Una versión 12

«Una versión» Fic de Earisu

Capítulo 12

Habían pasado unos días, y como Tom seguía sin hacer grandes progresos, Katy Wolfmann decidió probar con unas sesiones de hipnoterapia. Ella hubiera preferido que Tom avanzara por si mismo, pero estaba en un callejón sin salida y aunque el uso de la hipnosis fuera algo que generaba grandes controversias y no todos los especialistas creían en ella, lo cierto es que Katy sí que sostenía que podía llegar a mejorar la capacidad de recordar, incluso detalles que en su día se pasaron por alto.
Y por intentarlo, no se perdía nada, eso estaba claro.

-…Eso es, Tom. Relájate.

Tom estaba echado en el sofá de cuero negro de su consulta, con los ojos cerrados y los músculos sin tensar aunque tenía las manos enlazadas sobre su estómago. Estaba preparado para empezar. Lo que la psicóloga haría sería sugestionarle. Plantearle situaciones, hipotéticas o no, que fomentaran la imaginación de Tom.
-…Tom, quiero que te concentres. Imagínate que estás en casa de tus abuelos. Te sientes cómodo, a gusto. Es temprano, pero no tienes que ir al colegio. Es uno de esos días. ¿Dónde estás?
-…En la cocina.
-…¿Qué haces allí?
Tom sonríe en medio de su trance, con sus ojos cerrados.
-…Siempre me gustó el olor a café recién hecho, así que todas las mañanas entraba a la cocina para acercarme a la cafetera y aspirar su aroma. Mi abuela no me dejaba beberlo, por que decía que era pequeño para tomar café y que me pondría nervioso. Pero mi abuelo a veces me daba una taza de leche con unas gotas de café.
-…Qué bien, ¿no?
Tom seguía sonriendo.
-…Sí, eso me ponía muy contento. Era un secreto entre mi abuelo y yo…Y eso también me gustaba. Me hacía sentir especial.
-…¿Querías mucho a tus abuelos?
-…Sí, muchísimo.
-…¿No echabas de menos tu casa a veces?
Tom dejó de sonreír.
-…Quizá añoraras jugar con tu hermano. Tom, quiero que pienses en ese día tan divertido en el que tanto te reíste con tu hermano. – Esto Katy se lo estaba inventando del todo, pero si surtía efecto, podría desbloquear al menos un recuerdo de su gemelo, y le parecía correcto empezar con uno que fuera feliz. – ¿Dónde estabais?
Entonces Tom se empezó a reír.
-…En el patio. Yo ya hacía mucho que había dejado de usar chupete, pero Bill se negaba a rehusar de él…Y eso a mamá no le gustaba, por que solía decir que los dientes se le iban a deformar. Ese día, Bill estaba siguiéndome con su chupete y haciéndose rizos con un dedo en el pelo. Y cuando llegamos al patio decidí que no quería tener un hermano deforme, así que le quité el chupete y me lo metí por debajo de mis calzoncillos. Bill chilló como una niña y me hizo mucha gracia. Al cabo de un rato, saqué el chupete de mis calzoncillos, y él lo miró con asco. Entonces yo se lo ofrecí, acercándoselo a la boca. Y para mi sorpresa, Bill se empezó a reír a carcajadas, lo esquivó, y salió corriendo gritando »¡ahora está sushio! ¡No lo quero!» y escondiéndose de mi cada vez que podía. Estuvimos jugando a eso toda la tarde. Me dolía la barriga de reírme.
-…¿Querías mucho a tu hermano? – Preguntó Katy enternecida aunque a su pesar, y repitiendo el patrón anterior.
Tom volvió a adoptar un semblante serio y Katy notó que se volvía algo rígido.
-…Sí. – Contestó al final, sincero. – Más que a nadie.

