
Fic TOLL de lyra
Capítulo 19
El vuelo transcurrió con normalidad, Bill y Tom hablaron sobre la sesión de fotos de esa tarde y cuando quisieron darse cuenta ya aterrizaban en Berlín. Bajaron del avión junto con el resto del equipo y tras recoger su equipaje subieron a uno de los coches que les esperaba. Fueron directos a Modas Miller y allí pudo Bill al fin hablar con Robert, a quien saludó con un profundo beso en los labios al que siguieron otros más breves.
—Te he echado mucho de menos—susurró entre beso y beso.
Robert sonrió y sintiendo que le faltaba el aire se separó con Bill con esfuerzo, quien se sonrojó al darse cuenta de su arrebato.
—Tienes muy buen aspecto—comentó Robert sonriendo—Hasta has cogido algo de color.
—Estuvimos paseando por el parque—explicó Bill con naturalidad—Y hoy teníamos previsto ver algo más de Hannover, pero al final no pudo ser.
—Lo siento mucho, pero las fotos de hoy son muy importantes—explicó Robert a su vez—Serán a la tarde, después de comer. Primero quiero que descanses.
—¿Comemos juntos?—preguntó Bill.
—Claro que sí—contestó sonriendo Robert—Podemos irnos ya a casa. Solo vine a la empresa para recibirte en persona y entregar unos documentos importantes a Dunja.
Bill sonrió encantado y colgándose de su brazo salieron del despacho. En su mesa estaba Dunja trabajando quien les saludó y siguió con lo que estaba. Por el camino se encontraron con Tom hablando con Andreas y Robert se paró a hablar con él.
—¿Qué tal el desfile de ayer?—preguntó con educación.
—Todo salió perfecto—contestó Tom muy serio—No hubo ningún problema.
—Estupendo, cuando tengas las fotos ven a verme al despacho—dijo Robert a modo de despedida.
Tom asintió y le devolvió a Bill la sonrisa que le dirigía, suspirando sin poder evitarlo.
—Estás pillado—susurró Andreas entre risas.
—¿Cómo?—carraspeó Tom.
—Se te ve muy enamorado—dijo Andreas con cierta envidia—Y como ya te dije hace tiempo, ten mucho cuidado. Bill es el novio del jefe y si tratas algo te puedes ver de patitas en la calle.
—Tengo unas horas libre antes de ponerme a trabajar—dijo Tom cambiando bruscamente de tema—¿Quieres que te invite a comer o no?
Andreas no se hizo de rogar y como él ya había terminado de trabajar se colgó del brazo de Tom y salieron a comer. Fueron a un restaurante demasiado caro para el gusto de Andreas.
—Podíamos haber ido a un McDonald—murmuró haciendo como si leyera la carta.
—Estoy cansado de tanta pizza y hamburguesas—explicó Tom—Pide lo que quieras.
—Esto es realmente caro—silbó Andreas tras echar un vistazo a los platos—Últimamente gastas mucho dinero, deberías controlarte.
—¡No gasto tanto!—se defendió Tom.
—¿No? ¡Tu armario rebosa de ropa nueva!—exclamó en voz baja Andreas.
—Eso son…regalos—explicó incómodo Tom—De los diseñadores para los que desfiláis tú, Bill y los demás. Quieren que enseguida les tenga las fotos listas y me…digamos que me sobornan con ropa.
—¿Te has acostado con alguno?—no pudo evitar preguntar Andreas.
—¡Claro que no!—gritó Tom sin querer—¿Cómo puedes pensar eso?
—Perdona, es que se me ocurrió que tal vez…—dijo Andreas carraspeando—Y como tú y yo hace meses que no nos acostamos juntos, pensé que te veías con alguien, un diseñador por ejemplo.
—Claro que sí, David y yo nos vemos todas las noches y follamos como conejos—gruñó Tom procurando no elevar la voz.
