
Administración: Teníamos esta traducción desde hace mucho tiempo, pero por algunos inconvenientes, el link se perdió, como lo pidieron en el chat, aquí está otra vez. No olviden dar las gracias a lunallena por haber realizado la traducción completa de esta obra.
Fic TOLL de TragicStateofAffairs. Traducción de lunallena
Capítulo 1
Halloween siempre había sido la época del año favorita de Tom desde que era niño. Cada año, su madre por todo lo alto, hacía sus disfraces, dejando que sus dedos sangraran, ya que lo hacía todo a mano, pieza por pieza. Había algo mágico sobre aquella época del año: La noche en pleno apogeo, las hojas cayendo y el viento crujiendo. Las calabazas siendo cortadas, chocolate caliente alejarían las pesadillas y la mejor opción de todas de Tom: Perfectos extraños le darían caramelos a los niños pequeños y, por una vez al año, eso sería socialmente aceptable. Sí, SOLO por una vez al año, podrías tener todos los caramelos del mundo y pretender que eres alguien que no, vestido en un disfraz y con maquillaje.
A cierta edad, su madre había dado un paso atrás en seguir haciendo los disfraces, cuando cumplió 13. Tom se había sentido decepcionado pero eso no detuvo la abundancia de caramelos, o el cambio de clima, ni siquiera el chocolate caliente. Encontró la manera de aún celebrar la festividad, como salir y pedir “dulce-o-truco” con sus amigos hasta la secundaria, dónde alguien nunca fallaba en organizar una fiesta de disfraces. Con el tiempo, la mayoría de sus amigos dejaron de lado la festividad, pero Tom se mantuvo firme.
Ahora, era todo un adulto, y su casa se había convertido en LA casa de Halloween. Tom podría pasar semanas decorando su casa para aquella festividad, comenzando desde el primero de octubre, y continuar decorando hasta que la primera persona aparezca el treinta y uno para la fiesta. Había sido acusado de ser un gran fanático de esa época del año. Más aún porque había añadido un ataúd real para sentarse al frente de su patio, al lado del camino de calabazas que habían sido adornadas, con sus polvorientas lápidas sobre el césped con tela de arañas. Cada año era más atroz y cada año su fiesta de Halloween era recordada con afición por todos los asistentes. Tom se había convertido una completa legenda en el vecindario como “el chico raro que ama halloween”. A decir verdad, no era raro. Solo le gustaba ser capaz de disfrazarse. Y comer dulces. Montones y montones de dulces.
Como cada año, este año tenía que ser mejor que el anterior. Eso significaba que necesitaba salir y buscar por nuevas decoraciones para su casa. Solo faltaban dos semanas hasta la gran noche, y el tiempo para él, se estaba agotando. Ya habían enviado las invitaciones a sus amigos. “Ven si te atreves…” a su fiesta, y no había forma en el infierno que sea atrapado con la misma decoración de los mismos años pasados. Durante la semana, Tom pasaría sus días en una oficina, trabajando de 9 a 5, y decoraría por las noches. Supuso que eso añadía al rumor de “chico raro”, considerando que era octubre y los días de la mañana se hacían más cortas. Durante la semana, pasó la mayoría del tiempo soñando y planeando formas de cómo podría hacer su casa más espeluznante.
Por ejemplo, estaba planeando en amarrar globos cubiertos con una gasa en su árbol en el patio delantero, luego hacer fantasmas, pero primero tuvo la intención de echar un vistazo al lugar, el cual había oído, donde vendían decoraciones de época reales llevadas a varios pueblos más. Tom se había levantado temprano, lo suficiente para prepararse una tostada de canela y chocolate caliente para el desayuno. Se apresuró y tomó un baño, tras colocarse una gorra pequeña sobre sus trenzas y una enorme sudadera, se dirigió a su auto y arrancó. Quería saber que eran realmente “las decoraciones antiguas de Halloween”. ¿Acaso eran decoraciones aburridas de los 80? ¿O eran realmente así de antiguos como de 1950?
Tom estaba emocionado por descubrirlo, apenas recordaba tener que manejar hasta allí. Cuando llegó al lugar, se aseguró de revisar dos veces la dirección. No había señal en la puerta de al frente y honestamente, una casa vieja y desmoronada. Si no fuese por la tienda de al lado, pudo haberse pasado de alto y hubiera girado su auto de regreso decepcionado. Pero como era, la casa estaba pintada de púrpura neón con un ligero verde limón. Seguro, la dirección no era incorrecta. El viento se incrementó justo antes de que llegara a la puerta de la casa, haciendo que sonara como si el viento de la chimenea bailara y cantara. Unas cuántas hojas de color otoñal crujieron bajo sus pies y miró abajo para darse cuenta que estaba de pie sobre una alfombra que decía:
«Aparca tu escoba a la izquierda»
Aguantó la respiración, probablemente ¿esta no era EXACTAMENTE el lugar? Tom se encogió de hombros y entró a la casa. Una campanita sonó sobre su cabeza, colgando sobre la puerta. Miró alrededor, pensando que la dirección NO era la correcta. Había campanas de viento junto a los cristales a lo largo del techo. Los cristales captaban la luz y creaban un arcoíris sobre el vidrio de las encimeras, el cual estaba lleno de piedras y joyas. Delante de él había un torniquete que contenía cubos de piedras y pulidos de todos los colores imaginables con instrucciones sobre cómo construir tu propia bolsa de amuletos. Pentagramas de todos los tamaños y formas cubrían las paredes, cráneos humanos con velas de incienso fuera de sus bocas humeaba sobre los mostradores, y a su derecha había un altar. Podía ver una puerta a la izquierda que conducía a otra habitación de la casa, y aparecieron pilas y pilas de libros.