Por fin, la mujer se permitió hacer la pregunta que quería hacer desde el principio. Pensó que ése era el momento indicado.
-…Entonces, ¿qué pasó, Tom?…Dime, ¿qué pasó ese día? Ese que tanto te atormenta en sueños…Ese en el que empezó todo. Cuéntamelo, Tom. ¿Dónde estabas tú?…
La respiración de Tom empezó a hacerse irregular. Hubo un larguísimo silencio. Katy llegó a tener la certeza de que no le respondería. Pero Kaulitz empezó a vislumbrar algo más por primera vez.
-…Estoy…Estoy en mi cama…
A Katy no se le escapó el detalle de que, aunque ella siempre había formulado sus preguntas en presente, Tom le había estado relatando sus respuestas en pasado, como si estuviera contando una historia, como si lo estuviera viendo desde fuera. Ahora lo estaba haciendo no sólo en primera persona, sino también en presente. Tom ya no estaba relatando un acontecimiento de su vida: Lo estaba reviviendo. También fue consciente del sudor que empezaba a empapar el rostro de su paciente. Sin duda, ésto iba a costarle mucho más, seguramente por que estaba más cerca del posible trauma que tenía bloqueado.
-…¿Cómo te sientes?
-…Estoy…Muy triste…He estado llorando.
-…¿Por qué, Tom?
Pero a la misma vez, Tom había dicho algo más.
-…Mi cochecito…
-…¿Qué?
-…Tengo mi cochecito sobre mis piernas.
A Katy no le parecía que eso tuviera ninguna importancia, así que decidió intervenir.
-…¿Y qué pasa ahora?
Tom empezó a resoplar por la nariz muy escandalosamente. Era evidente que aunque en apariencia sólo estaba ahí tumbado, el esfuerzo que estaba realizando era realmente extenuante.
-…Bill ha entrado en mi habitación.
-…¿Y cómo te sientes?
-…Sigo triste. Y muy enfadado ahora.
-…¿Qué hace Bill?
-…Me está pidiendo perdón…
Katy iba a preguntar por qué, pero Tom siguió hablando por debajo de ella.
-…Se está metiendo en mi cama.
De nuevo, Katy iba a abrir la boca…Pero Tom continuó.
-…Me ha besado.
Tom sudaba a chorros y cualquiera diría que estaba al borde de un infarto, o de quedarse sin aliento, una de dos.
Katy frunció el ceño.
-…¿Te ha besado?
-…Me ha besado en la boca.
-¿Soléis hacer eso a menudo? – Katy tenía los ojos muy abiertos.
-…No. Es la primera vez que me besa.
-¿Y cómo te sientes? – Katy dudó si era esa la pregunta que quería hacer, pero necesitaba tiempo para pensar.

Entonces Tom empezó a retorcerse, a gritar posiblemente por que no le gustaba lo que estaba viendo o escuchando a continuación, y a llorar desconsoladamente.

Katy se alarmó y supo que tenía que parar aquello de inmediato.

Tom siguió llorando cuando hubo despertado durante largos minutos. No se acordaba de la imagen que le había asaltado de repente, justo después de haber visualizado a Bill besándole. Pero ahora sí que sentía la tristeza que le había invadido ese día. Su corazón era el encargado de recordársela.

&

Cuando Tom llegó a su casa fue directo hacia el cuarto de baño. Estaba dispuesto a llenar la bañera y darse un larguísimo baño de agua caliente. Lo necesitaba. Y más después de quitarse la camiseta y darse cuenta de que todavía estaba empapada y apestaba a sudor.
Pero su teléfono móvil sonó. No iba a cogerlo, pero cuando vio que se trataba de Bushido, no pudo más que cambiar de opinión.
-…Hey. – Saludó Tom algo desganado. Pero era por el cansancio, no por otra cosa.
-…Le han encontrado. – Fue la única contestación de su colega.
-…¿Dónde está?
Bushido le dio el nombre del club y la ubicación.
-…Tenías razón. – Siguió Bushido. – Un compañero suyo del local anterior le habló de ese sitio. Y Bill consiguió el empleo.
-…Joder. Voy para allá.
-…Ten presente lo que hablamos. No se espabilará nunca si no le pones en su sitio.
En otras circunstancias, Tom habría mandado a Bushido a cagar. Pero se limitó a soltar un…
-…Lo tendré en cuenta.
-…Suerte. – Le animó el mayor de los dos. E iba a colgar a continuación, pero tuvo tiempo de escuchar lo que el otro diría justo después.
-…Ah, Anis. Gracias.
Ahora sí, ambos colgaron sin más.

