
Notas: Este O.S es previo a «Me prefieres a Mi» pero no afecta la trama. Esta historia no tiene relación con Muñeco de Sarae.
Regálame aunque sea una noche
(Una nada más)
Y te aseguro nunca olvidarás mi nombre
Y dime qué tú quieres hacer
Si la noche es joven mujer
Hoy quiero ser dueño de tu piel
(One-Shot TWC de coconut_pie)
Todo empezó con una petición hecha por él mientras estaba algo drogado, no lo suficiente para no saber donde estaba parado ni a quién le estaba hablando, lo que estaba haciendo era algo que perfectamente habría hecho estando lúcido.
— ¡¿Estás loco?! — exclamó Bill, visiblemente alterado.
— ¿Por ti? Creo que es obvio — respondió Tom riéndose suavemente de la cara que había puesto su hermano. — No te hagas el inocente tampoco, que te he visto mirarme con otros ojos Bill.
Observó como el rostro de su gemelo se coloreaba violentamente, había dejado en evidencia que sabía de algo que Bill había querido mantener en secreto, pero su hermano no era precisamente discreto con el deseo que sentía por él.
Era cosa de ver lo mal que se ponía con verlo con escasez de ropa, sabía que sentía ganas de dejar que su mano se perdiera bajo sus pantalones para satisfacerse mientras él hacía ejercicio. ¿Y él? no estaba en mejores condiciones.
Bill lo tenía loco, lo adoraba de pies a cabeza y sentía unas ganas inmensas de probar su cuerpo, quería hacerlo desarmarse bajo suyo, que le rogara por más hasta que ya no aguantase ni su propio peso en sus piernas.
Una noche, y Bill no seria capaz de olvidar nunca su nombre.
— No se de que hablas — respondió el pelinegro haciéndose el desentendido, sintiendo como algo empezaba a endurecerse entre sus piernas.
El de rastas negó con la cabeza, riéndose, y gateo hasta posicionarse sobre su hermano haciéndose un espacio entre sus piernas que seguían cubiertas por un pantalón deportivo. Ya se encargaría de quitárselo más tarde.
— ¿No sabes de qué hablo? — murmuró en su oído, dejando un beso cercano en la línea de su mandíbula. — Entonces, ¿Por qué tus ojos me buscan de esa manera? ¿Por qué te sonrojas cuando te menciono? ¿O debería decir… por qué te excitas?
Bill de repente se sintió acalorado por la proximidad de Tom, sintiendo una serie de escalofríos recorrer su cuerpo mientras que el de rastas hacía un camino de besos y mordidas que iban desde su mandíbula hasta la zona de las clavículas, le estaba haciendo jadear como si hubiera corrido una maratón y ni siquiera habían empezado con lo bueno.
Pero… ¿le dejaría empezar siquiera?
— Tom…Tomi, no podemos — artículó con esfuerzo, el mayor no se la estaba poniendo fácil si le besaba y sujetaba de esa forma, tan firme, tan duro. — Dios…
El de rastas soltó una risita burlona al escuchar lo que salía de los labios de su gemelo. Una vez Bill le diera su consentimiento no habría vuelta atrás y lo sabía, pero realmente se estaba volviendo loco, tenía tantas ganas de sentirlo..
— No deberías nombrar a Dios en una situación así, Muñeco — dejo un casto beso sobre sus labios. — Una noche, no pido más.
Vió a Bill morderse el labio inferior con fuerza antes de asentir con la cabeza.
— Quítate el pantalón mientras me quito la camisa — El pelinegro lo miraba con unos ojos que lo único que le decían era «fóllame»
Y él estaba más que dispuesto a complacerlo.
— A tus ordenes precioso — respondió el mayor, hincándose entre las piernas de su gemelo para deshacerse del cordel que sujetaba sus holgados pantalones.
Bill, con las manos temblorosas fue desabotonando uno por uno los botones de su camisa mientras observaba como Tom terminaba de desnudarse de la cintura para abajo.
— ¿Quieres que termine el trabajo? — preguntó con diversión, viendo como su hermano temblaba como si fuera gelatina mientras intentaba quitarse la ropa. — Déjame cuidar de ti, nadie va a tratarte mejor que yo.
Bill asintió con un suspiro nervioso, permitiendo que Tom se encargara de terminar de desnudarle. Su cuerpo temblaba ligeramente bajo la intensa mirada de su gemelo, pero se sintió reconfortado por la calidez de su tacto.
Le gustaba la sensación de sus manos sobre su cuerpo, le gustaba tanto que no sabía si podría conformarse con una noche.
— Uhm — un gemido ahogado salió de él cuando los dedos de su hermano rozaron su sensible entrepierna.
Tom sonrió de lado ante la reacción de Bill, disfrutando del poder que tenía sobre él en ese momento. Con movimientos suaves continuó explorando el cuerpo de su gemelo, dedicando especial atención a cada centímetro de piel sensible que encontraba a su paso.
— ¿Te gusta esto, Muñeco? —preguntó el de rastas con la voz ronca de deseo, mientras sus dedos trazaban círculos alrededor del pecho de Bill. — ¿Te gusta cómo te toco?
