
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 24
UN MES DESPUÉS.
Bill había terminado de arreglarse. Pronto la furgoneta estaría abajo esperándoles para llevarles a el recinto donde se celebraría el concierto. Otro más.
Sentado en el escritorio de su habitación de hotel, con una tarjeta de crédito en mano, se dedicaba a dar una forma de raya perfecta a el montón de polvo blanco sobre la mesa.
Cuando lo hubo conseguido se tapó un orificio nasal, y con el otro esnifó su recién creada ‘obra de arte’.
Al terminar se los tapó los dos y tosió mientras limpiaba la tarjeta con sus vaqueros.
Alguien llamando a la puerta le dio un susto de muerte.
Se levantó, se aseguró de que no habían quedado restos de polvo en su nariz mirándose en un espejo, lanzó una ojeada rápida a la mesa para cerciorarse de que no había pruebas comprometedoras…Y fue a abrir con paso ligero.
Lo más seguro es que fuera David…Pero tampoco era cuestión de arriesgarse.
Y menos mal, por que quien estaba tras la puerta era su hermano.
Bill le dejó pasar sin saludarle siquiera.
-…¿Estás ya? – Le preguntó el de las rastas.
-…Sí.
-Pues vamos. Nos están esperando.
La relación de los gemelos había vuelto a enfriarse, como pasara un tiempo atrás.
En esta ocasión, Tom intentó hacer todo lo que estaba en su mano para que no fuera así… Trataba de ‘estar ahí’, de demostrarle a su hermano que cuando quisiera hablar, él le escucharía.
Pero Bill no lo hacía.
Cuanto más intentaba acercarse Tom, más se alejaba Bill. Había llegado a echarle de su habitación de malas maneras (una novedad en él. Antes se limitaba a poner excusas tontas como el cansancio, pero no había rechazado nunca la presencia de su gemelo)… El de las rastas se había enfadado mucho, pero seguía acudiendo de cuando en cuando, haciéndose el encontradizo, a él.
Para ‘echarle un ojo’. Para asegurarse de que iba superando la ruptura con Zack…
Por que era lo único que Tom asociaba a su malestar.
Sabía a ciencia cierta que no lo estaba haciendo, y para colmo, el carácter del cantante se había agriado muchísimo.
-…¿Estás bien, estás bien? Joder, Tom, ¡estoy harto de que me lo preguntes!… ¿Pues no lo ves? NO, no lo estoy…¿Contento?… Y con la puta pregunta no haces nada más que recordármelo…No me ayuda, ¿entiendes? Por que me preguntes cada dos por tres cómo estoy no me vas a ayudar. Por que el hablarlo no mejora nada. ¡Así que deja de hacerlo!…
-…
Tom observó como Bill llamaba al ascensor. Tenía el pelo liso y sus habituales enormes gafas de sol puestas. Estaba serio y no iba a dirigirse a nadie en todo el trayecto, como ya era habitual.
No sabía cuánto tiempo podía llevar el que alguien se recupere de un desengaño amoroso, por que él no había tenido nunca ninguno. Intentaba tranquilizarse a sí mismo diciendo que quizá un mes era demasiado poco tiempo.
Entraron al ascensor.
Lo que Tom no sabía era que los cambios de humor de Bill no se debían a la ruptura en sí, ni a la frustración, ni a que estuviera amargado. Aunque de eso tampoco andaba falto.
Estaban provocados por el influjo de la cocaína.
A Bill, el dolor le estaba carcomiendo por dentro.
El único modo de salir adelante sin acabar desangrado en una bañera con las venas rebanadas era evadirse. No pensar en lo que había ocurrido.
Y el único modo efectivo que se le ocurría para conseguir semejante proeza era volver a aceptar cada gramo de aquel polvo blanco mágico que David le proporcionaba.
No siempre surtía un efecto ‘positivo’ para él. Al tomarla siempre con un estado de ánimo depresivo, empezaba a sufrir paranoias escalofriantes que le hacían sentir como si estuviera dentro de una horrible pesadilla. Pero no le quedaba otra que correr el riesgo.
