Muñeco 5 (P.2)
Fic TWC de Sarae
Capitulo 5 (P.2)

— Oh, joder.

—¿Qué pasa? — preguntó él, casi alarmado.

—Somos iguales. — Tom se rió débilmente.

—A veces, suele pasar que los hermanos gemelos, se parezcan un poco. Pero casi nunca pasa ¡No, nunca!

—¡Idiota, si nos pareciéramos de verdad, esto nunca abría pasado! — Tom entrecerró los ojos, clavándolos siniestramente en el espejo.

—¿Te arrepientes?

—¡Si!… Bueno… no lo sé.

—Deberías. — tragué saliva, con el corazón de nuevo acelerado cuando me lamió la cara lascivamente y me mordió con suavidad la mejilla. Se apartó de mí, soltando mis manos. Me acarició la cintura con ellas y restregó sus labios húmedos sobre mi espalda. Temblé entre sus brazos… otra vez. — Ahora ya es tarde para arrepentirse.

Su mano me azotó de nuevo el trasero, con tanta fuerza que me hizo pegar un bote y voltearme, sobresaltado y dolido. Sentí mis mejillas arder al percatarme de que de nuevo, se me había escapado un gemido y él me miraba fijamente, riéndose de mí.

—Ya es tarde. Ahora eres mío. — en aquel momento, no era verdaderamente consciente del significado de sus palabras.

—¿Qué te pasa? — miré a Tom, varios metros por delante de mí, caminando por los pasillos de la universidad. Yo iba mucho más despacio que él y no precisamente porque me gustara.

—Nada.

—¿Nada? ¿Quieres imitar a una tortuga? ¡Muévete! — no le hice caso y giré la cara, indignado, caminando despacio hasta situarme a su lado. ¡Pero si era su culpa! — No será que… — sonrió, divertido. — ¿Te duele el culo?

—No… — me ruboricé. — Es… otra cosa.

—¿El qué? — me pregunté si debía contárselo o no. Quizás se burlaría de mí, no, seguro que lo haría pero… me sentía muy incómodo.

—¿Podrías llevarme a casa? — Tom alzó una ceja.

—¿Por qué? — encogí el cuerpo y junté las piernas, abrazándome el bajo vientre y dirigiendo mi mirada al suelo. Volvía a sentir calor, mucho, incluso algo de excitación, pero no tenía muchas opciones.

—Verás…

—¿Si?

—Es que… por lo de antes… — me incliné hacía su oído. Era bochornoso tener que decirlo pero tampoco podía aguantarme horas y horas en ese estado.

—¿Si? — repitió, en tonito sugerente. Intentaba hacerme rabiar con esa sonrisita irritante.

—Estoy… — tragué saliva. — Tom, por favor… sé que lo sabes.

—Si, lo sé, pero quiero que lo digas tú.

—¿¡Qué!? ¿Por qué?

—Porque me gusta esa jodida cara de, te lo ruego, que estás poniendo. — sería cabrón. Cerré los ojos y suspiré.

—Estoy mojado, húmedo, ¿entiendes? Quiero llegar a casa para poder ducharme, cambiarme de boxer y…

—¿Volver a repetir?

—¡No! ¡Llévame a casa! — Tom empezó a descojonarse en mi cara y yo tuve que tragarme mi cabreo. Volví a emprender la marcha, pasando olímpicamente de él, pasando por delante de la puerta de enfermería cuando esta, se abrió.

Mis ojos se clavaron entre espantado y sorprendido en el penoso estado de Sparky, saliendo de la enfermería, cojeando. Tenía pegados a la cara varios parches, uno que le tapaba toda la nariz, otro ocultándole el ojo derecho y otro en la mejilla. Su otro ojo estaba totalmente morado e hinchado y tenía varios cortes alrededor de los labios, el brazo derecho vendado y entablillados los dedos corazón e índice. El cuello morado y la ropa que llevaba puesta le estaba pequeña. En su mano buena sujetaba la ropa que le había visto puesta esa mañana, manchada de rojo, salpicada de sangre. Tragué saliva.

Eso… ¿Eso se lo había hecho Tom?

Sparky me miró con su único ojo bueno y palideció, encogiendo el cuerpo con expresión de dolor. Entonces me di cuenta de que no me miraba a mí, sino a Tom, a mi lado. Él le miraba con una mueca que no supe clasificar si de desprecio o de indiferencia.

—Vamos. Te llevaré a casa, anda. — me dijo, ignorándole por completo. Asentí con la cabeza, incapaz de hablar, shockeado. Intenté ignorar a Sparky al pasar por su lado, desviando la mirada. Cuantas veces me había hecho llorar ese maldito matón desde secundaria. Lo conocía desde entonces y nos odiábamos mutuamente, pero en aquel momento no pude evitar sentirme mal por él.

