Tentación 2

Hola, este es un nuevo capi que espero que les guste, es algo divertido y al mismo tiempo asqueroso jajajaja, besos.

Tentación” Fic Twc de Aura Johannessen

Capítulo 2: Juego, Polvo y Matemáticas

—Me alegra que se lleven tan bien con ese chico— dijo Gustav. Mientras caminaba de vuelta a casa después de la escuela junto a su amigo Bill.

—Sí, es un buen chico— dijo mientras le regalaba una agradable sonrisa.

—Oye, pero ten cuidado, no quiero que te haga daño, si pasa algo, me avisas de inmediato— dijo el rubio mientras le guiñaba el ojo.

—Okey, pero, no te preocupes, a pesar de lo que ayer pudo haber pasado, no creo que sea algo malo—

Flash Back

—»Dios mío líbrame de esta»— se dijo así mismo el pelinegro.

—Perdón, me caí— dijo el rastudo, sin separarse del pecho de Bill.

—Huh, no importa, los accidentes ocurren— dijo entre risitas tímidas.

El rastudo decidió levantarse del cuerpo del otro, mientras lo ayudaba a levantarse también. Hasta volver a quedar sentados en su cama. —»Tal vez no sea muy buena idea hacerle esto. Creo que debería hacer otro plan para esto, debo conocerlo mejor para darle más confianza y así caerá a mis pies, algún día. Mientras, es mejor que ambos aprovechemos como amigos, puedo esperar»— se pensó el de rastas mientras sonreía en su interior.

El pelinegro, era tan bueno y puro que no sería capaz de caer en una trampa tan obvia como la de Tom. Solo quería un amigo, quería ser su amigo, para siempre. Con eso estaría feliz. Para él, la amistad era lo mejor en su vida.

—Sabes, creo que, iré el domingo a misa para verte cantar.

—¡¿En serio!?— preguntó el pelinegro asombrado.

—Claro, sé que soy ateo, pero la amistad es más importante para mí—

—Gracias Tomi— dijo mientras abrazaba con ternura al rastudo. Quien le respondió el abrazo.

Fin Flash Back

—Ten cuidado, tal vez esté planeando algo maligno contigo—

—No creo, Gustav, él es una persona amable y muy buena, a propósito, ¿cómo te llevas con Georg?—

—Ah, pues….— En ese momento, fue interrumpido por una voz que gritaba su nombre y corría por detrás de él de una forma muy graciosa tratando de alcanzarlo.

—¡Guuuuuuuuusssssstavvvvv!— gritó el chico. El rubio suspiró y miró hacia atrás donde estaba Georg, quien lo había buscado desesperadamente.

—¿Qué quieres?

—Necesito que me ayudes con la tarea de matemáticas, ah, hola Bill— lo saludó.

—Holi— respondió.

—Ves, de eso te estaba hablando Bill. Él nunca me deja en paz— dijo el rubio. A lo que el pelinegro comenzó a reír.

—¡Hola Bill!— gritó alguien más. El nombrado miró hacia la persona, era Tom. Sonrió y lo saludó.

—¿Qué tal, Tomi?—

—Genial, ah, necesito un favor—

—Okey—

—¿Puedes ayudarme con la tarea de matemáticas?

El pelinegro y Gustav se miraron confundidos y de la nada, comenzaron a estallar en risotadas las cuales eran muy contagiosas. Lo cual hizo que los otros dos adolecentes comenzaran a reír también, sin entender nada de lo que pasaba. —¿De qué nos reímos?— preguntó Georg entre carcajadas.

—No lo sé— respondió Tom entre risas.

—Tonto— A Georg le hubiera gustado insultarlo de otra forma, pero como estaba enfrente de dos santos no podía.

—Bueno, ¿qué les parece si los cuatro vamos a mi casa a hacer las tareas? — propuso Bill.

—¡Buena idea!— dijeron los demás.

Se dirigieron todos hacia la casa del pelinegro en silencio. Nadie había dicho ninguna palabra en todo el camino, lo cual los aburrió un poco. Hasta que llegaron a la casa. Donde comenzó toda la fiesta.

—Bien, vamos a la sala a hacer tareas— dijo el rubio.

—Okey— dijeron los demás.

Se sentaron en los asientos y cada uno sacó sus estuches. Mientras Gustav, haciéndose el profesor preparaba en una de las pizarras las cosas en lo que los ayudaría. Se acomodó los lentes miró a los demás, quienes estaban atentos, y juntó sus dos manos en un apretón como hacia el profesor de su escuela. —Bien.

—¿Bien?— preguntó Tom.

—Bien— repitió el rubio haciendo señas con sus manos. Lo cual confundió a Georg.

—Bien…..

—¿Eh?

—Bien………— repitió esperando y sin mucha paciencia.