Al fin y al cabo, cualquier pesadilla por horripilante que fuera era mejor que la realidad.
No tenía ningún consuelo. Ya no le importaba nada. Había perdido lo único que le había conseguido hacer feliz en mitad de todo lo malo.
Tenía a su hermano…Sí…Y Dios sabía que Bill le quería con todas sus fuerzas…De hecho, él era la razón por la que rehuía de la idea de la bañera en cuanto se le pasaba por la cabeza.
»Yo le vi, ¿sabes?…Yo entré al piso de mi hermano y le vi muerto en el suelo. A mi propio hermano. A mi hermano pequeño… No le deseo eso a nadie… ¿Entiendes?»
Lo entendía. Y no, él tampoco le deseaba eso a Tom.
Sin embargo…Acercarse demasiado a él suponía la posibilidad de que descubriera cosas que él no podía descubrir.
Era por eso que no podía buscar un apoyo directo en él.
De cualquier modo y aunque Tom lo desconociera, Bill tenía el más importante.
Sólo por él, no iba a morir.
Aunque fuera lo que quisiese.
En el ascensor, Bill había estado mirando al techo, y Tom a su hermano.
Cuando el moreno lo descubrió, se »enfadó».
-…¿Quieres una foto?
La puerta del ascensor se abrió. Tom salió el primero con aires.
-Vete a la mierda, Bill. Anda y que te den mucho por culo. Que yo creo que es lo que te hace falta.
Tom se arrepintió al segundo de decir eso. Pero no dio marcha atrás. Su paciencia había llegado ya al límite. Habían vuelto al mismo punto que la última vez.
Bill, tras sus gafas de sol, abrió los ojos desorbitadamente.
No le habían tocado, pero el comentario le había sentado como un guantazo.
&
Esa noche, cuando regresó a la habitación, se sentó en la cama, agotado.
Se sentía mucho más viejo de lo que en realidad era.
Miró sus manos, que le temblaban exageradamente. Su cuerpo no estaba limpio aún de sustancias tóxicas.
Sentía la boca seca, y le dolía la barriga de todo el agua que había bebido ya.
Tenía la desagradable sensación de que notaba su propia sangre correr por sus venas y arterias. Como si hubiera demasiado líquido atorando unos conductos demasiado finos y delicados.
Se abrazó a si mismo, asqueado. Sus pupilas ahora danzaban, sin perderse ni un recodo de la habitación, que examinaban nerviosos.
Entonces se levantó de un salto y dio unas cuantas vueltas por el cuarto, para no dirigirse a ningún sitio.
De súbito, como una flecha, cambió de dirección y se metió en el cuarto de baño contiguo.
Se puso frente al lavabo y abrió el grifo. Llevó sus temblorosas manos bajo el chorro de agua y atesoró algo del transparente elemento entre las dos.
Después se la llevó a la boca y bebió un poco.
Dios, tenía tanta sed.
Cerró el grifo, y buscó la toalla para secarse las manos.
Cuando miró hacia el toallero, descubrió que la toalla estaba plegada de una manera que recordaba a la cara de una bruja. Además, era verde. Como las caras de las brujas en los dibujos animados.
Le dio miedo y se negó a secarse con ella.
Salió del cuarto de baño como una bala. Entonces, sus pupilas desquiciadas comenzaron a buscar algo con lo que secarse en la habitación. Movía sus delgados dedos frenéticamente con los brazos en alto.
»Necesito PapelPapelPapelPapelPapelPapel…» … Pensaba.
Abrió una de sus maletas y rebuscó entre su ropa, sin darse cuenta de que con eso, ya se estaba secando.
-…Papel. ¡Necesito papel! ¡Agh!
Entonces encontró una libretita donde antes solía escribir ideas para canciones.
Antes…
La cogió y la miró arrugando la frente. Eso era papel. ¿No?…
Bill fue con la libreta de nuevo hacia su cama y se sentó, acariciando las tapas.
