
Fic TOLL de JasonPeace
Capítulo 13
Con pereza, Bill bostezó al estrecharse, parpadeando a la luz brillante que entraba por la ventana. Le tomó unos momentos para recordar que ayer el trovador había dicho que tal vez se quedaría en casa… ¿lo había hecho?
Sentándose, Bill miró a su alrededor, pero no había nadie en ningún lugar. Curiosamente decepcionado, se levantó y se puso el abrigo para salir a ordeñar a Cabra.
— ¡Cabra! ¿Dónde estás? —Bill llamó cuando salió de la casa.
Cabra baló y se asomó por la parte trasera de la casa desde donde Bill podía oír sonidos al azar; ¿estaba el hombre allí? Cabra ya había sido ordeñada hoy también…
Lentamente se dirigió a la parte trasera donde estaba la choza de madera, y de hecho lo vio allí, cortando y apilando leña.
—Buenos días, Bill. ¿Dormiste bien? —El hombre le preguntó al ver que se acercaba.
—Así como alguien pueda dormir en esa basura de cama…— Bill murmuró oscuramente. De hecho, estaba de buen humor, pero no estaba seguro si era bueno dejar que el hombre lo supiera… Todavía no se había olvidado de sus miedos de la noche anterior… Las cosas se estaban moviendo demasiado rápido para su comodidad.
La inicial sonrisa del hombre se desvaneció, y con un movimiento de cabeza, volvió a mirar a su trabajo.
Bill sintió una punzada en el pecho; no era culpa del mendigo que no tuviera nada mejor… La cama era tan incómoda para él como lo era para Bill después de todo… Pero Bill todavía estaba indeciso de si era una buena idea ser amigable con él o no. Por supuesto, el hombre nunca había sido nada más que generoso y amable – nunca había dicho ni una sola palabra dura o tenido algún tipo de comportamiento violento – ¿tal vez no era el tipo de hombre que obligaría a alguien a hacer su voluntad…? ¿Siquiera existían hombres así…? Aparte de Bill, por supuesto, quien nunca haría algo así porque era un romántico sin remisión que quería velas y rosas y chocolate, pero… la mayoría de los hombres no eran así, y Bill estaba muy consciente de eso.
Críticamente, observaba trabajar al trovador; ayer le había dicho que pensaría sobre ayudarle… ¿Debería hacerlo? Parecía tan agotador… y prometía ser un día muy caliente – mala combinación para trabajo físico.
— ¿Quieres un poco de ayuda?— Bill preguntó a regañadientes.
El hombre levantó la mirada, un poco sorprendido, y luego sonrió. —Claro, si tienes ganas.
Bill sonrió un poco, empezando a recoger las piezas de madera cortadas para apilarlas en la cabaña; no tenía nada mejor que hacer de todos modos.
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Tom gimió mentalmente, sintiendo como se formaban ampollas en sus manos; ser pobre era lo peor. Sin embargo, Bill le estaba ayudando – eso valía algunas ampollas.
El príncipe parecía un poco malhumorado. ¿Qué había pasado? Ayer por la noche parecía ir bien… ¿Por qué estaba tan descontento otra vez? De alguna manera, Tom tenía la impresión que Bill deliberadamente quería estar de mal humor. A veces se olvidaba y estaba en un buen estado de ánimo, pero tan pronto como se acordaba de que odiaba a Tom, volvía a estar de mal humor.
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Cargar leña era absolutamente agotador, y se acercaba el mediodía así que el sol ardía sin piedad. ‘¡Ay que asco! ¡Estoy transpirando!’
Ya se había quitado el abrigo hace mucho tiempo y hasta se había subido las mangas, pero todavía era muy caliente. Gracias a Dios que sólo tenía que cargar la madera, y no cortarla.