—¡Deja tu «bien» a un lado y empieza «profesor» que nosotros no leemos la mente!— se quejó Georg. Bill aclaró la garganta, a lo cual todos prestaron atención.

—Se refiere, a que debemos sacar los cuadernos, el profesor siempre dice «Bien» al iniciar una clase. ¿Acaso no prestan atención?— preguntó el pelinegro.

—Ahhhhhhhhh— entendieron los más tontos. Gustav suspiró por su reacción tal sinvergüenza.

—¡¡¡Peeeero!!! El profesor necesita un café, en nuestra clase siempre tiene en su mano una taza de café— Se quejó Georg.

—Pero…— dijo Gustav

—Y no olvidemos que también tiene galletas de trigo cuando tiene hambre— interrumpió el castaño. —Si vamos a hacer esto bien, tiene que salir todo de acuerdo a como es en nuestra clase. Nuestro profe de matemáticas es gordito, y Gustav también lo es. Es uno de nuestros inicios. Luego, tenemos que poner la pizarra un poco más al centro, las sillas tienen que estar al frente y sus tizas no son de color azul son blancas, y…..— Siguió hablando.

—¡Basta!— se quejó el rubio. —Primero: No me estaba haciendo el profesor, solo quería que aprendieran bien. Segundo: No estamos jugando a la escuela y Tercero: No soy gordo.

Todos se callaron, jamás lo habían visto tan enojado. —Ah, disculpa, Gustav— el pelinegro levantó la mano para hablar. —No te enojes, en realidad, creo que la idea de jugar a la escuela no está mal, si les parece, tengo unas galletas y puedo hacer café— dijo el pelinegro nervioso.

—¡Perfecto!— dijo el castaño. Bill se levanto para ir a la cocina y preparar todo, mientras dejaba a los demás a cuidado del rubio. —Mm… es una casa muy bonita— dijo Tom interrumpiendo el silencio.

En un par de minutos, Bill volvió con un café para Gustav y galletas, comenzando con el juego, pero Georg, no había sacado sus cuadernos aún. —¡Sácalos!— insistió el rastudo.

—No— se negó.

—¿Por qué?

—porque no.

—A ver Georg, sácalos o le diré al profesor que te lleve a la sala del director— dijo el rastudo siguiendo el juego. A lo cual el pelinegro también quiso jugar.

—Sí, lo hará— se metió.

—Clase, callados o los llevaré a todos a la sala del director— amenazó Gustav. —Georg Listing, saca tu cuaderno en este instante.

—No, no, no y no.

—Atrévete a decirlo de nuevo— lo retó.

—¡Yo me atrevo! No y punto final. ¡Ya lo escuchó!— gritó el pelinegro dando un golpe en la silla. lo cual alarmó a todos. Era la primera vez que Bill se comportaba así. Pero solo era un juego.

—¡¡¡A LA SALA DEL DIRECTOR, AHORA, LOS DOS!!!— gritó Gustav.

Se dirigieron al escritorio donde. Tom, se sentó y con papeles en las manos jugando al director. —Oh, pero si es mi amigo Shäfer, Gustav Shäfer. ¿Qué lo trae por aquí?— dijo haciendo un acento americano.

—Estos dos chicos son unos malcriados, uno no quiere sacar su cuaderno y el otro responde de una forma indescriptible— dijo el rubio.

—A ver. ¿Por qué no sacas tu cuaderno?—

—¡Porque no!

—¡ya lo escucho! no lo obligue a hacerlo. Y si quiero responder es mi problema, no el suyo. ¡Me atrevo a hacer lo que quiera! Que me importa. Y si él quiere lo dejo copiarse de mi tarea.

—¿En serio?— preguntó Georg esperanzado.

—¡No!

—¡ALTO, VUELVAN A SUS CLASES Y NO VUELVAN A HACER ESO, SI NO LOS SACO DE ESTA ESCUELA!

—Pues entonces hágalo— lo retó el pelinegro.

5 minutos después…

—Genial Bill, tú siempre haces que las cosas sean mejores— dijo sarcásticamente Georg. Sentado entre el césped junto a Bill en el jardín de la casa, mientras los otros dos se burlaban de ellos desde la ventana de la casa.

—Les dije que los sacaríamos— dijo el rastudo entre risas por ver a los otros dos como perros abandonados.

—Pero, no me esperaba esa reacción Bill, eres increíble. Pensé que eras tranquilo, pero eres todo un tigre. Sabía que tenías un lado rudo.

—No es cierto, Georg, solo estaba siguiéndoles el juego, estaba divertido.

—Pero no era necesario que actúes de esa forma, pudiste haber sido el niño santo y seguirías adentro.

Bill se lo pensó, tenía razón. ¿Por qué actuó de esa forma? Era extraño. Pero de vez en cuando era bueno jugar un poco con los amigos, después de todo solo era un simple juego, no lastimaría a nadie.

