
«In Sex To» de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo 5: El Diablo
Me quedé en el hospital esa noche, o eso había pensado, que me salía con la mía estando en un lugar que Tom seguramente odiaría. Mi celular estuvo vibrando en el interior del bolsillo de mi pantalón, vibraba insistente, le había quitado el sonido después de la primera llamada, no quería contestarle, no quería hablar con él y tampoco quería pelear, ambos ya sabíamos lo que él estaba haciendo, y no estaba en mis planes vivir así.
Pasaron tal vez un par de horas para que decidiera hacer lo que cualquier padre hubiera hecho al no tener su hijo en su casa, buscarlo a altas horas de la noche y llevarlo a casa. Apareció en el hospital, con el rostro desencajado, pensé que en cuanto me viera iba a tomar mi mano y llevarme con él regreso a casa, me aventaría como a una cosa y me encerraría para no volver a ver el sol, entonces me escondí de él. Aproveché los pasillos para jugar un laberinto sin salida, subí por el ascensor y bajé también, el que estuviera ocultándome de mi hermano no era fácil, de alguna forma llegaba al piso donde yo iba. Llegué hasta la sala de maternidad, los cuneros, el pabellón de cáncer y todas las áreas y rincones del jodido hospital, y no me encontró. Luego yo mismo lo perdí de vista, dejé de verlo merodeando los pasillos, había desaparecido, se había cansado y tal vez se había dado por vencido, o estábamos en cada extremo del hospital, mi celular seguía vibrando, lo apagué, y mientras jugábamos al gato y al ratón, el doctor de Ben fue el que me encontró.
—Acompáñame, tienes que hablar con el neurocirujano.
Me hizo seguir por una serie de pasillos, hasta que llegamos con otro doctor.
—Bill, él es el doctor Culiner.
Ambos nos dimos la mano, y él empezó a hablar.
—¿Conoces a algún familiar del paciente? —preguntó.
—No —contesté—. Acabo de conocerlo esta noche. ¿Por qué? No me diga que… ¿Pasa algo de lo que sus padres necesitan enterarse?
—Sí, haciéndole estudios descubrimos que… Bueno, no puedo decirte nada, así que entraré a hablar con él por si ahora quieres ser un amigo o apoyo.
Pero entonces, cuando estábamos cerca de entrar a la habitación de Ben, sentí que alguien desde atrás estaba mirándome, no lo dudé ni por un segundo, sabía que era Tom a mis espaldas, solo estaba esperando a que alcanzara a jalarme del brazo y llevarme a rastras a la casa. No llegó jamás ese tirón. Cuando volteé para cerrar la puerta de la habitación de Ben, me di cuenta de que no había nadie en el pasillo. No pude despegar la mirada de ese pasillo vacío, había tenido la sensación de que realmente estaba detrás de mí. Lo sentí tan real.
—Hola, Ben. ¿Cómo estás? —preguntó el neurocirujano.
—Hola. No muy bien, pero me duelen menos las costillas, y la pierna, creo que necesitaré atención también en la pierna.
—Perfecto, pediré consulta de ortopedia y revisaremos con una radiografía, también te seguirán administrando los analgésicos, no te preocupes.
—No. Bueno, la verdadera razón por la que estoy aquí es porque sacamos tomografías y… antes de decirlo, tengo que preguntarte algo.
—¿Tienes una red de apoyo? ¿Amigos, familia?
—¿Por qué? Encontró algo malo, ¿verdad?
—Tienes buena suerte por que por el incidente, pudimos verlo, de lo contrario tal vez ni siquiera hubieras podido darte cuenta hasta que te fallara el habla.
—¿Buena suerte? —repitió con un tono extraño, parecía burlarse hasta cierto punto—. ¿Fallarme la vista? Si tengo un tumor es mejor que me lo diga ya.
—Bueno, no hay ninguna forma mejor de decir esto así que efectivamente, encontramos un tumor, Ben.
—Tengo un tumor —dijo, con el mismo tono de burla y extraño—, tengo un tumor y es de buena suerte que te haya casi atropellado para que tu novio me haya golpeado hasta tener que venir aquí. Tengo buena suerte, Bill, ¿escuchaste?
—Sí, eso dicen. ¿Puedo hablar con usted afuera? —le pregunté al doctor Culiner.
Los dos salimos al pasillo, seguía estando desierto.
—¿Eso es un síntoma? —pregunté al doctor. Me había parecido extraña su forma de expresarse en cuanto le dieron la noticia, en lo personal, no me había parecido una reacción normal si se pudiera decir así.