Con un pulgar hizo presión en el borde, donde se amontonaban las hojas, para pasarlas muy rápido.
Haciendo eso, algo se cayó al suelo.
Bill ladeó un pie para mirar mejor y descubrió que era una rosa seca.
La misma que le había regalado…Zac…
Se levantó de golpe. »No, no, no, no, no…»… No quería pensar en él. No, por que entonces…
Echó su pelo hacia atrás, peinándolo entre sus propios dedos. Entonces miró hacia abajo y descubrió la masacre.
Había pisado la flor. Levantó el pie y como estaba tan seca, los pétalos se habían convertido en ceniza granate esparcida por el suelo.
Se tapó la boca con las dos manos…Como si acabara de atropellar a alguien por accidente.
Y entonces comenzó a llorar, poniéndose de rodillas en el frío mármol.
¿A quién quería engañar?…Zack estaba ahí. Siempre estaba ahí.
Puedes cambiar de cadena cuando ponen las noticias, pero siguen habiendo guerras y niños muriéndose de hambre en el mundo.
Se arrastró con sus rodillas hacia la maleta de nuevo. Cogió la caja donde guardaba sus abalorios. Trasteó entre ellos hasta dar con una bolsita. Le quitó el nudo y la puso boca abajo, para que el contenido cayera sobre la palma de su mano izquierda.
Primero cayó el ala, y después la mariposa. O lo que quedaba de ella.
Volvió de la misma manera, arrastrando las rodillas, hacia donde estaban los restos de la rosa.
Puso el anillo sobre las cenizas color granate.
Y se quedó contemplando la imagen unos instantes.
Era como un funeral.
Poco después, una gota de agua, que resultó ser una lágrima de Bill, impactaría sobre el polvo y el metal.
-…Zack…¿Por qué siempre…Lo destrozo todo?…¿Por qué no puedo hacer nada bien?
»¿Hasta cuándo piensas seguir así?»
Las lágrimas seguían empapando la ceniza. Se perdió en sus pensamientos que oía con perfecta nitidez.
»O mejor dicho… ¿Cuánto crees que aguantarás así?»…
Sus sollozos eran lo único que se oía en la habitación.
»¿Por qué le soportas todavía? ¿Por qué soportas a David?…»
-…Por que me da miedo.
»¿Miedo? ¿Miedo de qué?…¿De que te haga daño? … ¿Te puede hacer más daño ya?…»
-… – Bill sorbió sus mocos. – …Le debo mucho.
»No. No puede hacerte más daño…Podría matarte en todo caso. Pero es que si no cortas con ésto tampoco es que te espere un futuro demasiado largo.
Él es tu mayor problema, Bill. Si no das tú un primer paso, nadie lo va a dar por ti.»
En ese momento, llamaron una sola vez a la puerta y luego abrieron.
Era Jost. Él se hacía con la llave de todas las habitaciones que Bill ocupaba, no necesitaba llamar; Lo hacía por mera precaución. De cualquier modo, él siempre se aseguraba de que Bill estaba solo antes de ‘visitarle’.
Bill había cogido el anillo y el ala.
Se preguntó fugazmente si una mariposa sería capaz de volar con una sola ala.
»No. Pero todavía podría aletear con la que le queda.»
-¿A qué juegas? – Le preguntó David extrañado cuando le visualizó.
Bill se levantó tras dar un apretón al metal, cerrando el puño con fuerza.
Se giró para mirar a David. Se secó los ojos.
Jost le miraba con una ceja en alto.
-Se acabó, David.
-Se acabó, ¿el qué?… – Jost fue a servirse un vaso de whisky, despreocupado.
-…Tú me dijiste…Que yo acepté nuestro trato libremente. Que podía haberme negado perfectamente y no hubiera pasado nada.
-Ajá. – A estas alturas David ya le miraba suspicaz. El vaso quedó suspendido en alto, vacío en su mano, pues le habían detenido en su propósito.
