Tom FIN

Tom FIN

Administración: Hemos llegado al capítulo final de este Mini-Fic, así que disfrútenlo y dejen su amor a la autora, ya que esta historia ha marcado su regreso al fandom.

«Tom» Fic TOLL de Leonela Paredes

Capítulo 5

—Amor —habló desde la distancia. Mi hijo se devolvió a aquella dirección. Yo cerré los párpados prediciendo un desastre—, el agua caliente comenzó a salir fría otra vez. Llamaré al plomero en cuanto… —dejó de hablar cuando llegó a la sala de estar y se anotició de la inesperada visita—. Thomas… —expresó en un susurro mientras la mano con la que sostenía la toalla que sacudía su rubio cabello mojado, descendía, acompañando la incredulidad en su rostro.

—Así que aquí estuviste todo este tiempo —dijo su expareja y su cara se transformó—. ¡Me dejaste para venir a revolcarte con mi padre, maldito infeliz! —agregó e intentó írsele encima, pero lo detuve de inmediato al cogerlo con firmeza por un brazo.

—Thomas, detente.

—¡Tú, suéltame, traidor hijo de puta! —se zafó y me empujó.

—¡Tranquilízate, Thomas! —exclamó el pequeño y se acercó a nosotros manteniendo la distancia con mi hijo; bordeó la mesa central para llegar a mí y cubrirse. Estaba claro que le temía—. ¡No tienes que hacer esto!

—¡Cierra la puta boca, maricón asqueroso! —sentenció apuntándole con su dedo índice y me puso atención otra vez.

—¡No le faltes al respeto! —espeté alzando la voz. Aparté su mano de un guantazo, no muy fuerte, aunque de igual modo entrecerró los ojos manifestando su ira.

—Ahora entiendo por qué mamá te odiaba tanto. Eres un viejo marica que le gusta follar niños —escupió con expresión de asco mientras daba un par de pasos hacia mí. Alcé mi mentón levemente y apreté los puños a los lados de mi cuerpo conteniendo las ganas de írmele encima y molerlo a golpes—, me sorprende que no hayas abusado de mí durante el poco tiempo que vivimos juntos.

Y fue suficiente. Le di un puñetazo en el rostro, tan fuerte, que lo hizo tambalear y retroceder.

—¡Tom! —exclamó el pequeño y sentí sus manos a los lados de mis hombros como acto reflejo al intentar detener un suceso ya efectuado. Hice un gesto hacia atrás, a palma abierta, indicándole que no interviniera.

Mi hijo llevó su mano al sitio dañado y se la miró; acababa de partirle el pómulo izquierdo. Internamente no pude evitar sentirme satisfecho por haber podido cobrarme una de las tantas veces que él le había pegado a mi pequeño.

Me miró con los ojos muy abiertos e inyectados en furia.

—Aquí el único abusivo y violador, eres tú, Thomas —comencé a decir al tiempo en que un gran enojo se me trepaba por los tobillos tras recordar la angustiante confesión de mi actual pareja acerca de todo por lo que tuvo que pasar al convivir con él. Su semblante cambió a uno de desconcierto—. Has maltratado a Bill durante todo el tiempo que vivieron juntos, lo has obligado a tener sexo sin su consentimiento y lo has humillado —abrió la boca en señal de querer decir algo, pero me apresuré a continuar hablando—; y, como si fuera poco, te has convertido en un drogadicto al igual que lo fue tu madre —sus ojos se abrieron como platos y sus cejas se alzaron hasta el cielo en señal de completo asombro—. Ahora vienes a mi casa ¿a reclamar qué?, ¿el haber sido abandonado finalmente por Bill? ¿El hecho de que Bill haya escogido rehacer su vida lejos de ti, ya que fuiste la persona que, en vez de protegerlo y respetarlo como su pareja, solo lo humilló y maltrató?

—Papá, tú no entiendes…

—TÚ eres el que no entiende, Thomas. Tú no entiendes lo que es respetar a otra persona como tampoco sabes querer. Quien siente asco y una profunda decepción, soy yo —le eché una rápida mirada de arriba abajo—. No puedo creer que un hijo mío, con quien comparto mi sangre, sea un adicto abusador. Eres una vergüenza. Vete de mi casa ahora mismo.

Lo cogí de un brazo sin pizca de amabilidad y lo conduje hacia la puerta de entrada. De pasada tomé las llaves del apartamento, ya que pensaba acompañarlo hasta la salida y asegurarme de que no tuviera oportunidad de volver a entrar. Poco me importó estar en ropa interior y salir así. Volteó su rostro de repente.

—Ratoncito, escúchame… —trató de conmover a mi pequeño, pero tiré más fuerte de él para que no lo mirara.

—Su nombre es Bill y no tienes derecho a dirigirle la palabra —sentencié y cerré la puerta al salir.

