
Fic TOLL de Namyukaulitz
Capítulo 5: Corazón
Tanto Eva como Tom se sorprendieron al escuchar la tercera voz, seguido de las escaleras chillando con sus pasos.
—¿Qué haces aquí, Bill? —cuestionó Eva volviendo a concentrarse en Tom, pero mirando de reojo al más alto.
—¿Pensabas que no iba a querer unirme? —respondió Bill terminando de bajar las escaleras, mostrando una sonrisa y que en una de sus manos, al igual que Eva, portaba un cuchillo. —¿Cómo podría dejarte sola? —continuó acercándose a ella, viendo a Tom sobre el suelo.
Los ojos de Tom se desorbitaron al verlo, al igual que sus labios temblaban por el miedo y desconcierto, sin comprender qué hacía Bill ahí. Su miedo se mezcló con un vacío inexplicable en ese instante.
—Pensaba que ya lo habías descuartizado, pero estás aquí jugando al ratón y al gato con él. —Bill se posicionó detrás de Eva, como un amante cómplice, rodeando la cintura de la castaña con un brazo mientras apoyaba su cabeza en el hombro de la chica, sin apartar la mirada del de trenzas.
Tom los miraba a ambos, intercambiando miradas con la pareja frente a él. Sin lograr articular una oración, nada, no tenía palabras en ese momento.
Era entender que todo ese tiempo él estuvo en un juego del cual no se dio cuenta a tiempo, y ahora, no podía hacer absolutamente nada, eran dos contra uno. Había perdido desde el primer segundo.
—Cállate. ¿Por qué cambiaste de opinión? —inquirió la castaña girando la mirada para verlo.
Tom vio la escasa oportunidad, esos escasos segundos en los que ella se desconcentró de él. Sin saber bien qué era lo que iba a ser, se levantó con lentitud y debilidad.
—Porque Tom no es un plato que se pueda compartir entre dos —susurró Bill con voz lenta, cerca de su oreja.
Eva lo escuchó mientras volteaba a ver a Tom, moviendo su mano hacia a él, directo a su cuello.
Hubo un corte.
La sangre comenzó a brotar, y desparramarse sobre el pecho de Tom.
Este cayó contra la pared dejándose deslizar por esta hasta el piso. No lo hizo solo. Con el cuerpo de Eva temblando sobre él, desangrándose y ahogándose con su sangre.
Todo sucedió tan rápido, tan súbito, que incluso el viento se detuvo para Tom.
¿Quién había sido?
Vio su mano con el cuchillo que le arrebató a Eva, pero luego levantó la cabeza, al ver Bill, notó que su cuchillo también parecía manchado. Bajó la mirada a Eva que estaba agonizando mientras trataba de pronunciar algo pero sus palabras eran ahogadas con la sangre.
Para cuando Tom salió de su trance, Eva ya había dejado de moverse. De inmediato su rostro se sintió húmedo y su cuerpo también con la sangre de Eva que había caído sobre él.
Apartó el cuerpo de Eva con dificultad, tirándolo a su lado. Al ver el rostro perturbado y sin vida de la chica, se quebró, dejando salir un gemido de dolor, permitiendo salir las lágrimas sin control alguno, agobiado por todo.
No podía con eso, soltó el cuchillo, intentando descifrar si había sido él o Bill.
Bill se quedó parado, frente a la escena, dejando a Tom llorar sin control alguno, encogiéndose sobre él mismo. Su sonrisa desapareció, simplemente se quedó ahí en silencio, asimilando también lo que acababa suceder con los ojos bien abiertos.
El llanto de Tom era tan desesperado que incluso le costaba respirar. Intentaba decir algo, pero solamente salían murmullos sin sentido, que Bill no lograba entender.
Para Bill la situación también había sido abrupta, sólo que no enloquecía en desespero, simplemente lo analizaba. Después de unos momentos, bajó la mirada a su mano, apreciando el cuchillo ensangrentado. Debía admitir que, él tampoco sabía con exactitud quién había sido, quién de los dos fue el que lo hizo primero.
Tom vio fijamente a Bill, parando de llorar por unos segundos. Él todavía seguía armado.
