Incomplete 5

Incomplete 5

Fic TOLL de lyra

Capítulo 5

Entró en el club como una exhalación, ignorando las voces que lo llamaban desde una de las mesas y a Melissa, que desde la barra preguntaba preocupada si le pasaba algo.

No hacía falta ser muy listo para saber que sí. Tom llevaba el pelo empapado por culpa del cóctel que Alexander le había lanzado, y una expresión de odio intenso le cruzaba la cara.

Fue directo a la puerta del almacén y la abrió de malas maneras.

—¡Tom! —gritó Andreas sin poder contenerse— Qué susto me has dado…

Se quedó en silencio al ver el estado de su amigo y el humor que traía encima.

—¿Qué ha pasado? —preguntó yendo tras él.

Tom siguió caminando sin detenerse, sin siquiera mirarlo.

—Alexander….ese niñato me ha calentado y David me ha despedido —explicó entre jadeos.

Entró en el vestuario y fue a su taquilla que abrió con rabia, recogiendo su móvil.

— ¿No te dije que tuvieras paciencia con ellos?—inquirió Andreas a su espalda.

Tom se detuvo un segundo, con los puños apretados y la respiración aún agitada. No se giró, pero su voz salió cargada de rabia contenida.

—¿Paciencia? —repitió con amargura— Me tiró un cóctel a la cara delante de todos. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Sonreír y darle las gracias?

Andreas se acercó con cautela, como si temiera que cualquier palabra mal dicha pudiera encender aún más la chispa.

—No, claro que no—murmuró Andreas—Pero ya te lo había advertido David, no tolera escándalos. Y Alexander… bueno, es intocable.

Tom se giró entonces, con los ojos encendidos.

—¿Y yo qué soy?—quiso saber mirando fijamente a su amigo— ¿Un juguete para que esos niñatos se diviertan y luego me tiren a la basura?

Andreas bajó la mirada sin saber qué responder. Sabía que Tom tenía razón, pero también sabía que en ese club la razón no siempre ganaba.

—Lo siento mucho, Tom…esto es así—murmuró suspirando Andreas.

Tom se le quedó mirando ya más calmado, él no tenía la culpa de lo que había pasado ni tenía que pedirle disculpas.

—No quiero tus disculpas—dijo apartándose un mechón de pelo de la cara—Solo quiero que alguien me trate como si yo le importara.

—Tú me importas mucho, ya lo sabes—confesó Andreas en voz baja.

Si, Tom lo sabía. Y también sabía que aceptar la oferta de su amigo y ex amante había sido un error. Estaba volviendo a confundirle y no era eso lo que quería ni lo que Andreas necesitaba.

—Hablaré con David…—empezó a decir Andreas.

—No, no quiero que tengas problemas por mi culpa—negó Tom con firmeza.

—No puedo quedarme de brazos cruzados si hay algo que pueda hacer—insistió Andreas.

—No hay nada más que hacer—dijo Tom tajantemente—Lo mejor es que recoja mis cosas y me busque otro trabajo y alojamiento.

—Por favor Tom, no te vayas—suplicó Andreas sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Tom odiaba ver en ese estado a su amigo, una vez más había roto su corazón en mil pedazos.

—No puedo darte lo que quieres, y te mereces algo mejor que migajas—murmuró pasando por su lado.

Pero Andreas no se quedó quieto, se puso delante bloqueándole el paso entre él y la puerta.

—Tú no eres así, nunca te das por vencido a la primera—saltó Andreas sin poderse contener—Estás aquí por tu hermano, ¿recuerdas?

Mencionar a su hermano perdido hizo que el enfado de Tom se disipara. Lo había olvidado por unos momentos, por culpa de la broma de Alexander y por culpa también de Bill, quien desde que le había visto le había nublado la mente y el juicio.

—Debes luchar por encontrarlo—siguió diciendo Andreas—David es muy comprensivo, si le explicas lo que ha pasado estoy seguro de que te dará una segunda oportunidad. Y no debes dejar que alguien como Alexander te pisotee, levántate y demuéstrale quien eres.

—No sé si tengo fuerzas para eso—murmuró Tom dándose por vencido.

