
Fic Slash de lyra
Capítulo 5
Regresó a la cama y llamó al servicio de habitaciones. Pidió un vaso de leche caliente y unas tostadas, aunque su revuelto estómago no le dejaba de dar vueltas. Tenía que tomarse los antibióticos y no podía hacerlo con el estómago vacío.
Se quedó estudiando el frasco mientras esperaba, no creía que Saki le hubiera dado otra cosa que no necesitara. Ya le creía capaz de todo, de drogarle para que le obedeciera como un perrito faldero…
Suspiró y se levantó de la cama cuando llegó el camarero con su pedido. Cogió su cartera y le dio una generosa propina. Cerró la puerta y se sentó a desayunar a los pies de la cama. Se comió primero una tostada y luego se tomó un antibiótico con un sorbo de leche. Se quedó mirando al vacío mientras desayunaba, pensando en la vida que le esperaba…
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Bajó al comedor a la hora de comer, para entonces su estómago se había calmado y la fiebre bajado. Tenía solo unas décimas pero él se sentía como si tuviera 40º. Divisó a lo lejos a Tom charlando con Georg, su primera intención fue sentarse solo pero eso levantaría sospechas, y Saki andaba cerca.
No, mejor sentarse al lado de Tom, con él delante no sería capaz de hacer ningún comentario. Murmuró un buenos días inaudible y se escondió tras la carta al ver acercarse a Saki.
—Comed deprisa, nos vamos en una hora—les explicó.
Tom y Georg le contestaron, peor el cantante apretó los labios tras la carta. Solo le quedaba una hora de libertad antes de encerrarse las 5 horas que duraría el viaje en un autobús con sus compañeros y hermano. Saki viajaba con ellos, lo único que podía hacer era pasarse todo el viaje sin salir de su cama, además de que en su estado era lo que más estaba deseando.
Comió en silencio el sándwich que pidió mientras Gustav, que se había reunido con ellos a mitad de la comida, les contaba todo lo que había visto esa mañana. Terminaron de comer y subieron a terminar de hacer sus maletas. Fabiana y Tobías se encargarían de bajarlas, así que las dejaron en sus manos y bajaron a la recepción.
Allí esperaron hasta que Saki les dio luz verde y salieron del hotel. Atendieron a la fans allí reunidas y subieron al autobús que les esperaba con el motor ya en marcha.
Una vez en el, el cantante huyó escaleras arriba y se metió en la cama cubriéndose con el edredón hasta la cabeza. Ni se molestó en cambiarse de ropa ni nada. Solo quería dormir el resto del viaje.
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Pero Tom tenía otros planes en mente. Nada más verle desparecer por las escaleras les pidió a sus compañeros que por favor no subieran.
— ¿Estáis peleados?—preguntó Gustav preocupado.
—No sé qué le pasa, pero desde luego yo no he hecho nada—contestó Tom encogiéndose de hombros.
Subió las escaleras y se sentó en el borde de la cama de Bill, que solo le dirigió un gruñido sin abrir los ojos. Sabía que era él, le esperaba.
—Bill, ¿podemos hablar?—pidió Tom poniendo una mano en su espalda.
Le sintió ponerse tenso bajo su contacto y la retiró de inmediato.
—Perdona, no te quería molestar—murmuró algo cortado.
—Pues vete—susurró Bill tapándose más con el edredón.
—Pero tenemos que hablar, esta mañana has sido muy cruel—insistió Tom.
— ¿De verdad te he parecido cruel?—preguntó Bill destapándose la cabeza.
Se le quedó mirando con una media sonrisa en los labios, preguntándose qué pensaría Tom si supiera que había sido violado. Entonces el cruel lo sería él, por no haberse enterado hasta que ya no podía hacer nada por evitarlo.
—Pues sí, me lo has parecido—siguió Tom en sus treces—Llamo para ver que tal te sientes y me mandas a la mierda literalmente. Me he pasado toda la noche preocupado por ti, estuve a punto de ir a pasar la noche contigo por si necesitabas algo.
—No Tom, ya no necesito nada—dijo Bill entre dientes.
Tom se le quedó mirando pensativo, era la segunda vez que le decía que no le necesitaba ya o algo por el estilo. Arrugó la frente y le estudió la cara. Un gesto de dolor se la recorría y tenía los ojos apagados, además de llenos de lágrimas.
Bill se puso tenso, sabía que estaba echándole un buen repaso. Nunca antes pudo engañarle, era como un libro abierto para su hermano. Al final terminaría descubriendo lo que le pasaba, no le quedaba más remedio que cambiar su actitud ante él. Volver a ser el hermano feliz que siempre fue, aunque estuviera muerto por dentro.
—Perdóname, tengo algo de fiebre y no sé lo que digo—musitó con un hilo de voz.
— ¡Haberlo dicho antes!—dijo Tom suspirando.
Enseguida llevó una mano a su frente apenas ya caliente. Era solo eso, se había quitado un gran peso de encima. Ya empezaba a montarse una historia en su cabeza, que alguien le había hecho daño y Bill no se atrevía a decirlo.
—Descansa durante el viaje, te subo una taza de té si quieres más tarde y si te sube la fiebre me avisas de inmediato—dijo Tom con firmeza.
—Gracias, solo quiero que me avises cuando hagamos una parada para poder salir a estirar un poco las piernas—le pidió en voz baja.
— ¿En tu estado? Mejor que no te levantes de la cama—dijo Tom negando con la cabeza.
Insistió y no paró hasta que Tom se lo prometió. Tenía que comprarse los condones que Saki le «aconsejó». Solía llevar alguno perdido en su neceser pero eran todos de Tom, se los pedía de vez en cuando agradeciendo que no preguntara nada. Si de repente le pedía la caja entera, Tom no pararía hasta que le contara que demonios estaba haciendo y con quién.
Suspiró y cerró los ojos. Tom insistió en quedarse a su lado hasta que se durmiera y pudo hacerlo sin miedo alguno. Con él se sentía a salvo…
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Pararon en la primera gasolinera que encontraron por el camino. Tom le avisó tal y como le había prometido. Le obligó a abrigarse bien y le acompañó hasta la tienda.
—Si querías algo te lo podía haber llevado yo—le riñó con suavidad.
—No sé exactamente lo que quiero, y no me ibas a comprar al tienda entera—logró bromear Bill.
Se entretuvo mirando por los pasillos hasta que localizó lo que realmente buscaba. Disimuló cogiendo un paquete de galletas mientras vigilaba a Tom. Estaba con Georg cerca de la caja, esperándole. Con él delante no se atrevía a comprar los condones.
Pero Saki le estaba vigilando atentamente e hizo algo inesperado. Los cogió el mismo tras asegurarse que no le miraba nadie y con mucho disimulo se acercó al cantante y los deslizó en el bolsillo de su cazadora.
—Paga de una maldita vez y vete—ordenó Saki en voz baja.
Bill asintió y se movió con rapidez. Pagó la compra que llevaba y regresó al autobús en compañía de Tom. Se pusieron otra vez en marcha y subió un momento a guardar su compra especial en el fondo de su bolsa de manos. Lo que faltaba ya, tener que robar….más bajo no podía caer, ¿verdad?
Continúa…
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