién lavada y a ropa limpia.
El mayor de los dos acarició los costados del chico, como si quisiera hacerle entrar en calor, y después le separó unos centímetros de él para besar su frente.

Los dos habían estado sentados en el suelo, frente a una mesa de cristal baja.
Ahora Bill estaba entre las piernas de Zack y sus rostros estaban increíblemente cerca.
El corazón de Bill se le había acelerado de una manera preocupante y estaba seguro que Zack podía oír hasta sus latidos.
Zack sonrió tranquilizador y tomó en esta ocasión con las dos manos la cara del joven.
La respiración de Bill estaba ahora muy agitada. En su cabeza ya no existían preocupaciones. Sólo un único deseo repitiéndose hasta la saciedad: »Bésame, bésame, bésame…».

Zack, como si le estuviera oyendo, se acercó como si realmente fuera a hacerlo, muy lentamente, pero en el último momento volvió a su posición inicial, sin soltarle.
-Dios, he estado a punto de besarte.
-… – Bill no era capaz de producir sonido alguno en su garganta. Pero sacó fuerzas de flaqueza. – ¿…Y?
-Pues que…Va a parecer que soy el típico tío que aprovecha cuando la presa está débil, para atacar.

Bill abrió mucho los ojos, y se rió mientras le llamaba ‘Idiota’. Zack también sonrió. Comprobó que Bill parecía menos nervioso ahora.
-Entonces…¿Tengo tu consentimiento?

Bill se mordió los labios y después asintió.
Zack recorrió de nuevo, esta vez prácticamente sólo rozando, con sus pulgares sus mofletes.
Y al fin, sus labios se posaron sobre los de Bill.
Al principio, el contacto era sutil, delicado… Bill sintió cosquillitas en sus labios que le hicieron estremecerse. Suspiró extasiado. Sensaciones que jamás había experimentado (al menos no de esa manera) le asestaban brutalmente, era abrumador.
Puede parecer increíble que con un simple beso se desencadenaran semejantes reacciones, pero para él, ese simple gesto, significaba todo un mundo. Toda una revolución.

Bill abrió levemente la boca, dejando un acceso mayor a su compañero.
Con ésto, el beso comenzó a intensificarse, a hacerse más profundo…Los movimientos eran lentos, pero directos. Sus lenguas se encontraron por vez primera. La de Bill era más tímida e indecisa. Pero sólo durante los primeros segundos. Zack estaba dejándole sin respiración y él no quería quedarse atrás. Él sabía lo que tenía que hacer. Y sabía que no podía ser tan malo usando su lengua.

Así que Bill se estrechó aún más si cabía a el cuerpo de Zack. Sus bocas ahora feroces la una sobre la otra. Consiguió que Zack perdiera el aliento también.
Lo que había empezado como dulce, estaba volviéndose húmedo y excitante.

Claro que no, no podía ser tan malo con su lengua. Había estado entrenándose bien para que Dav…
El nombre apareció en su mente. Bill abrió los ojos, ahora llenos de pánico, colocó sus manos contra el pecho de Zack y se separó bruscamente de él.
Quedó como a unos dos pasos de él, sentado con las rodillas por delante, y tapándose la boca, escandalizado.
Zack a su vez le escudriñaba extrañado y descolocado de repente.
-¿Qué…? – Preguntó.

Bill sacudió su cabeza.
Era Zack. El hombre del que se había enamorado. ¡Y estaba correspondiéndole!…No…No iba a consentir que sus recuerdos, por desagradables que fueran, lo fastidiaran todo.
Él quería a Zack, y quería estar con él. QUERÍA estar con él, él así lo decidía.
Sería el colmo que con alguien a quien no deseaba pudiera seguir adelante, y con Zack se quedara bloqueado. No, no, y no…Se negaba a ello.

-N…Nada…Es que…Me has mordido. – Mintió Bill, y se acercó de nuevo a él.
-Ostia, ¿sí?…Perdona, no me he dado cuenta…

Bill le sonrió y volvió a perderse entre sus brazos. Ahora fue él el primero en buscar sus labios.

