
Fic TOLL de Sheerac50. Traducido por lunallena
Capítulo 5
La nieve ligera empezó a caer. Pequeños copos de nieve danzaban en forma de ondas, mientras Tom manejaba lentamente por la carretera. Estaba peligrosamente helado y tenía cuidado de no arruinar su auto. Incluso si hubiera solo ido a pie a la corta distancia hacia el Espejismo, su Mustang hubiera estado a salvo. No tenía ganas de andar como un tonto, tropezarse y caerse de trasero.
Una docena de carros ya estaban estacionados en el aparcamiento y se sentía un tanto entusiasmado de estar aquí hoy. No es que se lo admitiera a Andreas, quién le había pedido que lo ayudara con la decoración de navidad del club, sino que Tom amaba navidad y todo lo que incluía, así que detuvo su auto y se adentró al edificio con buen ánimo.
Andreas vitoreó feliz cuando lo vio desde el otro lado de la habitación y le señaló la mesa con un infinito suministro de ponche de huevo.
Con un vaso en mano, Tom caminó dentro de la habitación, sus ojos buscando a cierto pelinegro de quién se había vuelto muy buen amigo en las últimas semanas.
Localizó a Bill cerca del árbol de navidad, colgando las luces rojas y demás. Sonriendo, Tom caminó hacia dónde estaba.
—Hola —Dijo mirando la caja llena de figurillas que decorarían el árbol.
Bill giró su rostro y se iluminó cuando vio a Tom justo en frente de él.
— ¿También estás aquí para ayudar en la decoración de la fiesta de esta noche?
Tom asintió y dejó que sus ojos recorrieran el rostro de Bill por un par de segundos. Su maquillaje estaba pesado como era usual, con bastante delineador negro y sombra gris en sus párpados. Sus pestañas largas y delgadas, y cubierto de máscara, además que usaba brillo labial con un toque rosa. Ninguna de las chicas usaba tanto maquillaje, pero Bill lucía muy bien de alguna manera. Tom pensó.
— ¿Quieres algo de ayuda? —Preguntó y pronto le alcanzaron dos globos, acompañado de una gran sonrisa como respuesta.
Mientras continuaron decorando justos el árbol, Bill hablaba. Parecía estar en un ánimo excelente y Tom notó que su risa era muy contagiosa. Sus ojos parpadeaban hacia el de rastas y lo hacía sentir cálido y feliz.
El único momento de silencio e incomodidad que compartieron fuer cuando sus manos tocaron el mismo hombre de nieve y los dedos de Tom aterrizaron en los de Bill. Entonces los dos ojos oscuros se dispararon hacia él rápidamente, antes de que Tom pudiera retirar su mano, sintió como si se hubiera quemado sobre algo caliente. Luciendo un poco tímido, Bill le alcanzó el hombre de nieve y agarró el pequeño ángel en su lugar.
No tomó mucho tiempo para que terminaran con el árbol de navidad y continuaran con una tarea más difícil: colgar las guirnaldas doradas en el techo.
Un montón de risas siguieron cuando Bill seguía fallando en pegar las guirnaldas en la parte superior, donde Tom tenía que seguir recogiéndolo del suelo y alcanzárselo.
Cuando finalmente terminaron con este último, Bill suspiró aliviado. Había estado tambaleándose en la cima de la escalera por mucho tiempo y estaba contento de estar, por fin, con los pies en el suelo.
A la vez que Bill saltaba los dos últimos escalones, aterrizó justo contra Tom quién sostenía la escalera para él. Sus pechos presionados juntos uno contra el otro y las manos firmes de Tom viajaron automáticamente a la cintura de Bill, sus dedos deslizándose debajo de la camiseta de este, sintiendo la calidez de la suave piel del pelinegro. Bill suspiró un poco por la repentina cercanía y la respiración de Tom quedó atrapada en su garganta. Con los ojos fijos, soltó su agarre y retrocedió un poco para crear algo de distancia entre ellos. Su corazón había empezado a latir muy fuerte contra su pecho, sintiéndose extrañamente cálido.
Además de ellos, Andreas aclaró su garganta para llamar su atención y ambos se giraron a mirarlo, ambos con un rubor rosa en sus mejillas.