Ambos se observaron en silencio.
Tom pensó que, si no fue Eva, iba a ser Bill.
Se quedó ahí, sin más, simplemente esperando, mientras dejaba escapar algunas lágrimas silenciosas.
Bill apretó su agarre al cuchillo y se acercó a Tom, agachándose para estar a su altura frente a él.
—¿Estás bien?
Tom parpadeó ante la pregunta, pensando que se estaba burlando de él, que incluso antes de matarlo iba a seguir siendo divertido para Bill molestarlo. Pero no, él no tenía esa sonrisa, ni ese tono de voz burlón, simplemente lo observaba con el rostro neutral.
Al no haber una respuesta, Bill extendió su mano hasta la mejilla ensangrentada del contrario, acariciándola con el dorso.
Ahora que lo veía con detalle, Bill notaba lo lastimado que estaba, percatándose del corte en su hombro.
—Sólo hazlo…
Bill alzó las cejas cuando Tom habló.
—¿El qué?
—Lo que has querido todo este tiempo, igual que ella —contestó Tom con la voz temblorosa, viéndolo directamente a los ojos—. Mátame y cómeme —musitó, cerrando sus ojos, a la espera de que el cuchillo cortará su garganta o apuñalara su pecho.
No iba a pelear, no iba a poner resistencia, simplemente iba a dejar que hiciera lo que quisiera.
Bill no respondió, poniendo el cuchillo sobre el cuello de Tom.
Tom sintió la hoja fría y afilada sobre su piel, jadeando al sentirla. Pero, eso no fue lo único que tuvo contacto con él, pues también siento una presión sobre sus labios.
Bill lo besó de forma suave. Con una delicadeza peligrosa.
Tom no dudo, correspondió, aunque rápidamente Bill se apartó.
—¿Es lo que deseas? —preguntó Bill, sin alejarse completamente de su rostro, sin mover ni un poco el cuchillo sobre el cuello de Tom.
Él asintió, abriendo sus ojos.
—¿Tanto deseas ser devorado por alguien? Acabas de salvarte de un depredador, pero te estás entregando voluntariamente a otro… —Bill deslizó el cuchillo desde su cuello hasta el pecho, acariciándolo.
—Sólo hazlo, por favor… —pidió Tom en un susurro, viéndolo directamente a los ojos.
Bill continuó deslizando el cuchillo hasta llegar al vientre bajo del de trenzas.
Para Tom ya no tenía sentido resistirse, sólo quería entregarse, pero no a cualquiera, no a Eva, sólo a Bill, al menos eso podía decidirlo él, tener el control de quien iba a matarlo y consumirlo.
—¿Por qué no lo haces? —cuestionó Tom, al ver que Bill, teniendo la oportunidad, no hacía nada y solamente se limitaba a verlo.
—No quiero hacerlo. No ahora —respondió con sinceridad Bill, bajando su mirada para meter su mano debajo de la camisa de Tom, cortando la tela con el cuchillo desde adentro—. Estaba celoso de que Eva pudiera matarte antes que yo, pero ahora, creo que eres más interesante vivo que simplemente siendo un trozo de carne servido en un plato.
Una respuesta perturbadora, pero sincera… Tom estaba conflictuado, todo ese tiempo lo estuvo, por el deseo que le provocaba Bill, ese morbo de saber quién era detrás de toda esa máscara de amabilidad fingida.
Siempre lo deseó, pero no de la misma manera en la que todos lo deseaban, él le tenía miedo por saber quién realmente era.
Tom levantó sus manos y tomó el rostro de Bill, presionando sus labios contra los ajenos. Dejando ver su atracción al contrario.
Bill no se sorprendió por este beso, tardó unos segundos en corresponder, con los ojos abiertos, observando al de trenzas, terminando por seguir el beso. Tomándolo de su cuerpo con una mano, mientras pasaba el cuchillo por sobre su vientre descubierto y húmedo.
El beso sabía a sangre mezclada con un toque salado y amargo, pero sobre todo, a deseo reprimido por parte de Tom.
