Una versión 16

«Una versión» Fic de Earisu

Capítulo 16

Cuando Gordon se fue, se hizo el silencio.
En el salón parecía que había ocurrido un desastre natural. La baja mesa de cristal e incluso los sofás estaban llenos de bolsas de comida vacías y restos.
Y Bill seguía tirado en el suelo bebiendo su tercer botellín de cerveza como si la vida fuera de su propia cabeza no fuera asunto suyo.
Tom había ido a la nevera dispuesto a imitar a su hermano y cuando regresó, se sentó en el suelo junto al muchacho.
Sólo entonces Bill le dedicaría una mirada de soslayo, momento que Tom aprovechó para sonreírle.
-…Y ahora, ¿qué hacemos? – Preguntó.
-…Pues tú dirás. Me tienes aquí en contra de mi voluntad, ¿recuerdas? – Soltó con bastante mala leche.
-…Eso no es verdad.
-…Claro que lo es. ¿Me puedo ir?
-…
Tom no contestó.
-…¿Ves? Me estás reteniendo. Ya qué más te da, dime lo que tengo que hacer y lo haré. ¿No es eso lo que quieres?
-Bien, pues brindemos. – Tom hizo chocar su botellín con el de su gemelo.
-…Brindar, ¿por qué?
-…Por tus cambios de humor. Son la sal de mi vida, últimamente.
Aquella misma mañana, Bill le había seguido el rollo e incluso bromeado con su situación. Aparentemente, ese ya no era el caso.
-Que te follen.
Tom asintió encogiéndose de hombros, ignorando la »amable» sugerencia.
Y eso provocó que Bill estallara y perdiera los nervios de nuevo.
Se levantó tras soltar el botellín dando un gran golpe en la mesita y empezó a gritar.
-…¡¡¡No me puedes tener aquí encerrado toda la vida!!!
Tom se levantó también y le respondió con calma mientras le veía dar vueltas y rojo del cabreo.
-…Claro que no.
-…¡Coño! ¡Pues déjame que me vaya!
-…Bill, yo nunca te he dicho que no te puedas ir. Lo único que te pedí y que te sigo pidiendo es que no desaparezcas de nuevo.
Bill resopló como si se estuviera conteniendo para no darle una paliza de muerte.
-…¡¡¡Pero a ti cómo coño hay que decirte las cosas!!! ¡¡¡Es que YO NO QUIERO SEGUIR CON ESTA MIERDA!!! ¡¡¡NO QUIERO VERTE MÁS!!! ES QUE NO QUIERO, ¿¿¿NO ME OYES???
-…Si, te oígo yo, y los vecinos del bloque de en frente, también. – El rapero siguió con su actitud, permaneciendo tranquilo.
Y a Bill le debió tocar la moral por que puso cara de asesino y en cuestión de segundos había agarrado a su hermano de la camiseta amenazador, siseó como una serpiente y acercó su rostro a centímetros del de Tom, como si quisiera aniquilarle con los ojos.
-…¡No me chulees! ¡Ni se te ocurra chulearme!
-…No te chuleo, pero cálmate, ¿quieres? – Tom por supuesto, no se iba a achicar ante su gemelo.
Bill le soltó casi con asco y siguió quejándose, agarrándose de los pelos.
-…¡¡¡ESTOY HARTO!!! ¡Tú no puedes decidir por mi…! ¡¡¡ESTOY YA HARTO DE QUE ME DIGAN LO QUE TENGO QUE HACER!!! ¡¡¡ESTOY HARTO DE QUE HAGAN CONMIGO LO QUE LES VENGA EN GANA!!!
Tom se dio cuenta de que los ojos de Bill empezaban a llenarse de lágrimas.
-…¡¡¡ESTOY HARTO DE QUE ME TRATEN COMO SI FUERA…!!! – Bill pareció pensárselo – …
Un juguete…
Bill se quedó sin voz tras pronunciar esas dos últimas palabras, se apoyó contra una pared y dejó su espalda arrastrar hasta quedar de cuclillas, a punto de abandonarse al llanto.
Pero cuando alzó la mirada y vio a su hermano, ese impulso quedó sofocado de raíz.
Tom había dado un paso atrás con los ojos muy abiertos y ahora un bloque de sal tendría más color que su rostro.
En su mente, Tom volvía a verse de niño, sentado en su cama con su juguete favorito, su amado coche o lo que quedaba de él, en el regazo.
Bill alzó una ceja.
-…¿Tom? ¿Qué te pasa?
-…Mi cochecito…Me lo rompiste…Después viniste a mi habitación…Me besaste… – Tom parecía estar repasando la lista de la compra como si lo hubiera hecho mil veces, pero aún supiera que le faltaba por incluir algo en ella.
