
Fic Slash de lyra
Capítulo 4
Amaneció y Bill lo vio desde su cama. Sentía el cuerpo dolorido, más de cintura para abajo. Estaba tumbado de costado, encogido en posición fetal apretándose el estómago con ambas manos.
Saki tenía razón en una maldita cosa, le dijo que se portara bien y así no lo pasaría mal. Pero no se pudo relajar, estaba en tensión. Con cada caricia de ese hombre su cuerpo se rebelaba y él no podía hacer nada por impedirlo.
Se dejó desnudar y acostar en la cama. Cerró los ojos con la respiración agitada, sintiendo como le recorrían el cuerpo con manos temblorosas. Casi agradeció que le dieran la vuelta, así no tendría que verle la cara.
Pero le sentía acariciarle la espalda, ir más abajo y separarle las nalgas. Entonces apretó las manos en dos fuertes puños, calvándose las uñas en las palmas cada vez que sentía que le acariciaba con un dedo la entrada.
Luego escuchó como se bajaba la cremallera del pantalón y al minuto trataba de entrar en su cuerpo. No le había preparado y él no pensaba pedírselo. Cerró los ojos con más fuerza y apretó los dientes al sentirle penetrar con dificultad hasta que se la clavó del todo.
Solo entonces separó los labios y emitió un quejido por lo bajo. Pero se le cortó la respiración cuando empezó a moverse en sentido inverso, desgarrándole por dentro. Le sentía salir y entrar de su cuerpo, como un puñal que cada vez que llegaba a lo más hondo de su alma se la desgarraba en dos.
No pudo evitar gritar aliviado cuando se corrió en su interior. Esperó con la respiración agitada hasta que salió de su cuerpo, arrancándole otro grito de dolor. Se quedó quieto en la cama, recuperando el aliento mientras le escuchaba jadear y agradecerle ese buen rato que había pasado.
No se levantó hasta que le escuchó abandonar la habitación. Solo entonces se movió lo más rápido que su dolorido cuerpo le permitió. Recogió sus ropas y se las puso con las mejillas bañadas en lágrimas. Salió de esa habitación y fue a la suya, donde se dio una ducha caliente aún con los boxers y la camiseta puesta.
Lloraba bajo el agua, temblando sin poder evitarlo. Le habían violado, y no sería la primera vez que ocurriera….
.
No se levantó de la cama hasta que le sonó el móvil. Estiró con pesadez una mano y lo cogió de encima de la mesilla. Abrió poco a poco los ojos y arrugó la frente al ver una foto de Tom en la pantalla. Carraspeó y tragándose las lágrimas contestó la llamada.
—Dime—dijo con voz seca.
—Bill, ¿estás bien?—preguntó Tom preocupado.
—Sí, ¿por qué?—preguntó poniéndose en alerta.
¿Saki le había delatado? ¿Alguien le había visto saliendo de una habitación que no era?
—Nada, por lo de ayer. ¿Tienes la garganta ya bien?
Le maldijo por lo bajo. Si, la garganta estaba bien, solo le escocía por tratar de retener las lágrimas en vano. Una ya bajaba lentamente por su mejilla hasta caer sobre la almohada. Suspiró y se dio lentamente la vuelta en la cama, gimiendo sin poder evitarlo al quedarse medio sentado.
— ¿Bill?—llamó Tom preocupado.
—No es…nada…. —contestó con esfuerzo.
Se tumbó de lado de nuevo y cogió aire con fuerza.
—Si quieres me paso y desayunamos los dos en tu cama—dijo Tom sonriendo.
— ¿Qué pasa? ¿No hay nadie contigo y te aburres?—estalló sin poder evitarlo.
—Lo que yo no sé es que pasa contigo—estalló Tom a su vez—Solo trato de ser amable, me preocupo porque ayer estabas mal, te llamo y me sales con esas….
—Son las 10 de la mañana, no te has preocupado mucho si has podido dormir hasta tan tarde—le echó Bill en cara.
—Joder, hoy no es tu día—murmuró Tom.
—No, no lo es. Ni nunca más lo volverá a ser, acostúmbrate—casi gritó colgándole.
Tiró el móvil a un lado de la cama y se levantó despacio. Entró corriendo en el baño e inclinándose sobre la taza vació su revuelto estómago. Había sentido las primeras arcadas cuando se dio la vuelta en la cama, y solo quería despachar a Tom cuanto antes.
Se incorporó tiritando y tirando de la cadena, se apoyó en el lavabo con ambas manos. Se miró al espejo, tenía muy mal aspecto. Grandes ojeras, los ojos rojos, la piel muy pálida….en contraste con sus mejillas sonrosadas. Se llevó una temblorosa mano a la frente y maldijo por lo bajo al sentir que estaba caliente.
Tenía algo de fiebre, y maldijo de nuevo. Tenía que haberle pedido al menos que usara protección, a saber si le había pasado alguna mierda. Ya solo le faltaba eso…
Salió del baño tras haberse enjuagado la boca y volvió a la cama. Se tumbó de costado y cogió el móvil apretándolo en una mano. Tenía que llamar a alguien, pero era su día libre y a saberse donde estaban. Gustav de sobra sabía que estaría haciendo de turista en la gran ciudad, Georg durmiendo a pierna suelta y Tom…no, ese quedaba ya descartado. Haría muchas preguntas para las que no tenía respuesta.
Suspiró resignado, solo le quedaba….Saki…
Le buscó en la agenda y marcó su número, rezando por no despertarlo. No quería que se le castigara de alguna manera…
— ¡Que quieres!—contestó la dura voz de Saki.
—Yo…tengo fiebre, no me encuentro bien—le explicó con timidez.
Le escuchó maldecir por lo bajo y resoplar al móvil.
—No te muevas, voy hacia allí—dijo Saki colgando.
Suspiró colgando él también, ¿a dónde se pensaba que iba a huir? Esperó en silencio hasta que a los 10 minutos llamaron a la puerta. Se levantó de la cama con esfuerzo, cogiendo un albornoz del hotel que se puso para cubrir su desnudo cuerpo.
Cogió aire y abrió la puerta.
—Ten, tómate dos de estas—dijo Saki tendiéndole un frasco de plástico.
— ¿Qué son?—preguntó Bill reacio.
—Antibióticos, con esto se te bajará la fiebre—explicó Saki resoplando— ¿Eres tan tonto que no le dijiste que usara nada? Usa la cabeza además de para peinarte, Bill, no puedo estar pendiente de ti las 24 horas del día. Si pillas algo, te descubrirán y eso no lo queremos, ¿verdad?
Le vio negar en silencio con los ojos llenos de miedo mientras que extendía una mano y recogía el frasco de pastillas.
—Tómalas un par de días, esta tarde regresamos a Alemania para una actuación en otro programa. Será mañana, y te quiero en perfectas condiciones. Durante el viaje haremos más de una parada, te recomiendo que compres condones, te harán mucha falta—dijo Saki sonriendo.
Le vio darse media vuelta y entonces cerró la puerta, rompiendo a llorar desconsolado. Cada vez estaba cayendo más bajo, nadie le podría ayudar y solo podía llorar en soledad….
Continúa…
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