
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 20
(Cursiva, pensamientos de Bill)
-…¿David?… – Su propia voz le pareció extraña, lejana. Pero lo que le sorprendió de veras es que hubiera sido capaz de decir algo en ese momento.
-…Sí…Llegué hace unas horas. Tus compañeros ya lo sabían, fui a verles. Pero tú no estabas…¿Dónde estabas, ah?
-…
»Vete, Bill. Date la vuelta y sal cagando leches de la habitación. Él no te seguirá. Nunca armaría un escándalo. No le conviene. Vete corriendo de aquí y escóndete en la habitación de Zack. Mándalo todo a la mierda y vete…»
Sin embargo, Bill sentía sus piernas pegadas al suelo, y pesadas como si en vez de de carne y huesos estuvieran hechas de cemento.
Podía intentar huir. Pero lo más probable es que David le alcanzara justo cuando fuera a agarrar el pomo de la puerta. Dudaba que pudiera ser rápido en su estado.
No adelantaría nada. En lo único que cambiaría su situación sería en que para colmo de sus males, David se enfadaría. No…Eso es poco. Se pondría furioso.
Y Dios sabía que él no quería verle furioso.
»Dile que te deje en paz. Dile que se vaya, que no quieres seguir con esto.»
Pero David no era Tom. Ni era Saki. Él no iba a mostrarse comprensivo…
Bill no podía plantarle cara o envalentonarse como había hecho con ellos.
Jost le aterraba. Le daba tanto miedo que le paralizaba incluso.
-Te he hecho una pregunta. – David sacó de su ensimismamiento a Bill de golpe, usando un tono de voz seco y cortante. – ¿Dónde estabas?
-…Estaba…- Bill no quería decir ni un lugar ni una ‘compañía’ concretos, por que no sabía hasta dónde llegaba la ignorancia de su manager, y no quería que le pillara en una mentira. – …Dando una vuelta antes del concierto.
-¿Una vuelta? ¿Tú solo?…
-…S-Sí.
-…¿Qué pasa? ¿Te has vuelto loco en mi ausencia?… Te podían haber reconocido y te podía haber pasado cualquier cosa.
-…
»A mi sólo me pasa ‘cualquier cosa’ cuando tú estás alrededor»
En su lugar, y no se sabe de dónde, Bill sacó valor para decir algo, totalmente diferente.
-…David… Estoy cansado, necesito dormir.
Jost le miró con una ceja en alto y totalmente serio.
-¿Me estás cortando?…
Kaulitz se alarmó al instante.
-…¡N-No! Es sólo que acabamos de terminar el concierto, y de firmar… Y…
No pudo seguir hablando. Las palabras se le congelaron en la garganta cuando David se acercó a él y le agarró de la cara con una sola mano pero con fuerza.
-¡Que no me contestes! ¿Pero esto qué es? ¿Me voy unos días y te olvidas de cuál es el lugar de cada uno…? ¿Vas a hacer que te lo recuerde?
David le estaba haciendo daño. Le estaba apretando lo suficiente como para que sus dedos se le quedaran marcados en el rostro unos buenos minutos.
Kaulitz ya no se atrevía a responder.
-…¡¿Vas a hacer que te lo recuerde?!
Bill negó con la cabeza como pudo. Cuando terminó, David le agarró más duramente aún y le obligó a alzar la cara y mirarle muy de cerca.
-…Bien, por que no me gusta recordarte todo lo que me debes, aunque no te lo creas. Y no me dejas otra opción… Ni se te ocurra, Billy. Ni se te ocurra empezar a hacer tonterías… Tú y yo tenemos un trato. Y mientras que YO no decida que me has pagado lo que me debes, TÚ eres de MI propiedad. ¿Lo entiendes?…
Kaulitz quería intentar despegar la mano de David de su cara, pero sabía que eso sólo le causaría más problemas, así que dejó su propio brazo a medio camino, antes de volverlo a dejar caer.
-¡¿QUE SI LO ENTIENDES?! ¡Tú eres de MI propiedad hasta que pagues! ¡¡¡De MI propiedad!!! – A partir de ahora, para reforzar sus palabras, le zarandearía de la cara sin cuidado alguno. – ¡¡¡Me tendrías que pedir permiso hasta para respirar!!! ¡¿Me oyes?!
Bill ahora asintió, asustado, mientras sus ojos empezaban a inundarse de lágrimas. No solía llorar delante de David (se lo tenía prohibido), pero en esta ocasión el impulso era irresistible.
Todo esto, de súbito y a traición, era imposible de soportar manteniendo el tipo encima.
