
Fic TOLL de lyra
Capítulo 21
Allyson se dejaba besar…hacía mucho desde el último, sin contar con el que logró robar al que aún era su marido en esos momentos…
Cerró los ojos y se dejó llevar por el beso, sintiendo como David le acariciaba el pelo gimiendo contra sus labios. Se aferró con fuerza a su cuerpo, dejando que sus lenguas se frotaran hasta que sintieron que le faltaba el aliento y tuvieron que dar por finalizado el beso.
Separándose entre jadeos, David se la quedó mirando sonriendo al ver como mantenía los ojos cerrados y lucía una amplia sonrisa en sus labios.
—Por favor Allyson—susurró poniendo ambas manos en sus hombros—Regresa conmigo a Boston??
Eso hizo que Allyson abriera los ojos de golpe y suspirara. ¿Qué hacía aún en Alemania? Estaba claro que entre Tom y ella ya no había nada, y solo se causaría dolor a ella misma pensando que a lo mejor podría tener una oportunidad más.
Y luego estaba Bill, le caía muy simpático pese a las circunstancias. No le quería hacer más daño, el pobre ya había sufrido más que suficiente.
Asintió con la cabeza para deleite de David, que le dio un breve beso en los labios.
—Esta tarde sale un vuelo, si nos damos prisas…—empezó a decir David.
—No puede ser tan rápido, el padre de Bill me ha ofrecido un puesto en el hospital—explicó Allyson—Tengo que decirle que al final lo rechazo y eso me llevará un par de días.
David asintió sabiendo el tiempo que llevaba tramitar el papeleo en los hospitales. No le quedaba más remedio que quedarse él también, ya fuera para vigilarla o ver si podía obtener algo más de Bill…como cierto trasero que no pudo evitar acariciar cuando lo tuvo delante de sus ojos…
.
Pasó el resto de la mañana actualizando historiales tal y como le habían ordenado, pero para la hora de comer ya se sentía lo suficientemente despejado para que le asignaran algún caso. Mientras terminaba de pasar el último historial que le quedaba, no pudo evitar sonrojarse al recordar el íntimo momento vivido con David…si hubiera sabido quien era, jamás le hubiera permitido que le ayudase, ni le hubiera mostrado así cierta parte de su anatomía…
Pero debía recordar que era médico…ambos lo eran, y no esperaba que se hubiera excitado al verle en esa postura.
Suspiró y dio su tarea por finalizada. Viendo que urgencias estaba algo calmada, decidió ir en busca de sus compañeros de piso y comer con ellos, o al menos con Gustav. De Georg aún no sabía nada, y era posible que estuviera algo resentido por lo de la noche anterior.
Subió a la salita en la que se cambiaban de ropa y abrió su taquilla. Cogió algo de dinero y se dirigió al bar del hospital. Se compró una ensalada de pollo y una manzana de postre. Pagó y con la bandeja de la mano echó un vistazo por el comedor. Localizó a Gustav comiendo acaramelado con su novia y le dio pena molestarlos, y como de Georg no había ni rastro se buscó una mesa libre y comió él solo.
Antes de que se terminara su hora vio como Gustav se despedía de su novia con un profundo beso y luego se dirigía a donde él estaba.
—Hey, ¿por qué no te has sentado con nosotros?—preguntó Gustav sentándose a su lado.
—Se os veía tan acaramelados…que no quise interrumpir—contestó Bill cogiendo la manzana y limpiándola contra una servilleta de papel.
Gustav se le quedó mirando alzando una ceja, en sus ojos había algo que no era capaz de descifrar.
—Lo dices por… ¿Tom?—se atrevió a preguntar—Nos ves tan enamorados y te recordamos una época en la que tú y él…
—Tom y yo hemos vuelto—le confesó Bill.
—¿Si?—preguntó Gustav sonriendo.
—O eso creo, de momento hemos quedado esta noche para hablar, pero yo ya estoy cansado de sufrir y estar solo—contestó Bill suspirando—Le echaba la culpa de todo y creo que he sido algo duro con él.
—Pues es estupendo, hacéis muy buena pareja—dijo Gustav con firmeza.
Bill sonrió agradecido por sus palabras, al menos uno de sus amigos veía con buenos ojos que lo suyo con Tom siguiera en pie. Terminó de comerse la manzana y regresó con su amigo a urgencias, donde le asignaron un caso a cada uno que les mantuvo entretenidos el resto de la tarde.
Cuando terminaron se reunieron en la salita a cambiarse de ropa mientras charlaban de lo duro que había sido el día. En eso estaban cuando la puerta se abrió y apareció el doctor Bailey.