Bajamos por el ascensor.

Tiré de su brazo hasta ambos estar fuera del edificio.

—No quiero volver a verte por aquí, ¿has entendido, Thomas?

—Hijo de perra… Te acuestas con mi pareja ¿y soy yo el que tiene que irse?

—¿Tu pareja? —enarqué una ceja sin poder creer su descaro al llamarlo así—. Admítelo. Jamás consideraste a Bill tu pareja de verdad. Solo lo utilizaste para el sexo virgen del cual siempre te alimentaste, tal y como me informó tu abuela al enviarte a vivir conmigo —sus ojos se abrieron de par en par. Acababa de desenmascararlo—. Sí, conozco tu lado oscuro, Thomas Wieger y me arrepiento de no haber actuado a tiempo sobre ello años atrás. Tu abuela se cansó de lo problemático y desvergonzado que eras, y de ver que buscabas chicos más jóvenes que tú, inexpertos en el sexo, para satisfacer tu sucio morbo.

—¡Esa vieja infeliz solo escupe mierdas, porque me odia! —se defendió alzando el tono de voz. Su rostro estaba completamente enrojecido de la cólera que, era obvio, lo atravesaba—. ¡Es una puta mentirosa y tú un malnacido traidor que le cree! —añadió atinando a atacarme, pero atajé su puño antes de que me tocara y volví a golpearlo en el rostro para enseguida empujarlo y así mantenerlo alejado del edificio por si intentaba ingresar de nuevo.

—¡Se acabó, Thomas!

—¡Te denunciaré por haberme atacado, maldito!

—Adelante, hazlo —lo animé con sarcasmo—. Estoy muy seguro de que la policía le creerá toda la historia a un joven de veintitantos que hiede a marihuana y todo su semblante grita que está drogado —reí, pero de inmediato me puse serio y le apunté con mi dedo al aproximármele un poco. Su ceño se frunció y noté el movimiento de su nuez al tragar saliva—. No vuelvas a acercarte a Bill ni a regresar aquí, para nada, porque olvidaré que eres mi hijo y te entregaré a las autoridades tras denunciarte por violación y posesión de drogas ilegales —parpadeó—. Porque no me creo el cuento de que solo te drogas con unas petas. Tu abuela también estaba harta de lidiar contigo luego del fallecimiento de tu madre, a causa de una sobredosis, porque tú ibas por el mismo camino. Otro motivo por el que te envió conmigo: para que tuvieras todo tipo de límites. Y lo intenté mientras vivimos bajo el mismo techo. Ahora, a tu edad, ya no depende de mí lo que decidas hacer con tu vida. ¿Quieres arruinártela echando a la basura los valores que te he transmitido para ser una persona de bien, sana y respetable? De acuerdo: hazlo. Es tu vida. Pero no quieras arrastrar a Bill contigo, porque eso sí que no lo permitiré —hice una breve pausa aguardando porque asimilara todo lo que estaba diciéndole—. Ya lo he puesto al tanto de tu verdadera historia, ya que, la que tú le contaste, no fue más que una gran mentira para quedar como la víctima y que él no temiera ponerse en pareja contigo.

Noté que tragaba saliva nuevamente.

—Estoy más que seguro que has vuelto a esnifarte o inyectarte alguna de esas mierdas otra vez. ¿Quieres acabar como tu madre? Bien, adelante; pero ya te lo he dicho: lejos de Bill y de mí, o te enviaré a la cárcel. A partir de hoy, te las arreglarás por ti mismo si es que de verdad quieres terminar la carrera de medicina. Yo no te daré más dinero. Al fin y al cabo, te lo terminas gastando en drogas y quién sabe qué otras porquerías. Así que, ahora desaparece de nuestras vidas si no quieres más problemas. ¿He sido claro, Thomas?

Esperé por una respuesta que sabía que jamás llegaría y lo miré de arriba abajo una última vez. Mecí levemente mi cabeza de izquierda a derecha, totalmente decepcionado, y me marché.

Ingresé al departamento.

—Tom, ¿qué pasó? —cuestionó mi pareja, recibiéndome en la puerta, ni bien entré—. Estás bien…

—Tranquilo, pequeño, todo está bien —contesté y me abrazó.

—Tuve tanto miedo… Thomas tenía esa misma expresión previa a cuando iba a darme una paliza. Estaba realmente muy enfadado y temí que pudiera lastimarte.

—No iba a hacerme nada, mi amor. Como tampoco iba a permitir que te hiciera algo a ti —lo hice mirarme al cogerlo con suavidad por un lado del rostro—. Mi hijo ya no volverá a molestarnos.

—¿Cómo estás tan seguro? Desde que volvió a intoxicarse, descubrí lo rencoroso que es…

—No permitiré que vuelva a ponerte un dedo encima. Lo juro.

