My sugar daddy

«My suggar Daddy»

Personajes

  • Nombre: Bill Kaulitz
  • Edad: 18 años.
  • Información: Estudia la carrera la carrera de Medico, sueña con ser uno de los mejores cirujanos de toda Alemania, estudia en la universidad de Hamburgo, separado de sus padres y con ex novio conflictivo.

 

  • Nombre: Tom Trümper.
  • Edad: 38 años.
  • Información: Es uno de los mejores Cirujanos de dodo Alemania, lo que lo ase acreedor de una gran fortuna. Tiene una hija Charlotte Trümper, es viudo, puede verse como un hombre serio de pocas palabras pero muy en el fondo, posee un demonio pervertido.

 

  • Nombre: Charlotte Trümper.
  • Edad: 18 años.
  • Información: Estudia medicina para igual que su padre y por petición de el ser cirujano aun que no sea lo que ella quiere, ama el arte y pintar pero su papá no la entiende, la única familia que tiene es su padre ya que su mamá falleció al dar a luz.
  • Mejor amiga de Bill

 

  • Nombre: Nick Leister.
  • Edad: 20 años.
  • Información: Exnovio de Bill, problemas con el consumo y venta de drogas, Sele considera agresivo y muy posesivo.

Fic TOLL de Nathaly Kaulitz

Prólogo

By: Narrador

Estaba acorralado, no tenía ni la más mínima idea de lo que podía hacer ante tal escena para nada conveniente.

¡Que atroz!

El rostro del pelinegro reflejaba espanto puro ante esas manos que se deslizaban por su cintura hasta su trasero. Que obviamente eran ajenas, y claro eran de otro hombre. Tanto esas palmas como una pierna que se apoyaba contra su entrepierna, había dejado al pelinegro sin ninguna posibilidad de escape.

—S-suficiente…— Susurro el pelinegro en un tartamudeo acalorado.— Pa-ra….. Mmhg.

El menor mordió su labio inferior evitando no gemir, pero eso le fue imposible ya que de sus labios bien apretados salía uno que otro gemidos ahogado.

Bueno, ¿Quién no lo haría por semejante muestra intimidante en ese aire inundado de perversión?

— A-qui N-no…..— Susurro el menor.

El sabía que en cualquier momento alguien entraría por la puerta a pocos metros, aquella que indicaba que el lugar donde estaban era un baño público.

Por ende… Cualquiera podía descubrirlos.

De todos los lugares posibles e incluso en uno de esos pequeños cuartos de inodoro son mejores que estar ahí, ahí contra los lavamanos y el espejo que reflejaba toda la fechoría que se podía llegar a cometer.

Por cada pequeña súplica e intento de apartar a ese hombre, este no hacía caso alguno, es más, continuaba y de la peor forma posible.

— ¿No te gusta? Si no te gusta no continuamos, eso lo sabes. ¿Verdad?.— Dijo el mayor lamiendo sus labios.

¡Mentiroso!.— Pensó el chico.

Un susurro como un hilo seductor que escucho a pocos milímetros de su oído, uno que le dedicaba cada vez que cometía aquella fechoría. Y no solo eso. El potente olor a menta impregnado en el aliento junto con esa colonia deliciosa que le provocaba un cosquilleo y escalofríos en todo su cuerpo.

— Pero como te gusta, vamos a continuar.— Dijo perverso el mayor.

¡Desgraciado!, sabe perfectamente dónde tocarme.— Volvió a pensar el pelinegro.

El chico frunció un poco el ceño y con eso nuevamente cruzo miradas con esos profundos ojos marrón que llegaban a cautivarlo con mayor fuerza.

— Sabes que si…. P-pero…. Este no es el momento, ni el lugar indicado. P-por favor, tienes que ser más serio.— Dijo el pelinegro.

De un momento para otro, cerro ambos ojos y apoyo su cabeza en uno de los hombros ajenos que impedían su huida, y no solo eso, con rapidez volvió a sellar sus labios sin evitar morderse uno por culpa de esa acción opuesta.

¡Desgraciado! Me acaba de estrujar una nalga.— Pensó el menor.

Volvió a levantar la mirada para verlo con su entrecejo más pronunciado que el tenía y con un rubor por culpa del presente calor que el mayor le provocaba.

— ¿¡Q-que sucedería si alguien nos ve!?.— El menor se exaltó por sus propias palabras ante un naciente nerviosismo como también se sumergió en una sumisión a los segundos para continuar en voz baja.— ¿No querrás que esa persona le cuente a los demás lo obsceno que eres, señor Trümper.

El indebido de mayor edad correspondió la sonrisa ante las palabras del pelinegro.

— ¿Y eso que importa?.— Al escuchar la respuesta del mayor, tembló por como esa maldita lengua lamió el contorno de su oreja para luego con esa palma en su trasero de deslizaba hacia la parte delantera y comenzó a desabrochar su cierre.

Genial, aquí vamos otra vez.— Pensó el pelinegro dejándose llevar por las caricias del mayor.

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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