Era temprano, y ni Bill ni Zack tenían que trabajar hasta la tarde. Así que tras un rato acabaron tumbados en el sofá, enlazados como si fueran uno solo, comiéndose a besos, charlando de todo y de nada en particular y regalándose los más tiernos mimos.
Bill se encontraría algo después con que estaba sonriendo tanto que le dolía hasta la mandíbula. Pero era maravilloso.
Zack se quedó enamorado del brillo de sus ojos.

&

Bill se dirigió hacia su habitación ya por la tarde. Habían aprovechado hasta el último minuto. Se sentía contento, cargado de emociones positivas.
Jugueteó con sus llaves antes de abrir la puerta.
Estaba con la cara de felicidad incrustada hasta que se le borró de sopetón al descubrir que David estaba en su habitación, esperándole.

David había estado mirando por la ventana, pero ahora se había volteado para mirar a el chico. Tenía un vaso de whisky en la mano, y una expresión dura en el rostro.
-¿Dónde coño estabas, Bill?…Te dije que tú y yo teníamos que hablar.

Bill tenía la impresión de que alguien había llegado para hacerle una zancadilla, y hacer que se cayera de boca, golpeándose fuerte, para que volviera de una vez a la penosa realidad.
-Lo…Siento…Yo… – Kaulitz no se esperaba su presencia, y no podía evitar sentir miedo.
-Siéntate. – Escupió Jost, cortante.

Bill obedeció. Se sentó en los pies de la cama. Jost se acercó a él, amenazador. El vaso todavía en su mano.
Kaulitz tenía la vista clavada en en suelo y le temblaba todo. David le agarró de los pelos y le obligó a mirarle.
-¿Qué os pasaba a ti y a tu hermanito ayer?
-…Na…Nada… Tonterías nuestras…
-Tonterías, ¿eh?… – David le dio un tirón, sin soltarle. Bill sólo se atrevió a sisear. – ¿No se te estará ocurriendo hablar más de la cuenta, no?
-… – A Bill ahora no le salían ni las palabras. Nuevo tirón de pelo de David.
-¡¿NO?!
-…No, no, no…Cla…Claro que no, David…
-Bieeeen. Por que no me gustaría tener que hacerte daño a ti…O a tu queridísimo hermano. No me gustaría nada. A ti tampoco, ¿verdad?
-…No…A mi hermano…No… – Los ojos de Bill se humedecieron aunque estaba intentando por todos los medios no llorar.

Jost soltó a Bill y se sentó a su lado. Bebió un sorbo de su whisky. Y después sonrió.
-Billy, Billy, Billy… ¿Pero por qué tienes que comportarte así?…

David siempre hacía lo mismo. Primero amenazaba. Metía el miedo en el cuerpo. Después cambiaba su tono de voz por uno encantador para manipularle mejor.

Los temblores de Bill ahora eran perfectamente visibles. La cara pálida y desencajada, la boca moviéndose nerviosa.
-Billy…Yo no soy malo. Yo no soy ningún hijo de puta. Yo nunca te he obligado a nada. Tú y yo hicimos un trato. Un acuerdo que tú aceptaste libremente… Podrías haberte negado. Pero no lo hiciste. Aceptaste. ¿Es verdad o es mentira?

A Kaulitz se le hizo un nudo en la garganta.
-¿Estoy mintiendo, Billy?
-…N-No. – Y en verdad, Bill se lo creía.
-Eso es, cariño. Yo no te obligué a hacerlo. Fuiste tú quien tomó la decisión. Por eso, Billy, si alguna vez se te ocurriera contárselo a alguien…¿Adivinas quién llevaría las de perder? Tú, y sólo tú. Y no creas que alguien se pondría de tu parte jamás. ¿Crees de verdad que si lo contaras alguien te apoyaría?…Eres peor que una vulgar puta. Por que tú, querido, te vendiste por fama, no por necesidad. Piénsalo, Billy. La gente no se pondría en tu lugar. Te juzgarían sin más. Serías aquel ser sin escrúpulos que se follaba a quien fuera para conseguir ser famoso.

Bill no pudo retener más la lágrima que recorrió su mejilla.
-Incluso a mi, a veces, me das asco. – David dio un manotazo en la cara a Bill, empujándole hasta que éste acabó tumbado en la cama.

Jost se levantó y observó a el chico, ahora tirado sobre el colchón, indefenso.
-Todavía me debes demasiado, Billy.

Continúa…

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por Earisu

Escritora del Fandom

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