
Fic Slash de lyra
Capítulo 12
Pasó una entretenida mañana, en la tienda una dependienta muy educada le supo encontrar justo lo que estaba buscando y se lo empaquetó para que no se le rompiera en el viaje de regreso a Alemania. Tras la compra y viendo que eran las 12 de la mañana cogió de nuevo el coche y se dirigió a un restaurante donde cuando aún existía Tokio Hotel celebraron más de una comida en el.
Fue reconocido por el maître y enseguida le dio una de las mejores mesas en un reservado. Tomaría un ligero tentempié, desde que había desayunado sentía protestar a su estómago, lo que le recordó a Georg. ¡La de veces que habían tenido que parar la grabación de algunos de sus videos porque el sonido de su estómago se escuchaba más que la música!
Suspiró sonriendo, echaba mucho de menos aquellos tiempos… más donde estaba, rodeado de muchos recuerdos. Allí celebraron la cena de inauguración del apartamento que se compraran él y Bill, y también una de despedida cuando decidieron disolver el grupo, aparte de varias por cumpleaños y aniversarios.
Si cerraba los ojos, podía escuchar las conversaciones que tuvieron allí lugar, o cuando eran reconocidos por alguna fan y gritaban sus nombres por todo el local…
—Bill Kaulitz…
Arrugó la frente al escuchar mencionar el nombre de su hermano. Buscó con la mirada y dio con la persona que hablaba, situada dos mesas a su derecha. Era un hombre mayor, bien vestido y con una reluciente alianza en su mano derecha. Tenía el móvil contra su oreja y hablaba jugueteando con una servilleta.
—Estoy en la ciudad y he pensando que a lo mejor nos podemos ver—decía el hombre.
Tom prestaba toda la atención que podía, tratando de averiguar si le conocía de algo.
— ¿No? ¿Por qué? —preguntó el hombre visiblemente enojado—¿Tienes otro trabajo? Vamos, sabes que solo estaré unas horas. La última nos vimos apenas unos minutos, me lo debes. Te pagaré el doble…venga, será sobre una cama esta vez…
Tom no podía dar crédito a lo que estaba oyendo, pensando que su imaginación le estaba jugando una mala pasada y escuchaba unas palabras equivocadas…
Siguió espiando con si estuviera en trance, hasta que el hombre colgó enojado murmurando un «puta asquerosa». Le vio dejar sobre la mesa un par de billetes y marcharse del restaurante. Y Tom le imitó, sentía revuelto el estómago y tras disculparse ante el maître pagó la consumición que no había tocado y salió a la calle.
Echó a andar sin dirección fija, en su mente resonaban algunas palabras de la conversación escuchada.
«Otro trabajo…te pagaré el doble….será sobre una cama esta vez…. ¡puta asquerosa!…»
— ¡Benditos los ojos!
Se paró de golpe y alzó la mirada, ante él estaba de nuevo su antiguo compañero de grupo. Gustav le miraba con una amplia sonrisa en la cara, que borró al ver lo pálido que estaba.
— ¿Estás bien, Tom? —preguntó, viéndole negar con la cabeza.
A pesar de que la noche anterior deseara no volver a verle a él o a Bill nunca más, Gustav sintió lástima por su amigo y tomándole del brazo le ayudó a sentarse. Se encontraban en una terraza y al momento salió un camarero a atenderles. Pidió una cerveza para él y un vaso de agua para Tom. Esperaron en silencio hasta que les llevaron sus bebidas y solo entonces Tom habló.
—He sido testigo de una extraña conversación—empezó a explicar tras beber un sorbo de agua—Hablaban de Bill.
— ¿Y qué decían? —preguntó Gustav con mucho interés.
—Ha sido muy corta, pero lo suficiente para saber que Bill es…que creo que se dedica a….
— ¿A vender su cuerpo? —terminó la frase por él Gustav.
Tom le miró asintiendo ligeramente con la cabeza.
— ¿Ya lo sabías? —preguntó en un susurro.
—De hecho, me enteré ayer—contestó Gustav encogiéndose de hombros—El productor de cine con el que estaba me lo contó tras la fiesta. Al parecer tu hermanito es muy bueno en su trabajo y solo acepta a peces gordos que callan por sus familias.
