
Fic TOLL de lyra
Capítulo 9
En seguida llegaron al lugar y Valerio les acompañó haciendo de guía turístico para ellos. O más bien para Tom, pues de vez en cuando traducía a Bill lo que le contaba y este pronto empezó a aburrirse. Se puso a pasear por su cuenta, se hallaban en el jardín botánico y admiró algunas plantas suspirando.
A su espalda Tom hablaba con Valerio, o más bien tonteaba. Tenía que admitir que estaba bien bueno y si fueran otras las circunstancias y no se hubiera encaprichado de Bill, en esos momentos se lo llevaba a un rincón apartado y le hacía el amor sobre la hierba…
— Per fortuna in questo momento non molte persone e se vogliono fare delle foto essere migliore di mattina—dijo Valerio, ajeno a los pensamientos de Tom.
—¿Cómo?—murmuró Tom carraspeando—¡Ah! Hacer la sesión de fotos por la mañana, me parece bien, no habrá gente y no molestaremos a nadie.
Valerio asintió como si le hubiera entendido y sonrió. Entonces Tom decidió atacar, echando un vistazo a su alrededor para comprobar que en esos momentos Bill les estaba mirando.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?—preguntó mirando a Valerio—¿Posso farti una domanda personale?
— Oh, sì. In avanti—contestó Valerio sonriendo.
—¿Hai una ragazza?—preguntó Tom, conteniendo el aliento.
Valerio le miró antes de contestar pensando que le habían contratado para enseñarles posibles exteriores para una sesión de fotos, no para ponerse a ligar en medio del jardín botánico. Pero nadie se iba a enterar, y tenía claro que desde que viera a Tom empezó a sentir algo muy fuerte por él. Y en un momento llegó a pensar que estaba con Bill, pero al verle paseando él solo por su cuenta, o bien se habían enfadado o eran imaginaciones suyas.
—No, non c’è—contestó en un susurro.
—¿Fidanzato?—aventuró Tom, pues en realidad no sabía si Valerio era gay o no.
—Né vi è—dijo Valerio para alegría de Tom.
Tom sonrió y empezó a hacerle preguntas sobre donde vivía y su familia, descubriendo que se había criado en el hotel donde trabajaba. Su padre era recepcionista y su madre gobernanta. Tenía una hermana, Isabella, que tras casarse se mudó a Milán y trabajaba en una agencia de viajes mientras que él se dedicaba a hacer de chófer y camarero por la noche en el restaurante del hotel.
—Io non vivo in albergo, ho il mio appartamento—explicó Valerio alzando una ceja.
Tom sonrió ampliamente, tenía a Valerio donde quería. Ya le estaba proponiendo verse fuera del hotel, en su propio apartamento donde poder pasar un tiempo a solas y conocerse mejor.
—Perdonad si interrumpo.
La voz de Bill se dejó oír con la misma frialdad que se llevaba dejando escuchar esa mañana.
—No quiero interrumpir pero ¿vamos a pasarnos toda la mañana aquí de pie?—preguntó Bill cruzándose de brazos.
—No claro—contestó Tom sin dejar de sonreír—Estaba hablando con Valerio de su familia. Pero ya hemos terminado, ahora podemos explorar los jardines.
—No hay más que plantas y más plantas, ¿qué quieres ver?—dijo Bill resoplando.
Estaba enojado y Tom no quería eso, le había descuidado hablando solo con Valerio y quería darle celos, no que se enfadara por tenerle de sujeta velas.
—Ci dispiace Valerio, Bill e devo parlare di lavoro—murmuró Tom carraspeando.
Valerio asintió y tras decirle que le encontrarían donde había dejado aparcado el coche les dejó a solas.
—¿Qué le has dicho?—preguntó Bill.
—Que teníamos que hablar de trabajo—contestó Tom—Porque para eso hemos venido, ¿no?
Bill asintió y dejando a un lado su enfado echó a andar tras Tom quien parecía haberse estudiado los jardines donde estaban de arriba abajo.
—Valerio me ha comentado que por las mañanas no suele haber mucha gente y podíamos hacer las fotos entonces—repitió Tom sin dejar de caminar—Bajando por esas escaleras vamos a dar al Bosque de Capodimonte , que servía de coto privado de caza de la familia real y acogía las instalaciones de la fábrica de porcelana. Desde allí hay unas magníficas vistas del golfo de Nápoles y de la ciudad.
Bill le tuvo que dar la razón, una vez dejaron atrás el jardín botánico se adentraron en un bosquecito donde había unas vistas de Nápoles realmente magníficas.
—Mira, allí hay unos bancos para sentarnos—señaló Tom.
Estaban algo apartados pero eran ideales para poder mantener una conversación en privada o poder hacer algo sin que nadie les viera. Le tomó del codo y le llevó hacia uno de los bancos, sentándose en el suspirando.
—Hace una mañana preciosa—comentó estirándose.
Bill asintió y se acomodó mejor en el banco. Levantó la cara y cerrando los ojos disfrutó del sol de la mañana.
—¿Y tú desde cuando sabes italiano?—preguntó de repente.
—En este trabajo hay que saber muchos idiomas—contestó Tom sonriendo—Para poder hablar con los modelos y poder entenderte.
—Eres el primer fotógrafo que conozco que sepa idiomas—murmuró Bill con los ojos cerrados.