—Siento mucho por interrumpir su momento, chicos o lo que sea que era —Dijo con una sonrisa —Pero ¿Podrían ayudarme con las mesas de allá? ¿Tom?
Tom presionó sus labios en una línea y le lanzó una mirada asesina a su amigo, pero no respondió a su burla. Con mariposas aun revoloteando incómodamente dentro de su vientre, caminó hacia las mesas para ayudar a ordenarlas en la habitación, así las personas tendrían más espacio para bailar más tarde en la noche.
—Puedes ser tan idiota a veces —Tom murmuró a su rubio amigo quién agarró un lado de la mesa.
—Lo siento —Andreas rio —Pero ustedes dos lucían muy graciosos. Incluso se sonrojaron —Añadió con una sonrisa.
—Yo no —Tom resopló.
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En la tarde, Tom se sentía un tanto innecesario, ya que era el único que no tenía trabajo qué hacer. Andreas estaba ocupado asegurándose que la fiesta sea un éxito y Bill estaba atendiendo en la barra. Tom lo miró moviendo y sirviendo tragos como un verdadero profesional y sonrió cuando el pelinegro giró su cabeza y lo miró de regreso.
Esquivando las parejas que bailaban en la pista, caminó hacia ahí y se sentó en una de las sillas altas. Bill caminó hacia él y Tom pensó que lucía extraño ver a su amigo con una camisa blanca, corbata y chaleco. Cuando no trabajaba, Bill se vestía como una verdadera estrella de rock, con jeans, camisetas extrañas y chaquetas de cuero, sin mencionar la cantidad de accesorios que siempre usaba. Esta noche, había minimizado sus anillos y brazaletes.
— ¿Puedo servirte algo? —Bill preguntó sonriente.
Tom sabía que era libre de elegir lo que quisiera sin pagar por ello.
—Solo cerveza —Le sonrió a su amigo.
Bill eligió un vaso alto y lo llenó hasta el tope.
— ¿No encuentras ninguna muchacha con quién bailar? —Bill preguntó con una ceja alzada.
Tom le dio a penas una sonrisa y negó con la cabeza.
—No bailo.
Bill miró a Tom por los hombros y sonrió.
—Qué lástima. Creo que estás a punto de tener tu oportunidad.
Tom lo miró con curiosidad y luego una mano aterrizó en su hombro.
—Hey, guapo ¿me das el honor?
Se giró de pronto para ver a una muchacha alta, muy atractiva con cabello rojizo e increíble ojos azules.
—Lo siento, no bailo mucho —Dijo tristemente.
La muchacha parecía tener mucha confianza para ser rechazada por esas palabras. Así que simplemente tomó su mano para ponerlo de pie.
—Entonces dame una oportunidad para enseñarte.
Sin tiempo para discutir, Tom de pronto se encontró así mismo siendo llevado lejos de la barra para mezclarse entre las parejas.
—Espero no haber estado interrumpiendo nada ahí —dijo ella y observó su reacción con curiosidad.
Tom la miró distraído.
—El bartender —Ella explicó.
—Oh…—Tom dijo lanzando una mirada hacia Bill quién estaba ocupado tomando otra orden —Es solo un amigo.
—Bien —Sonrió —No me gusta cuando las chicas son más bonitas que yo, pero es un jodido insulto cuando un chico lo es.
Tom rio. Esta chica era ambos, hermosa y ocurrente.
—Entiendo tu punto.
La muchacho le dio una palmada en el brazo juguetonamente — ¡Oye! No se suponía que estuvieras de acuerdo conmigo.
Tom rio nuevamente —Lo siento.
La muchacha no parecía estar muy ofendida por sus palabras. Se movió más cerca y Tom pensó que se sentía bien tener otro cuerpo presionado contra el suyo, así que no le interesó cuando ella rozó sus hombros íntimamente, además de acariciar la parte trasera de su cuello con sus dedos.
—Me encanta tu cabello —Dijo ella tomando una de las rastas en su manos —Es tan inusual.
—Gracias —Tom respondió. Había tenido su cabello así por diez años, raramente recordaba algo más. Esta noche tenía el cabello atado en media cola, lo suficiente para mantenerlas bien sujetas. A veces usaba una bandana que combinaba con su camiseta pero esta noche había preferido no usar una.