No estaba tan seguro de las palabras de Bill, pero a ese punto, todo, incluso él mismo, su moral, prejuicios, mentalidad, podían irse al carajo.
Bill también se dejó llevar, dejando ver la excitación que le había provocado toda la situación y, sobre todo, estar en la posición de poder matar a Tom si él quisiera, pues el contrario se estaba entregando voluntariamente, eso simplemente era la razón suficientemente para no querer matarlo, al menos todavía.
El ambiente frío comenzó a calentarse para ambos, por lo que Bill fue acoplándose a Tom, abriéndole las piernas para ponerse en medio de ellas, sin importarle mancharse de sangre, mientras continuaba el beso, el cual se había vuelto brusco, obligando que ambos abrieran la boca, haciendo chocar sus dientes y lenguas.
Bill fue empujando a Tom hacia abajo, acostándolo sobre el suelo, dejándolo debajo de él.
Ya acostado en el suelo, se separaron dejando un fino hilo de saliva entre los dos, que se rompió en cuestión de segundos, Tom lo observó.
No estaba seguro de si iba a ser destripado o penetrado.
Pero se quedó quieto, con los brazos pegados al cuerpo, mientras Bill seguía pasando el cuchillo por su vientre, dejando unas cortadas muy superficiales.
Bill terminó por cortar el resto de la camisa, quitándole el resto de la ropa con brusquedad, dejándolo desnudo.
Tom se mordió el labio al sentir su piel tan expuesta, intentando mantenerle la mirada a Bill, aunque ahora se sentía un poco apenado.
A pesar de que Bill no lo mirara con morbo, lo observaba con deseo, lo podía ver en sus ojos, pero no era el tipo de deseo que él conocía, era uno más oscuro. Tanto, que Bill soltó el cuchillo por unos momentos, dejándolo a un lado y se dedicó a pasar sus manos por su cuerpo, tocándolo, sintiendo las partes donde se podía percibir su pulso. Era casi como si estuviera tocando un cerdo, viendo cuáles eran las partes más suaves, las que serían fácil cortar, dónde había más carne y dónde no.
Tom podía notar la erección de Bill mientras hacía eso, no lo entendía, claro estaba, pero no estaba disgustado con tenerlo acariciando su cuerpo, si acariciarlo era la palabra adecuada… O sólo la menos rara.
Cuando se cansó de tocar, acercó su rostro a su cuello, lo olfateó y luego pasó su lengua por toda la zona de la yugular, hasta que llegó a su vientre cortado y lamió su sangre mezclada con la de Eva.
Tom arqueó la espalda cuando Bill siguió descendiendo hasta llegar a su entrepierna, y al contrario de la idea que tuvo de lo que Bill iba a hacer en aquella zona, ignoró su miembro, y en cambio tomó una de sus piernas, hizo lo mismo que hizo en su cuello, lo olfateó y luego pasó la lengua por el interior del muslo, mordió, lo suficientemente fuerte como para hacer que la piel casi se rompiera.
Se sintió como si iba a arrancarle un trozo en ese momento, y Tom no pudo resistirse, chilló ante el dolor.
Aún con eso, Bill no se detuvo, siguió mordiendo, hasta que se cansó y tomó el otro muslo repitiendo lo mismo, oler, lamer y morder hasta dejar las marcas de sus dientes en la piel.
—Quiero ver tu espalda, espero no te moleste estar de cara al piso —avisó Bill, poniendo una mano en su cadera y otra detrás de su espalda, para darle la vuelta con suavidad.
Tom no respondió y se acomodó boca abajo, girando su rostro al lado contrario de donde estaba Eva, pues sentía el estómago revolverse de nuevo al sentirse excitado con el cadáver de ella al lado.
Bill se inclinó, sobre el corte de su hombro y clavó sus dientes en esa zona, consciente de que era doloroso, pues de inmediato Tom dejó salir un gemido adolorido y se removió debajo de él. Se rió de forma silenciosa y se pasó la lengua, saboreando el sabor de la sangre de Tom.
