Incomplete 6

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 6

Salieron del club y una vez en el embarcadero no fueron a las tumbonas como Alexander se pensaba. En lugar de eso Bill se dirigió de nuevo a una de las casetas del lago donde poder hablar tranquilamente. Sabía que Alexander estaba muy furioso aunque no lo quisiera dar a entender y no quería que dijera o hiciera algo delante de sus amigos.

Además, quería que hablar seriamente con él y mejor hacerlo lejos de miradas curiosas. Cuando Alexander se enfadaba solía ser bastante grosero a veces y perder los papeles sin importarle hacerlo incluso con él. Debía tratar de calmarle, y sabía que sólo había una única manera de conseguirlo aunque no le gustaba para nada tener que recurrir a ella.

— ¿Se puede saber dónde demonios vamos?—preguntó Alexander, molesto.

—A la caseta, creo que se me cayó el móvil allí —respondió Bill con voz firme, sin soltarle la mano.

Alexander se dejó llevar y entraron en la misma caseta donde David le había llevado minutos antes. Entraron en ella y Bill cerró la puerta tras ellos. Solo entonces se soltó del agarre de Alexander y se le quedó mirando con miedo. Sabía que iban a mantener una conversación un tanto delicada.

— ¿Sabes lo humillado que me has hecho sentir?—estalló Alexander mirándole fijamente—He tenido que pedirle perdón a un simple empleado y hacer que le devolvieran el trabajo, cuando lo que tenía que hacer era haberle devuelto el puñetazo.

Bill bajó la mirada. No era la primera vez que Alexander le hablaba de esa manera, pero esta vez había algo distinto.

Tom estaba en medio.

—Fue broma que tú y Natalie llevasteis demasiado lejos—dijo Bill procurando mantener la calma—Tom es inocente, no debe pagar por vuestra broma.

— ¿Te preocupa Tom?—repitió Alexander soltando una risa seca— ¿Es eso? ¿Te importa más ese camarero que yo, tu novio?

—Claro que no—mintió Bill cogiendo aire—Pero sabes que todo esto llegará a oídos de mi padre, el trabajo de David es informarle de cualquier problema que ocurra en el club y más si está relacionado de alguna manera conmigo. Prefiero que le diga que ha habido un altercado y que mi novio ha tenido la madurez suficiente de recapacitar y pedir perdón porque se ha dado cuenta de que se ha excedido.

Alexander se le quedó mirando en silencio, Bill era de lo más inocente y manipulable. Lo que más le importaba era lo que podía pensar su padre, como que él no era el novio adecuado y le obligara a tener que dejarle.

Cosa que sabía que Jörg Kaulitz jamás haría porque como ya le había contado Bill se sentía ignorado por él ya que anteponía su trabajo a su propia familia.

Pero que hubiera tenido el valor de tratar de amenazarle con su padre…nunca antes lo había hecho y todo era debido a Tom, un completo extraño que se había colado en sus vidas y Bill estaba dispuesto a hacer lo que fuera por defenderle.

Como enfrentarse por primera vez a su novio y plantarle cara, usando a su padre como sutil amenaza.

Lo había hecho.

Y lo peor de todo, había funcionado.

Porque había hecho que Alexander recapacitara, no podía permitirse el lujo de perder a Bill porque era su tapadera de cara a esa sociedad que no vería con buenos ojos la doble vida que llevaba llena de oscuros secretos que ni Bill se imaginaba.

Gracias a él sus padres pensaban que eran la pareja perfecta y no estaban tan encima suyo preguntándole qué estaba haciendo a cada momento o dónde se había metido toda la noche. Bill era su excusa y gracias a él podía gozar de más libertad de la que le darían sus padres si supieran la verdad.

Todo eso dependía de Bill.

De su sonrisa dócil y de su silencio cómplice.

De su amor ciego.

Un amor que gracias a Tom ya no era tan ciego. Había encendido algo en Bill que Alexander no podía controlar a no ser que reaccionara a tiempo haciendo lo que mejor se le daba hacer. Manipular a Bill a su antojo, le castigaría por haberse sentido humillado ese día por culpa suya y también de Tom.

Pero primero, seguiría jugando un poco más con él. Quería ver lo lejos que llegaba con su sutil amenaza.

—Así que ahora usas a tu padre para manipularme —murmuró con una sonrisa fría.

—Solo estoy siendo práctico —respondió Bill manteniendo la calma—No te cansas de repetirme que el club las cosas son así y no se puede hacer nada para cambiarlas. Que todo está basado en un gran poder, pues resulta que es mi padre quien tiene ese poder. Y si él cree que estás perjudicando mi imagen, no dudará en apartarte.