Después de apilar lo que había llevado a la choza por enésima vez, regresó afuera, justo a tiempo para ver como el mendigo se sacaba la camiseta. Bill se detuvo sorprendido, mirando como el hombre se quitó la prenda sobre su cabeza, dejando expuesto su torso musculoso; quizá cumplir con sus deberes maritales no sería tan malo como había pensado…
En realidad, Bill nunca había visto a alguien medio desnudo aparte de sí mismo – por supuesto – pero realmente no podía ser comparado con este hombre, porque Bill era flaco y débil, a diferencia del mendigo que comenzó a cortar leña de nuevo, causando que todos los músculos de su cuerpo se flexionaran visiblemente con cada movimiento. Bill no pudo cerrar la boca; nunca había visto una persona más perfecta en su vida. La mayoría de la gente en la corte estaba más en el lado… gordo, ya que no hacían ningún tipo de trabajo físico y comían todo el tiempo… ¿Quién habría pensado que ser campesino tenía sus ventajas?
‘Maldición’, pensó Bill mientras se acercaba lentamente al hombre otra vez, supuestamente porque quería obtener más madera, aunque en realidad era porque quería echar un vistazo más de cerca. En su parte superior del brazo derecho había un vendaje; ¿se había lastimado en alguna parte?
Inocentemente, Bill se puso en cuclillas para apilar la madera en sus brazos, lo que le dio la perfecta oportunidad para ver al mendigo desde un ángulo ideal que mostraba sus músculos sudorosos cada vez que alzaba el hacha.
Bill gimió mentalmente mientras se volvía a levantar para llevar la madera a la cabaña; ¿ese hombre sabía lo bien que se veía? ¿Por qué siempre llevaba esas ropas sucias? Si fuera por Bill, el mendigo tendría que estar medio desnudo todo el día. Cada día. Por siempre.
‘¡Contrólate, Bill!’ Él se abofeteó mentalmente. ‘¿Acaso nunca has visto a un chico tan ardiente antes?!’ La respuesta era no, pero aun así. ¿Era realmente tan superficial que de repente le gustaba el hombre tan sólo por la forma en que se veía?
‘Además también es muy agradable y generoso, así que totalmente me gustaba antes de que supiera que parecía como un dios,’ Bill trató de justificarse ante sí mismo. Espera… ¿le había gustado antes de eso…? … ¡¿Acaso le gustaba ahora?!
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Esta era, sin duda, la mañana más agotadora de la vida de Tom; sus manos, brazos y espalda le dolían, y estaba tan cansado que quería desmayarse. No había comido nada para el desayuno, sólo tomado un poco de leche, y ya era casi la hora del almuerzo.
Agotado, colocó el hacha y se secó la frente con el brazo, esperando a que Bill volviera de la choza de madera. Bill había trabajado toda la mañana sin una queja, impresionando a Tom en gran medida ya que había pensado que el príncipe iba a empezar a quejarse después de sólo 5 minutos de este terrible trabajo, pero obviamente Bill era más de lo que parecía.
— ¿Tienes hambre?— Preguntó Tom cuando el príncipe regresó nuevamente.
—Sí, me estoy muriendo— Bill asintió de inmediato, y se dirigieron a la casa cual no contenía ningún alimento – genial, ¿ahora qué?
Fue solo en ese momento que Tom se dio cuenta que estaba de pie medio desnudo delante del príncipe. De pronto se sintió totalmente consciente de sí mismo; por supuesto que a menudo pasaba sin camisa frente a gente como Georg o Gustav, pero con Bill era otra cosa… Bill era… diferente. Y Tom se sentía muy incómodo. Oh, ¡¿por qué había dejado su camisa afuera?!
Ahora era demasiado tarde – si iba a conseguirla, sería realmente ridículo, así que lo único que podía hacer era fingir que no le importaba.
—Voy a cocinar algo—Tom dijo determinado, sin tener idea de cómo hacer eso, pero realmente con ganas de hacer algo porque quedarse parado así, medio desnudo, era demasiado humillante; sobre todo porque él siempre había sido bastante tímido cuando se trataba de ese tipo de cosas.
Bill levantó una ceja, poco impresionado, cruzando los brazos antes de sentarse a la mesa, cruzando también las piernas y observándolo con expectación. Obviamente no tenía intención de ayudar esta vez. Bueno, eso sería interesante. Y había algo muy inquietante en la forma en que el príncipe de repente lo miraba…
Humillado y sintiéndose como un idiota, Tom leyó sobre las recetas que Gustav había conseguido para ellos, no entendiendo la mitad de lo que estaba escrito allí. Eso lo concluyó: Bill era un genio absoluto por haber logrado hacer algo que parecía una sopa de este trozo de papel.