La muchacha hablaba vívidamente y mostraba con claridad que estaba interesada en más que solo movimientos de baile. Deliberadamente, presionó sus caderas juntas y movió su cuerpo sensualmente contra él.
Tom solo estaba escuchándola con un oído. Estaba ocupado observando a un hombre en sus treintas que se inclinaba en la barra, observando a Bill con oscuros e intensos ojos mientras pedía su orden.
Sin ser molestado por mirar, Bill preparó la bebida del hombre y se la alcanzó con una sonrisa cortés adornando sus labios. El hombre buscó dentro de sus bolsillos y con lentos movimientos sacó algo de dinero, sin dejar la mirada de Bill.
Tom vio la mano del hombre entregando el dinero al joven, dejando que su dedo acariciara ligeramente el dorso de la mano de Bill antes de guardar el dinero y dejar el bar.
Si entendió que el hombre se le había estado insinuando, Bill no lo mostró en su rostro. En su lugar, desenvolvió el dinero y comenzó a contarlos. Tom vio algo que lucía como una tarjeta de negocios que aparecía de entre los billetes, pero la distancia era demasiada para estar seguro. Lo que sea que fuese, Bill lo tiró a la basura que se encontraba detrás de él y puso, lo que Tom asumió serían monedas, en una jarra del mostrador y el resto en la caja registradora.
—Oye ¿estás escuchándome? —La muchacha dijo e hizo que Tom regresara a lo que estaba haciendo.
—Oh, lo siento —Dijo arrepentido.
—Pareces tener un enorme interés en tu amigo —Dijo ella un poco ofendida de que su flirteo no la llevara a ninguna parte.
—Solo no me gusta la forma en el que la gente lo molesta —Tom se defendió.
—Oh vamos, no luciría así si no le gustara —La muchacha sonrió e intentó presionarse más cerca de él —La mitad de los hombres en mi mesa bromean en querer tener un polvo con él.
Tom no sabía por qué, pero escuchar eso le fastidió realmente. Sabía que Bill podía cuidarse por sí mismo así que no tenía por qué encabronarse por ello, pero aun así no pudo evitar fruncir el ceño ante las palabras.
Miró a esos increíbles ojos azules y se tuvo que preguntar que estaba ocurriendo con él. Aquí estaba, sosteniendo a una hermosa chica en sus brazos; una que le estaba dejando saber que estaría dispuesta hacer más que solo bailar, pero Tom nunca se había sentido con tan pocas ganas de querer acostarse con alguien en su vida. Soltó el agarre con una sonrisa de disculpa.
—Es mejor que regrese, mi cerveza se calentara —Dijo. La muchacha lo miró boquiabierta antes de encontrar su dignidad y caminar lejos con su cabeza en alto.
Tom se preguntó por qué había rechazado a la muchacha así. No había estado con nadie, ni siquiera besado a alguien en los últimos dos meses. Su cuerpo dolía por caricias y acariciar a alguien especial. Solo que no tenía idea quién sería esa persona especial.
— ¿Te divertiste? —Bill le preguntó mientras regresaba a su cerveza y bebía un sorbo.
—Estuvo bien —Tom dijo.
Bill prepare un Martini seco con dos olivas y lo colocó en frente de una mujer rubia al lado de Tom.
—No pude ver nada malo sobre tu baile —Le dijo a Tom con una sonrisa.
Justo como Tom le hacía una mueca a su amigo, fue empujado por el hombro por un hombre que aparentemente había bebido más de lo que debía. Casi tropezando con su asiento al lado de Tom, el hombre se sentó y se inclinó en el mostrador.
— ¿Cómo es que una belleza puede estar trabajando detrás de una barra? Deberías ser la estrella de una película o algo —El hombre se dirigió a Bill y Tom tuvo que aguantarse en rodar sus ojos. ¿Acaso este imbécil realmente pensó que eso funcionaría?
Bill parecía haber decidido volverse sordo en ese mismo instante y continuó con su trabajo sin alzar la mirada. La mujer que trabajaba junto a Bill detrás de la barra le dio una amigable mirada y se acercó al hombre.