Luego fue dejando un rastro de besos por la piel, notando los moretones que le dejó la caída de las escaleras a Tom. Besó hasta llegar a la zona más carnosa y jugosa, justo debajo de su espalda baja.
Dos perfectos cúmulos de carne temblorosa de forma redondeada.
Tom giró su cabeza al percibir el aliento caliente de Bill en esa zona, no tuvo tiempo a asimilar lo que iba a pasar, hasta que recibió dos dedos muy húmedos de algo todavía caliente, por la posición no podía verlo, pero Bill había metido su mano en el cuello cortado de Eva, tomando una buena cantidad de sangre y luego lo llenó con eso en su interior, con ayuda de sus dedos.
Tom abrió los ojos grandemente, apretando sus manos y los dedos de los pies, se sentía demasiado incómodo tener algo en su interior, hundió su rostro entre sus brazos, gimiendo y alzando su cadera.
Bill retiró los dedos, hambriento, se abrió pasó con ambas manos, lo vio contraerse con sangre alrededor, escupió, luego pasó la lengua, fue suave en un principio, pero luego fue más profundo, como si quisiera abrirse paso a su interior.
La saliva de Bill se mezcló con la sangre de Eva en el interior de Tom, en un acto que los involucraba a los tres.
Era grotesco. Asqueroso. Era perfecto. Mejor que cualquier cosa que hubiera probado antes, sobre todo con los gemidos de Tom y el movimiento de su cadera por más contacto.
Para cuando sintió que estaba bien preparado, le dio la vuelta a Tom para tener nuevamente su rostro a su vista.
Con saliva saliendo de la comisuras de sus labios, ojos llorosos, rostro sonrojado y agitado por lo que acaba de experimentar por primera vez en su vida, un placer del cual se sentía un poco avergonzado, por lo que huyó de la mirada de Bill cuando éste le dio la vuelta.
Aún con eso, Bill atacó su boca, para que Tom saboreara la mezcla de fluidos.
Tom abrió la boca, correspondiendo la beso, saboreando, pasando sus brazos por el cuello de Bill, acercándolo más, aferrándose con brazos y piernas al cuerpo aún vestido de Bill.
—A partir de esto, de ahora. Quiero que seas únicamente mío —expresó Bill con calma, mordiendo y estirando el labio interior de Tom antes de separarse del beso—. Voy a estar a tu lado, te voy a proteger, como algo mío, más que un trozo de carne que me voy a comer.
Tom lo escuchó con atención, bajó la mirada por unos momentos, pensándolo.
—Si no quieres, no te voy a matar… Lo digo en serio. Te dejaré vivir. Lo hice antes teniendo la oportunidad, puedo hacerlo otra vez…
—Sí quiero. Yo quiero ser tuyo.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Tom se apresuró a tomarlo del rostro, concretando su respuesta de manera más física.
En medio del beso, Bill tomó de nuevo el cuchillo que había dejado a un lado antes.
—Quiero estar seguro que voy a ser la única persona que puedas desear o… Amar —masculló Bill, rompiendo el beso y prestando atención al cadáver de Eva, aprovechando que estaba literalmente pegada a ellos.
Sin avisó de lo que iba a hacer, empuñó el cuchillo para luego guiarlo al pecho de la castaña, clavándolo para cortar, luego se abrió pasó con ayuda de sus manos, entre el plástico del delantal, la tela de su ropa, de la piel, la carne y hueso, para arrancar y sacar con ambas manos el corazón todavía caliente de Eva.
Con el corazón en sus manos, lo extendió a Tom, quien se había acomodado sobre sus codos viendo toda la violenta escena.
La sangre que se escurría por las manos de Bill, caía sobre su abdomen, aunque no lo dijo con palabras, Tom sabía que quería Bill que hiciera…
Lo observó dudoso, tragó saliva y lo pensó, hacer eso significaba hacer un acto tan atroz como el canibalismo, consumir a un humano, el corazón de la mujer que llegó apreciar cómo su vida misma, no sólo estaba moralmente mal, legalmente también, religiosamente igual, era un acto depravado en todo sentido…
Su respiración se ralentizó, y acercó su rostro hasta el corazón en las manos de Bill.