— ¿Puedo ayudarte? —Alguien llamó desde otra habitación. El rostro de la voz apareció, era una vieja mujer con cabello rojo y crespo.
—Uh…ehm —Tom aclaró su garganta —Me…me dijeron que había decoraciones antiguas para Halloween aquí.
Los ojos de la mujer se iluminaron — ¡Sí! ¡Sí tenemos! ¡Ven, déjame mostrarte! —Dijo ella meneando su mano y haciéndole un ademán a Tom para que la siguiera hacia el cuarto de libros y Tom notó que la mujer andaba descalza.
Siguió a la mujer de pies desnudos hacia la habitación y solo estaba parcialmente lleno de libros. —Gracias…—Dijo él mirando asombrado, en efecto, lo que parecía ser carteles antiguos reales en los cuadros de los años 50. Los bordes estaban ligeramente amarillentos y arrugados, unos más que otros, parecían haber sido pintados a mano y Tom estaba perplejo. Tenía que tener esos objetos y ¿dónde los pondría? No lo sabía.
Preguntó por el siguiente artículo — ¿Cuánto cuesta? —se dirigió a la mujer de cabello crespo. Se giró tras agarrar uno de los cuadros, no muy seguro si estaba en todo su derecho de agarrarlo. La mujer no estaba en ningún lado, solo una habitación vacía lleno de cristales y objetos, con una vela en forma de calavera en un rincón. Extrañamente, una de las campanas de viento hizo ruido a la vez que se asomó a la tienda vacía — ¿Hola? —llamó cauteloso.
La única respuesta que recibió fue las campanas de viento sonando y los cristales que reflejaban arcoíris. Se lamió los labios y dio un paso al medio de la habitación, saliendo de la habitación de libros y cuadros. Tom asumió que la mujer estaba en la habitación que estaba antes. No quiso causar problemas en yendo a un lugar dónde no debería, así que se inclinó hacia la repisa. — ¿¡Hola!? ¿Señora? —Llamó hacia la habitación dónde la mujer había estado al principio.
Después de unos cuántos minutos de silencio, llamó otra vez y no recibió nada en respuesta. Tom se comenzaba a sentir frustrado, preguntándose quién que estuviera cuerdo dejaría a alguien que no conocía solo en su tienda.
— ¿Hola? —Llamó bruscamente. Había decidido que era la última vez que llamaría y vagó de regresó a los cuadros. Los miró en las paredes, preguntándose, si valían la pena el esfuerzo. Regresó de vuelta a la habitación, intentando tener una imagen mental de en qué parte de su casa lucirían bien. No eran una decoración de Halloween, solo coleccionables, así que no lucirían bien en ningún lado, y Tom retrocedió una vez más. ¿Quizá los cuadros lucirían bien en el pasillo arriba de las escaleras? Meneó la cabeza y retrocedió un paso más. ¿Quizá en la sala de esparcimiento dónde tiene su computador? —Naa…—Se respondió a sí mismo e intentó retroceder una vez más pero se topó con una mesa que empezó a tambalear violentamente y los objetos de encima también — ¡MIERDA! —Tom maldijo a la vez que intentó sostener los objetos y evitar que se cayesen.
— ¿¡De dónde mierda salió esta mesa!? —Gritó cuando un libró aterrizó a su lado e hizo un sonido ruidoso en el piso. Tom frunció el ceño y se agachó para recoger el libro. Este se abrió y Tom leyó las letras en negrita: — Cómo llamar a una bruja perdida—dijo en voz alta y notó que había un poema después del título — El poder de las brujas asciende sin ser visto en los cielos…ven a nosotros quién te llame a ti, ven a nosotros e instálate aquí.
— ¿¡QUÉ ESTÁS HACIENDO!? —La vendedora gritó detrás de él — ¡NO LLAMES A UNA BRUJA! —Dijo entre dientes arrancando bruscamente el libro de sus manos.
Tom estaba pasmado al ver a la mujer dejar el libro en su lugar —S-Se cayó —Intentó explicar, pero la mujer lo miró con sospecha.
— ¡Tú solo VINISTE aquí y ACTUASTE como se te dio la gana! —Dijo ella alzando sus brazos — ¡TIENES QUE IRTE!
— ¡Iba a comprar esos cuadros! —Tom dijo a la vez que ella empezaba a guiarlo hacia la puerta, Tom pudo haber jurado que una de esas calaveras con velas de incienso lucían más amenazantes y los pentagramas en las paredes más grandes.
— ¡No vuelvas! —La mujer gritó y cerró la puerta fuertemente detrás de él. Tom miró la casa de color neón antes de bajar la mirada, no estaba la alfombra de bienvenida en la puerta de entrada. Se encaminó hacia su auto y entró, confundido por toda la situación.
Retrocedió el auto hacia la carretera principal y comenzó a dirigirse de regreso a casa cuando de pronto una voz sonó en los asientos traseros de su auto — ¡Hola!
Tom apenas oyó el sonido y giró su cabeza para luego ver un extraño sentado en los asientos traseros.
Continúa…
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