— ¿Puedo servirle algo? —La mujer preguntó educadamente.
—Nah, quiero que él tome mi orden —El hombre dijo grosero y asintió hacia Bill.
La mujer se alzó de hombros y le dio a Bill una simpática sonrisa.
Bill colocó el vaso en la vitrina después de secarlo y caminó hacia el hombre.
— ¿Qué puedo servirle?
Tom nunca había visto el rostro de Bill escaso de emociones. Usualmente estaba lleno de diferentes expresiones. Cuando Bill hablaba usaba su rostro casi tanto como su boca. Esa era una de las cosas que Tom había encontrado tan encantador de su amigo.
— ¿Qué te parece tu número telefónico? —El hombre sonrió de lado, obviamente sintiéndose divertido.
—Lo siento, eso no está en el menú hoy —Bill sonrió secamente. Tom tuvo que darle crédito a su amigo por seguir la corriente sin mostrar el desagrado que seguro estaba sintiendo por dentro.
—Entonces ¿cuando tengas horas libres, dulzura? —El hombre continuó, aún con una sonrisa en el rostro. No recibió una de regreso esta vez. —Me aseguraré de mostrarte algo de diversión —El hombre persistió.
Tom no pudo evitarlo esta vez. No podía estar sentado ahí sin hacer nada.
— ¿Por qué no lo dejas en paz? —Dijo fastidiado por el comportamiento del hombre. El hombre ebrio se giró lentamente hacia Tom y lo miró de pies a cabeza.
—Lo siento, no sabía que ya tenía compañía —Dijo alzándose de hombros antes de levantarse finalmente y caminar lejos con sus inestables piernas.
Tom meneó su cabeza y miró a Bill.
— ¿Son todos así? —Preguntó.
—Solo algunos —Bill dijo y continuó sirviendo cerveza en grandes vasos, alcanzándole a un hombre grande que había estado esperando impacientemente.
—Parece como si pudieras elegir al chico que quisieras —Tom dijo sonriente.
—No al que quiero —Bill murmuró antes de alejarse para tomar otra orden al otro lado de la barra.
Tom encontró difícil de creer que alguien rechazaría al muchacho pelinegro. Observó los delicados rasgos de su amigo, su cabello estilizado y su perfecto maquillaje. Se encontró así mismo preguntándose como luciría Bill en las mañanas antes de arreglarse, todo natural y con el cabello desordenado, libre de maquillaje. Tom apostó que aún luciría increíble.
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Más tarde esa noche, Tom hizo un sonido contento mientras dormía. Estaba teniendo el sueño más fantástico que alguna vez haya tenido, sobre una piel suave que tocaba la suya y un cabello sedoso que rozaba su rostro. Gimiendo, buscó por alcanzar esos labios deliciosos bajo esa cortina negra y encontrarse con una lengua, salvaje y con hambre, besándola apasionadamente. Sus dedos recorriendo gentilmente los hombros delgados para finalmente dejarlas descansar en la delgada curva en la espalda. Intentando sentir algo de alivio por su excitación, buscó jalar más de cerca las caderas tentadoras y juntarlas, pero fue en vano. No importa qué tanto abrazaba a la persona cerca de él, aún se sentía insatisfecho, como si la fuerza en sus brazos fuera inútil. Retrocedió su cabeza y miró a través de los oscuros ojos color miel. Pensó que reconocía esos ojos de algún lado, pero no podía recordar muy bien de dónde, y en su estado de sueño, no le importaba mucho. Siempre y cuando esas largas uñas estuvieran presionando a su lado y esa húmeda, boca hambrienta no desapareciera de su alcance. Hizo otro ruidoso gemido al sentir una dureza similar a la suya friccionando contra su vientre y despertó jadeante. De pronto dándose quien había estado dándole placer en sus sueños.
Se sentó rápidamente, notando que su miembro estaba duro y se frotó el rostro con una mano, respirando de manera pesada, para alguien que había estado dormido solo unos segundos antes. Aturdido, miró en la oscuridad de su habitación. Su mente corría. ¿Acaso había acabado de soñar que se besaba con Bill?
Continúa…
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