El sonido de un crujido me heló las venas. Me detuve y miré a Tom a mí lado, con gesto de tranquilidad total y, al suyo, Sparky, con las lágrimas patentes en su único ojo visible. Tom le estaba aplastando los dedos entablillados con la mano izquierda.

—¡Ah! ¡Aaahh! — gritó.

—Tom… — vi como se los doblaba y el crujido me hizo estremecer y temblar. — ¡Tom, para! — le agarré de la sudadera y le zarandeé. Sparky seguía gritando y doblaba el cuerpo con pesadez y dolor. — ¡Tom! — le agarré la cara con ambas manos, con fuerza y sus ojos se centraron en los míos escasos segundos antes de que los pusiera en blanco, soltando un suspiró de resignación.

Le agarró del brazo y lo empujó brutalmente contra la pared. Sparky se deslizó por ella hasta que su cuerpo dio contra el suelo y se encogió sobre si mismo, temblando de dolor.

—Estabas en mi camino. — fue la única explicación que le dio mi hermano antes de empezar a andar de nuevo, con total aplomo y parsimonia, por el pasillo.

Me detuve unos momentos mirando a Sparky fijamente. Él no alzó la mirada ni pronunció una sola palabra y por un momento tuve la tentación de agacharme y ayudarle a levantarse, pero no lo hice y corrí detrás de Tom, saliendo del edificio y dirigiéndome a los aparcamientos.

—¿¡Estás loco!? — le grité, furioso. — ¡Podrías haberlo matado!

—¿Qué dices? Eres un exagerado. — él seguía andando por entre los coches, dirigiéndose al Cadillac aparcado, sin mirarme.

—¡Tom, te has pasado!

—No lo he hecho, ese tío es idiota.

—¡Tom! — se detuvo frente a su choche, dirigiéndose a la puerta del conductor.

—Un escarmiento no viene mal de vez en cuando. Así se le bajan los humos y aprende a no meterse donde no le llaman. Una experiencia más.

—¡Tom, escúchame! — le agarré del brazo, demasiado cabreado como para dejarlo pasar y él me miró con la confusión dibujada en el rostro al verme tan enfadado.

—¿Por qué estás tan cabreado?

—Porque lo que has hecho es de bestias.

—Pues siento que te enteres de esta manera pero… soy un bestia.

—¡Eres un monstruo, Tom!

—Ya, ¿Y? — no me lo podía creer. Y se quedaba tan tranquilo. Apreté los puños, sintiéndome impotente y estúpido de repente. Tom me observó en silencio y vi como se apoyaba en el salpicadero del coche y, tras unos segundos de espera, alzó la mano hasta mi mejilla y me la acarició tiernamente. No era capaz de entender como la misma mano con la que había destrozado a Sparky podía acariciarme la piel con canta dulzura.

—Eres malo, ¿Sabes?

—Si. Lo sé. — se encogió de hombros. Me agarró de la cintura y lentamente, casi con cierto temor al rechazo, tiró de mí hasta que me situó entre sus piernas. Nuestras frentes se juntaron poco a poco.

—No lo entiendo, Tom. Yo no te veo así. No eres tan malo, no eres tan monstruoso como luego pareces. — mi hermano sonrió frente a mi rostro.

—Muñeco… yo soy malo. Lo soy. — Rozó con cariño su nariz con la mía, casi juguetón y me acarició el lateral del cuello con la mano. — ¿Aún no te has dado cuenta de que sólo soy bueno contigo? — esa respuesta me descolocó por completo.

—¿Sólo conmigo? ¿Por qué? — alcé la cabeza. Nuestras miradas se encontraron y una sonrisa siniestra se dibujo en su rostro. Pasó su lengua muy lentamente por mi mejilla, lamiéndola y no pude evitar cerrar los ojos, empezando a excitarme con es simple contacto, otra vez. Me estrujó el trasero con una mano, con fuerza. Jadeé.

—Te llevaré a casa, muñeco. — me mordí el labio inferior y no rechisté. Aún quedaba alrededor de un cuarto de hora para llegar a casa. Un cuarto de hora a solas con él en el que podría hacerle todas las preguntas que quisiera y podría tocarlo todo cuanto quisiera.

Sólo pensaba en estar con él, solo en eso y, aún no era consciente de las consecuencias que eso pudiera conllevar… y probablemente, no eran buenas.

Continúa…

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por Sarae

Escritora de Muñeco

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