—Sí, así es. Es una pequeña masa, pero está ubicada en la parte del cerebro que controla nuestro lenguaje, el primer síntoma es el comportamiento en el lenguaje, burlas, risas sin sentido, incluso un comportamiento agresivo o preocupado; luego un discurso sin sentido; para que al final nos fallara el habla por completo.
—Por supuesto, el tumor no está cerca del nervio óptico, tampoco de un área que comprometa su motricidad. Sin olvidar que es una masa pequeña.
—Primero tengo que hacer más estudios, ver cómo ha ido creciendo y tengo que armar el plan de extracción. Pero no pasará mucho tiempo, a más tardar mañana en la tarde o en la noche estaríamos operando.
—Sí, será un poco difícil, es una cirugía cerebral así que necesita una red de apoyo.
—Su esposa lo engañó, no sé si tiene padres.
—No puedo operar sin saber que tendrá el apoyo.
—Entonces empezaré a investigar números de familiares.
—Genial, muchas gracias, Bill.
El doctor se fue después de estrechar mi mano, no entré a la habitación porque me sentí mareado, abrumado por la noticia y pensando en qué sería más fácil, pedirle los números de personas que yo no conocía para explicarles que su hijo estaba en el hospital con el diagnóstico de tumor cerebral, o tomarme la importante responsabilidad de ser yo quien lo cuidaría después de la operación, sabiendo que mi hermano está detrás de mí, con la idea en la cabeza de llevarme a la casa para protegerme.
Dejé que mi espalda se resbalara por la pared hasta que pude sentarme en el piso, no sabía qué hacer, seguramente ni siquiera Ben sería capaz de darme los números de sus padres.
—¿Qué haces? —preguntó Tom saliendo de alguna parte del pasillo.
—Pensando —dije tan tranquilo.
—¿No entendiste que había terminado contigo?
—Bill, no podemos dejarnos, sabes perfectamente por qué, me amas demasiado y yo te amo demasiado.
—Mira, no tengo deseos de discutir eso contigo, no ahora. Eres lo suficientemente mayor para entender que lo que estás haciendo está mal.
—Bill, por favor, ven a casa conmigo.
—No lo permitiré —dijo, dando un paso largo para atrapar mi muñeca y hacerme levantar de un tirón. Empezamos a forcejear, yo queriendo recuperar mi brazo y mi libertad, y él por querer quedarse conmigo.
—Bill —Llegó el doctor que recibió a Ben, en ese mismo momento Tom me soltó, de inmediato a mi muñeca se le formó un cardenal alrededor, sus dedos estaban impresos en mi piel. Derramé un par de lágrimas, imaginando que el siguiente estaría en mi cara—, ¿te encuentras bien?
No pude contestar, seguí viendo mi muñeca, sin entender cómo habíamos pasado del bonito amor que nos teníamos a uno enfermo. Travis había arruinado todo.
—Señor, voy a pedirle de la manera más atenta que abandone las instalaciones del hospital, de lo contrario, un guardia lo acompañará a la salida.
—Eres mío, Bill, te guste o no, sabes hasta dónde tengo derecho de ti, sabes perfectamente lo que somos para que no puedas librarte de mí tan fácilmente.
—No quiero pertenecerte, no soy un objeto, no eres mi dueño, no soy un juguete tampoco. No quiero una vida así contigo. Vete, Tom. Por favor.
—Te amo, Bill, eres todo lo que tengo y no sabes lo que significas para mí.
—Lo sé, créeme que lo sé, pero ahora en lugar de confiar en ti, te temo, tengo miedo de ir contigo y de lo que me puedas hacer. Vete y cuida de Charlotte, vuelve con Lea si es ella la que te ayuda a volver en ti. Déjame aquí, por favor.
—No pienso dejarte con un tipo que se ve que babea por ti. ¿O es eso? ¿Quieres que sea él el que te coja ahora?
—Llamaré a la policía si no se va—intercedió el doctor nuevamente.
—Se acabó, Tom —añadí con el corazón roto para lograr que se fuera.
Pasaron en mi mente todas las cosas buenas que habían pasado en nuestras vidas, y todas ellas estaban opacadas por esta nube gris, ya estaban borrándose rápidamente, y cada una me dolía más que la anterior. Amaba a Tom por sobre todas las cosas, pero esto estaba rebasando mis límites, no quería vivir en una relación así, ¿era mucho pedir tener una relación bonita como la teníamos antes?
Su voz sonó diferente a siempre, no solo me aterró, sino que también me heló la sangre. No sabía de qué iba a ser capaz por recuperarme.
Continúa…
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