Alexander apretó los puños, pero no dijo nada. Sabía que era cierto. El padre de Bill no toleraría ningún escándalos, y menos si afectaban a la reputación de su hijo que al final era la suya propia.

—No quiero que esto se vuelva a repetir—dijo con firmeza Bill—Ni con Tom, ni con nadie. Se terminaron las bromas pesadas, solo te estoy pidiendo un poco de paz Alexander.

Alexander asintió con la cabeza, no podía evitar pensar que era la primera vez que veía a Bill tan poderoso. Sus palabras eran las adecuadas y estaba haciendo que recapacitara.

Y eso le había puesto muy cachondo sin poder evitarlo…

No era solo lo que había dicho.

Era cómo lo había dicho.

La firmeza en su voz, la seguridad en su mirada. Bill, el chico dulce y obediente, acababa de plantarse frente a él con una autoridad que no le había visto nunca. Y eso había hecho que se empalmara al momento.

Se pasó la lengua por los labios, tratando de disimular la agitación que sentía.

—No se volverá a repetir Bill, tienes razón—dijo Alexander tras unos segundos—Me he dejado llevar por el enfado, no quiero que algo así se interponga entre los dos.

Sus palabras flotaron en el aire como una tregua inesperada. Bill se le quedó observando con cautela, sin saber si creerle. Había escuchado cientos de disculpas suyas antes, pero esa vez sonaban distintas.

Más calculadas.

Más urgentes.

Alexander dio un paso hacia él, suavizando su expresión.

—Sé que me excedí. No fue justo para ti… ni para Tom—añadió, como si le costara pronunciar ese último nombre—El no tiene la culpa de nada, y mucho de menos de que tu novio sea tan gilipollas.

Bill frunció el ceño, pero no respondió de inmediato. Sabía que Alexander usaba el sarcasmo como escudo, como forma de disfrazar sus disculpas. Era su manera de no mostrarse vulnerable, de no ceder del todo.

—No hace falta que insultes para disculparte —dijo Bill procurando mantener la calma— Solo quiero que entiendas que esto no puede seguir así, en el club debes tener cuidado con lo que haces porque llegará a oídos de mi padre.

—He captado el mensaje, te prometo que no se volverá a suceder una situación parecida—prometió Alexander esbozando una débil sonrisa.

Pero Bill lo conocía demasiado bien. Esa promesa, pronunciada con tan poca convicción, no era más que una tregua momentánea. Una pausa en la tormenta. Sabía que Alexander no pedía perdón por remordimiento, sino por estrategia.

Y eso, más que calmarle, le inquietaba.

Dio la conversación por finalizada y viendo que Alexander estaba algo más calmado sin necesidad de haber tenido que recurrir a eso que tanta repulsión le daba dio media vuelta dispuesto a salir de la caseta. Pero Alexander le cogió de nuevo con firmeza de la mano y le hizo volverse.

—¿Sabes? —susurró Alexander inclinándose sobre él—Me ha gustado que te hayas puesto así, tan seguro de ti mismo. Me ha excitado mucho que hayas tratado de dominarme…

Esa era la palabra clave. Tratar de dominarle, porque estaba claro que no lo había logrado y nunca jamás lo haría.

—No lo he hecho para que te excites—susurró Bill tragando con esfuerzo—Lo he hecho porque no quiero que trates a los demás como si fueran basura.

Alexander sonrió. No era la respuesta que esperaba, pero tampoco le había decepcionado. Bill sentía que tenía el control, y él dejaría se lo creyera.

—Pues deberías hacerlo más seguido —susurró de nuevo acercándose a sus labios—Te queda muy bien eso de llevar por una vez las riendas.

Se apoderó de sus labios sin darle opción a negarse, entró con fiereza en su boca y mientras le besaba profundamente robándole el aliento llevó las manos a su cintura y se frotó contra él para que sintiera lo duro y cachondo que le había puesto.

Bill cerró los ojos y se dejó besar. Sabía como iba a terminar eso y una vez más se tuvo que dejar aunque en el fondo no lo deseara. Porque mientras dejaba que Alexander abusara una vez más de él, en el fondo se repetía a sí mismo que lo hacía solo por Tom, que no se merecía lo que le estaba pasando solo por haberse metido en medio.

Y sin dejar de repetirse una y otra vez que sólo de esa manera Tom estaría a salvo de las manipulaciones de Alexander, Bill dejó que llevara las manos a su bañador y se lo bajara para luego hacerle girar con brusquedad poniéndole de cara a la pared.