Tom suspiró. Salió del cuarto de baño con el torso al descubierto, levantando un brazo y olisqueándose a si mismo. Seguía apestando a sudor, pero darse un baño ya no era una de sus necesidades más primordiales. Así que buscó una camiseta limpia y aunque estaba exhausto, estaba decidido a ir a por su hermano. Ahora más que nunca, tenía muchas preguntas que hacerle, muchas dudas. Y seguramente, él era la única persona en el mundo que podía resolverlas.
Fue hacia la entrada, cogió las llaves de su coche e iba a abrir la puerta cuando alguien llamó al timbre.
-…Joder, qué solicitado estoy hoy. – Farfulló contrariado y abrió rápidamente.
-…Coño, Mojabragas. Qué rapidez. Como seas así con todo… – Gordon, vestido con una anchísima camiseta amarilla le saludó con una mano.
-…Es que me pillas justo cuando me iba a ir.
-…¿Adónde vas?
-…Han encontrado a mi hermano, y voy a por él.
-…Oh. Y yo que venía a preguntar cómo te iba con la psicóloga y a que me invitaras a cenar…
-…Lo siento. Sabes que no eres mi tipo. – Intentó bromear Tom. Lo hizo simplemente por que no quería que su amigo notara que en realidad estaba bastante afectado por lo que había experimentado hoy, y además terriblemente cansado.
-…Me partes el corazón. Pero ¿y si te acompaño, pedimos unas hamburguesas para llevar, nos las comemos en tu coche y hablamos por el camino?
-…Bueno, como quieras.
-…¿Dónde está tu hermano?
Tom le dio todos los detalles mientras salían del apartamento. Cuando Gordon supo hacia dónde se dirigían abrió mucho los ojos y se maldijo a si mismo por ser tan »oportuno». Pero tenía que saber las novedades de su colega, así que decidió no echarse atrás ya que era él el que había dado la idea. Eso sí, hizo un último apunte.
-…Bien, pues vamos. Eso sí, aviso que como un bujarra se acerque a ligar conmigo, le daré un puñetazo.
-¿Quién coño iba a querer ligar contigo, Gordon?
-…Si a las chicas ya las vuelvo locas por que les parezco un osito…¡Imagínate a ellos! Les resultaré irresistible.
-…Tú sueñas.
-…Yo sólo aviso.
Tom suspiró y ambos se metieron en el coche, para segundos después ponerse en marcha.

&

Tom aparcó y se quitó el cinturón de seguridad ya cogiendo aire. Gordon, acabándose su tercera hamburguesa, no se movió. Al final miró a su amigo y le comunicó algo.
-…Oye, que he estado pensando que yo mejor te espero aquí.
-…Por qué será que lo veía venir. Pero tranquilo. No hacía falta que me acompañaras. – Tom salió del coche.
-Si yo es por vigilarte el coche. Que estamos en una zona chunga, tío.
-…Sí, ya. – Contestó Tom, incrédulo. Estaban en las afueras de la ciudad, y allí sólo había carretera, solares y algún local perdido. – No tardo nada. – Cerró la puerta y comenzó a caminar. – Eso espero. – Dijo después ya sólo para si mismo.
-…¡Pero si te ves en aprietos, chilla o algo! – Le gritó Gordon desde dentro.