-Pues si eso es así…Yo también puedo elegir libremente que no quiero seguir…¿No?
Bill hablaba de seguido y sin atorarse ni tartamudear. Seguía siendo un efecto de la cocaína; Al menos eso era lo más probable. Por eso hablaba mucho y tan seguro de si mismo. Pero al fin y al cabo, no dejaba de estar haciendo un gran esfuerzo. Se estaba encarando con su propio miedo. Le estaba viendo las orejas al lobo. Y los ojos, y los dientes.
David sopesó unos momentos qué hacer a continuación.
Decidió que la mejor táctica era fingir comprensión. Habló con tono afable.
-…Claro que sí…En teoría, Billy. No habría ningún problema…Si no fuera por lo que me debes. He invertido todo mi tiempo, y mi dinero en…
Kaulitz le cortó.
-…Si es por eso…Yo puedo trabajar el doble. Es más, si quieres reducirme el sueldo… No, si no me pagas ni siquiera, me da igual. Lo haré… Pero no quiero seguir acostándome contigo. Y no puedes obligarme.
-…No me compensa. No es suficiente, Billy.
Bill apretó de nuevo el metal entre su mano.
»Tú ya lo sabías. Sabías que iba a reaccionar así…»
Y entonces, el cantante volvió a hablar.
-Pues entonces, a la mierda. A la mierda el grupo y a la mierda tú. Lo dejo. ¿Me oyes? Te juro por mi vida que no volveré a cantar una nota para ti. Ni a hacer NADA más, para ti.
Jost trató seguir con el mismo tono y no inspirar alarma.
-¿Vas a dejar el grupo?…¿A tus fans?…Oh…¿Y tu hermano? ¿Vas a arrebatarle su mayor sueño? Tú sabes que si dejara de llevar la vida que lleva ahora, le afectaría. ¿Y quién sería el culpable? Tú. Te odiaría, Billy. Por que le harías un miserable… De tenerlo todo, tendría que acostumbrarse a no tener nada… Eso no es nada fácil para nadie, menos para un chico en la edad del pavo…¿De verdad le harías eso a tu querido Tom?…
Los ojos de Bill volvían a inundarse de lágrimas, pero esta vez no se las calló y comenzó a hablar alzando el tono y entre sollozos.
-¡QUE TE CALLES! ¡¡¡Cállate la puta boca!!! Snif… Me da igual, ¿sabes? ¡Me la pela! ¡¡¡Me da igual el grupo, me dan igual las fans , me da igual el dinero, y me da igual hasta Tom!!!… Por que le he perdido…Snif… Le he perdido a él…¡¡¡Por tu culpa!!!…
David ahora estaba perdido. No entendía quién era ese »él».
Decidió hacer un último intento por ‘tranquilizar’ a el chico.
-Billy…No voy a tenerte ésto en cuenta, por que está claro que vas de farlopa hasta las cejas. Pse… Que por cierto, una cosa que te resta bastante credibilidad… Pero…
Bill ahora sonrió mientras una lágrima rodaba hasta su barbilla.
-Además, ¿qué te crees? ¿Que si yo le contara a mi hermano todo ésto, seguiría prefiriendo tener un puto Cadillac a que yo esté bien?… – Hizo una pausa. – …Se acabó, David. Ya no me vas a engañar más.
En ese momento, Jost perdió los nervios. Lanzó el vaso que aún tenía en la mano contra una pared, haciéndolo añicos, para asustar a Bill.
Después le agarró del cuello y le aprisionó contra la misma pared.
-¡¡¡En tu puta vida, Bill, me vuelvas a hablar así!!! ¡¡¡Te dije que ésto no se acabaría hasta que YO dijera que se ha acabado…!!! – Remarcó la palabra apretando con más fuerza su cuello.
Bill le agarró de las dos manos, aunque no podía deshacerse de él. Ahora le faltaba el aire y estaba muy asustado.