—Kaulitz, tiene que hacer una guardia—informó de repente.
Bill sintió que se le abría el suelo a los pies. No podía ser, esa noche no. Miró a su alrededor en busca de alguien que le salvara, pero ninguno de sus compañeros quería tragarse su guardia. Y no estaba en posición de replicar, el doctor Bailey ya había sido muy considerado al no informar a dirección del estado en el que se había presentado. No le quedaba más remedio que aceptar su «castigo».
—Vete, ya me encargo yo—se ofreció Gustav.
—No, no importa—murmuró Bill volviendo a abrir su taquilla.
—En serio, Valerie está también de guardia y no me es ninguna molestia—insistió Gustav.
Bill asintió resoplando, en el fondo era lo mejor para los dos. Gustav pasaría esa guardia trabajando al lado de su chica, y él podría hacer las paces con Tom.
—Te la devuelvo en cuanto quieras—dijo Bill con firmeza.
Gustav asintió y se volvió a poner su uniforme mientras que Bill terminaba de atarse las playeras, arrugando la frente al escuchar el resoplido que vino de su derecha. Se volvió y vio a Georg, cruzado de brazos mientras observaba como Bill se colgaba su cazadora del brazo y salía por la puerta.
—¿Te pasa algo?—preguntó Gustav una vez a solas.
—No deberías hacerle tantos favores—contestó Georg visiblemente enojado.
—Es nuestro amigo—dijo Gustav, como si no hubiera otra explicación lógica.
—Pero debe aprender que esto es serio—estalló Georg—Para él venir al hospital es como irse de fiesta a ligar, mirando a quien se puede follar para subir un puesto…
—Pero…¿qué demonios te pasa con Bill?—preguntó Gustav sin acabar de entender su enfado—Cualquiera diría que te ha rechazado…
Dejó de hablar al ver la cara que puso Georg, como una palidez cubrió sus mejillas y sus ojos se llenaron de un profundo dolor.
—¡Georg!—susurró.
Georg le dio la espalda, no quería que fuera testigo de su dolor. No había podido impedir que sus ojos se le llenaran de lágrimas al recordar lo humillado que se sintió cuando Bill le confesó que seguía enamorado de Tom y que nada ni nadie le haría pensar de otra manera.
—Georg, ¿qué os pasó?—insistió Gustav en voz baja.
—Nos besamos, eso es lo que pasó—contestó Georg sin volverse—Le tenía medio desnudo bajo mi cuerpo, si el maldito doctor Trümper no se hubiera metido en medio, Bill y yo estaríamos juntos…yo le haría feliz, no como Tom que solo sabe hacerle llorar…
—Se aman, y tienes que aceptarlo te cueste lo que te cueste—dijo Gustav, sintiendo mucho sonar brusco.
—Lo sé…—murmuró suspirando Georg.
Cogió su cazadora y tras despedirse de su amigo salió de la salita. Caminó por el pasillo hasta llegar al ascensor. Lo llamó y mientras esperaba a que subiera se acercó a la ventana que tenía a su derecha y miró por ella.
Maldijo por lo bajo al asomarse, estaba justo encima del parking y bajo sus pies podía ver un coche con las luces encendidas y a su ocupante esperar fuera de el. La luz de las farolas le iluminaba y pudo reconocer quien era de inmediato. Al igual que la persona que se le acercaba. Pudo espiarles en silencio, ver como Tom ayudaba a Bill ponerse la cazadora y le rozaba los labios con un breve beso antes de rodear el coche y ayudarle a entrar primero.
—Que suerte tienes, cabrón—resopló Georg.
—Duele, ¿verdad?
Se volvió con rapidez a ver quien le había hablado. No se había dado cuenta de que Allyson Trümper se había colocado a su lado y también había estado espiando. Asintió levemente con la cabeza y Allyson suspiró al tiempo que se alejaba de la ventana.
—Supéralo Georg—dijo a modo de despedida—Es lo único que nos queda.
La vio entrar en el ascensor seguida de David Jost, que la cogió con firmeza de la mano y se despidió de él con una inclinación de cabeza. Le devolvió el gesto y se quedó un rato más en la ventana viendo como el coche arrancaba y se perdía en la lejanía.
Entonces se separó y tomó una difícil decisión. No podría vivir bajo el mismo techo que Bill sin pensar en lo que pudo ser, sin verle todos los días recién levantado de la cama conservando aún la calidez de las sábanas.
No, no podía hacerlo. Tendría que buscarse otro sitio donde vivir…y quizás trabajar….
Continúa…
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