-¡Dilo!…
Bill no esperó a que David se lo repitiera y empezó a hablar con voz temblorosa y todavía tratando de aguantar sus lágrimas, para que no empezaran a caer.
-…S-S-Soy…D-De… Tu propiedad… Hasta…Que pague. Hasta…Que tú me lo digas…
Jost soltó de la cara a Bill, no sin antes darle un buen empujón. Sonrió.
Según su habitual guión, siempre, después del ataque, venía el chantaje. O la ‘manipulación’ con la piel del cordero.
-…¿Pero ves, Billy?…¿Por qué tienes que ser así?…Yo había venido tan tranquilo para verte después de tantos días… Me he acordado mucho de ti…Hasta te he traído un regalo… Sólo quería verte. Pero eres tan desagradecido, tan inmaduro…¿Por qué tienes que complicar las cosas? ¿Por qué tienes que hacerme enfadar?…
El cantante se estaba frotando la cara por las zonas donde le dolía. Al día siguiente no habría rastro de la agresión, pero ahora tenía la cara roja por culpa de las huellas de los dedos del hombre.
-…Dime, Billy, ¿por qué?… – David suavizó su tono y volvió a agarrarle de la cara, pero ahora sin fuerza bruta.
Una vez más, Bill negaría con la cabeza con los ojos empañados.
David le atrajo hacia él y le besó en la boca.
Kaulitz cerró los ojos con fuerza, humedeciendo sus pestañas. Por un instante se negaría a abrir la boca para impedir que el beso se profundizara. Pero él mismo sabía que era una causa perdida, que acabaría abriéndola… Por que temía que si no lo hacía se la abrieran a guantazos.
La lengua de David irrumpió en su boca, ávida y viciosa. Él siempre sabía a tabaco, a alguna clase de alcohol fuerte o a una mezcla de los dos. Su piel pinchaba y era áspera por que no estaba afeitado.
A Bill todo este cúmulo de sensaciones le parecía más repugnante que nunca.
Encima, esto no había hecho más que empezar.
A continuación, Jost asió de los hombros a Kaulitz y le empujó, tirándole sobre la cama.
Acto seguido David se sentó sobre el estómago del chico y le agarró de las muñecas, aprisionándolas por encima de la cabeza de Bill. Volvió a besarle. Kaulitz notaba ya la erección de su manager contra su vientre.
A estas alturas las lágrimas ya le corrían sin solución por sus ojeras, sienes y se perdían en su pelo.
Hizo un intento de forcejeo, pero a pesar de que era más joven, David era más fuerte. Apenas pudo mover los brazos siquiera.
Y lo más humillante vendría cuando Jost se las apañó para inmovilizar sus dos muñecas y con una sola mano. Lo consiguió y Bill volvió a intentar zafarse de él, pero aún así, seguía siendo inútil…Seguía estando a su merced. Era como una pequeña presa intentando escapar de las garras de un león.
Con la mano que le quedó libre, David desabrochó sus pantalones, y después los de Bill. Tiró de los del chico para quitárselos del todo.
Como de costumbre, Kaulitz llevaba unos pantalones bastante estrechos, por lo que no era una tarea fácil. Jost tuvo que centrarse y entonces fue cuando Bill logró liberar sus muñecas y tratar de resistirse, forcejeando. Ahora lloraba audiblemente.
-…¡David…NO…Déjame..! – Consiguió pedir entre sollozos.
El manager tuvo que soltar sus pantalones y volver a cogerle de las muñecas.
-Estate quieto, Billy. Y relájate. No me obligues a hacerte daño de verdad. – Soltó en un tono agitado y lascivo.
Bill abrió muchos los ojos mientras se quedaba helado. Por que sabía a qué se estaba refiriendo David con ese comentario.
David iba a follárselo para ‘celebrar’ el reencuentro pasara lo que pasase, y ante este panorama el cantante tenía dos opciones: Quedarse quieto para facilitarle el ‘trabajo’ aunque le doliera un poco y terminar rápido con ésto, o seguir a la defensiva y ya directamente agonizar de dolor. Por que escaparse no se iba a escapar, eso estaba claro.
Bill relajó su cuerpo, creando la ilusión de que volvía a caer a plomo sobre el colchón y miró hacia la derecha, donde estaba la ventana, pero hacia ningún punto en concreto. Siguió llorando con toda su pena e impotencia, pero dejó de forcejear. Y simplemente dejó que David siguiera con lo que tuviera que hacer.
Jost pudo quitarle ya sin problemas sus pantalones y su ropa interior, y a continuación él hizo lo mismo.
-Quítate la camiseta… – Le ordenó mientras se ponía en pie unos segundos. Iba a buscar algo en un macuto que había dejado cerca. Con toda seguridad, lubricante.