El pelinegro asintió soltando un suspiro entrecortado, sintiendo como su intimidad se humedecía a pesar de no haber sido tocado directamente en ella. Se estaba volviendo liquido entre las manos de su hermano, experimentando sensaciones que estaba seguro no iba a sentir con nadie que no fuera su gemelo.
— Oh… ¡Tom! — chilló cuando el mayor le dio un apretón. — D-Déjame sentirte, por favor — pidió arqueando su cuerpo para poder refregarse contra el otro.
Tom se estremeció ante la súplica de Bill, sintiendo cómo su propio deseo ardía con más intensidad. Sin perder tiempo, deslizó una mano hacia abajo, pasando por su vientre y descendiendo lentamente hacia el lugar donde ansiaba estar. Sus dedos expertos exploraron la intimidad del pelinegro con cuidado y ternura, provocando gemidos de placer que resonaron en la habitación.
— Te quiero, Muñeco — presionó su cuerpo contra el de su gemelo, dejando pequeños besos por su cuello y asegurándose de ser lo suficientemente cuidadoso para no lastimarlo. Quería a Bill más que a cualquier otra cosa en el mundo.
Bill se aferró al cuerpo de Tom con fuerza, dejándose llevar por las oleadas de placer que lo recorrían. Cada caricia, cada beso, era una confirmación de los profundos sentimientos que compartían, una conexión íntima que trascendía cualquier barrera.
Lástima que lo suyo no podía ser.
— Yo.. Yo también te quiero Tom — respondió entre jadeos, no quería ser demasiado ruidoso a pesar de que estaban totalmente solos en casa. — Ngh e-entra ya o no voy a aguantar, me estoy volviendo gelatina — en busca de tener más cercanía, de sentir a Tom más de cerca, tomó la liga que sujetaba las rastas de su hermano y la soltó provocando que estas cayeran como cascada sobre ellos.
Tom rió suavemente ante el comentario del pelinegro y dejo un beso rápido sobre sus labios.
— Ansioso — otro beso. — ¿Estás seguro de esto? Se que te pedí una noche, pero si quieres parar aquí no tengo problemas con eso — preguntó separándose ligeramente para poder observar el rostro del otro.
Vio a Bill asentir con determinación, el pelinegro sentía que ya no podía esperar más. Quería a Tom con una intensidad que lo abrumaba, anhelaba sentirlo por completo, fusionarse con él en un torbellino de sensaciones.
Tom lo hacía sentir vivo.
Sin más preámbulos, Tom se deslizó con suavidad hacia el interior de Bill, sintiendo cómo su cuerpo lo recibía con ansias. Un gemido de satisfacción escapó de los labios de ambos al experimentar el placer de estar unidos de esa manera, una sensación que los envolvía en un éxtasis indescriptible.
El rastudo escucho al otro lloriquear mientras esperaba que se acostumbrara a tenerle en su interior. Intuía que probablemente era la primera experiencia sexual de su hermano siendo el de abajo.
Le había quitado la virginidad.
— Shh, ya estoy dentro — acarició su rostro con el dorso de la mano. — Cálmate, no voy a romperte.
Bill cerró los ojos y respiró hondo, tratando de relajarse mientras se acostumbraba a la sensación de tener a Tom dentro de él. Cada movimiento que hacía era una mezcla de dolor y placer, una experiencia abrumadora que lo envolvía por completo.
Tom se mantuvo inmóvil, esperando pacientemente a que el otro se sintiera cómodo. Podía sentir la tensión en el cuerpo de su gemelo, pero estaba determinado a hacer que esa noche fuera especial para ambos.
Después de un momento, Bill empezó a relajarse gradualmente, permitiendo que el placer comenzara a eclipsar el dolor. Sus gemidos se volvieron más suaves, más necesitados, mientras que Tom empezaba a moverse con cuidado, explorando cada rincón de su interior con devoción.
El ritmo fue aumentando lentamente, cada embestida era más profunda, más intensa que la anterior. Bill se aferraba a Tom con desesperación, arañando su espalda y buscando consuelo en el calor de su cuerpo, en el roce de su piel contra la suya.
Y entonces, en un momento de éxtasis absoluto, alcanzaron el clímax juntos, fundiéndose en un torrente de placer. El mundo desapareció a su alrededor, dejándolos solos en su propia burbuja de felicidad y pasión desenfrenada.
Cuando finalmente recuperaron el aliento, se quedaron abrazados en silencio, sintiendo el latido acelerado de sus corazones sincronizarse en perfecta armonía. Habían cruzado una línea que no tenía vuelta atrás, pero en ese momento, eso era lo que menos les importaba.
— Te amo, Muñeco — murmuró Tom, dejando un beso suave en los labios de Bill.
— Yo también te amo, Tom — respondió Bill, sintiendo que su corazón estaba a punto de estallar de felicidad.
Entonces supieron que aquello no se quedaría en solo una noche.
Regálame aunque sea una noche
(Una nada más)
Y yo te juro nunca olvidaras mi nombre
(No no no no)
Y dime qué tú quieres hacer
Si la noche es joven, baby
Yo quiero ser el dueño de tu piel, eh
Ahora que ya terminaste, deberías leer -o releer- «Me prefieres a mi», que es la continuación. Gracias por la visita.