Segundos después le sentía entrar con brusquedad en su cuerpo una y otra vez, con las manos apoyadas en la pared de la caseta Bill se dejaba mancillar con los ojos fuertemente apretados para no derramar esas lágrimas que sentía en ellos, sollozando por lo bajo porque Alexander le había visto poderoso y seguro de sí mismo cuando la realidad era que se sentía más débil que nunca.

Fingir delante de Alexander que él tenía el poder le había llevado a eso, y no entendía porqué seguía permitiéndoselo después de todo lo que había pasado, de todo lo que le hacía… no entendía que aún sintiera una punzada en el pecho cuando Alexander le miraba fijamente como si fuera suyo.

Porque no lo era.

Ni quería serlo.

Sin embargo ahí estaba sollozando en silencio con el alma hecha pedazos por una relación tan tóxica que sentía que se ahogaba en ella y no tenía las fuerzas necesarias para pedir ayudar ni sabía quien podía rescatarle de ese infierno.

Entonces su nombre resonó en su cabeza mientras sentía una lágrima resbalar por su mejilla.

Tom.

Se había fijado en él, había golpeado a Alexander cuando era algo que él nunca jamás haría.

Tom podía salvarle si se lo pedía, pero después de lo ocurrido ese día quizás cuanto más lejos estuviera de ellos, más a salvo estaría de verse arrastrado a una vida llena de problemas que él solito se había buscado.

&

Minutos después Alexander salía de la caseta completamente satisfecho y saciado con una amplia sonrisa en la cara. Tras él iba Bill tratando que su rostro no reflejara lo triste y roto que se sentía.

Por todo lo que había pasado, y por no haber tenido el valor necesario de rechazarle. Por tener que mentirle diciendo que al final él también había disfrutado mientras sonreía ampliamente.

Y tras recomponer sus ropas y besarse por última vez salieron de la caseta y fueron a las tumbonas donde sus amigos aún les esperaban con la preocupación reflejada en sus caras.

— ¿Dónde os habíais metido?—preguntó Georg al verlos.

—Teníamos un asunto pendiente—murmuró Alexander dejándose caer en su tumbona.

Lucía una amplia sonrisa en sus labios que lo decía todo sin necesidad de explicar nada. Gustav se fijó en ella y arrugó la frente mientras intercambiaba una mirada cómplice con Alexander, que solo podía sonreír mientras se acomodaba en su tumbona y suspiraba.

— ¿Y qué le ha pasado a tu mejilla?—quiso saber Gustav sacudiendo la cabeza.

—Os lo habéis perdido, Alexander se ha enfrentado a Tom y David le ha despedido—explicó Natalie entre risas.

—Corrección, Tom me ha golpeado y no, no ha sido despedido—rectificó Alexander.

— ¿Te has dejado pegar por el nuevo?—inquirió Gustav entre risas.

—No ha sido para tanto—murmuró Alexander acariciando con suavidad su mejilla—No todos saben mantener la compostura cuando se les provoca.

—Provocar es tu especialidad—apuntó Natalie—Y lo que te pasó después, tú solito te lo buscaste.

Alexander la fulminó con la mirada, Natalie nunca sabía cuando debía mantenerse callada.

—¿Sabes qué, Natalie? —dijo con voz baja pero cortante—A veces me pregunto si hablas porque tienes algo que decir o simplemente porque no soportas no ser el centro de atención.

Natalie solo se encogió de hombros como respuesta, la verdad era que le importaba poco lo que los demás pudieran pensar de ella, empezando por Alexander a quien no le perdonaría jamás que le hubiera robado a Bill.

Natalie no era de las que lloraban por amor. Pero lo de Bill había sido distinto, estaba muy colada por él y Alexander se le había adelantado. Le daba igual que Bill les hubiera confesado que era gay, ella siempre pensaba que si hubiera sido más rápida hubiera logrado hacerle cambiar de opinión.

Más de una vez se le había insinuado, y llegado incluso a probar sus labios. Pero Bill le había rechazado con mucha dulzura y Natalie lloró de rabia el día que vio como él y Alexander se besaban en su cara, como si no les importara el dolor que pudiera estar sintiendo.

Incluso juraría que siempre que estaban todos reunidos Alexander besaba más a Bill solo para ver su reacción, de la que luego se reía sin ningún tipo de remordimiento.

Le odiaba con todas sus ganas, y solo podía desearle todo el mal que pudiera.

