
«Imposible» Fic de Earisu
Capítulo 5
Y esa explicación me iba a permitir ganar tiempo. Ganar tiempo para pensar qué estaba haciendo y si no nos estábamos pasando…Si no estábamos llegando demasiado lejos.
Por un lado, no quería renunciar a eso tan especial que tenía con Bill y que no sabía qué era…Pero que, joder…Me llenaba…Me hacía sentir completo…
Sonaba el despertador y tenía una razón para levantarme. Una razón de verdad, no inercia.
Y mi razón era vivir ese nuevo día junto a la persona que lo hacía especial, diferente, con cosas tan simples y cotidianas como un desayuno compartido o un beso por sorpresa.
Pero por otro…Estaba…Bueno, el tema del sexo. Palabras mayores, primero por lo que ya todos sabemos, y segundo por que Bill es un tío. Y a mi nunca me habían interesado los tíos.
Para mi…Era un terreno espinoso…
Para qué engañarnos, la simple perspectiva de explorar ese terreno era algo que imponía ya por si sola. Esto no era un juego… Ni algo divertido… Lo que me estaba planteando muy seriamente era mi propia identidad, y eso no es algo que se tome a la ligera.
No obstante, y de nuevo contra todo pronóstico, lo cierto es que la temperatura entre los dos cada vez subía más…Y llegó un momento en que ya no era capaz de mantenerme en mi sitio… Muchas veces, simplemente deseaba ir a más. Le deseaba a él…
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Acabábamos de llegar a la suite, y yo estaba rebuscando en mi maleta que estaba tirada en el suelo unos pantalones de pijama.
Bill se sentó en el borde de la cama de matrimonio y empezó a trastear su móvil.
Parecía estar escribiendo un mensaje o algo y tenia la cabeza gacha. Su pelo suelto y liso le caía en cascada cubriéndole el rostro.
Me pareció una imagen tan adorable que me levanté, me senté junto a él, aparté su pelo a un lado, de modo que dejé la parte de atrás de su cuello libre, y le besé justo ahí…
Bill se rió y se retorció un poco, quizá por que le hice cosquillas con mi aliento.
Nos miramos.
-¿Qué haces? – Le pregunté.
-Ponía la alarma para mañana.
-Mmmmm… – Y empecé a masajear la parte baja de su espalda por debajo de su camiseta.
A Bill al parecer le gustaba eso, y fue a besarme. Dejó el teléfono a un lado y se sentó de modo que me tuviera de frente.
Me volvía loco como, a veces, tras uno de mis movimientos, empezaba a gemir despacio y tras hacerlo el beso se volvía mucho más profundo.
En un momento dado se agarró a mis rodillas y rompió el contacto lentamente.
Cogió aire y ahora rodeó sus brazos por mi cuello y volvimos a unir nuestros labios.
Bill se sentó encima de mi. Y fue lo que terminó de perderme.
&
Martes. Tres días después de mi ‘accidentada’ noche.
Me ofrecí a fregar los platos después de comer…Mamá estaba con la mosca detrás de la oreja, yo creo que hasta un poco cabreada, así que quería camelármela un poco. Y así de paso estar ocupado en algo…
Bill apenas había tocado la comida, y aunque puso como excusa que con el calor se le quitaba el hambre, mamá me había mirado a mi, de nuevo, de manera rara.
Cogí el bote de lavavajillas y llené de jabón el estropajo. Intenté concentrarme en mi tarea.
Desde el salón se oía la tele. Gordon estaba viendo un partido de tenis. Bill se había excusado mucho antes en la mesa…Y mamá…
Apareció justo a mi lado. Empezó a secar los platos que yo acababa de aclarar.
-No sé por qué os habéis peleado…No sé qué le habrás hecho… Pero quiero que le pidas perdón de inmediato. A partir de ahora no quiero más tonterías en esta casa. ¿Entendido?
Mamá no me estaba gritando. Me estaba hablando con un tono de voz normal, pero severo. Era incluso peor que aguantar un grito.
No pude remediar ofenderme. »No sé lo que le habrás hecho», había dicho. Y tenía razón, qué estupidez, yo sabía muy bien que efectivamente, yo había ‘hecho algo’, pero me dolió que ella lo diera por seguro sin ni siquiera saber por dónde iban los tiros…Y por eso no pude morderme la lengua.
-¿Qué no sabes qué le habré hecho? ¿Y por qué tengo que ser yo? ¿Yo siempre tengo que ser el responsable de…?
-Mira, yo lo único que sé es que mientras que tú sales y entras, Bill está aquí encerrado como un alma en pena, llorando por las esquinas…Tom, ¿tú no entiendes que tu hermano es muy sensible? ¿Que te pasas un día sin hablarle y se hunde?…Y tú , sabiendo cómo es, sigues en tus trece…¡Y no haces nada por arreglarlo!
-Eso no es justo, mamá…O sea que yo soy el malo, soy un cabrón que disfruta con que las cosas estén como están, ¿eso quieres decir?
-No , no quiero decir eso…Pero, ¿tan difícil es para ti hacer un esfuerzo por…?
-Mamá, tú no tienes ni idea. – Y me sequé las manos con un trapo de cocina.