Bill se sentó en la cama y aunque estaba llorando, por su manera de moverse parecía más una persona ausente. Ida…Alejada de toda emoción humana.
Se quitó la prenda y la tiró al suelo. Justo entonces, David ya estaba de nuevo con las piernas pegadas a la cama, embadurnando su sexo con la loción.
-…Date la vuelta…Si hay algo peor que tu fea cara es tu fea cara llorando.
Kaulitz obedeció y se puso de rodillas, apoyando sus palmas sobre el colchón, en una postura que imitaba a la de un perrito.
Sin prepararle siquiera, David también se puso de rodillas sobre la cama e introdujo de una vez y sin una pizca de consideración su miembro en la zona más íntima de Bill.
Por supuesto, no fue una penetración limpia. El chico llevaba ya tiempo sin recibir esta clase de sexo y por lo tanto su cuerpo no estaba listo para algo así, tan repentinamente, de nuevo.
Kaulitz literalmente rabió del dolor.
Buscó con su mirada la almohada y la alcanzó, atrayéndola hacia si y agachó su tronco para poder enterrar su cara en ella y así sofocar sus gritos durante el tiempo que durara su calvario.
A David, por supuesto, todo esto no le importaba, así que en cuestión de segundos ya estaba saliendo y entrando con violencia del interior de Bill en un ritmo frenético y lujurioso, desgarrando la zona que había perdido la costumbre de estos ‘asaltos’.
Para él, esto era simplemente lo mejor. Pero eso ya lo sabía de antes. Antes de haberse tenido que ir a Alemania, ya solía planificarlo. El dejar de penetrar a Bill una temporada y mientras tanto contentarse con sus mamadas o otro tipo de juegos. Lo hacía para que Bill no mantuviera la dilatación y al cabo de los días volviera a estar así. Sentirle tan imposiblemente estrecho alrededor de su polla era impresionante. No tenía comparación con absolutamente nada más.
Kaulitz seguía llorando a lágrima viva, empapando la almohada y dejándola llena de restregones de maquillaje y pintura negra que no había podido quitarse. Sus gritos ahogándose contra la tela y dañando su garganta.
Intentó recordar qué hacía antes (parecía que hubieran pasado un millón de años) para sobrellevarlo sin repetirse una y otra vez que le iba a acabar partiendo en dos.
Trató usar su imaginación, evocar otros lugares donde él podría estar en lugar de ahí.
Pero no le funcionaba.
Por un momento, en un intento desesperado, se propuso imaginar que no era David el que estaba embestiéndole de un modo animal. Trató hacerse a la idea de que estaba con Zack, y que era él el que estaba a sus espaldas.
Sin éxito tampoco, por que Zack jamás le había tratado con tanta violencia, y además oía los repugnantes gemidos de David, echando todo su esfuerzo por tierra. Su voz era inconfundible…
Llevaba cinco años oyéndola hasta en sueños.
De repente, el movimiento se hizo más fiero aún si cabe; A la primera sacudida Bill creyó que le tiraría de la cama. Chilló otra vez y entonces sintió un líquido caliente correr por su muslo. Supuso que debía ser sangre, por que Jost no había eyaculado todavía.
Mordió la almohada y apretó los puños, llevándose un buen pellizco de la misma, mientras que en tres o cuatro ‘golpes’ de esos, David terminaba tras un gran gemido de placer.
Ahora en la habitación no se oía nada más que el llanto de Bill contra la almohada.
Unos segundos después, el sonido característico de cuando alguien se está poniendo unos pantalones y subiéndose la cremallera.
-…Ahora… – David remarcó esta palabra. – …Puedes dormir. Descansa, que mañana tienes mucho que hacer.
Bill siguió llorando como única respuesta y aunque no le vio, supo que David se fue entonces por que oyó cómo cerraba la puerta.
Lo que no vio tampoco fue que durante el trayecto, David pisó sin querer su anillo y lo abolló convirtiéndolo en un amasijo de metal más que en una mariposa. De hecho, una ala se rompió y se desprendió por completo.
Kaulitz despegó su rostro de la almohada, que ahora estaba negra y, destrozado y con gesto dolorido, llevó su mano a la cara interna de una de sus piernas…Tocó un poco donde estaba húmedo y después miró sus dedos comprobando que, en efecto, estaba sangrando.
Se levantó entre lágrimas y rayos de dolor y se metió en el cuarto de baño contiguo, donde se metería en la bañera para ducharse y esperar a que se le cortara la hemorragia.
Como había hecho tantas otras veces…
Continúa…
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