
Fic Slash de lyra
Capítulo 20
Pasó las primeras horas del viaje en el piso inferior, entreteniendo a sus amigos con interminables partidas a la play solo para que su hermano y el productor tuvieran la intimidad necesaria para mimarse.
Pero él no prestaba atención al juego, se dejó ganar en todas las partidas porque sus pensamientos estaban en el piso superior. Se sentía mal por no estar al lado de su hermano, cuando eran pequeños y uno de ellos caía enfermo no se separaban hasta que se restablecía, quedándose a la vera de su cama y bromeando hasta lograr arrancarle una sonrisa
Pero le habían sustituido en esa tarea, ahora era otra persona la encargada de vigilar que la fiebre no le subiera, que pusiera una mano en su frente para comprobarlo, o incluso sus propios labios…
Pensar en eso le hizo maldecir por lo bajo…
—Has vuelto a perder, Tom—dijo Gustav resoplando.
Habían quedado en darle una paliza entre los dos a Georg, pero estaba resultando ser al revés, aunque dadas las circunstancias era comprensible.
—Lo dejo ya, llevamos dos horas y me duele la cabeza—dijo Tom dejando a un lado el mando.
—Yo podría pasarme toda la noche jugando—comentó Georg riendo en voz alta.
—Pues no se hable más, me debes la revancha—le picó Gustav.
Dejó a sus compañeros compitiendo y se puso en pie. Abrió la pequeña nevera que llevaba el autobús y cogió una botella de agua pensando que tal vez a su hermano tuviera más sed. Subiría a echarle un vistazo, estaba en su derecho.
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Subió las escaleras despacio y se asomó primero, no quería pillarles en una situación delicada. Pero su hermano dormía profundamente en la cama y el productor trabajaba en el portátil echándole un vistazo de vez en cuando.
Le vio subir y cerró el portátil estirándose.
— ¿Qué tal está?—preguntó Tom en voz baja acercándose.
—Cayó dormido nada más tomarse el analgésico—explicó David sonriendo.
Tom asintió y se inclinó sobre su hermano, poniéndole en la frente su temblorosa mano.
—Está algo caliente—murmuró arrugando la frente.
—Bajo y te subo una toalla húmeda—se ofreció David de inmediato— ¿Puedes quedarte con él mientras hago unas llamadas?
Tom asintió. No hacia falta que le hiciera esa absurda pregunta. Se sentó en la litera de enfrente para no molestar y esperó sin moverse hasta que regresó el productor con una pequeña toalla algo húmeda en las manos. Se la tendió y bajó de nuevo dejándoles peligrosamente juntos…
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Esperó un minuto y entonces se levantó. Se sentó con cuidado al lado de su hermano y retirándole el pelo hacia un lado le colocó la toalla en su frente. Le vio separar los labios y gemir por lo bajo, llegando incluso a esbozar una débil sonrisa.
«Soñará de nuevo»—pensó suspirando.
¿Sería otra vez con él? No lo podía saber, solo rezar para que así fuera. Al menos no le había perdido en sueños.
No podía apartar la mirada de sus labios, pensando si eran tan suaves como aparentaban, tan dulces como soñaba…
Sabía que no debería hacerlo, pero esa era la única oportunidad que tendría de volverle a besar. Echó una mirada a las escaleras, le llegaban el murmullo de sus compañeros. El productor estaría hablando al móvil, si era como pasaba siempre se podía pasar media hora hablando sin parar.
Cogió aire y miró a su dormido hermano. Se inclino y cerrando los ojos puso sus labios sobre los suyos. Comenzó a besarle con suavidad, sintiendo como se separaban y le dejaban entrar. Y así lo hizo, maldiciéndose por lo bajo.
Entró en esa boca tan cálida y se la recorrió con timidez con la lengua, frotándose contra el piercing de su hermano, sintiéndole gemir contra sus labios.
Pero no podía prolongar más el beso, su hermano podía despertar y enfadarse por lo que le estaba haciendo…o asustarse…
Se retiró resignado. Salió de su boca y le lamió el labio inferior antes de incorporarse suspirando. Se le quedó mirando, aun tenia los labios entre abiertos, aun le llamaba en sueños…
Se sentó lo más alejado de él que pudo, en una esquina de la cama desde la que vio como dormía plácidamente con una sonrisa en los labios.
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No supo cuando tiempo llevaba observándole cuando le vio que comenzaba a despertar. Le vio arrugar la frente gimiendo por lo bajo, pestañear y abrir los ojos poco a poco.
— ¿Tom?—llamó con voz ronca, cuando fijó en él la mirada.
—David está abajo, me pidió que te cuidara—explicó Tom levantándose—Ahora le llamo.
Pasó por su lado, pero fue retenido por la muñeca. Suspiró y se volvió para mirar a su hermano.
—Gracias—murmuró Bill con una sonrisa.
—De…de nada—contestó Tom tartamudeando.
Sintió que le soltaba y fue escaleras abajo a llamar al productor. ¿Por qué le tenía que dar las gracias su hermano? ¿Por cuidar de él cuando estaba enfermo? ¿Por ir a buscar a su novio? ¿O por haberle besado?
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El viaje siguió sin ningún otro contratiempo. Los chicos se cansaron de jugar y tomaron una ligera cena antes de subirse a acostar sin hacer ruido, el cantante volvía a estar dormido bajo la atenta vigilancia del productor. Se pusieron ropas más cómodas y tras desearle buenas noches se tumbó cada uno en sus camas tras correr las cortinas.
Todos menos el guitarrista, que cogiendo una de las revistas de su hermano se sentó en frente del productor.
— ¿No tienes sueño?—preguntó David apagando del todo el portátil.