— ¡Claro que las tienes! Eres muy fuerte Tom, más de lo que te piensas—dijo con firmeza Andreas—Mira por todo lo que has pasado y dónde has llegado. Otro en tus circunstancias se hubiera venido abajo nada más empezar.

Tom no pudo evitar sonreír al escuchar las palabras de su amigo, como lograba levantarle el ánimo cuando se sentía por los suelos como en esos mismos momentos. Asintió con la cabeza y por por primera vez en mucho tiempo, dejó que Andreas lo abrazara.

No como alguien que buscara amor, sino como alguien que le ofrecía refugio y consuelo.

&

Sabía que David no había llevado a Alexander al club a curar su herida, en esos momentos allí estaría Tom recogiendo sus cosas y lo último que David quería era otro enfrentamiento entre ellos.

Cerca de la caseta donde se alquilaban las motos de agua había otras casetas de madera que se usaban para cambiarse de ropa antes de volver a casa, y en uno de ellos estaba Patrick entregándole a David un cuenco con hielo junto con una toalla.

Fue directo a la caseta viendo a Alexander sentado sobre el banco que ahí había con una furiosa expresión en la cara.

— ¡Vaya! ¡Por fin te acuerdas de tu novio! —estalló Alexander al verle—El idiota al que le han partido la cara humillándole en público.

Desde la puerta David había escuchado sus palabras. Conocía de sobra los estallidos de Alexander, una mezcla de sarcasmo y rabia que usaba como escudo cuando se sentía expuesto. No era la primera vez que lo veía perder los papeles, y probablemente no sería la última.

Pero no podía permitir que hiriese a Bill con sus crueles palabras.

No se lo merecía en absoluto.

—Bill, deja que yo me ocupe de esto—pidió David entrando del todo en la caseta.

Dejó el cuenco el el suelo y cogió un poco de hielo que envolvió en la toalla y le tendió a Alexander.

—Gracias—murmuró Alexander cogiéndolo.

Lo aplicó con suavidad sobre su mejilla magullada que sentía arder sobre todo por la rabia que estaba sintiendo.

—David, no puedes despedir a Tom—soltó Bill para sorpresa de todos.

—Por supuesto que puedo, y debo hacerlo—dijo con firmeza David—Lo que ha hecho ha sido lamentable, su primer día de trabajo y se ha peleado con un cliente. No puedo permitir ese tipo de comportamiento en el club.

— ¡No fue culpa suya! —exclamó Bill, desesperado—Alexander y Natalie se estaban burlando de él, provocándolo desde el principio. Le tiraron un cóctel a la cara, ¿cómo esperabas que reaccionara?

David se le quedó mirando en silencio, como si estuviera estudiando cada una de sus palabras.

—Eso no justifica la violencia —dijo finalmente—No importa lo que le hayan dicho o hecho, no puede golpear a un cliente.

— ¿Y qué hay de su dignidad? —replicó Bill— ¿De verdad crees que alguien puede soportar ese tipo de humillación sin romperse?

David suspiró, visiblemente incómodo.

—No es tan sencillo, Bill—dijo con firmeza David—Este club tiene reglas, lo sabes… es complicado.

—No es complicado, es cruel —murmuró Bill—. Y si dejamos que eso pase sin consecuencias, entonces el problema no es Tom. Es todo lo que permitimos.

David se le quedó observando en silencio. Por primera vez, parecía dudar.

Y no era el único que guardaba silencio.

Sentado en el banco Alexander permanecía aparentemente tranquilo pero su mente no descansaba. Maquiavélica y velozmente tejía con precisión el siguiente movimiento de su juego. Lo que había comenzado como una simple broma se había transformado en algo mucho más elaborado. Y no pensaba detenerse hasta que el resultado le dejara completamente satisfecho.

—Bill tiene razón—intervino para sorpresa de los dos

David frunció el ceño, desconcertado.

—¿Me estás diciendo que Tom no tiene la culpa de nada?—inquirió David.

—Lo que digo es que quizás Natalie y yo nos pasamos con la broma—admitió Alexander fingiendo arrepentimiento—Estaba aburrido y quise divertirme, Tom fue un blanco fácil. No pensé que reaccionaría así, llevé la broma muy lejos.