Bill arrugó la frente como si él tuviera que esforzarse un poco más por recordar ese día. Pero tuvo que caer en la cuenta pronto por que de repente, la palabra »alerta» se leía en su cara. Se incorporó con suma precaución e intentó apaciguar las aguas.
-…¿Tom?…Déjalo, ¿quieres?…Tranquilízate…
-…Y me dijiste algo. – Consiguió escarbar Tom, no con poco esfuerzo. – ¿Qué me dijiste, Bill?
-…¿Pretendes que me acuerde en serio? Tom, para.
-…Me dijiste algo. – Pero Tom no parecía estar oyéndole. En realidad, es que no podía. Algo chirriaba dentro de su cabeza de un modo estridente. Tanto, que tuvo que cerrar los ojos con fuerza, dolorido. No sabía si era posible que a alguien le estallaran los tímpanos, pero de ser factible a él le debía faltar poco. La boca le empezó a saber a metal. Cuando pudo volver a abrir los ojos y tocarse los labios se dio cuenta de que en algún momento le había empezado a sangrar la nariz. Se cubrió con un brazo.
-…Tom, me estás asustando…Corta ya…
-Pues entonces…¡Cuéntamelo!…¿Qué coño me dijiste?
-…Estás sangrando…
-…¿Me dijiste que papá te pegaba?
Para sorpresa de Tom, Bill sonrió. Fue la sonrisa más macabra que Tom había visto en su vida.
Después, Bill se dirigió hacia él y le agarró de los brazos, sus uñas clavándose en sus músculos. Sus pupilas, unas pupilas llenas de algo que Tom no lograba descifrar se clavaron en las de él.
-…Tom, papá nunca me pegó. ¿De dónde has sacado eso?
-…¡¿Quieres dejar de mentirme?!
Resultaba irónico que de hecho, Bill ahora estaba diciéndole la verdad. O casi. No…No solía pegarle cuando era pequeño…
Bill volvió a sonreír.
-…Dime de dónde has sacado eso.
Tom reflexionó.
-…Rumor en la prensa…Y… – Suposiciones. Pero Tom no quiso confesarlo.
El rapero volvió a sentir las uñas clavándose aún más en sus brazos.
-…¿Desde cuándo te crees a la prensa, precisamente tú? – De repente, Bill parecía estar pasándoselo bien con todo aquello, y a Tom eso no le gustó.
Por un momento, hasta le asaltó la duda de si Bill no habría regresado a su vida simplemente para llevar a cabo una retorcida venganza. Si todo lo que hacía no era sino un guión siniestro llevado a cabo con la única intención de volverle loco.
Pero ahí tenía razón. No tenía ninguna base para afirmarlo, ya que la supuesta víctima principal nunca se había pronunciado al respecto.
Pero entonces creyó dar con la clave. Bill siempre estaba negándole lo que de entrada parecía lo más obvio. Así que…
-…Me dijiste que papá te pegaba. – Confirmó Tom.
Dejó de sentir las uñas clavándose en su piel. Si el rapero estuviera prestando atención a los pequeños detalles hubiera deducido que quizá, sólo quizá, aquello se debiera a que Bill ahora se sentía aliviado y había abandonado la tensión precedente.
Bill le soltó y dio tres pasos hacia atrás, como si acabara de completar una misión.
-…Pero si era eso desde el principio…¿Por qué no puedo verlo?…¿Por qué no puedo verte diciendo esas palabras? – Preguntó Tom, reflexivo.
Bill se limitó a encogerse de hombros.
Los ojos de Tom se movían nerviosos sin mirarle. Estaba intentando ver algo más…Pero no lo conseguía.
Así que probó con algo que Katy solía sugerirle. Sugestionarse. Empezó a relatar como si fuera una historia.
-…Me rompiste el coche…Viniste a mi cuarto…Me besaste…Me dijiste que papá te pegaba…Y entonces yo…¿Qué hice?
Por un momento, Bill hasta se planteó si debía responder. Pero se dio cuenta rápido de que Tom se estaba haciendo esa pregunta a si mismo.
Se sintió incómodo, por que lo único que quería es que Tom dejara de remover todo eso ya.