&

—No olvidas nada, ¿verdad? —pregunté cruzando la puerta principal del edificio y saqué mi móvil para pedir el Uber que nos llevaría al aeropuerto.

—Tengo pasajes, documentos, valija…; tengo todo —respondió con una sonrisa y alzó la cabeza para verme—. ¿Tú?

—Sí, pequeño. Dejé todo preparado anoche para que hoy no demoráramos en partir. Aunque igual nos demoramos…

—No te quejes ahora. Mientras te montaba en la mañana, no te quejaste —soltó como quien te dice la hora y yo abrí mis ojos como platos.

—Shh, pequeño, por favor… —miré hacia todos lados rogando internamente que nadie haya oído nada. Por suerte era muy temprano, por ende, podía decir que nos hallábamos solos en la cuadra.

—¿Qué? No seas tan perseguido, Tom. A nadie le importa de lo que hablamos. Además, ¿cuál es el problema en que nos oigan? —se aproximó a mí y me cogió por la chaqueta con fuerza—. No me avergüenza decir que disfruto la manera tan salvaje en la que mi hombre me hace el amor.

Me besó. Por obviedad le correspondí, no sin antes sorprenderme y a la vez sentir un fuego interno al escucharlo, ya que el pequeño tenía el poder de encenderme con tan solo un roce o unas simples palabras.

Percibimos unos ruidos y movimientos a nuestro lado, entonces nos separamos.

Nos corrimos de la entrada con todo y equipaje para dejar pasar al hombre de la mudanza a quien le ayudamos a ingresar tras sostenerle la puerta, ya que estaba cargado con unos enormes bolsos que le dificultarían abrir. Al parecer, tendríamos nuevos vecinos al regresar de Witten/Herdecke, que era hacia donde nos dirigíamos, porque, finalmente, la respuesta de la Universidad llegó y, como era una institución muy destacada y con muchos años de trayectoria, aún conservaban cierta enemistad con la virtualidad, por lo que, algunos trámites para la inscripción y aceptación de cada alumno, debían llevarse a cabo de manera presencial. A causa de esto, el pequeño y yo viajaríamos hacia Witten para terminar con lo que hacía falta para su ingreso. Luego nos quedaríamos un par de días en un hotel de allí para despejar nuestras mentes del reciente encuentro con mi hijo, ya que había movilizado bastante a Bill; de esta manera, también podríamos disfrutar del tiempo a solas como pareja lejos de la ciudad.

Mi teléfono vibró; era un mensaje del conductor de Uber.

—El coche vendrá en veinte minutos, parece que hubo un accidente a mitad de la carretera y está demorado.

—Ohh…, espero que no haya heridos —dijo con una mueca lastimera y enseguida respiró breve y hondo (a modo de asombro), entonces lo miré de inmediato—. Olvidé cerrar la ventana de nuestra alcoba.

—Pequeño, me has asustado… —articulé parpadeando largamente, ya que creí que le había sucedido algo grave—. No te preocupes; quédate un momento aquí, cuidando de nuestras cosas, mientras yo subo a cerrarla. Como te dije, el auto no llegará hasta dentro de veinte minutos.

—No, amor, deja que yo vaya a cerrarla y de paso verifico que ninguna otra haya quedado igual. Siempre estoy intranquilo sabiendo que no cuentan con rejas. Además, quiero lavar mis dientes; acabo de recordar que no lo hice después de desayunar, debido a la prisa en salir.

—Está bien, pequeño. Ve y ten cuidado con el ascensor, ya has visto que últimamente no funciona muy bien.

—Sí, tranquilo —contestó después de dejar un profundo beso en mis labios—; vuelvo enseguida.

Me mordí el labio escaneando su delgado cuerpo de espaldas al adentrarse al edificio, y sonreí embobado tras rememorar lo encendidos que habíamos despertado ambos y la manera en la que nos habíamos apagado el uno al otro. Razón por la cual debimos salir un poco apresurados, claro. Mecí mi cabeza levemente, divertido ante el recuerdo.

Mientras aguardaba, me detuve a observar la tranquilidad que reinaba en la cuadra. Hacía frío, pero no demasiado. El sol apenas estaba asomando y auguraba una hermosa mañana. Suspiré.

Le eché un vistazo a la hora en mi móvil y otra vez miré hacia la entrada del edificio. El pequeño estaba tardando… Me detuve a prestar atención a mi alrededor y me percaté de que no había un camión de mudanzas estacionado en la acera, obstruyendo el paso —como solían hacer cada que debían bajar muebles—, y que, además, el hombre con la vestimenta de la empresa de mudanzas contratada por el edificio, tampoco había vuelto a salir. Fruncí el entrecejo.