Había varias mesas cerca a la suyas ocupada por clientes del restaurante, todos ellos muy trajeados que los miraban por encima de sus hombros pensando que ellos no estaban en el lugar adecuado, por muy de marca que fueran sus ropas, pues en ese momento Tom vestía de la marca Dsquared y Andreas le había cogido una camisa de seda negra de Dior.
Ya le habían dirigido una fulminante mirada cuando gritó sin querer minutos antes, y estaban más pendiente de su conversación que de las suyas. Rezaba para que no hubieran oído sus últimas palabras, solo faltaba que les echaran del restaurante por decir groserías.
—Ay, no me hagas reír—pidió Andreas entre risas—¿Tú y David? ¡Antes te rapas al cero!
—Pide de una vez y déjate de tonterías—suplicó Tom escondiéndose tras su carta—Nos está mirando la gente, no hagas que nos echen.
Andreas asintió y tras leer por segunda vez la carta hizo al fin su pedido al igual que Tom. El camarero les sirvió al momento y mientras comían Tom le habló del pase de modelos de Hannover, viendo como los ojos de Andreas se abrían como plato. Sintió pena por él, hubiera dado todo lo posible por haber hecho que le incluyeran en el pase pero no era él quien tomaba las decisiones, y no quería abusar más.
Llegada la hora de regresar al trabajo, Tom pagó la cuenta y fueron dando un paseo. Andreas tenía la tarde libre y decidió hacer la compra de la semana, él solo una vez más.
—¿Llegarás a tiempo para cenar?—preguntó Andreas una vez llegaron a Modas Miller.
—La verdad, no lo sé—contestó con sinceridad Tom—Las fotos de hoy se pueden alargar. Son muy importantes y el señor Miller quiere que les dedique absoluta dedicación.
Andreas asintió suspirando, últimamente no coincidía con Tom en el piso que ambos compartían, solo se veían en la empresa. Por la noche Tom regresaba a veces tarde y él o ya estaba acostado o había salido a divertirse un rato.
—Mañana te prometo que haré todo lo posible por llegar a casa a tiempo—prometió Tom al ver el gesto de tristeza que le recorría la cara—No es justo que lo hagas tú todo, llevo una temporada que ni limpio ni hago la compra ni nada.
—Estás ocupado, lo sé—dijo Andreas quitándole importancia—Y no te entretengo más, Bill te debe estar esperando.
Tom sacudió la cabeza y se despidió de su amigo con un breve beso en los labios. Se fue directo al sótano, Bill ya le esperaba sentado antes un espejo con Natalie maquillándolo. En esos momentos le daba brillo a sus labios y Tom se los quedó fijamente mirando, pensando en los jugosos que parecían y las ganas que le estaban entrando de besarlo….
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Casi dos horas después Tom sacaba su última foto. Bill se veía muy cansado, no habían parado desde que regresaran de Hannover y él también se moría por irse a casa.
—Perfecto Bill, hemos terminado—comentó bostezando.
Bill sonrió y mirando la hora en su reloj de pulsera nuevo corrió donde había dejado sus cosas.
—¿Es nuevo?—preguntó Tom de repente.
—¿El reloj?—preguntó Bill, viéndole asentir—Sí, me lo acaba de regalar Robert.
—Oh… ¿es tu cumpleaños?—preguntó Tom acercándosele.
—No, es…una especie de aniversario—murmuró Bill, dejando que Tom le cogiera por la muñeca para observar mejor su regalo—Hoy hace 6 años de nuestro primer beso.
—Un momento muy especial—comentó Tom soltándole la muñeca.
—Precisamente fue aquí—siguió explicando Bill—Yo había terminado de posar y me llevó aparte para hablarme de unos modelos nuevos que acababa de diseñar. Era una mentira para poder estar a solas mientras…se me declaraba con un profundo beso.
Tom le escuchaba en silencio, viendo como los ojos le brillaban con una luz especial. Se le veía muy enamorado, y él no podía evitar tener celos.