Mencionar la palabra familia le hizo recordar a Tom la alianza que el hombre del restaurante llevaba. Bill se acostaba con desconocidos sin importarle si estaban casados o no, si tenían hijos…si destrozaba sus vidas y la suya de paso…
Sentía revuelto el estómago y como una arcada le subía por la garganta. Le faltaba el aire, jamás en la vida pudo imaginar que su propio hermano se dedicara a eso. ¿Por qué? ¿Le hacía falta el dinero?
—Estaba pensando—dijo de repente Gustav con una fea sonrisa en la cara—A mi me hará un precio especial, ¿verdad?
Tom se le quedó mirando como si no le hubiera escuchado.
—Ya sabes, por los viejos tiempos—rió Gustav.
Todo ocurrió muy deprisa, cuando Tom se quiso dar cuenta Gustav yacía a sus pies con el labios inferior partido del puñetazo que le había soltado.
—Como toques a mi hermano, te mato—murmuró Tom con la respiración agitada.
A su alrededor la gente se había levantado asustada y los camareros corrían hacia ellos dispuestos a separarlos. Pero no hizo falta, Tom dio media vuelta dejando a Gustav retorciéndose en el suelo de dolor. Caminó con paso firme hasta donde había dejado aparcado el coche y entró en el dando un sonoro portazo. Arrancó y tras derrapar en el asfalto se dirigió al piso dispuesto a darle un buen tirón de orejas a su hermano pequeño.
Y ese era su plan cuando llegó al edificio donde vivía y aparcó en el parking. Al salir del coche se encontró con quien menos esperaba, Michael le miraba con una triste expresión en la cara. ¿Él lo sabía? ¿De verdad era su novio? ¿O uno de sus muchos clientes?
Nuevamente sintió que le hervía la sangre y recordando lo que le hizo a Gustav respiró profundamente dispuesto a calmarse un poco, primer quería obtener alguna respuesta antes de partirle la cara al supuesto novio de Bill, por muy bien que le hubiera caído.
Caminó hacia él, quien se quedó donde estaba cruzándose de brazos, como si se preparara para lo que le fuera a decir. Pero una vez Tom llegara a su altura, fue como si las palabras le costaran salir y se le quedó mirando a la espera de una explicación.
Michael tomó aire y habló. Había llegado el momento de poner punto final a tantas mentiras, por el bien de Bill.
—No está—susurró.
— ¿Dónde ha ido? ¿Con quién está? —preguntó Tom sin aliento.
—Le llamaron—contestó Michael.
— ¿Gustav? —casi gritó Tom.
—No…no lo sé—dijo Michael arrugando la frente—Nunca me dice con quien va.
— ¿Y tú también le pagas? —estalló Tom, viéndole asentir— ¿Por qué? Puedes tener a quien quieras, ¿por qué estás con…con alguien como mi hermano?
—Porque le amo—confesó Michael para sorpresa de Tom—He tratado de sacarle de este mundo pero la respuesta de Bill siempre es un rotundo no.
—Si de verdad le amaras, no le dejarías que siguiera autodestruyéndose así—dijo Tom con dureza—Puede que tú te quedes de brazos cruzados mientras mi hermano es…violado, pero yo no. Iré a por él y me lo llevaré a casa, allí le cuidaremos entre todos.
Dio media vuelta dispuesto a echar a correr, pero… ¿hacia dónde? No tenía ni idea de donde había ido Bill, había miles de hoteles en Los Ángeles y no podía ir preguntando uno por uno.
—Está en el Bristol—dijo Michael como si le hubiera leído la mente—Como te llevaste el coche llamó un taxi, y conociendo a los taxista de aquí le habrá llevado dando un amplio rodeo. Nosotros llegaremos antes.
No pudo negarse, en esos momentos sentía que le temblaban las piernas y no sabía cómo aún se mantenía en pie. Entró en el coche de Michael y dejó que le llevara, mientras por el camino pensaba en cómo hacer para que Bill volviera a confiar en él…
.
Estuvo en silencio todo el camino, Michael conducía como un loco sin apartar los ojos de la carretera. No podía dejar de pensar en Bill, en con quien se había citado. No podía evitar sentirse muerto de celos…
— ¿Por qué crees que está con Gustav? —preguntó de repente.