Un mensaje de la aplicación de Uber me anotició de que el chofer estaba a un par de cuadras de mi dirección. Ya habían pasado los veinte minutos y el pequeño aún no regresaba.

Le di llamar a su contacto y el móvil sonó en uno de los bolsillos externos de su maleta. Se había ido sin él, porque, de seguro, estaría convencido de volver pronto, pero ya había pasado mucho tiempo…

—Tom, ¿qué haces aquí afuera con todo ese equipaje? —escuché y me volteé—. ¿Acaso te vas de viaje ahora? Creí que estarías con tu hijo esta mañana —espetó sonriente y yo fruncí el entrecejo.

—¿A qué se refiere, señora Gütter?

.

Por Bill

Luego de subir los malditos cuatro pisos por la escalera, puesto que el ascensor estaba averiado nuevamente, me detuve un momento a respirar mientras sacaba de mi pantalón las llaves del apartamento. Inspiré profundo y las imágenes de mi despertar con Tom me asaltaron sin pudor. Mis mejillas ardieron con solo evocar el recuerdo de su voz hablándome al oído o jadeando mi nombre mientras yo gemía totalmente extasiado bajo su cuerpo sudado. Sonreí como un idiota y me dispuse a abrir con mi respiración ya más calmada. No llegué a dar el primer paso dentro del sitio, cuando alguien me sorprendió por detrás, se apegó a mi espalda y colocó una mano sobre mi boca para impedirme gritar. Abrí mucho los ojos, entonces habló en mi oído.

( PLAY GASOLINE – Måneskin https://www.youtube.com/watch?v=hM7gWRR1Eso )

—Hola, ratoncito… —saludó y me empujó provocando que cayera al suelo. Enseguida el ruido de la puerta al ser cerrada me espantó; me giré sobre mi lugar y lo vi.

—Thomas… —me puse en pie de inmediato y tomé distancia—, ¿cómo entraste al edificio? Ya no tienes las llaves…

—Esta ropa ayuda a camuflarte muy bien, ¿sabes? Y luego la suerte me sonríe una vez más al cruzarme a la dulce señora Gütter en la escalera del primer piso, entonces la saludo diciéndole que he venido a darle una sorpresa a mi padre y que por eso estoy vestido así, entonces paso desapercibido. ¿Recuerdas que le caigo muy bien a la ingenua viejecita?

Explicó su estrategia mientras daba lentos pasos hacia mí. Se tocó la nariz tras aspirar breve y con fuerza, acción que hacía cuando acababa de intoxicarse. Empecé a retroceder hasta que llegamos a la sala. Tiró a un lado su gorra y lo que parecía una barba falsa. Abrí los ojos sobremanera tras asociar, en un microsegundo, lo que acababa de explicarme y la ropa que llevaba puesta, ya que era la misma que la utilizada por el personal de mudanzas del edificio. Entonces me di cuenta de que lo que acababa de arrojar al piso no era otra cosa más que parte de un disfraz. Me horroricé.

—Por lo visto, cuando el gato no está, los ratones viajan —agregó y su macabra sonrisa se desvaneció dando paso a una expresión de absoluta seriedad que me hizo temblar.

—Thomas…, ¿qué es lo que quieres? Tom te pidió que no regresaras…

—¡No lo nombres! —gritó y me dio una bofetada con el reverso de su mano. Me cubrí la mejilla y volví a mirarlo aterrorizado por la violenta reacción sin motivo—. Me cambiaste por él, ¿por qué? ¿Al pequeño le gustan mayores? ¿Es eso? ¿¡Te gusta que te folle un tipo que te dobla en edad, maldito!?

Su nuevo grito en tono desquiciado lo reconocí de inmediato: definitivamente, Thomas estaba intoxicado. Pero esa vez era mucho peor. Sus ojos estaban muy rojos y su semblante era terrible. Nada bueno podía salir de aquel encuentro con él.

Corrí a toda velocidad hacia la habitación que ocupaba con mi pareja actual y trabé la puerta. Escuché sus golpes al instante tras estamparse contra la madera, ya que había sido mucho más rápido que él. Retrocedí hasta la ventana que había quedado abierta de par en par e intenté pedir ayuda, pero fue inútil; era muy temprano y no había nadie que pudiera oírme. Además, la ventana daba a un callejón vacío. Me pateé mentalmente por no haber llevado conmigo mi móvil en lugar de dejarlo en mi maleta.

El último estruendo de la puerta tras dar fuertemente contra la pared al ser abierta de un violento golpe, me obligó a voltear.

—Eres un ratoncito duro de cazar.

—Thomas, por favor, no cometas una locura… —pedí manteniéndome detrás de la cama matrimonial del cuarto y con ambas manos extendidas hacia él —a la altura de mi pecho—, como si intentase detener cualquier otro ataque de su parte—. ¿Por qué haces esto? Nosotros terminamos hace más de un mes.