Tom todavía con los ojos en blanco por el comentario de su amigo entró en el club armándose de valor.
El local era bastante barato, casi un antro. Sin embargo estaba bastante concurrido. Tom pudo intuir el secreto de su éxito. A veces, un antro podía resultar mucho más sexy que un sitio pijo y demasiado perfecto. Eso él como tío lo entendía bastante bien.
El local estaba iluminado lo justo. Había una barra de bar hacia la derecha, y en las esquinas estaban los sofás, que eran rojos. Todo el color de la estancia se debatía entre lo oscuro y lo rojo.
Olía ligeramente a sudor, pero el rapero no estaba seguro de si era de verdad el sitio, o él mismo.
Lo que le sorprendió en realidad fue la variedad de hombres que vio allí. Lo mismo había un tipo super trajeado, con pinta de importante, a tipos con bastante menos presencia. También se dio cuenta de que los trajeados se quedaban poco en los sofás. Seguramente, no les gustaba la idea de que les vieran demasiado, así que al final acababan desapareciendo por distintos recovecos que Tom adivinó llevarían a las habitaciones privadas.
Tom tuvo bastante tiempo para fijarse en los detalles, por que no llegó a visualizar a su hermano de inmediato, en parte por la iluminación pero también por el hecho de que no quería acercarse demasiado a ningún sofá para ver mejor, que acabara estando frente a desconocidos, y que le preguntaran qué coño hacía husmeando en sus asuntos.
Y no quería que eso pasara. Había música, pero Tom oía más los gemidos que la propia música. Todos jadeos masculinos, lo cuál no le hacía sentir demasiado cómodo. Lo último que deseaba era importunar a un tío al que le estuvieran haciendo algo poco decoroso en ese momento.

En fin…

Todos los sofás estaban ocupados, excepto uno.
En cada sofá había sentado un hombre (en ocasiones incluso un par) que observaban a sus bailarines personales contonearse sobre las mesitas que había colocadas frente a ellos, o directamente acariciaban a sus acompañantes que ya estaban sentados en su regazo o a su lado.
Tom rezó para encontrarse a Bill bailando en una de las mesas y no dejándose sobar por nadie, por que no estaba seguro de poder contener las ganas de partirle la cara al degenerado que le estuviera haciendo eso a su gemelo.
Pero cuando las hubo examinado todas se dio cuenta de que ninguna de las siluetas concordaba con la silueta esbelta de Bill. Ninguno tenía su salvaje (aunque a la vez bonito) pelo lleno de rastas, ni su delicadeza.
Tendría que dar un nuevo repaso.
Pero decidió que debería sentarse en el sofá que estaba libre, por que si no, daría mucho el cante y alguien podría llamarle la atención.
En cuanto se hubo sentado, un camarero rubio muy musculoso que no llevaba camisa se acercó a él con una bandeja.
-…Hola, guapo. ¿Qué vas a tomar?
-…Em. En realidad, estoy buscando a alguien. Se llama Bill. ¿Sabes dónde está?
-…Oh, sí. Pero me temo que acaba de entrar en una de las habitaciones. Estará ocupado un ratito. No obstante, seguro que encuentras a alguien que te guste si no quieres esperar, ¿quieres que…?
Tom no le dejó ni terminar la pregunta.
-Tráeme lo más fuerte que tengas. Lo que sea.
-…En seguida. – El camarero se sintió algo cortado, y con razón.

Y es que tras el hachazo inicial, Tom estaba que echaba chispas y lo único que quería era quitarse a ese tío de en medio para poder plantearse qué hacer, si debería esperar, o…

Pero después se imaginó qué clase de cosas podría estar haciendo su hermano y lo que era peor, qué cosas podrían estar haciéndole a él.
Y se levantó de un salto, como si ni él mismo fuera capaz de parar sus piernas.

El camarero había dicho que acababa de entrar, ¿no?…Pues él iba a colarse allí dentro como fuera, y se iba a encargar de que Bill no hiciera ninguna estupidez.

Volvió a darle las gracias a Bushido, esta vez mentalmente. Por que en su casa hacía unas días éste le había dado una idea que ahora a él le parecía cojonuda.

Sí, iba a sacarle de allí.

Iba a sacarle de allí pero de los pelos, además.

Continúa… 

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por Earisu

Escritora del Fandom

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