—Lo pone en mi curriculum—apuntó Tom.
—No lo sé, no lo he leído—apuntó Bill a su vez—Robert no me cuenta nada de la empresa que no esté relacionado conmigo.
Mencionar a su novio hizo que el corazón le diera un vuelco, no tenía noticias suyas desde hacía un día y estaba que se subía por las paredes. De ahí que hablara con tanta frialdad a la gente, y que le molestara que Tom primero tonteara con Natalie y luego con Valerio.
Sacudió la cabeza y abrió los ojos, sentía que nuevamente las lágrimas acudían a ellos y no quería echarse a llorar de nuevo ante Tom. Aún estaba fresco el recuerdo de lo que pasó la otra vez…ese beso que jamás se debieron dar…
—Tendríamos que seguir mirando exteriores—murmuró carraspeando.
Estaba a punto de ponerse en pie, pero Tom le retuvo cogiéndole por la muñeca.
—No hace falta seguir mirando, a mi este lugar me parece bien—dijo Tom sin soltarle.
—Seguro que hay más sitios para ver y todos igual de bellos—comentó Bill tratando de soltarse.
—Nos costará elegir y la verdad, este me ha encantado y no podemos pasarnos todo el día mirando—insistió Tom—Quedémonos unos minutos más, disfruta de las vistas.
Se apresuró a soltarle para que no viera lo desesperado que estaba para que se quedase. Estaban a solas y tenía que aprovechar la situación, se le acababa el tiempo.
—Si quieres te puedo enseñar algo de italiano—dijo sonriendo—O de francés.
—Francés ya sé—apuntó Bill con orgullo.
—¿Sí?—inquirió Tom, como si no le creyera.
—Je parle parfaitement le français, grâce—soltó Bill para su asombro.
—Et vous prononcez très bien—dijo Tom sonriendo—¿Has viajado alguna vez a París?
—Varias veces, siempre por motivos de trabajo—contestó Bill suspirando.
—Pues yo nunca he estado allí—apuntó Tom.
—La última vez que fuimos Robert y yo nos quedamos una semana más—recordó Bill con cierto dolor—Fue el último viaje que hicimos, una semana después empezó a sentirse mal y acudió al médico.
—¿Qué es lo que tiene?—se atrevió a preguntar Tom.
—Está mal del corazón —contestó Bill en un susurro—El tratamiento ya no surge efecto, ha perdido mucho peso y por más que le pido que reduzca el ritmo de trabajo no me hace caso. Dice…dice que sabe que se puede morir, que quiere dejarlo todo bien atado para que a mí no me falte de nada. Sabe que tras su muerte David querrá tenerme lo más lejos posible y quiere asegurarse que otros diseñadores cuenten conmigo.
Tom le escuchaba en silencio, conocía parte de la historia por los chismorreos que corrían por la empresa, pero oírlo de los labios de Bill…escuchar su voz quebrada y ver cómo el labio inferior le temblaba…
—Lo siento mucho—susurró cogiéndole de nuevo de la mano—Si hay algo que pueda hacer, por favor dímelo.
—No se lo digas a nadie—pidió Bill—Robert no quiere que se sepa aún, los médicos no saben cuánto tiempo le puede quedar de vida y si se supiera estaría agobiado por la prensa y lo que necesita en estos momentos es descansar.
—Puedes confiar en mí—prometió Tom con firmeza.
Bill asintió y llevándose una mano a los ojos se los secó son disimulo suspirando.
—Háblame de otra cosa antes de que me ponga a llorar—pidió sonriendo con esfuerzo.
—¿Qué quieres saber?—preguntó Tom imitándole.
—¿Cómo es que siendo tan joven eres ya un reconocido fotógrafo?—preguntó Bill.
—Porque soy muy bueno—contestó Tom riendo—No, en serio. Siempre me gustó la fotografía desde niño y desde que mis padres me regalaron una cámara no paré de fotografiarlo todo. En el colegio se dieron cuenta de mi talento y me ayudaron a llegar hasta donde estoy.
—¿Tienes algún hermano o hermana?—preguntó Tom con interés.
—No, no tengo—contestó Tom suspirando—¿Y tú?
Bill negó con la cabeza, la verdad era que Tom le había dado la impresión de que venía de una familia numerosa y no que se encontraba tan solo como él. Bueno, se le notaba el cariño con que hablaba de sus padres, y él tenía a Robert, todo el tiempo que Dios se lo quisiera dejar…
—Te invito a comer—saltó Tom de pronto.
—¿Cómo?—preguntó Bill sin entender.
—Que tengo hambre—dijo Tom sonriendo—Y he pensado que seguro que por aquí hay un buen restaurante. Y que me gustaría invitarte. Así hablamos, tú me cuentas tus experiencias como modelo y yo como fotógrafo.
La verdad era que sintió que se ponía triste de nuevo y quería animarle. Y ya se esperaba una respuesta negativa por su parte, pero se llevó una gran alegría al verle asentir con la cabeza.
—Despide a Valerio—dijo Bill poniéndose en pie—Demos un paseo y luego ya cogeremos un taxi para volver.
Tom asintió y se levantó también, muy feliz de que a Bill se le hubiera ocurrido al genial idea de mandar a Valerio de regreso al hotel. Tal y como había planeado, Bill se había sentido realmente celoso de su tonteo con Valerio y que le hubiera estado ignorando.
Continúa…
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