Ya no soñaba con conquistar a Bill. Ese capítulo estaba cerrado, aunque doliera. Solo quería ver caer a Alexander, verlo perder algo que realmente le importara. Que sintiera por primera vez todo el dolor que ella llevaba meses sintiendo.

Y Natalie sabía que en el Club del Lago, todos tenían secretos. Solo era cuestión de encontrar el de Alexander y usarlo contra él sin ningún tipo de remordimiento.

— ¿Y cómo es que David no le ha despedido?—preguntó Gustav, dejando a Natalie sumida en sus pensamientos.

—Porque no soy tan malo como todos piensan—contestó Alexander dirigiéndose particularmente a Natalie—Gracias a Bill he sabido reconocer que me he excedido con la broma y le he pedido a David que no le despida por mi culpa. Incluso me de disculpado con Tom y nos hemos dado la mano.

— ¿Seguro que estás bien?—quiso saber entre risas Gustav—Tal vez deberíamos llevarte al hospital, el golpe de Tom te debe haber afectado el cerebro porque tú nunca pides perdón por nada.

—Siempre hay una primera vez—murmuró Alexander echando un vistazo a su alrededor—Parece que nos hemos quedado sin camarero, ¿me acompañas a la barra?

— ¿Tienes miedo de Tom? ¿Me necesitas como guardaespaldas?—dijo Gustav echándose a reír.

Alexander le fulminó con la mirada al tiempo que se levantaba de su tumbona seguido de Gustav. Echaron a andar al club, momento que aprovechó Louise para hablar con Bill.

— ¿Y tú qué tal estas?—preguntó en voz baja.

Porque desde que habían llegado se había sentado en su tumbona sin decir nada. Había recuperado sus gafas de sol y escondido tras ella se había mantenido en silencio mientras que Alexander y Natalie hablaban.

—Sé que todo esto te está afectando más de lo que quieres admitir—siguió diciendo Louise.

Porque era de las pocas personas que realmente sabía como era Bill, un chico dulce y muy sensible.

Ni ella ni Georg habían estado presentes durante la bromita de Alexander, de haberlo hecho le hubieran parado los pies mucho antes evitando que Tom hubiera tenido que reaccionar de esa drástica manera y que David hubiera tenido que intervenir.

Y eso era lo que más le preocupaba a Bill, que todo lo ocurrido llegara a oídos de su padre y quisiera intervenir despidiendo de nuevo a Tom y haciendo que no volviera a encontrar trabajo en ningún bar de Berlín.

—Tu padre no tiene por qué enterarse —dijo Louise en voz baja, intentando tranquilizarlo—. David se ha encargado de todo, Tom no ha sido despedido, y Alexander… bueno, al menos ha fingido algo de arrepentimiento.

Bill negó con la cabeza, con los labios apretados.

—No es suficiente—contestó en un susurro—Mi padre tiene ojos en todas partes y la pelea ha tenido muchos testigos. Al final se enterará y no dudará en intervenir, y cuando lo hace no hay vuelta atrás.

—Fijo que David no se lo cuenta, o tratará de convencer a tu padre de que todo ha sido un malentendido—dijo Louise con firmeza—Sabes que tu padre confía ciegamente en todo lo que hace David, y si él le dice que Tom es inocente no tendrá ninguna duda.

—Tom es culpable de todo—intervino Natalie—Tiene la culpa de ser tan jodidamente sexy.

—Voy a darme un baño—murmuró Bill levantándose de la tumbona.

No quería seguir hablando del tema porque sabía que iba a terminar echándose a llorar, y no quería hacerlo delante de Natalie que se reiría de sus lágrimas una vez más.

Louise le vio quitarse las gafas de sol y dejarlas sobre la tumbona, sabía que quería estar a solas y por mucho que quisiera estar a su lado apoyándole, sabía que no era el momento.

—En serio Natalie, podías pensar alguna vez antes de hablar—se enfrentó Louise a su amiga cuando Bill ya estaba lejos.

—Y tú podías dejar de tratar a Bill como si fuera de cristal—estalló Natalie.

—No se trata de que sea de cristal, se trata de que está herido—le defendió Louise—Y tú lo sabes, pero sigues pinchando como si no te importara.

Natalie se encogió de hombros con indiferencia, si lo hacía era movida por la venganza de haber sido rechazada por Bill. Nunca sería de ella, le había roto el corazón y necesitaba hacer lo que fuera para poder sentirse mejor.

Como meterse con Bill sabiendo lo frágil que era.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Qué me disculpe por no ser dulce y comprensiva como tú? —inquirió Natalie mirando fijamente a Louise—Yo no soy así, Louise. Nunca lo he sido y nunca lo seré.