—¿Terminamos? —indagó alzando una ceja y, haciendo un gesto con su boca que manifestaba rabia, agregó—: ¿Quién dijo que terminamos? ¡Tú me abandonaste, hijo de puta!

—¡Porque tú me maltratabas y me engañaste! —exclamé moviendo mis brazos para acompañar mi reclamo—. ¡Te encontré acostado con ese chico del primer año!

—¡Pero no significó nada! ¡Solo fue esa vez porque él me insistió y tú te negabas a tener sexo conmigo!

—¡No es una excusa! ¡Además, tú me golpeabas, Thomas! —dije y mis ojos se llenaron de lágrimas—. Tú me maltratabas todo el tiempo… Estaba tan dañado física y emocionalmente a causa de lo violento que eras conmigo, que lo que menos quería que hicieras era que me tocaras —cubrí mi rostro con una mano cuando la angustia me envolvió los recuerdos y las escenas en donde él me maltrataba y me había forzado a tener relaciones a pesar de yo suplicarle que se detuviera, se me fueron encima como una avalancha imposible de detener—. Me has hecho tanto daño…

—He cambiado, debes creerme —lo escuché muy próximo a mí, entonces lo miré de inmediato y corroboré que sí: Se me había aproximado peligrosamente. Retrocedí.

—¿Has cambiado, dices? Acabas de forzarme a entrar al apartamento como si fueses un fugitivo, me abofeteaste y humillaste verbalmente otra vez… —una esporádica risa se atoró en mi garganta a causa de la indignación—, y, como si fuera poco, estás drogado de nuevo. ¿Aun así pretendes que crea que has cambiado?

—No volverá a ocurrir, lo juro —dijo yéndose contra mí y me cogió por ambos lados del rostro, sin cuidado. El olor a sudor y cocaína que se desprendía de su cuerpo, me dio náuseas—. Quiero tenerte de vuelta —agregó y comenzó a besarme apretando su agarre en mi cabeza mientras yo me removía e intentaba apartarlo para que me soltara.

—¡Déjame…!

—¿No me extrañas, ratoncito? —preguntó ignorando mi pedido y se desplazó por mi cuello.

—¡Aléjate de mí! —grité y lo empujé con todas mis fuerzas consiguiendo que me soltara. Me miró desde la breve distancia que había conseguido crear entre ambos ante mi acción y sus ojos se oscurecieron.

—¿¡Ahora me quieres lejos, malnacido!? —vociferó. Yo retrocedí el único paso que me separaba de la pared—. ¡No tenías derecho a abandonarme!

—Thomas, por favor… puedes irte y hacer como si nunca nos hubiéramos conocido… Yo haré de cuenta que jamás te vi aquí, que tú nunca regresaste. Lo juro —sugerí en voz baja en el intento de ponerle un fin a todo aquello, lejos de la tragedia—. Solo debes irte y todo acabará…

—¿Para qué? ¿Para que te deje el camino libre de rehacer tu vida junto a mi padre? —pestañeé comenzando a temblar—. Tú me abandonaste como lo hizo mi madre y luego mi abuela… —su respiración se aceleró como la de un toro enfurecido—. Ahora mi padre también me abandona porque te prefiere a ti. ¡No es justo!

Gritó y yo me atajé creyendo que me golpearía otra vez.

—¡Tú eres el huérfano a quien discriminaron por maricón! ¡No deberías tener nada! ¡Pero no es así!, ¡tú tienes a mi padre! ¿¡Y yo qué tengo!? ¡NADA! ¡YO NO TENGO A NADIE, HIJO DE PUTA! ¡PORQUE TÚ TAMBIÉN ME DEJASTE SOLO COMO TODOS LOS DEMÁS!

Sus últimas exclamaciones me empujaron a correr. Pisé la cama para pasar por encima e ir hacia la puerta de la habitación, pero me cogió fuertemente del cabello justo antes de que pasara al otro lado.

—¡No! —grité cuando me tiró a la cama.

—¿Adónde crees que vas, rata asquerosa?

—¡No hagas esto! ¡Suéltame! —pedí con desesperación al sentir sus manos desabrochando mi jean, pero él solo rio. Me giró con habilidad e inmovilizó mis piernas tras apretarlas con las suyas, al tiempo en que me bajaba la ropa lo suficiente como para dejar mi trasero expuesto. Me horroricé—. ¡Thomas, te lo suplico, no lo hagas! ¡No quiero hacerlo!

—Oh, vamos, si te gusta la polla de un tipo mayor, ¿cómo no va a gustarte la polla de quien te introdujo al mundo del sexo sucio? —espetó con socarronería mientras presionaba mi cabeza contra el colchón evitando que me moviera—. Te haré gritar como el marica infiel que eres.

