Anatomía de Bill 27

Anatomía de Bill 27

Fic TOLL de lyra

Capítulo 27

Los ojos de Jörg Kaulitz se fijaron en su hijo, y la sonrisa de sus labios se esfumó de inmediato al ver quien estaba sentado a su lado. No era que el doctor Trümper le cayera mal, no, de hecho era uno de sus mejores médicos…pero lo que no entendía era como se había podido fijar en su hijo y hacerle pasar por lo que había pasado…

—Doctor Kaulitz—murmuró Tom poniéndose en pie.

Le tendió la mano y minutos después Jörg se la estrechó.

—Doctor Trümper—saludó con frialdad.

—La cena se enfría—intervino Stephanie, consciente del mal estar de su marido.

Jörg asintió y se sentó en la cabecera de la mesa sin apartar la mirada de su hijo, que inclinando la cabeza no dejaba de pensar que se había precipitado al querer presentar a Tom como su novio formal.

—¿Quieres vino, papá?—ofreció Natalie—Lo han traído Bill y Tom.

—Gracias cariño—murmuró Jörg.

Natalie le sirvió una copa y rodeó la mesa para servir a su hermano, que negó con la cabeza al tiempo que ponía una mano sobre su copa, gesto que fue imitado por Tom.

—¿Es que nadie va a beber?—preguntó Natalie sonriendo.

—Mañana trabajamos—explicó Tom sin necesidad.

—Una copa no hace daño—comentó Jörg—Lo malo es cuando te tomas más de una y no sabes lo que haces…o donde amaneces…

No tuvo más remedio que alzar la mirada y clavarla en su padre. Era como si supiera que de esa manera se habían conocido él y Tom, pero era imposible. No se lo había contado a nadie, ni siquiera a su madre.

Claro, que a lo mejor pensaba que era así como alguien como Tom podría haberse fijado en él, o acostado…si no estaba borracho, su padre no entendía que era lo que había visto en él…

Empezaron a comer en silencio, nadie se atrevía a alzar la mirada de su plato, la tensión que reinaba en el ambiente se podía cortar con un cuchillo. La única que parecía “divertirse” con la situación era Natalie, consciente de que esa cena iba a ser de lo más entretenida.

Jamás había visto a su padre tan alterado por la simple visión del novio de su hermano. Tom era muy guapo, de eso no cabía duda y hacían muy buena pareja. No entendía porque tenía algo en contra de eso, pensaba que la felicidad de su hijo era lo primero. Pero…claro, si te has pasado media vida ignorándole era lógico que tuviera ciertos reparos. Primero, tenía que aceptar que su hijo le había salido raro, y luego ver que el mejor se sus médicos era también gay y encima lo tenía sentado en la mesa a su lado.

—¿Más vino?—preguntó Natalie levantándose.

—No, gracias cariño—murmuró Jörg negando—Y tú tampoco bebas.

—¿Por qué no?—preguntó Natalie mirando fijamente a su padre—Es la única manera de encontrar divertida esta cena.

—¡Natalie!—la riñó Stephanie.

—¿Qué? ¡Si es la verdad!—estalló Natalie, cansada de tanta frialdad por parte de su padre—Teníamos que estar dándole la bienvenida a Tom a la familia, no tratándole como si fuera un extraño y deseando que la cena termine para que salga de casa.

—No sabes lo que dices—se defendió Jörg.

—Vamos papá., no hay más que ver la cara que has puesto nada más entrar por la puerta y verle. No te gusta, y no le quieres ver cerca de Bill porque de repente has empezado a preocuparte por él—dijo Natalie asintiendo con la cabeza.

—Por favor, esto no es necesario—intervino Bill algo cortado.

—Lo que realmente me preocupa—dijo Jörg como si su hijo no hubiera hablado—Es que alguien del talento de Tom no supiera tener más cuidado y dejara embarazado a tu hermano, luego le abandonara porque resulta que se le olvidó decirle que estaba casado y le diera igual que perdiera al bebé.

No pudo seguir escuchando, tenía los ojos llenos de lágrimas y antes de derramarlas sobre la mesa decidió levantarse. Dejó a un lado la servilleta y retirando la silla con cuidado se levantó y pasó al lado de Tom, apretándole el hombro con suavidad para que le siguiera. Si no eran bien recibidos ninguno de los dos en esa casa, no sabía que demonios pintaban en ella.

—Gracias por la cena—murmuró Tom dirigiéndose a Stephanie.

Se levantó y cogiendo las cazadoras que dejaran en el perchero del hall, siguió a Bill hasta el coche, donde le esperaba con las mejillas bañadas en lágrimas. Le abrió el coche y cerró la puerta tras él. Lo rodeó y poniendo el motor en marcha salió derrapando en la silenciosa noche.