—No te estoy pidiendo que cambies, solo que dejes de usar tu dolor como excusa para herir a los demás—murmuró Louise para sorpresa de Natalie—Especialmente a alguien que ya está roto. Bill no te rechazó por crueldad, Natalie. Lo hizo porque no podía darte lo que tú buscabas, y en vez de comprenderle y tratar de perdonarle le castigas cruelmente siempre que puedes.

—Vaya, no sabía que a Bill le gustara hablar de intimidades—soltó Natalie sin poderse contener—Eso era algo muy privado, Bill no debería habérselo dicho a nadie.

—Necesitaba hablarlo y yo jamás te he dicho nada ni juzgado—le defendió de nuevo Louise.

—Claro, contigo sí puede hablarlo todo —dijo Natalie con sarcasmo cruzándose de brazos—Supongo que tú eres la confidente perfecta, ¿no?

—Chicas, esta conversación se está yendo de las manos—intervino Georg—Al final alguien va a decir algo de lo que luego se va a arrepentir.

—Ya es tarde para eso, tu novia ya ha soltado todo lo que piensa de mi y no parece que se esté arrepintiendo—apuntó Natalie mirando fijamente a Louise—Deja de hablar de mi o tenerme lástima, no la necesito en absoluto.

—No te tengo lástima, eres mi amiga y solo me preocupo—insistió Louise.

— ¿Qué es lo que te preocupa de mi?—quiso saber Natalie— ¿Qué no sepa manejar mis emociones como tú? ¿Qué no sea la chica dulce que todos quieren tener cerca?

Georg levantó las manos levantadas en señal de tregua.

—Ya basta, por favor, esto no va a ningún sitio—dijo con firmeza—Natalie, nadie está en tu contra. Y Louise, quizás ahora no es el momento de seguir presionando.

—Eso, hazle casi a tu novio el perfecto—dijo Natalie poniéndose en pie—Me voy a dar un paseo, no quiero que mi presencia os moleste.

Louise y Georg se quedaron a solas viendo como su amiga caminaba entre las tumbonas con paso decidido, empujando incluso a quien le interrumpiera su camino.

— ¿Crees que sobreprotejo a Bill?—preguntó Louise mirando a su novio.

—Ambos lo hacemos, porque sabemos por lo que está pasando y no podemos evitarlo—contestó Georg suspirando.

—A veces siento que no deberíamos entrometernos tanto, dejar que sea él quien tome las decisiones sin consejo nuestro—murmuró Louise—Necesita algo que le impulse a reaccionar.

— ¿Tom, por ejemplo?—inquirió Georg.

Louise asintió suspirando, gracias a Tom parecía que Bill había despertado de su letargo. Algo había en ese camarero que había hecho justo lo que ella y Georg llevaban tiempo intentando.

Gracias a él, Bill había tomado una importante decisión por él solo. Había hablado con Alexander para que viera el error que había cometido y había logrado incluso que se disculpara.

—Es curioso —dijo Georg sonriendo—Nosotros le hemos dado todo desde apoyo, cariño y paciencia, y llega alguien de fuera sin saber nada y consigue todo lo que nosotros no hemos podido.

Louise sonrió con melancolía.

—Quizás eso es justo lo que necesita—susurró suspirando—Alguien que no le trate como si estuviera roto.

— ¿Y qué hay de Alexander?—quiso saber Georg.

—Alexander tiene que cambiar mucho, o me temo que va a perder a Bill para siempre—dijo con firmeza Louise—Y creo que en el fondo, es lo que más le convendría a Bill.

Georg asintió de acuerdo con sus palabras, Bill necesitaba tomar sus propias decisiones y enfrentarse a las consecuencias por mucho que eso le costara.

Porque quizás al final valdría la pena, podría convertirse en otra persona con más confianza y dejaría de ser tan frágil.

— ¿Qué podemos hacer?—preguntó Louise en voz baja.

—Nada, Lou—contestó Georg con rapidez—Dejar que sea Bill quien tome las riendas de su vida.

Se inclinó sobre ella y se apoderó brevemente de sus labios. Pasó un brazo sobre sus hombros y dejó que se recostara sobre él suspirando. Ese día no había salido tal y como lo habían planificado, ambos sabían que a partir de entonces las cosas iban a cambiar entre todos ellos.

Alguien tenía que dar el primer paso, y había sido Bill quien se había atrevido a hacerlo.

Continúa… 

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por lyra

Escritora del Fandom

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