—Debo irme corriendo—dijo Bill sin dejar de sonreír—Quiero llegar antes de que Robert esté dormido, esa nueva medicación le da mucho sueño.
—Claro…nos vemos mañana—se despidió Tom forzando una sonrisa.
Bill se la devolvió y tras coger su bolsa se despidió de él con la mano y echó a correr por el pasillo. Tom esperó unos minutos y entonces sacó el móvil, marcando un maldito número.
—No puedo, lo siento—dijo nada más le cogieran la llamada—Sí…lo sé, pero… ¿de verdad? No lo sabía, lo siento. Deme algo más de tiempo…poco, lo sé…
Colgó la llamada y se guardó el móvil en el bolsillo de la cazadora, suspirando al pensar que el tiempo se acababa.
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Al día siguiente fue a trabajar con un nudo en el estómago, estaba más silencioso que de costumbre. A su lado, Andreas lo había notado y decidió no decir nada. Tom condujo en silencio y una vez dejado bien aparcado su coche nuevo entraron en Modas Miller.
—¿Te tomas un café antes de empezar a trabajar?—preguntó Andreas, rompiendo al fin el silencio.
Antes de que Tom pudiera contestar se les acercó Dunja y le hizo una señal con la mano.
—Creo que no—murmuró Tom suspirando.
Se despidió de Andreas y fue donde Dunja le esperaba, pensando en que muy importante debiera ser si había bajado casi hasta el parking para buscarle.
—El señor Miller le quiere ver—explicó Dunja.
—Ahora mismo no puedo, tengo trabajo pendiente—contestó Tom—Tal vez a la hora de comer…
—Es muy importante, el señor Miller quiere verle ahora—cortó Dunja con brusquedad.
Tom resopló por lo bajo y asintió con la cabeza. Se dirigió al ascensor y subió a la planta donde estaba el despacho de Robert Miller. Llamó con suavidad a la puerta y entró cuando recibió permiso. Observó con sorpresa que Bill estaba allí también y lucía un triste gesto en su cara.
—Siéntate Tom—invitó Robert señalando otra de las sillas que había ante su mesa.
—Señor, siento el retraso en el trabajo, pero…—empezó a decir Tom.
—Las fotos de ayer no valen—cortó Robert—Ha llamado el cliente y ha cambiado de opinión. Me temo que tú y Bill tendréis que repetirlas.
—Hoy no va a poder ser, tengo trabajo pendiente con Georg y Andreas—explicó Tom—Y las fotos deben estar para mañana por la mañana.
—Entonces hazlas después—dijo Robert mirándole fijamente—Siento haceros trabajar de noche, pero te pagaré las horas extras.
—No es por el dinero señor, yo no…—insistió Tom en vano.
—Tom, hagamos las fotos, no pasa nada—intervino Bill en un susurro.
Le miró alzando una ceja, Bill también le miraba con una muda súplica en su mirada. “Por favor, no le lleves la contraria”. Tom resopló y asintió con la cabeza a modo de respuesta.
—De acuerdo, pues manos a la obra—dijo Robert poniéndose en pie—Si ya no hay nada más que decir, regreso a casa. El médico me ha aconsejado que deje ya el trabajo y lo voy a hacer poco a poco, el resto lo haré desde casa. Ahora mismo Dunja me está preparando unos documentos que he de repasar y me llevaré el portátil para estar en contacto con todo lo que ocurre.
—Te acompaño al coche—se ofreció Bill poniéndose también en pie.
Robert asintió y cogiéndose a su brazo salió del despacho caminando con cierta dificultad. Tom espió a la pareja a través de la puerta entre abierta, como se paraban ante Dunja y recogían una carpeta que les entregaba para luego dirigirse al ascensor y de ahí al parking.
Suspiró y recorrió el despacho en el que estaba con la mirada, recordando la extraña manera en que empezó su primer día de trabajo….
Continúa…
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