.

—Estaréis contentos los dos—estalló Stephanie fulminando con la mirada a su marido e hija.

—Yo no he hecho nada—se defendió Natalie.

—Sabías como estaban las cosas y no hacías más que pinchar a tu padre—explicó Stephanie.

—Solo quería que quitara esa cara de decepción que llevaba—se explicó a su vez Natalie—Ya sabemos que Bill ha sido un “error” tuyo del pasado, pero me es simpático y es mi hermano. No puedes borrar el pasado papá, tienes que aceptar a Bill como es y que se ha enamorado de un buen médico, que encima es muy guapo.

Y tras soltar ese discurso, salió del salón y corrió a refugiarse en su habitación, consciente de que su madre haría entrar en razón a su padre.

—Jörg, di algo—pidió Stephanie.

Conocía a su marido, se estaba tragando él solo todo el dolor que había sentido al escuchar las muy ciertas palabras de su hija. Siempre hablaba de Bill como algo que no debería haber pasado, pero cuando supo que iba a seguir sus pasos y le tendría en su hospital bajo su cargo, su instinto de orgulloso padre hizo al fin acto de presencia.

No había noche que no le hablara de los progresos de su hijo, de lo bien que se hablaba de él en el hospital y lo orgulloso que se sentía al escucharlo. Pero jamás daría su brazo a torcer, no sería el primero en reconocer que había estado actuando de la manera equivocada en el pasado.

Su hijo le había necesitado, y él le había dado la espalda. Debería haber estado con él cuando más lo hubiera necesitado, aprender a escucharle y si su elección había sido que le gustaban los chicos, saber aceptarlo y comprenderlo.

—Ya veo—murmuro Stephanie levantándose de la mesa.

Recogió su plato y fue a la cocina, tirando el resto de su sabrosa cena a la basura. No lo entendía, otra en su situación no querría tener en su casa a alguien perteneciente al pasado de su marido, más cuando ella conocía en persona a “la otra”. Trabajaba de enfermera y aún sabiendo que Jörg estaba casado no le importó comenzar un romance a espaldas de su mujer.

Cuando vio a Bill esa noche por primera vez, se sintió algo avergonzada por lo que había hecho. Destrozar una familia con un niño pequeño de por medio, el mismo que tenía esa noche en la cocina esbozando una amplia sonrisa.

Pero…no pudo remediarlo, lo suyo con Jörg fue un flechazo. Solo podía hacer una cosa, aceptar a ese hijo como si fuera suyo y darle la bienvenida en su casa sobretodo por el bien de Natalie, se merecía tener contacto con su hermano y no tratarle como un extraño…que para eso ya estaba su padre…

.

Entraron en el coche en silencio, Tom arrancó y en media hora yacía en la cama al lado de un silencioso Bill. Le tenía a su lado, dándole la espalda. Le miraba a través de la oscuridad que les rodeaba, agudizando el oído hasta que escuchó el sonido que esperaba…un sollozo ahogado contra la almohada…

Cuando entraron en la casa, no le quiso decir nada y se fueron directos a la cama. Se metió en ella y tras darle un casto beso le deseó buenas noches y le dio la espalda suspirando. No se lo reprochaba, esa noche había sido muy dura y él solo quería consolarle.

Así que no se lo pensó dos veces y le abrazó por la espalda, apoyando la cara en la curva de su cuello suspirando. le besó mientras le escuchaba llorar por lo bajo, frotándole los brazos con las manos, susurrándole al oído que su padre vería las cosas de otra manera y al final aceptaría que su hijo se hubiera enamorado, demostrándole él que era la persona indicada para cuidarle.

Le sintió volverse en sus brazos y le acogió en ellos suspirando. Le acomodó contra su pecho y tras besarle el pelo, cerró los ojos de nuevo suspirando. Pero no se durmió hasta que le sintió hacerlo a él entre sus brazos, cansado por el llanto.

No entendía a su padre, siempre le pareció una buena persona y cuando supo lo mal que se llevaba con su hijo, siempre le quedó la esperanza de que arreglaran las cosas. Y cuando al fin parecía que sí, que se hablaban e incluso permitía que conociera mejor a su hermana, iba él y metía la pata al mostrarle cuanto amaba a su hijo.

Pero no era justo, que le mirara de arriba abajo pensando que no se lo merecía, más recordándole lo mal que lo habían pasado al perder ese bebé inesperado, y sacando a relucir su fracasado matrimonio. Ni que él fuera un santo…

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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