Tom decidió buscar una receta más fácil. — ¿Qué tal esto?— Le preguntó al príncipe, sosteniendo la hoja de papel para que él viera.
—Hice eso ayer— Bill dijo con altivez.
—Y fue genial. Lo hacemos – ¿lo hago de nuevo?— Rápidamente se corrigió; obviamente, el príncipe se dio cuenta porque su ceja se movió.
—Adelante— dijo con una sonrisa más bien fría y una mirada desafiante; ¿sospechaba que Tom no sabía cocinar?
Tom gimió mentalmente al coger la canasta para ir afuera a buscar verduras – la mitad de la que ni siquiera conocía – y ojala para ponerse su camisa de nuevo.
El huerto sólo tenía cosas verdes. ¿Cuáles se necesitaba? ¡¿Cómo Bill había resuelto este dilema?!
Después de rápidamente ponerse su camisa, se dio la vuelta para mirar al príncipe que le había seguido afuera y ahora estaba apoyado con las manos en la pequeña valla de madera de la huerta, mirándolo con una sonrisa burlona. Ese príncipe podía ser tan malvado a veces.
Con un suspiro de derrota, Tom le dio una débil sonrisa. — ¿Me das una pista sobre cuáles son las patatas?—
— ¿Por qué no lo sabes? ¿No las plantaste tú?— El príncipe de nuevo levantó una ceja, aunque no lucía muy sorprendido; ¿cómo sabía que Tom era inútil en esto?
—No…— Tom dijo lentamente mientras trataba de encontrar una excusa de por qué no era así. ¡¿Qué clase de campesino no sabía cómo parecía una planta de patata?!
—Yo… en realidad no hago estas cosas tanto. Estoy por lo general haciendo otras cosas— dijo estúpidamente.
— ¿Cómo qué? ¿Arreglando el techo?— El príncipe sonrió de nuevo. Era imposible decir si estaba molesto y tratando de ser desagradable, o si estaba entretenido.
Tom suspiró de nuevo. —Está bien… la verdad es que me acabo de mudar aquí. Normalmente sólo toco el laúd, viajando de una ciudad a otra. No soy un granjero… Sólo soy un trovador.
Bill le dio una mirada crítica, al parecer sopesando sus opciones, antes de encogerse de hombros. —Está bien. Yo te ayudaré. ¡Pero sólo esta vez!
—Gracias. Muy generoso. — Tom le sonrió cuando el príncipe saltó por encima de la valla.
—Sí, lo soy. Te morirías de hambre sin mí— Dijo vanidosamente.
—Lo haría— Tom estuvo de acuerdo con una sonrisa cálida que no se había perdido en el príncipe quien casi le devolvió la sonrisa, pero rápidamente movió la cabeza así Tom no logró verla.
Con instrucciones mandonas de Bill, lograron hacer un guiso que sabía casi exactamente igual que el de ayer, y Tom estaba realmente orgulloso de Bill; el príncipe de verdad parecía estar triunfando sobre toda esta cosa de vida campesina – mucho más que Tom, quien se sentía bastante inútil. A pesar de ser un poco sarcástico y mordaz, Bill parecía estar en buenas relaciones con él hoy día, por lo cual Tom trató de ser lo más agradable posible. Ser agradable realmente parecía funcionar con Bill, quien era un pendejo de nacimiento. ¿Alguna vez sería diferente…?
Después de su almuerzo, se dirigieron de vuelta afuera, aún en silencio total; había tantas cosas que Tom quería decir, pero no sabía cómo sin sonar tonto.
Los Gs le habían dicho que era temporada de patata, y la bodega de tierra bajo la choza de madera contenía canastas y cajas donde podían poner la cosecha, así que Tom decidió probar eso.
La bodega de tierra era bastante grande, con un montón de espacio y diferentes métodos de almacenamiento, incluyendo estantes, cajas, barriles y canastas.