Con los ojos bien clavados en la mirada brillante de Bill, abrió la boca.
Dio una mordida.
Luego dio otra.
Comenzando a comer el corazón de Eva. Saboreando el sabor sangriento del órgano.
En un principio sintió rechazó, las arcadas en cuanto el sabor a sangre y músculo se expandió en sus papilas gustativas, pero se obligó a tragarlo.
Bill sonrió mientras lo miraba comer, satisfecho con el acto.
Tom tomó el corazón por su cuenta, con ambas manos, manchando su mentón, mejillas y nariz.
En tanto Bill se abría la bragueta del pantalón y se lo bajaba un poco junto a su ropa interior, sacando su miembro. Ya había tenido un primer orgasmo con todo eso, pero se masturbó con la imagen de Tom comiendo el corazón.
Alineó su miembro en dirección al interior del de trenzas.
Tom se concentró en el sabor del corazón para no sentir tanto dolor cuando Bill ingresaba en su interior. Aunque no lo decía, podía jurar que con cada mordida el corazón seguía latiendo, pequeño espasmo cada que Tom clavaba sus dientes y arrancaba. No sabía como algo que hubiera probado antes, todo tenía un sabor distinto, desagradable en un principio, pero al que acostumbró a su estómago rápidamente.
Bill no perdió el tiempo, no tuvo consideraciones y se metió por completo, hasta el fondo, porque el dolor que se provocó a él y del que estuvo seguro que le provocó a Tom, sólo lo hacía sentirse más vivo y valorar cada maldito segundo de ese acto, de ese pacto macabro y condenable entre él, Tom y por supuesto, Eva.
Para cuando Tom dio el último bocado, Bill lo tomó con una mano del rostro, apretándole la boca, obligándole a abrirla y no dejarlo tragar lo último. Introdujo su lengua, en lo que parecía un beso, húmedo y lleno, donde se compartieron los restos masticados del corazón de boca a boca.
Tom dejó escapar unas lágrimas, no sabía de qué o por qué, pero se quedó sin aliento cuando Bill se separó y vio cómo su garganta se movió al tragar sin más los restos de carne que sacó de su boca.
—Tenía más expectativas… Es la primera vez que como algo del cuerpo de otra persona. Tú has consumido a un ser humano antes de yo —confesó, soltando una risa a lo último—. Qué irónico, ¿no crees? —inquirió con una sonrisa perturbadora, moviendo su pelvis ante la mirada consternada de Tom.
—¿Ah? ¿Qué…? —preguntó Tom en un suspiro de voz, ignorando completamente la incomodidad y dolor que le provocaba el ser penetrado en ese momento.
Parpadeó un par de veces, no pudiendo creerlo… Él había hecho todo lo que alguna vez pensó de Bill… Bill nunca había hecho nada, nunca mató a nadie, mucho menos consumió a alguien… Pero él sí, él mató primero, él comió a alguien primero.
Mató y se comió a Eva. Un ser humano. Una persona.
—No te aflijas. Esta es la primera vez de ambos —consoló Bill, besándolo mientras seguía con el vaivén de sus caderas. Se fue alejando de sus labios, besando su mejilla hasta llegar a su oreja—. Sé qué es lo que estás pensando ahora. ¿En serio pensabas tan mal de mí? Al final, tú has sido peor que yo en tus propios criterios, pero no estás solo en esto.
Hubo silencio.
Pero, luego una risa. Floja en un principio pero que rápidamente se volvió intensa.
Fue algo tan abrupto que, incluso Bill, se separó un poco, aturdido por esa reacción.
Tom estaba riendo histéricamente, con lágrimas en los ojos y una sonrisa sangrienta.
—Tienes razón, ahora estamos juntos en esto. Somos iguales ahora. Estamos unidos por esto, ¿no? Que es más fuerte que cualquier papel de matrimonio, que cualquier otro símbolo de pertenencia a alguien más…
—Por supuesto, cariño.
Bill se inclinó sobre sus labios, como si esos fueran sus votos para lo que ahora ambos sabían, era un matrimonio de por vida, un pacto que estaban consumando.