-…¿Es tanto pedir que para las cuatro veces que os veo al año, pueda veros bien?…¿Y que seamos una familia, como siempre?…
Ahí tuve que callarme. Miré a el suelo para no mirarla a ella y evitar ponerme a llorar por la pura impotencia.
-…Tom…
-…Vale, mamá. No te preocupes. Hablaré con Bill y resolveremos nuestras…Diferencias. -Solté al final, a regañadientes.
Mi madre me dio un gran abrazo. No se podía ni imaginar la odisea que para mi supondría el cumplir con lo que acababa de decirle.
Aparte de que iba a entrar de nuevo en una área muy peligrosa… Tenía clarísimo que nada bueno podía salir de precipitar esa conversación con Bill…
Pero…Joder…Tampoco podía preocupar de esa manera a mi madre…Ni hacerle daño a ella también…
Tenía razón…Tenía todo el derecho de pasar un verano con nosotros, con sus hijos, y de disfrutar de ello…Y sólo estaba viendo malas caras y soportando tensiones que ni sabía a qué venían.
Suspiré.
¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?
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Ahora estábamos los dos de rodillas sobre la cama. Yo recorrí con mi lengua un lado de el cuello de Bill…Creo que a los dos nos faltaba el aire, y lo tomábamos a trompicones, escandalosamente.
-…Tomi…- Suspiró.
-…¿Qué?… – Le respondí yo en un susurro. No le dejé contestar sin embargo, y volví a buscar su boca.
Los dos nos agarrábamos con fuerza, como impidiendo inconscientemente que el otro dijera de escapar o algo así.
Después Bill se dirigió a mi oído…
-…Que…Tengo calor…
Y se sentó sobre sus pantorrillas haciendo un puchero gracioso, a medias infantil, a medias sensual, y cruzándose de brazos.
¿Calor? Yo me estaba consumiendo por dentro. Y aunque vacilé unos segundos, dirigí mis manos hacia su camiseta.
Él accedió así que se la quité. Tras eso, me imitó y ambos quedamos con el pecho al descubierto.
Nos abrazamos y no puedo describir la sensación que me produjo el estar así con él, piel con piel, notando los latidos de su corazón…Después sus manos se abrieron camino por mi torso…Y perdí cualquier rastro de sensatez que quedara en mi.
-…Oye…Bill…Tú…¿Qué quieres hacer?…- Aún así, tenía que tantear el terreno…Y también , en el fondo…Quería información…No tenía ni idea de cómo tenía que, bueno…’Actuar’ con un chico en ciertos menesteres…
-La pregunta es…¿Qué quieres hacer tú? – Dijo él.
Con esa respuesta me estaba dando a entender que él no tenía ningún problema, que el que tenía que estar seguro era yo.
Le tomé de la cintura y le besé mientras reflexionaba.
Me armé de valor y decidí experimentar: Empecé a rozar mi entrepierna (aún vestida) con la de él, despacio y eróticamente. Pude comprobar que él estaba ya tan excitado como yo.
Los dos gemimos y Bill tuvo que agarrarse a mis hombros por que supongo que no se lo esperaba…
Cuando se recuperó me lanzó una mirada que hizo que me estremeciera, y de nuevo, imitó mis movimientos.
Entonces los dos comenzamos a rozarnos, ahora más insistentemente, por encima de nuestras ropas…Y nuestras lenguas volvieron a reclamarse la una a la otra.
Nuestras manos seguían aferradas a el cuerpo del otro…
Fue Bill el que haciendo un gran esfuerzo, se detuvo un poco después.
-… – Estaba seguro de que iba a decirme algo…Pero empezó a ruborizarse sin mediar palabra. Yo le miré y él posó sus ojos en mis pantalones y luego en mis propios ojos, y sin saberlo me lo dijo todo.
»¿Y si nos quitamos los pantalones?» Es lo que quería decir.
Y yo no había cosa que en ese momento quisiera más. Así que me seguí dejando llevar.
Completamente desnudos, nos abrazamos de rodillas sobre aquel colchón e hicimos lo mismo de antes, sólo que ahora era infinitamente mejor.
Bill sólo paraba de jadear para besar mis hombros o susurrarme al oído mi nombre, pidiéndome que no parara.
Yo estaba volviéndome loco , sumergido en el olor de su piel, en su tacto, en sus palabras… Podía perderme en ellas…Y no quería que me encontraran jamás.
Poco después ambos habíamos llegado al orgasmo haciendo sólo eso. Bill se desplomó sobre mi, y yo me senté teniéndole a él sujeto.
Seguimos abrazados en silencio, recuperándonos, hasta mucho después.
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Ahí estaba. Frente a la puerta de mi hermano, cerrada a cal y canto. Con las manos sudorosas y planteándome si debía llamar o no.
Luego recordé la conversación con mamá, y decidí terminar con esto de una vez, de raíz. O al menos intentarlo…Por ella…
Quise alzar el puño, pero me faltaban las fuerzas.
Entonces, decidí hacer otra cosa.
-Toc, toc, toc. – Dije, imitando la nueva costumbre de Bill.
Y esperé a ver si surtía efecto.
Continúa…
q ansiedad dio mio