—¿Y lanzar un cóctel a la cara de alguien no te parece una broma estúpida?—preguntó Bill, sin poder ocultar su indignación.

—Ya he dicho que no estuvo bien —replicó Alexander mirando fijamente a Bill—Ha sido culpa mía y Tom no merece perder su trabajo por eso.

David se cruzó de brazos estudiando la situación. Sabía que Tom no tenía la culpa pero tampoco podía librarse de un castigo o algo parecido. El club tenía sus reglas y él como responsable debía hacerlas cumplir.

Aunque doliera.

Aunque fueran injustas.

Y también sabía que había algo en la actitud de Alexander que no lograba de entender, como si hubiera algo que se le estaba escapando.

¿Alexander mostrándose arrepentido?

¿Recapacitando sobre sus actos?

¿Acaso estaba dispuesto a pedirle perdón a Tom?

No, David lo conocía demasiado bien. Sabía que detrás de cada gesto amable podía esconderse una estrategia, una nueva forma de manipulación.

¿Era eso otro de sus juegos?

¿Debía permitirlo o se atrevería a plantarle cara?

¿Llegaría alguna vez llegado el momento de dejar de mirar hacia otro lado?

Cogió aire y sabiendo que no había mucho más que pudiera hacer en esos instantes decidió seguir el juego de Alexander…de momento. Porque a veces ceder no significaba rendirse. Era esperar el momento adecuado para actuar.

—¿Y qué propones que haga? —preguntó sin apartar la mirada de Alexander.

—Sanciónalo si lo crees necesario, pero no lo despidas—contestó Alexander con una calma que parecía ensayada—Yo asumo toda la culpa y si tengo que ir a pedirle perdón en persona voy ahora mismo.

Se puso en pie ante la mirada incrédula de Bill, incapaz de creer que Alexander hubiera cedido tan rápido y de esa manera.

—Está bien. Tom no será despedido… por ahora—cedió David—Pero queda advertido. Un incidente más y se va a la calle.

Salieron de la caseta seguidos de Bill. Echaron a andar camino del club, por el camino Alexander se volvió por unos segundos y le guiñó un ojo con una amplia sonrisa en la cara.

Y entonces Bill lo supo.

Todo ese arrepentimiento formaba parte de otro estúpido juego de Alexander. No había sinceridad en sus palabras, solo una nueva forma de manipular la situación. Tom no iba a perder su trabajo, pero se había metido en un buen lío al humillar a Alexander.

Y Alexander jamás perdonaba.

Acababa de convertirse en el epicentro de una tormenta que apenas había empezado.

Bill apretó los puños mientras caminaba detrás de ellos. Sabía lo que venía. Alexander no se quedaría quieto, no después de haber sido humillado frente a todos. Y Tom, sin saberlo, había cruzado una línea invisible que nadie en el club se atrevía a cruzar.

Pero Bill no pensaba quedarse al margen esta vez. Estaba cansado de las manipulaciones de Alexander, y no pensaba permitir que Tom se convirtiera en una víctima más de su crueldad.

Por primera vez en su vida, Bill quería hacer lo correcto.

Y eso empezaba por proteger a Tom aunque fuera con su propia vida

&

Entraron en el club y fueron directos a los vestuarios donde David esperaba que Tom aún siguiera recogiendo sus pertenencias. No había visto a Andreas, y se lo imaginaba tratando de consolar a su amigo.

Abrió la puerta del vestuario sin llamar, encontrándose a sus dos camareros abrazados de una forma demasiado íntima de lo que él se esperaba.

Tom tenía la cabeza apoyada en el hombro de Andreas, los brazos rodeándole con fuerza, como si necesitara aferrarse a algo para no derrumbarse. Andreas por su parte le acariciaba la espalda con suavidad, murmurando algo que ninguno de los recién llegados alcanzaron a escuchar.

—Perdón por la interrupción—murmuró David carraspeando.

La pareja se separó al momento como si hubieran sido pillado haciendo algo que no debieran. Andreas bajó la mirada, sentía los ojos llenos de lágrimas y no quería que nadie lo notara. Tom sin embargo alzó más la cabeza mirando desafiante a Alexander sin dejarse intimidar por él nunca más.