Con eso, ambos cuerpos se movieron y frotaron, Tom devoraba sus labios con hambre, mordiéndolos hasta hacer sangrar a Bill en su boca.
El sótano se llenó de los gemidos de ambos y sus pieles chocando repetitivamente.
Lo que un principio fue dolor, ahora era plenamente placer para Tom, apretaba a Bill con sus piernas para que llegará hasta el fondo, tanto como pudiera, hasta sentir que tocaba su corazón, que latía intensamente por él.
Tom introdujo su mano debajo de la camisa de Bill, enterrando sus uñas en la piel de Bill, aferrándose todavía más.
Su unión cada vez se escuchaba más húmeda y se sentía lubricada, señal de que Bill estaba por tener un orgasmo nuevamente.
Dejando de prestarle atención a Bill, Tom volvió a ver a Eva, todavía a su lado, tocándolo con una parte de su cuerpo. Subió la mirada desde su pecho abierto y la carne expuesta, hasta ver directamente a los ojos, que aunque sin vida, parecía seguirlos viendo, seguir viéndolo a él.
Ese pensamiento fue suficiente como para que hiciera su cabeza hacia atrás, apretando los ojos y hacerlo llegar al orgasmo, al mismo tiempo que soltaba un alarido de placer demasiado grande, que rebotó en las paredes del lugar. Experimentando un éxtasis del que pensaba que iba a explotar en ese momento.
Su interior se contrajo lo suficientemente fuerte como para hacer que Bill también tuviera su orgasmo, viniéndose a dentro de él, mezclando su semen con saliva y sangre.
Bill se desplomó sobre él después de dar unas últimas estocadas más, tan agitado como un perro agotado que deja salir saliva por las comisuras de su boca.
Se quedaron de esa manera por un tiempo, mientras trataban de tranquilizar sus cuerpos calientes y húmedos por el sudor y otros fluidos.
—Quiero volver a repetir eso… Pero quiero tener una vista completa de esto —masculló Tom.
Sin tiempo a una respuesta, tomó a Bill, jalándolo hacia el piso, dejándolo bajo de él. Evidentemente por el brusco movimiento, el miembro de Bill salió de él, dejando escurrir la mezcla de fluidos, que Bill se había encargado de mezclar con cada penetrada, por el interior de sus muslos.
Bill no dijo nada, permitiendo que Tom “tomará” las riendas montándolo.
Antes de sentarse sobre la entrepierna de Bill, Tom pasó sus dedos por donde escurría aquella mezcla, tomando un poco con dos de sus dedos. Llevando la mezcla de color rojizo lechoso a su boca. No estaba seguro si esa sangre era suya, debido algún desgarre del cual todavía no sentía dolor o… La vio de reojo. Bueno, realmente no le importaba, aún así chupó sus dedos, saboreando el sabor peculiar de la combinación.
Bill gimió ante eso, apretando su cadera con fuerza.
Al terminar de retirar todo los fluidos de sus dedos, Tom tomó el miembro de Bill, dirigiéndolo nuevamente a su interior con la mano temblorosa, dejándose caer hasta tener a Bill llenándolo completamente de nuevo.
No sabía cómo moverse, por lo que Bill lo ayudó en un principio, guiándolo con el agarre firme de sus caderas.
Tom no apartaba la vista de dos cosas mientras se movía: De Bill y de Eva, no porque el que fuera específicamente ella hiciera algo especial, quizás sí, un poco, pero lo que le excitaba, lo que lo hacía tener el miembro goteando y desear ser tocado era el sentimiento de adrenalina que le provocaba pensar detenidamente en todo, desde el miedo que sintió por ella, huir, hasta matarla y consumirla, era un sentimiento del cual no tenía nombre, pero que por alguna razón, lo hacía sentir tan vivo como nunca antes.
Y por supuesto, estaba Bill. El deseo que le despertaba con una mirada y un roce de manos, pero sobre todo, no saber en qué momento iba a decidirse y matarlo. Nunca iba a estar seguro de en qué momento terminaría igual que Eva, pero de sólo imaginarlo alcanzaba una sensibilidad sexual que nunca había experimentado si no lo hubiera conocido.