—¡Por favor, no!

—¡NO LO TOQUES! —ordenaron y el peso de Thomas sobre mi cuerpo, desapareció. Me incorporé de inmediato y acomodé mi ropa mientras oía fuertes golpes. Cuando vi en dirección hacia allí, supe que era una dura pelea entre mi expareja y su padre. Tom me había salvado de las garras de su hijo.

—¡Hey! ¡Déjame, desgraciado! —gritó Thomas enredado en los brazos de mi salvador tras errar a un puñetazo que le lanzó—. ¡Os mataré a ambos!

—¡Estás enfermo, Thomas! —continuó mi pareja sin dejar de forcejear, golpeándolo y recibiendo algún que otro golpe que no podía esquivar.

De repente, Thomas sacó una navaja de alguna parte de su ropa en donde, al parecer, la tenía escondida y, con un rápido movimiento de su mano, hirió a su padre provocándole un corte en el antebrazo. Inmediatamente, este se miró el sitio y presionó la herida para detener la hemorragia.

—¡No! ¡Thomas, ya basta! —supliqué en un grito y me acerqué, pero tuve que detenerme en seco.

—¡Cierra la puta boca! —fue su respuesta amenazándome con la navaja al apuntarme y viéndome con odio. Luego se dirigió a su padre—. ¿Viste qué bien te chupa la polla y lo guarro que es en la cama, papá? —interrogó en tono burlón con una malévola sonrisa colgada de sus labios y aspiró con fuerza por su nariz—. Todo eso que hace contigo, lo aprendió conmigo y lo practicó miles de veces, por eso es tan bueno, el maricón —continuó y yo fruncí el entrecejo sintiéndome humillado.

—¡Cállate! ¡No hables así de él!

—¿¡Por qué no!? ¡Usé su cuerpo a mi antojo y ahora tú solo tienes las sobras! ¿¡Acaso eso te molesta, maldito!? —vociferó yéndosele encima con claras intenciones de apuñalarlo, entonces Tom esquivó el arma y ambos se movieron hacia la ventana de la habitación—. ¡Te mataré!

—¡Detente, Thomas! —exclamé sin saber qué hacer.

—¡Hijo de perra! —soltó encolerizado, ya que su padre lo había cogido de la muñeca, imposibilitándole apuñalarlo—. ¡Estás muerto! —agregó y, con un ágil movimiento, cambió de posición su otra mano para presionar la herida que había hecho en el brazo de Tom.

—¡Ahh! —se quejó mi pareja y, como pudo, le dio un codazo en el estómago consiguiendo que lo soltara—. ¡Es suficiente!

Ambos se movían de un lado a otro por toda la habitación, luchando.

Más golpes, más forcejeo, gemidos de dolor y de pronto, un prolongado grito: Thomas acababa de caer por la ventana cuatro pisos abajo.

—¡AHHH…!

—¡HIJO! —exclamó mi pareja tras asomar medio cuerpo por esta en el intento fallido de salvarlo—. ¡NO!

( PLAY Voyage – Jonas Hain https://www.youtube.com/watch?v=xArS0PfkREM )

Yo llevé ambas manos a mi rostro para cubrirlo todo excepto mis ojos, los cuales estaban abiertos sobremanera, en señal de completo asombro y horror amalgamados. Por unos segundos ambos quedamos inmóviles ante la terrible escena, hasta que Tom se irguió en la ventana y, posteriormente, apoyó su espalda en la pared junto a esta. Su cuerpo se deslizó hacia abajo hasta que su trasero impactó en el suelo manteniendo la mirada perdida al frente. Con lentitud y una incertidumbre que tironeaba de mis tripas, me aproximé a la ventana y observé: Thomas yacía en el piso de aquel callejón desolado, rodeado por un gran charco de sangre. Sus piernas se podían ver quebradas en direcciones contrarias a como en realidad deberían haber estado y una de sus zapatillas estaba al menos un metro lejos de su cuerpo. Era un escenario horripilante.

Las lágrimas se desbordaron de mis ojos y rápidamente me devolví a Tom. Me agaché y coloqué mis manos en sus hombros. Me miró con los ojos rojos del llanto.

—Lo maté… —dijo en tono quebrado y casi inaudible—, asesiné a mi propio hijo, Bill…

—No, mi amor, fue un trágico accidente —lo abracé con fuerza y él correspondió con cierta ralentización, aún en estado de shock—. Intentó matarte, tú solo… te defendiste.

Me apretó contra su cuerpo, aferrándose con fuerza, y sus hombros se convulsionaron al romper en un llanto desgarrador.