—¿Por qué no querías sacar tu cuaderno?

—Ahhhh, bueno….

—Dilo.

—Vas a pensar mal de mí.

—Jaja, no lo haré Georg.

—Está bien.

3 minutos después.

Volvieron a entrar a casa sin que los otros dos se den cuenta, no sabían en donde andarían. Pero al menos ya estaban adentro. —bien, aquí está, ¿estás listo para ver esto?

—Sip.

—Okey.

Sacó el cuaderno y lo mostró. Mientras no se daban cuenta que los otros dos los espiaban desde una pared y los grababan con el celular de Tom. Querían saber porque no mostraba su cuaderno. —¡Por mis rastas esto es increíble!— gritó Tom cuando vio el cuaderno. Haciendo que los otros dos se den cuenta de todo.

—¡hey! Nada de cámaras.

—Esto lo tengo que grabar.

El cuaderno de Georg no era lo más normal del mundo. Dejó en shock a todos. Pues estaba cubierto de polvo completamente. Desde la portada hasta las páginas. Parecía como de hace mil años. —Dios mío— dijo Gustav.

—Por eso no quería sacarlo— les dijo. El único que hasta ahora, no había dicho nada, era Bill. Estaba en el shock más grande de su vida. Tanto que ni siquiera pestañaba.

—¿Ah, Bill?— preguntaron los demás.

—¡Vamos a quitarle el polvo!— dijo Tom apunto de soplarlo.

—¡NO!— trataron de tenerlo pero era tarde. Todo el polvo había caído a la cara del pelinegro lo cual lo hizo comenzar a actuar. —ven, se recuperó— dijo el de rastas sinvergüenza.

—Ahh, ahhhh, ahhhhhh, achis— estornudó el pelinegro como un gatito. Lo cual hizo reír al rastudo. Volvió a estornudar, y otra vez, y otra, y otra, hasta que comenzó a rascarse la cabeza mientras no paraba de estornudar.

—¿Estás bien?

—¡No! soy alérgico al polvo— dijo el pelinegro entre estornudo.

—¡¿Qué?!

—Tranquilos, yo le quitaré el polvo de encima— dijo Georg con un balde lleno de agua.

—No, no, no— lo detuvieron. pero muy tarde. Sin querer el castaño tropezó y dejó caer toda el agua directo al pelinegro mojándolo de pies a cabeza.

—¡¡¡PERO QUE INTENTABAS HACER!!!

—Solo debías poner tu cara ahí y el polvo se iría.

—¡TONTO! Sí mojas el polvo se hace húmedo y se pone más incómodo— dijo entre más estornudos.

—¿Qué hacemos ahora?— preguntó el rastudo.

—Hay que pensar.

Mientras pensaban. El pelinegro seguía a estornudos sin parar. Lo cual molestaba mucho a los demás. Porque no los dejaba pensar. —Salsa de tomate— susurró el rastudo.

—¿Qué?—

—Eso puede ayudar, sirve para sacar el mal olor, el tomate es muy útil, quizá funcione— propuso el de rastas.

1 hora después….

—Bien, ya estás cubierto de tomate, ahora traigan la manguera hay que quitárselo— dijo el rastudo. Se encontraban en el jardín entre varias latas de salsa de tomate y con Bill cubierto de esa salsa. —Parece sangre— dijo Bill entre estornudos.

En eso, trajeron la manguera y apuntaron hacia Bill. —Gustav, a la cuenta de tres y la enciendes— dijo Georg.

—¿Qué?— preguntó Bill asustado.

—A la una…

—No—

—A las dos…

—No—

—y….

—No—

—Tres— y el agua comenzó a salir directo hasta Bill quien se quejaba pero al mismo tiempo se reía.

—Esta fría.

—No es un Spa Bill— dijo Georg.

3 minutos después….

—ya está— dijo el rastudo orgulloso de tener a un Bill limpio.

—¿ya se te pasó?— preguntaron esperando.

—Ahhhh, ahhhhhh, ahhhhh

—¡¡¡Cúbranse!!!— gritaron. Y un tremendo estornudo salió de Bill. Haciendo que su cara se llene de mocos.

—Uhg, me dan un pañuelo por favor— pidió.

El de rastas miró su cara llena de verdes y asquerosos mocos. Lo cual le dio asco. —Creo que voy a…. a….— Y de la nada se volteó para vomitar.

—¡No en el césped!

—Qué asco— dijeron los otros dos comenzando a vomitar al igual que el otro. Para después comenzar a limpiar todo el desastre que habían hecho antes de que se den cuenta de lo que habían hecho.

Olvidándose completamente de las tareas.

& Continuará &

jajajajajaja. qué asco, espero que les haya gustado el capi besos.

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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