Sólo Bill.
Sólo él podía perseguirlo con un cuchillo para matarlo, cortarlo y luego masticarlo hasta digerirlo.
&
—Aah…
—Mierda…
—¡Duele…!
—No te muevas o si no podría hacerlo mal —puntualizó Bill—. Agárrate de mí si tanto duele.
—Quisiera hacerlo, pero realmente duele. Me arde —expresó Tom, aferrándose al torso denudo de Bill, mientras este estaba entremedio de sus piernas cosiendo el corte de su hombro—. ¿Estás seguro de que lo estás haciendo bien?
—Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que me enseñó Eva… —respondió Bill, concentrado en el hilo y aguja que clavaba en cada punto que hacía sobre la piel rojiza y temblorosa de Tom.
Ante la mención, Tom lo apretó con más fuerza.
—Tú… Tú todavía no me has dicho cómo llegaste aquí. Cómo sabías que ella era esto y que iba a hacer lo mismo conmigo… —murmuró el de trenzas.
—¿En serio quieres hablar de eso ahora?
—No creo que haya mejor momento cuando estamos así en su cocina —recordó.
No estaban seguros de qué hora era, pero al menos todavía era de noche, muy probablemente de madrugada, habían salido del sótano luego que ambos volvieran a hacerlo y de que Bill insistiera en tratar sus heridas y golpes. Por lo que ahora se encontraban en la cocina medio bañados, Tom sólo con ropa interior, sentado sobre la encimera, con Bill en medio de sus piernas cosiendo su herida de manera improvisada con aguja e hilo que encontró en el botiquín que había en la casa.
Bill sonrió, dejando escapar una risa floja. —Buen punto. Es obvio que mereces una explicación y yo soy el único que puede brindártela —contestó mientras seguía cosiendo—. ¿Recuerdas cuando te contó que nos conocimos en la biblioteca? —Tom asintió. —Yo nunca te mentí, ella sí. La primera vez que hablamos fue porque ambos buscábamos el mismo libro sobre el cuerpo humano, sólo había una copia disponible en ese momento, por lo que quedamos en que yo lo leería primero y luego ella…
(—Oye, aún no me has dicho para qué quieres el libro sobre anatomía. Quiero decir, no creo que ustedes lo usen en literatura francesa —dijo la castaña, mientras caminaba al lado del más alto.
—¿Está mal que sea curioso? —bromeó Bill. —No es nada de mi carrera, simplemente me interesan todos los temas alrededor del cuerpo humano. Su funcionamiento, límites, enfermedades, su sabor… Ya sabes, ese tipo de cosas.
—¿Su sabor? ¿Hablas de cosas de caníbales? —preguntó Eva, a lo que Bill asintió con una sonrisa. —¿En serio? A mí también me gustan todos esos temas. ¿Dime, has leído periódicos antiguos sobre caníbales en el país?
—Son los únicos periódicos que realmente me interesan. —rió Bill. —¿Es tu tema fijación o algo así?
—Puede ser más que simplemente una fijación —respondió Eva en medio de una risita coqueta, envolviendo uno de los mechones de su cabello en su dedo—. ¿Tienes algo que hacer por la noche? Me gustaría invitarte a tomar un café… Ya sabes, para que hablemos un poco de estas cosas…
—Qué atrevida… Me gustaría mucho…)
—Después de eso, ella te mencionaba cuando estábamos juntos, pero no como una novia infiel arrepentida, eso me llamó la atención. Saber que tenías de especial para que ella, incluso en esos momentos te mencionara. Iba a dejarlo pasar, hasta que ella me trajo a aquí. Supongo que no me mató porque vio el resto de mis tatuajes, eso no le agradó y fue cuando, otra vez, habló de ti, sobre como no tenías tatuajes y tu piel, tu carne era tan perfecta porque no estaba contaminada. Hubo un momento donde ella salió de la habitación, y yo decidí explorar este lugar, me encontré con el sótano, vi lo que tú viste, su pequeño secreto… Para cuando me encontró, pensé por un momento que iba a intentar hacerme algo, pero no…
(—Bill… No pensé que fueras tan curioso —habló Eva al pie de las escaleras, viendo al azabache.