—Andreas, vuelve al trabajo por favor—pidió David con tono suave—Alexander solo quiere disculparse con Tom.

Tanto Andreas como Tom se miraron como si no hubieran entendido bien lo que David les acababa de decir.

¿Alexander se quería disculpar?

¿Es que Tom le había golpeado con más fuerza de la que se imaginaba y provocado una conmoción cerebral?

—¿Disculparse? —repitió Andreas alzando una ceja.

Tom entrecerró los ojos sin fiarse ni un segundo. Sabía que Alexander no era de los que pedían perdón. Si estaba allí, era por algo más.

—Andreas, por favor—llamó de nuevo David, sabiendo que estarían desconcertados por la nueva situación.

Andreas asintió con la cabeza y echó a andar con lentitud, rodeando a Alexander con cuidado como si temiera que fuera a explotar en cualquier momento. Salió del vestuario dejando la puerta cerrada tras él.

El silencio se volvió denso. Tom se quedó de pie con los brazos cruzados esperando. Alexander lo miraba fijamente como si buscara las palabras necesarias y le costara mucho encontrarlas, ya que él nunca jamás pedía perdón por nada y esa iba a ser su primera y única vez.

David se mantenía cerca, vigilante. No confiaba en Alexander y mucho menos en sus repentinas ganas de disculparse.

—Estoy aquí para arreglar las cosas—empezó a decir Alexander —No quiero que esto se convierta en una guerra.

Tom no respondió. Sabía que las guerras no siempre se declaraban con palabras. A veces empezaban con sonrisas falsas y disculpas vacías.

—Siento mucho lo ocurrido en el lago, no debimos meternos contigo y yo no debí tirarte la bebida a la cara—soltó sin aliento Alexander—Y no mereces ser despedido por eso.

Tom se le quedó mirando, la disculpa era totalmente falsa y Alexander lo sabía. No borraba todo lo que había pasado. Le habían humillado públicamente, había reaccionado golpeándole y en esos momentos Bill le había mirado con unos ojos llenos de miedo intenso.

No comprensión ni apoyo.

Miedo.

—Un poco tarde—murmuró Tom sin poderse contener mirando fijamente a David.

—No estás despedido Tom, me precipité—intervino David—Voy a darte una segunda oportunidad, pero estás a prueba.

—Y yo prometo no volver a meterme contigo—dijo Alexander tendiéndole la mano.

Tom se quedó mirando su mano, por nada en el mundo pensaba estrecharla como si nada hubiera pasado. Porque sus disculpas eran falsas al igual que su arrepentimiento, Alexander estaba de nuevo jugando con él y todos los que le rodeaban.

Y todos lo sabían.

—No necesito tus promesas, solo que me dejes hacer mi trabajo—murmuró Tom con firmeza.

—Tom, no seas rencoroso—pidió David con tono conciliador—Habéis empezado con mal pie, acepta su mano y empezad de nuevo.

David no se lo estaba ordenando pero Tom podía sentir que en el fondo así era. Solo quería dejar zanjado el tema, que Alexander se pensara que habían caído en su juego y quedara satisfecho por haberles manipulado a su antojo una vez más.

Quiso negarse en rotundo, no por rencor sino por que no quería fingir que todo estaba bien entre ellos solo porque alguien se lo estaba exigiendo. Odiaba a Alexander, no confiaba en él y no podía fingir que así era aunque eso implicara perder ese nuevo trabajo que tanto necesitaba.

Entonces recordó las palabras de Andreas.

Tenía que luchar por encontrar a su hermano, aunque eso significara tener que rebajarse a estrechar una mano y aceptar unas disculpas falsas que no significaban nada.

Y así lo hizo, contuvo el aliento y levantando su mano estrechó con fuerza la de Alexander que le miraba fijamente con una expresión muy seria en la cara.

Por un instante, el silencio fue absoluto. David soltó un suspiro de alivio. Alexander mantuvo la mirada fija en Tom sin sonreír, como si ese apretón de manos fuera una declaración de guerra silenciosa.

Y Tom lo sabía.

No había ganado nada.

Solo había comprado tiempo.

—Pues con todo ya solucionado creo que podéis volver al lago—dijo David dirigiéndose a Bill y Alexander.