—¿Se encuentra bien, señor Trümper? —le preguntó el joven enfermero mientras tomaba su presión arterial después de haberle curado y vendado el brazo herido, ya que había perdido gran cantidad de sangre hasta que todo el equipo llegó.

Tom estaba sentado en el borde de la parte trasera de una de las ambulancias, viendo hacia un punto fijo y sin emitir sonido alguno.

Desde el teléfono del apartamento, llamé a emergencias y a la policía, aunque sabía que ya nada podía hacerse por mi expareja. Sin embargo, la ambulancia llegó de inmediato y se llevó el cuerpo de Thomas de urgencia al hospital. Rogaba para mis adentros que se salvara, de lo contrario, Tom jamás se recuperaría de algo así. Su agonía sería eterna…

Todo el procedimiento fue muy rápido y, si bien yo me encargué de explicar detalle por detalle sobre cómo habían ocurrido los hechos, declarando lo mismo al menos unas cuatro veces seguidas, finalmente la policía se fue tras la última declaración de mi salvador. En aquel momento, solo estaban terminando de limpiar toda la escena y a Tom lo tenían en observación con el equipo de la segunda ambulancia, ya que se negó a ir a un hospital. Él daba por muerto a su hijo y no quería verlo.

—¿Señor Trümper? —volvió a llamarlo el auxiliar, pero intervine.

—Lo estará.

Dije en tono bajo y haciéndole un sutil gesto que de inmediato entendió. Tom ya había hablado lo suficiente ese día —que, de hecho, todo aquello ocupó las horas hasta llegado el atardecer—, por lo que ya no tendría deseos de seguir haciéndolo siquiera para responder con monosílabos.

Nos dejó a solas.

—Mi amor… —susurré abrazando su cuerpo por encima de la manta que el enfermero le había otorgado para que se cubriera del frío—, ven, necesitas descansar. Pediré un Uber e iremos a un hotel esta noche —informé sacando el móvil del bolsillo de su amplio jean e hice el pedido del coche. Preferí que no pasase la noche en el lugar donde su hijo había tenido el trágico accidente.

Cuando llegó el auto, el conductor me ayudó a subir las maletas —que eran las mismas con las que estuvimos a punto de viajar a Witten—, e ingresamos al asiento trasero con Tom. El conductor echó a andar.

—Al hospital, por favor. Necesito ver a mi hijo —pidió de pronto y el hombre asintió.

—Enseguida, señor.

Suspiré al ver a mi pareja con la cabeza apoyada en la ventanilla, con la mirada hacia abajo, casi sin pestañear, y las lágrimas se deslizaban por sus mejillas creando un camino hasta su barba en donde se perdían. Me apegué aún más a él y lo rodeé con mis brazos.

Me costaba entender cómo un comienzo tan bello había sido camuflado por la red de mentiras y ocultamientos de un adolescente mal herido emocionalmente para tener un desenlace tan catastrófico.

Thomas se había ido sin ser el mismo que creí haber conocido años atrás, como tampoco yo era aquel niño ingenuo que él manipuló durante mucho tiempo.

.

-Un año más tarde-

Por Tom

—Mmm, Tom… —gimió a medida que entraba y salía de su cuerpo, sin llegar a separarnos totalmente, tras cada estocada que le proporcionaba—. Así…, ahh, ahh…

Estábamos en la habitación de nuestro nuevo departamento, al cual nos habíamos mudado un año atrás después de que ocurriera el incidente con mi hijo. Thomas fue declarado muerto al llegar al hospital, ya que el personal de salud de la ambulancia no había podido revivirlo. Sin embargo, lo ingresaron a la sala de urgencias y, tras tres intentos de reanimación más, finalmente su corazón volvió a latir. Yo creí que se trataba de un milagro, pero el médico me explicó que la realidad era que mi hijo tenía un nivel de intoxicación tan elevado en sangre, que, para su suerte, esto le fue de increíble ayuda para evitar su muerte. Además, a causa de la posición en la que había caído los cuatro pisos, el principal daño lo recibieron sus piernas en lugar de su cabeza. Por lo tanto, si bien se las había roto terriblemente y debería someterse a muchas cirugías y a años completos de rehabilitación y ejercicio si quería volver a caminar, su cabeza no sufrió el daño suficiente como para acabar con su vida.

Luego de meses en Terapia Intensiva, comenzó su largo camino hacia la recuperación en rehabilitación. Claro estaba que sus actos habían tenido consecuencias, por lo que la policía hizo su trabajo. Por atentar contra la vida de dos personas con posesión de arma blanca, fue acusado de tentativa de homicidio en primer grado, y sentenciado de 5 a 20 años en prisión con posibilidad de apelación para su libertad, ya que, al momento del delito, Thomas estaba drogado, por lo cual, su juicio se encontraba contaminado por las sustancias consumidas, lo que arrojaba un agravante incierto para la Justicia. De todos modos, continuaría en prisión y su abogado se ocuparía de todo el procedimiento para tenerme al tanto.