—¿Tú hiciste esto? —preguntó Bill con una ceja alzada, con la puerta del congelador abierta con una de sus manos. —Es muy interesante. ¿Son tres? ¿O son cuatro?
A la chica le brillaron los ojos con la actitud de Bill, sonriendo en grande, mostrando su emoción.
—Son las piernas de dos mujeres adultas… Eran lindas, sobre todo porque querían que me las comiera, ella se ofrecieron a saciarme voluntariamente —explicó, poniéndose a su lado—. Es fácil cuando ellos son quienes te buscan en foros y se dejan comer voluntariamente, pero, ¿no crees que sería más divertido cazarlos por ti mismo o alimentarlos y manejarlos hasta que estén como quieres?
—Oh… ¿Por eso mencionas tanto a ese Tom?
Eva sólo le dio una mirada acompañada de una sonrisa maliciosa. Era un sí.
—Sí… He notado que te esmeras mucho en llevarle de comer y ser como una novia atenta para él. —Bill se llevó la mano al mentón, pensativo.
—Ya lo sabes… Podemos, ya sabes, hacer esto juntos. Te interesan estas cosas tanto como a mí. —Eva lo tomó del rostro para hacer que la viera.
—Lamento romper tus esperanzas de un amante que comparta tus fechorías, pero, yo soy más de ver matar y comer a otros, no me interesa hacerlo por mi cuenta…. )
—Supongo que fui la única persona que salió viva de aquí —terminó por contar Bill.
—¿Entonces lo supiste todo este maldito tiempo? ¿Por qué nunca me dijiste nada? —reclamó Tom, frunciendo el ceño molesto, pero esforzándose en no moverse.
—Lo hice. A mi manera por supuesto. Pero como te dije, nunca me interesaste ni un poco, hasta que supe que ella te tenía como su próximo platillo, no pensaba interferir, pero al percatarme de que siempre me mirabas… Tan desconfiado, con miedo y morbo en tu mirada, no pude evitarlo, sentía curiosidad por ustedes dos, sobre todo por ti, Tom. Porque tú tampoco eres normal, también te disfrazas entre la multitud como Eva y yo, para ocultar lo que realmente deseas porque sabes que eso te haría raro. Pero la diferencia entre yo y ustedes dos… Es que yo todavía no he matado a nadie —terminó por decir, al mismo tiempo que terminaba la sutura, dándole una sonrisa como las de siempre a Tom.
&
Tom estaba abrazándose a sí mismo, con la mirada en alto, bajo la tenue lluvia. Observando como el fuego consumió todo conforme se extendía hasta el techo y la cochera.
El sonido del motor lo hizo salir de sus pensamientos.
—¿Puedes subir o quieres que te suba? —cuestionó Bill, subiendo a su motocicleta. —No te preocupes, no habrá ni rastro de que estuvimos aquí, el fuego ya quemó lo que nos afecta a nosotros y pronto llegará al auto, vacié un bote de gasolina en el interior y afuera, no tardará en quemarse igual que el resto.
Tom giró su cabeza para verlo, asintiendo sus palabras. Le dio una última mirada a la casa, despidiéndose de Eva y de él mismo en ese momento. Acercándose a Bill, subiendo y abrazándolo por la espalda.
—Agárrate fuerte —advirtió Bill, tomando los brazos que los abrazaban y haciendo que se apegara más a su espalda—. No quiero que te caigas.
—Sí… —musitó Tom, aferrándose a él, dejando su cabeza sobre la espalda de Bill.
—Buen chico —dijo por último Bill.
La lluvia caía sobre ellos mientras iban en la carretera, en silencio, en camino a… Tom no lo sabía con exactitud. Pero estaba seguro de que era el inicio de su nueva vida, no sabía que les esperaba, cuando llegaría su muerte, pero siempre y cuando fuera con Bill…
Él no iba a tener que tenerle miedo a nada que no sea el propio Bill.
Y a él mismo…
Continúa…
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