-Antes de dejarte ir así…Antes de que me jodas…Te mato…Eso sí, no sin antes dejarte ver como los frenos del coche de tu hermanito dejan de funcionar »misteriosamente»… O sin que te enteres de que alguien ha entrado a la casa de tu madre y le ha hecho cosas muy malas justo en el sitio de donde saliste tú y el otro piojoso el maldito día que nacisteis… Te sorprendería, Billy, lo fácil que sería. Un simple maletín lleno de dinero, una llamada telefónica, y yo no tendría ni que ensuciarme las manos… Por que ya habría alguien haciéndolo por mi.
Te mato, Bill… Si te atreves a hacer algo de lo que has dicho, te juro que…
En ese momento, Bill encontró una vía.
No podía hacer mucho con los brazos y se estaba quedando sin oxígeno y sin fuerzas… Pero las piernas las tenía libres.
No se lo pensó dos veces y asestó, reuniendo todas sus energías, un auténtico rodillazo justo en la entrepierna de David.
Éste tuvo que soltarle y se agachó, agarrándose la zona afectada, retorciéndose del dolor. Su cara se puso púrpura.
Ahora Bill tenía el camino libre y se dispuso a huir: Se preparó para echar a correr y salir de ahí.
David no podía permitirlo, así que haciendo un verdadero esfuerzo le agarró de una manga.
Pero Bill tampoco podía permitirse flaquear ahora, así que con su mano contraria le dio una fuerte bofetada en la cara. Como no fue suficiente para que le soltara, a continuación le daría algo más parecido a un zarpazo. Un enorme arañazo quedó marcado en la cara de David, y de hecho comenzó a sangrar un poco.
-¡¡¡DÉJAME!!!
-¡Agh! – En un acto reflejo, David soltó la manga del chico para cubrirse la herida.
Y el cantante aprovechó el que podía ser su último golpe de suerte.
En dos zancadas ya estaba pegado a la puerta, abrió y sin molestarse en cerrar siquiera salió corriendo por los pasillos.
Como David siempre procuraba dejarle aislado del resto de sus compañeros, Bill tuvo que hacer memoria para recordar en qué habitación estaba su hermano.
Cuando lo tuvo claro, se paró frente al ascensor, dando golpes a el botón compulsivamente como si así fuera a llegar más rápido, mientras que no dejaba de mirar hacia donde estaba su habitación, rezando por que Jost no saliera.
Pero, atacado, decidió que no podía esperar tanto a que llegara el maldito ascensor.
Así que bajó por las escaleras casi de tres en tres, y armando un escándalo importante.
En cuanto estuvo frente a la puerta de su hermano, empezó a aporrearla con las palmas abiertas.
-…¡¡¡TOM!!! ¡¡¡TOM!!! ¡¡¡ÁBREME!!! ¡¡¡TOM!!!
Pero pasaban los segundos, y ninguna respuesta.
Entonces Bill tuvo la revelación.
Su hermano después del concierto había ‘intimado’ con una groupie. Estaría dándose el lote con ella en su coche (su nuevo ‘sitio’ favorito)…
Georg y Gustav dijeron de ir de caza también, ahora que lo pensaba. Sí, y él se había negado.
Todavía estarían en cualquier discote…
Oyó una campanita a sus espaldas…Alguien había llamado al ascensor.
No había que ser matématico para resolver la ecuación. David le estaba persiguiendo ‘discretamente’…
Bill empezó a bajar escaleras de nuevo. Aunque quizá fuera más correcto decir »volar» por las escaleras.
Llegó a el hall sudando y siguió corriendo. Miró hacia atrás una milésima, para asegurarse de que aún llevaba ‘ventaja’…
Y en ese instante chocó con alguien. Kaulitz casi tira a el hombre y casi se cae él.
-¿Señor? ¿Le ocurre algo?… – Era un trajeado encargado del hotel. A su lado había un botones.
Bill le cogió de los brazos, desesperado.