—La verdad es que no—contestó Tom abriendo la revista—Prefiero quedarme leyendo un poco, baja a descansar si quieres. Ya me hago yo cargo de mi hermano.
David asintió y se levantó llevándose el portátil consigo. Había adelantado mucho trabajo mientras velaba el sueño del cantante, pero sentía los ojos cansados y necesitaba cafeína con urgencia. Pasó al lado de la cama del cantante y se paró el tiempo suficiente para colocarle mejor sobe la frente la toalla que tenía caída a un lado. Comprobó con una sonrisa que ya no estaba tan caliente y siguió su camino escaleras abajo.
Esperó a que el productor se fuera para cerrar la revista y apartarla a un lado. No le apetecía hacer nada, ni leer ni dormir, solo velar el sueño de su hermano… ¿quizás por si se repitiera de nuevo?
Pero pasado un tiempo sintió como se le cerraban los ojos, y no le quedó más remedio que aceptar que se iba a quedar dormido de un momento a otro. Se levantó bostezando y se acercó a la cama en la que dormía su hermano. Rozó su frente con la yema de los dedos, ya no estaba caliente así que podía él también irse a descansar. Se sentó en la litera de enfrente que era la suya y se descalzó sin parar de bostezar.
Se tumbó de lado sin quitar los ojos de su hermano, se cubrió con una manta y a los pocos minutos ya dormía profundamente….
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Se despertó con sed. Se incorporó en la litera estirándose, sonriendo al ver dormir a su hermano. A sus oídos le llegaban los ronquidos de sus compañeros, debía ser muy tarde y ya estaban todos acostados. Se preguntó donde estaría el productor, tal vez en el piso de abajo descansando y tomando algo.
Se levantó de la litera y se calzó las playeras con una amplia sonrisa en los labios. Aprovecharían ese momento para hacerse mimos antes de llegar a su destino. Caminó despacio para no hace ruido y bajó las escaleras.
Allí estaba él solito, sentado en un rincón leyendo un periódico mientras tomaba una taza de café. Se pasó la lengua por los labios sin poder evitarlo y caminó hacia él contoneando las caderas cuando le vio alzar la vista y dirigirle una amplia sonrisa.
—Te vengo a hacer compañía—explicó Bill cuando llegó a su altura.
Esperó a que se sentara bien y entonces se acomodó en su regazo, enterrando la cara en la curva de su cuello y poniendo sus labios sobre su piel, empezando a succionar y lamer.
—Te has levantado muy animado—comentó David poniendo una mano en la entrepierna del cantante.
La sentía dura a través del chándal que llevaba, pidiéndole a gritos ser besada. Pero no podían en esas circunstancias, con el resto del grupo sobre sus cabezas, a punto de bajar de un momento a otro y pillarles en tan… «sexy» escena.
Suspiró resignado y apartó la mano, llevándola a la cadera del cantante y metiéndola bajo su camiseta, acariciándole con suavidad la piel mientras cerraba los ojos y gemía por lo bajo.
—Aún no te he dado las gracias por cuidarme tan bien—susurró Bill contra su piel.
—De nada…—gimió David sonriendo.
—Debes estar muy cansado—dijo Bill levantando la cabeza.
Era mejor que no siguiera por ese camino, sentía ponerse cada vez más duro, como crecían las ganas de que estuviera dentro de su cuerpo. Se lo imaginaba cogiéndole en brazos y tirando al suelo todo lo que había sobre la mesa, tumbándole sobre ella para arrancarle la ropa y hacerle el amor de una salvaje manera…
— ¿Estás seguro de que estás bien? Tus mejillas están algo sonrosadas—comentó David llevando una mano a su frente.
—Si…—suspiró sonriendo Bill—Dime que has estado haciendo mientras yo descansaba solo en mi fría cama.
—Poniendo al día vuestra agenda—contestó David también suspirando—Llamé a la discográfica y les conté que habías caído enfermo, enseguida ampliaron los 3 días de descanso a una semana entera.
—Has sido malo—dijo Bill riendo—Era un poco de fiebre nada más, mi garganta ni siquiera está irritada y…
—Eso lo tendré que comprobar—cortó David sonriendo ampliamente.
Subió la mano que no tenía bajo su camiseta y la llevó a su pelo. Cogió un mechón y tiró con suavidad de el para que separara los labios, apoderándose de ellos en cuanto sintió que rozaba los suyos con su cálido aliento.
Gimió contra sus labios mientras sacaba la mano de su camiseta y la metía bajo el pantalán del chándal que llevaba y también su ropa interior, llegando a sus nalgas que acarició antes de separarlas y colar un dedo dentro.
—David….mmmm….—gimió Bill esa vez.
Se puso tenso al sentirle jugar con varios dedos, como le torturaba haciendo más profundo el beso cuando separó sus labios en busca de aire. Se aferró a su cuello, poniendo una mano tras su nuca mientras cerrando los ojos pensando que se iba a desmayar si no sacaba esos dedos de su interior.
Sintiéndole tenso en sus brazos, sonrió contra sus labios y decidió darle tregua. Sacó la mano colocándole la camiseta, sintiéndole suspirar y apoyarse contra su cuerpo. Dio por finalizado el beso y le acogió en sus brazos, dejándole apoyar la cabeza en sus pecho suspirando.
Bajó la cara y le besó en la frente. Volvía a estar algo caliente, pero sabía que no se debía a la fiebre. Cerró los ojos y se quedaron en silencio unos minutos, escuchando solo sus respiraciones…ajenos a las lágrimas que se derramaban en las escaleras que llevaban al piso superior del autobús…
Continúa…
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