—Estaremos en la tumbonas de antes, ven a tomarte algo con nosotros si David te deja unos minutos de descanso—invitó Alexander.

—No creo que a Tom le apetezca mucho—intervino Bill.

Se había mantenido en silencio todo ese tenso momento, sabiendo que Tom no era tan tonto como Alexander se imaginaba y sabía perfectamente que estaba jugando con él de nuevo. Y tenía que dejarse manipular si quería conservar su trabajo, y Alexander lo haría encantado.

—Bueno, si cambias de idea ya sabes donde estamos—insistió Alexander con una amplia sonrisa.

Dio media vuelta y cogiendo a Bill de la mano salió del vestuario llevándole tras él casi a rastras.

&

Una vez a solas David se quedó mirando fijamente a Tom, aún con su pelo mojado por el cóctel. Se le veía cansado y sobre todo muy abatido. Y sintió lástima por él.

—Lo mejor será que vayas a descansar y mañana empieces a trabajar como si hoy no hubiera existido—dijo David suspirando.

—No hace falta, aún me quedan un par de horas para terminar mi turno—se negó Tom.

—Mañana las recuperas si quieres, pero se ha terminado por hoy—insistió David con firmeza.

Tom asintió con la cabeza y salió del vestuario. Recorrió el almacén y entró en el club donde parecía que todas las miradas estaban fijas en él. Localizó a Andreas atendiendo una de las mesas y esperó a que terminara y se reuniera con él.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Andreas sin aliento.

—David me ha devuelto el trabajo—contestó Tom para su alivio—Aunque estoy a prueba, pero al menos no me ha despedido.

— ¿Ves como David no es tan ogro como aparenta?—dijo Andreas sonriendo ampliamente.

—Me ha dicho que me vaya a descansar y mañana recupere las horas que hoy no trabajo—explicó Tom—Y eso voy a hacer, estoy reventado.

—Aún me queda 1 hora, cuando termine voy a casa y hablamos—murmuró Andreas echando un vistazo a su alrededor—Sal por detrás, mejor no te cruces con nadie indeseable.

Tom asintió con la cabeza, lo último que quería en esos momentos era volver a cruzarse con Alexander. No se había tragado sus disculpas, pero no quería tampoco hacer nada que le provocara y tener otro problema cuando David ya le había dado un ultimátum.

Necesitaba el trabajo, no pasarse toda la vida saliendo de un problema para meterse en otro.

Salió por la puerta trasera del club sintiendo la brisa acariciar su cara. Caminaba con lentitud, estaba cansado no solo físicamente sino por todo lo que había pasado en apenas unos minutos. Su humillación, su pelea con Alexander quien sabía que jamás iba a cambiar y eso que le acababa de conocer. Pero no había que ser muy listo para saber que sus disculpas eran más que falsas, una estrategia más en su juego retorcido.

Y Bill… Bill le había defendido, sí, pero también había dudado. Tom lo había visto en sus ojos.

Miedo.

Desconfianza.

Y sin embargo, había aceptado estrechar esa mano que le tendía Alexander. No por él, ni siquiera por David. Lo había hecho por su hermano. Por esa promesa que se había hecho a sí mismo de encontrarlo, de entender qué había con él. De cerrar ese capítulo que aún le dolía como una herida abierta.

Suspiró y mientras caminaba rumbo al bungalow de su amigo se pasó una mano por el pelo aún húmedo. Al día siguiente sería otro día, se levantaría tratando de olvidar todo lo que había pasado. Tendría otra oportunidad para demostrar que él no era un problema, que podía encajar en un club lleno de niños pijos.

Que podía sobrevivir en ese lugar sin perderse a sí mismo.

Y quizás si volvía a sentir que así ocurría, Andreas estaría allí para recordarle de nuevo qué era lo que de verdad importaba en la vida y que tenía que seguir luchando por ello.

Su hermano.

Su dignidad.

Porque aunque el mundo se empeñara en empujarlo hacia abajo, Tom aún tenía algo que lo mantenía en pie y nunca jamás le sería arrebatado.

Esperanza.

Y mucha fe.

Continúa… 

Gracias por la visita 😉

por lyra

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!