—Me lo he encontrado hace unos minutos—contestó Tom revolviéndose en el asiento—Acababa de enterarme de lo de Bill y necesitaba desahogarme, pero al parecer él ya lo sabía. Se lo contó el productor de cine con el que estaba ayer… ¿por qué quiere acostarse con mi hermano? Recuerdo que antes de disolver el grupo Bill me decía que Gustav le miraba raro, pero yo pensé que eran alucinaciones suyas. Jamás llegué a pensar que Gus fuera también gay…
—Cuando nos fuimos anoche de la fiesta—empezó a decir Michael—Vi a Gustav a lo lejos, reconocí al hombre con el que estaba. Si, era un productor de cine, pero sus películas van dirigidas a otro público.
Tom se le quedó mirando sin saber ya que pensar.
—Si, de ahí que no supieras nada de la carrera de Gustav, a no ser que vieras alguna película gay en la que haya trabajado—explicó Michael carraspeando—Le he llevado algunas inversiones al productor que te digo y por eso lo sé, me lo contó una vez en una comida de negocio de la que no me pude escapar. Es un tipo asqueroso, me habló de lo bajo que había caído Gustav, como había pasado de ser un ídolo rodeado de miles de fans a dejar que le dieran por culo…y tengo miedo de que si es él quien ha llamado a Bill, le haga una oferta imposible de rechazar…
Tom asintió en silencio, sabía por dónde iban sus palabras. El maldito dinero había sido la causa de que Bill se hubiera tenido que dedicar a lo que se dedicaba, y si le ofrecían ganar incluso el doble…no, no lo podía creer. Bill no podía perder así su dignidad.
Siguieron el resto del camino en silencio y en menos de 20 minutos llegaron al Bristol. Dejando el coche en manos de un botones fueron directos a recepción y Michael tomó la voz cantante.
—Soy Michael Müller—se presentó con voz seria—Estoy buscando a…a un amigo que creo que se hospeda aquí.
—No podemos facilitar esa información, señor Müller—contestó la recepcionista con amabilidad.
—Soy amigo del gerente, llámele por favor—insistió Michael.
La chica asintió a los 5 minutos vino el gerente, que reconoció a Michael de inmediato.
—Se llama Gustav Schafer—explicó Michael—Creo que se aloja en este hotel.
Esperó mientras el gerente en persona buscaba en el ordenador y le confirmaba que efectivamente había un huésped con ese nombre. Michael le dio las gracias una vez le informó del número de la habitación en la que estaba y hacia ella se dirigió seguido de Tom.
— ¿Qué vas a hacer? —preguntó Michael una vez en el ascensor.
—Tú llévate a Gustav, Bill es cosa mía—contestó Tom con firmeza.
Michael asintió, había llegado la hora de que hablasen seriamente los dos hermanos. Permaneció en silencio hasta que llegaron a la planta indicada, donde se bajaron como alma que lleva el diablo. La habitación de Gustav estaba al fondo del pasillo y corrieron hacia ella, llamando a la puerta con suavidad.
— ¿Quién es? —preguntó una conocida voz.
—Servicio de habitaciones—contestó Michael sin pensárselo.
Al poco la puerta fue abierta y Michael entró sin pedir permiso, agarrando a Gustav por el cuello hasta hacerle golpear la pared con la espalda.
—Cierra la boca y no te pasará nada—murmuró Michael sin dejar de apretar.
Mientras Tom también había entrado y miraba a su amigo con una expresión de repugnancia en la cara. ¿De verdad era capaz de acostarse con Bill? No lo podía entender, se conocían desde hacía años y desde bien pequeños habían compartido techo. Eran una familia, ¿cómo era capaz de pensarlo siquiera?
—Bill está a punto de llegar, ¡iros!—ordenó Tom mirando a Michael.
Michael asintió y sujetando a Gustav para que no se escapara se lo llevó al pasillo. No quiso arriesgarse a usar el ascensor y que Bill les pillara, aparte de la escena que montarían. Usó las escaleras de emergencia y bajó hasta el parking sin soltar a Gustav en ningún momento, sabiendo que mejor hacer lo que le decían o lo iba a pagar bien caro.
Una vez a solas Tom cogió las pertenencias de su ex amigo y las metió bajo la cama de una patada, arrugando la frente al ver todo tipo de juguetes sexuales que se había llevado consigo.
Cogió aire profundamente y estuvo paseando por la habitación hasta que llamaron con suavidad a la puerta.
Continúa…
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