Me alegraba porque mi hijo hubiera sobrevivido, aunque me entristecía saber que nada de eso habría ocurrido en tanto él no se hubiera ido a vivir conmigo años atrás. Pero ya nada podía hacer con nuestro pasado, por ende, solo me enfocaba en construir un maravilloso presente junto a mi pequeño.

( PLAY Dream of you – Camila Cabello https://www.youtube.com/watch?v=MeRD0A-PNY8 )

Lo enderecé al cogerlo por las axilas para conseguir que sus rodillas se clavasen en el colchón entre medio de las mías. Su espalda sudada se apegó a mi pecho en las mismas condiciones, entonces cambié de posición mis manos para tomarlo por un lado del rostro —con cierta firmeza— con una de ellas. Auné nuestras mejillas sin detener mis movimientos, por lo que nuestras figuras se movían en sintonía con sus jadeos. Una de sus manos viajó hacia mi nuca de donde se sostuvo al enredar los dedos en mi ondulado cabello. Notaba que abría su boca y se mordía el labio de vez en vez, torciendo su cara en una mueca de absoluto placer con los párpados apretados. Dejé un beso en su pómulo y me deslicé hacia su oído para hablar en un susurro.

—Sé mi esposo.

Sus ojos se abrieron inmediatamente.

—¿Qué…? —cuestionó en tono incrédulo, aunque igualmente excitado, ya que yo no detenía mis movimientos.

—Quiero que seas mi esposo… —repetí aún contra su oreja y, cuanto su flexibilidad se lo permitió, se volteó para mirarme a los ojos—. Quiero que nos casemos, pequeño.

Dije acariciándole el perfil de donde lo sostenía y me detuve lentamente para verlo con una tierna sonrisa.

—¿Tú quieres, Bill?

—Por supuesto que sí, mi amor —fue su respuesta esbozando una enorme sonrisa y me besó. Se giró deshaciendo la unión de nuestros cuerpos para colocarse frente a mí, de rodillas sobre la cama—; he estado esperando que me lo preguntes desde hace tiempo —agregó viéndome emocionado.

Me estiré un poco hacia el buró de mi lado y busqué, en el interior del cajón, el delicado estuche que contenía el anillo de compromiso que había comprado hacía un par de semanas, pero aguardaba escondido allí, a la espera de hallar el momento indicado para proponerle matrimonio; sin darme cuenta de que, junto a él, cualquier momento lo era.

Lo extraje de la cajita y él extendió su mano para facilitarme el colocárselo.

—Te amo con todo de mí, Dr. William Kaulitz —dije con simpatía tras ponerle la sortija y cogí su mano entre ambas mías para clisar mi mirada en la suya. Él rio divertido y con falso enojo.

—No permitiré que mis pacientes me llamen así. Seré el Dr. Bill para todos —rio—. Aunque aún me falta año y medio para recibirme, pero gracias, Couch —chanceó en tono juguetón. Enseguida me miró profundamente—. Y yo te amo a ti, con todo de mí, Tom Trümper. Eres lo único que necesito en la vida —me abrazó y nos fundimos en un pasional beso para continuar haciendo el amor.

F I N

Este es el final de la TEMPORADA 1 de «Tom», a estar atentos, porque Leonela ya me ha confirmado que va a haber una continuación, tras la publicación de la saga: «Peligrosa Obsesión», aun no sabemos si podremos conservarlo en nuestra web tras la publicación, así que están invitados a disfrutar de la lectura de sus obras pinchando su «perfil».

Ya está disponible la continuación «aquí»

por admin

Administrador del sitio

8 comentario en “Tom FIN”
  1. Ame está historia me la leí toda hoy domingo ya quiero la 2 temporada aunque con un poco de temor si Thomas quedo vivo es para andar chingando 😑🥹

    1. Jajajajaja pobre Thomas, che… nadie lo quiere(? 🤣
      Gracias por leer y comentar, Juli bella 🥰
      A fines de Abril estaremos publicando la segunda temporada, así que te esperamos ☺️✨
      Te mando un abrazo enorme. 🤍

  2. AYYY AMÉ EL FIC, HACES ARTE MOR. Qu miedo lo de la segunda temporada, no le tengo fe a un final feliz JAJJAJ que tus fcsitos sigan teniendo apoyo, son muy kukis

    1. Ai… pero qué mal concepto tenés de mis finales, che(? 🫠 jajajajajajaja 🤣
      No te me asustes, mi Sam querida 🫶🏻 solo, dejate sorprender por lo que se viene 🤭
      Gracias por leer y por tus palabritas, bella 🥹✨
      MUAK 🤍

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