-¡¡¡Me sigue!!! ¡¡¡Me está siguiendo!!! ¡Si me coge, me matará! ¡¡¡Ayúdeme!!!
El botones y el encargado se lanzaron una mirada incrédula.
Aquel era un hotel de renombre. Todos sus huéspedes eran gente respetable y honorable.
El botones hizo un disimulado gesto al encargado. Dio un par de golpecitos a su nariz… Como diciendo »Éste va puesto hasta arriba».
Pero por disimulado que fuera, Bill lo vio.
-Joven, le ruego que se tranquilice. No queremos espectáculos en nuestro… – Comenzó el trajeado.
Mientras Bill cogía aire, miró hacia atrás, justo cuando las puertas del ascensor se abrieron y mostraron que en efecto, David iba tras él.
Le dio un empujón a el encargado y se puso a correr por su vida. Y quizá ésto no fuera sólo una frase hecha. Salió del hotel sin presenciar como David se disculpaba con el encargado y el botones por la conducta del joven. Puso la excusa (que no quedó en entredicho en absoluto) de que el chico tenía problemas de los que estaba intentando salir con ciertas sustancias, y que a veces, le daban esos brotes paranoicos, hiriendo incluso a los que sólo tratan ayudarle.
David señaló su arañazo.
Los trabajadores quedaron conformes y nada del episodio vivido trascendería jamás.
Aquel era un hotel con buena fama y seguiría siendo así.
&
Pero por supuesto, David salió también del hotel para encontrar a Bill le costara lo que le costase. Él no correría e iría con aspecto tranquilo para no levantar sospechas a coger su coche.
Desde una distancia ya considerable, Bill lo pudo comprobar, y se obligó a seguir corriendo…Que David no llegara a verle a él…Tenía que escabullirse como fuera o sería el fin.
Kaulitz corrió y corrió. Como no lo había hecho jamás. Ni siquiera se detuvo para sacar el móvil del bolsillo de su cazadora. Lo hizo sin pararse.
En ese momento comenzó a chispear.
Poco después una auténtica tormenta se desataría y empezaría a llover tanto que las cortinas de agua dificultaban la visión.
Bill se fue metiendo por callejones estrechos y oscuros.
Sabía que eran peligrosos. Pero más peligroso sería que David le viera en una calle principal abierta con su coche.
Paró un segundo, metiéndose bajo el marco de la puerta de entrada a un portal y tecleó el número de Tom.
Apagado. Claro. Si estaba montándoselo con la groupie de las narices, querría intimidad.
¿Georg o Gustav?
Nada. Daba el tono, pero no se lo cogían. Si estaban en la discoteca, no lo oirían.
Bill se mordió el labio, ahogando las ganas de ponerse a llorar de nuevo. Esta vez de impotencia y terror…
Él ya había dado un paso. Pero ahora necesitaba ayuda…Y estaba solo.
Guardó de nuevo el móvil en el bolsillo de su cazadora.
Y volvió a salir de el hueco para echarse a correr de nuevo.
Por que lo único que sabía era que tenía que alejarse lo más que pudiera.
Estaba perdido, en una ciudad que desconocía, y empapándose de agua que le calaba hasta los huesos. Temblaba de frío y a causa de la cocaína que había tomado.
Apenas podía ver a causa de la lluvia y de la oscuridad.
Pero tenía que seguir corriendo.
Para colmo de sus males, por supuesto, seguía estando paranoico, y a cada paso que daba estaba más seguro de que ya le habían pillado.
Hasta oía las risas de David en su oreja. Y hasta un »¿y ahora qué, Billy?»
»Ahora Billy va a seguir corriendo.»
&
Dio a parar a un barrio de dudosa reputación. Había unas altas escaleras metálicas que dirigían a un bloque de pisos. Se escondió bajo esas escaleras por que tenía que parar obligatoriamente ya.
De lo contrario, echaría el bazo por la boca.
Había pintadas obscenas por las paredes de los bloques, hasta una farola rota.