— ¿Qué estamos haciendo aquí?— Bill preguntó, asomando la cabeza por la abertura hacía el sótano.
—Estoy buscando un par de canastas para que podamos- pueda cosechar cosas— Tom explicó, agarrando unos canastas y llevándolas hacia arriba.
— ¿Qué vas a cosechar?— El príncipe preguntó con escepticismo.
— ¿Pensé en col y patatas? Creo que las zanahorias aún no están listas…— Tom dijo lentamente, encogiéndose de hombros un poco.
—Ajá— Bill dijo ambiguamente, cruzando sus brazos frente a su pecho, al parecer para indicar que no cargaría ninguna canasta.
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¿Por qué ese hombre se había puesto su camisa otra vez? En serio… se veía mucho mejor sin ella. Bill quería pucherear.
El trovador llevó las canastas a la huerta mientras Bill solo observaba, todavía fantaseando sobre ese cuerpo mordisqueable que el mendigo había vuelto a esconder bajo su ropa sucia – el egoísta.
No era que Bill fuera tan superficial – bueno, talvez un poco – pero sabía bien que había cosas más importantes que la apariencia… ¡Pero es que ese tipo se veía completamente delicioso!
‘Y además es muy simpático, así que estoy autorizado a ser superficial‘, Bill trató de justificarse de nuevo. ¿Desde cuándo que los chicos simpáticos también eran increíblemente ardientes? Bill había conocido a muchas personas atractivas antes – quizás no tan atractivas – pero todos habían sido presumidos y desagradables… Al igual que Bill.
Sin hacer nada, observó como el mendigo comenzó la excavación de las patatas. ¿Le debía ayudar? Pero Bill todavía estaba ocupado haciendo pucheros debido a la falta de piel expuesta del hombre…
Perezosamente, se apoyó contra la valla de nuevo, mirando como el hombre cavaba alrededor en la tierra; parecía un asco por la suciedad y eso, pero de alguna manera aún lograba lucir atractivo para Bill. Algo estaba mal aquí. ¿Acaso se estaba enamorando de su marido? Eso no podía ser bueno…
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Tom estaba muy consciente de los ojos del príncipe en él, y le hizo estar un poco cohibido; ¿que estaba mirando de repente? Se comportaba muy extraño.
Fue sólo cuándo Tom ya casi había terminado de llenar una de las canastas, que el príncipe finalmente decidió unirse a él, con delicadeza tirando las plantas de patata de la tierra y separando la cizaña del vegetal.
El proceso de cosechar patatas era lento y sucio, y en el momento en que el sol se hundió por debajo de los árboles, los dos estaban agotados y cubiertos de tierra.
— ¿Vamos al riachuelo para lavarnos?— Tom preguntó una vez de pie, mirando a las cuatro canastas que habían llenado; se veían tan pesadas que Tom no creía tener fuerza para llevarlas al sótano solo. ¿El príncipe le ayudaría? ¿Quizás mañana?
—Sí, claro— Bill estuvo de acuerdo, siguiéndolo por el camino de tierra hacía el pequeño río al borde del bosque.
Una vez que llegaron allí, Tom se dio cuenta de que tan mala idea había sido; ambos estaban cubiertos de sudor y suciedad, y en realidad quería saltar en el agua para limpiarse bien, pero eso estaba fuera de cuestión ahora. Tal vez debería volver al palacio mañana para tomar un baño…
Cuándo se agachó para lavarse las manos, se dio cuenta que tan fría estaba el agua; definitivamente iría al palacio. Ahora sí que se compadeció del príncipe que tenía que lavarse con esta agua helada todos los días; Tom moriría. Odiaba el agua fría.
Obviamente ambos estaban un poco cohibidos, y simplemente se lavaron las manos antes de regresar a la casa a comer lo que quedaba de su almuerzo, junto con un poco de pan seco. Tom no podía esperar a finalmente decirle quién era para que pudieran detener esta terrible farsa e ir a vivir al palacio donde tenían comida deliciosa, cómodas camas y baños calientes.
Continúa…
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