Estaba claro que ahí se juntaría la créme de la créme de la sociedad.
Claro, que él no estaba en condiciones de elegir un sitio mejor.
Se sentó en el suelo bajo esas escaleras…Tiritando y sucio de barro. Nubes de vaho salían a trompicones de su boca.
Los costados le daban pinchazos tras el esfuerzo.
Abrió un poco la boca en gesto dolorido: La dejó abierta y alzó la cabeza para beber agua de lluvia.
Cuando hubo recuperado al menos algo el aliento, volvió a intentar llamar a Tom.
Y después a sus otros dos compañeros. Y todo seguía igual.
¿Y si llamara a la policía?
…Entonces recordó la reacción del encargado del hotel y sobre todo, la del botones, y desechó la idea.
De momento al menos, y en su estado, le pareció que hacerlo sería tirar piedras sobre su propio tejado. Podía verlo hasta él, que estaba ahí, muerto de miedo y por tanto no es sus más plenas condiciones.
Repasó la agenda de su teléfono, parándose en seco en un nombre en concreto.
Él había dicho que no quería saber nada más de Bill. Que no quería que le llamase, ni verle.
Y Kaulitz había obedecido.
Aunque él sí que le había visto alguna vez montando o desmontando en la distancia. Sabía que todavía estaba trabajando con ellos.
El nombre de Zack se quedó en la pantalla segundos. La pantalla incluso se apagó y Bill seguía planteándose si hacerlo o no.
Le dio a un botón cualquiera para que su nombre volviera a iluminarse.
Decidió que era su única esperanza.
…Siempre lo había sido.
Como siempre le había necesitado. Pero ahora…
Le necesitaba más que nunca.
&
Llevaba un buen rato acostado (…)…Pero no conseguía dormirse.
Fuera estaba cayendo un auténtico aguacero…El viento era feroz (…)
Debían ser las dos o las tres de la mañana y todavía no había pegado ojo. No había cosa que le pusiera de peor humor, por que al día siguiente tenía que currar.
(…) su teléfono móvil sonó (…)…
»…Venías de un mundo perfecto…»
(…)
Era Bill.
»…Pero todas las drogas de ese mundo no le salvarán de él mismo.»
(…)
-¿Qué? – Escupió de mala manera.
-…¿Zack?
-Sí…¿Qué coño quieres, Bill? Son las dos y media de la mañana.
-…¿Zack?…
-Que sí, ¿que qué quieres?… – Quizá por el mal tiempo las líneas no estuvieran del todo estables.
-…Zack…¿Puedes…Puedes…Venir a por mi?…– Aparte de las molestas interferencias, Zack podía distinguir perfectamente otra cosa… Bill no estaba bien. No estaba llorando, pero casi. Parecía asustado.
-…¿Ir a por ti?
-…Sí… Quiero irme a mi…Casa…Zack…
Zack se extrañó, pensando: »¿A tu casa?…¿A tu casa en Alemania?…Pero estamos en…»
-…¿Estás en la calle?
-S…Sí.
Zack miró hacia su ventana. Por el cristal corría un mar de agua.
Aún así, no podía evitar sentirse enfadado.
¿De qué iba? Después de un mes y después de todo lo que le había hecho… ¿Cómo se atrevía a llamarle para encima pedirle un favor?
-…¿Pero tú quién te crees que soy? ¿Tu puto chófer?
-Por favor…Zack…Tú…Eres el único a quien puedo llamar…
El chico se mordió la lengua. Estaba tremendamente dolido con él. No le perdonaría jamás lo que le había hecho…Pero…A la vez… No era capaz de dejarle tirado, abandonado a su suerte en una noche como esa… Hacer oídos sordos cuando el hombre a quien había querido tanto le estaba pidiendo ayuda. Por que si encima le pasaba algo, le pesaría en la conciencia toda la vida.
Suspiró.
-…¿Dónde estás?…
-…Yo…Yo…No lo sé… – Y en ese momento, rompió a llorar.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.