»A tu hermano le gusta llamar la atención, Thomas»

Y entonces, Tom tuvo que sentarse en el brazo del sofá.

&

Tom podía ser un niño, pero no era ningún cobarde.
Desde que su madre murió había desarrollado un quizá excesivo instinto protector que le cegaba y obligaba a hacer cosas muy insensatas si te parabas a pensarlo. Y el problema era que él no estaba pensando en ese instante.
Se encontraba en la cocina. Acababa de romper todo lo que se había puesto en su camino. Platos, vasos, de todo…Estaba totalmente rojo por la ira, con la cara empapada de lágrimas y respirando agitadamente, como si tuviera al mismo demonio dentro.
Jörg estaba con la espalda pegada a la nevera, congelado en su posición. Él era un adulto, y Tom un crío enclenque. En cualquier otra circunstancia, estaba claro quién llevaba las de ganar.
Pero Tom tenía ahora un cuchillo en la mano y estaba como loco, amenazando a su padre con él.
Eso sin duda lo cambiaba todo.
-…Tom, suelta eso. Te vas a hacer daño.
-…¡¡¡CÁLLATE, HIJO DE PUTA!!! ¡¡¡Sé lo que le haces a mi hermano!!!
-… – No lo reconocería delante de nadie, pero en ese momento, Jörg estaba realmente asustado. De algún modo, impresionaba ver a su hijo utilizar ese lenguaje (que nunca antes le había oído), y empuñar sin una pizca de nervios el arma, como si lo hubiera hecho toda su vida. En lugar de un niño de su edad, parecía que estaba encarándole alguien mucho mayor.
-…¿Cómo has podido, desgraciado? ¿Por qué a él? ¿POR QUÉ NO A MI? Por que no tienes cojones, ¿verdad, mariconazo? – Sus lágrimas llegaron a sus labios, al igual que sus mocos. El pequeño se relamió inconscientemente. Su lengua se inundó de un desagradable sabor salado.
-…No sé a qué te refieres… – Le contestó su padre, mirando ahora únicamente al enorme cuchillo.
-…¡¡¡ÉL ME LO CONTÓ!!! ¡No te atrevas a negarlo!

Flash.

-…Pues si te ha dicho eso…Bill te ha mentido.
-…¡Y UNA MIERDA! ¿Por qué iba a mentirme mi hermano? – Tom dio un paso hacia él, y Jörg hubiera dado uno hacia atrás de haber podido, pero la nevera se lo impedía.
-…A tu hermano le gusta llamar la atención, Thomas. Y más, desde que tu madre…
-¡¡¡NI SE TE OCURRA!!! ¡Ni se te ocurra seguir con esa trola!…Yo sólo te voy a decir una cosa y una única vez…Así que abre bien las putas orejas. Si mi hermano me vuelve a decir que le has puesto una mano encima otra vez…Te juro por Dios que esperaré a que te duermas. Esperaré a que te duermas, y con este mismo cuchillo juro que te mataré. Te lo clavaré en la puta garganta primero, para que te despiertes por el dolor y sufras. Y después te lo seguiré clavando por donde pille, con todas mis fuerzas, hasta que te vea muerto en tu puta cama. ¿Me has entendido?
-…Thomas…Yo nunca le he puesto una mano encima a tu hermano…
-…¡¡¡QUE SI LO HAS ENTENDIDO!!!
-…Piénsalo, Thomas…¿Alguna vez he sido malo contigo? ¿Alguna vez has pensado de mi que soy un mal padre?
Entonces y sólo entonces, Tom se permitió flaquear. Se lo planteó unos instantes. Y después habló con honestidad, aunque todavía receloso.
-…No…Pero…
-…Hijo, tú eres un chico listo. En el fondo, lo sabes. Sabes que no tiene sentido nada de lo que estás diciendo…Y si no tiene sentido…Es por que Bill se lo ha inventado todo.
Tom siguió llorando, pero ahora únicamente por el dolor. De nuevo, volvía a ser un niño asustado y perdido, impotente por no saber ni poder hacer mucho para cambiar el mundo a su alrededor.
-…Oh, vamos, Thomas…Suelta eso antes de que te cortes y te hagas daño.

Tom abrió el puño como ausente y el cuchillo cayó al suelo.
En cuanto esto hubo ocurrido, su padre se dirigió hacia él, y extendió sus brazos.
Tom se dejó abrazar tembloroso. No había nada que deseara más que creer a su padre. A fin de cuentas y como él había dicho, Jörg nunca se había comportado mal con él y Tom siempre le había querido.
Pero por otro lado, no dejaba de pensar que su hermano nunca le mentiría.
Se trataba de su hermanito. De su gemelo. De su otra mitad. De alguien que le hablaba sin mover los labios siquiera.
Tom lo notaría…No era posible que Bill se hubiera inventado todo aquello…
¿O sí?…

&

Tom arrugó la frente, mareado, ya sentado en el brazo del sofá.
-…Papá me dijo que me mentiste.
Bill se mordió los labios, frustrando una sonrisa sarcástica mientras miraba al techo. Sus pensamientos parecían claros ahora: »Lo que me faltaba por oír». Pero Tom no pudo verlo, por que estaba demasiado concentrado estudiando el suelo, analizando la situación.
-…Pero…
Tom le estaba dando vueltas a algo cuando se volvió a levantar, iluminado por otra repentina imagen.
-…¡¡¡FUE ÉL!!!
Por un momento, Bill hasta se asustó.
-…¿Qué coño pasa ahora? – Preguntó.
-…No fui yo quien le dije a los abuelos que me quería ir a vivir con ellos. ¡¡¡Fue él!!!
Bill abrió mucho los ojos, por que aquél era un dato que él no conocía. De hecho, Jörg había estado repitiéndole durante años que Tom no volvía a casa por que ÉL no quería volver.
-…¿Qué estás…?
-…Ese día se las apañó para convencerme de que él nunca te puso una mano encima…Pero tuve que acojonarle y si eso fue así es por que algo tenía que esconder…Por eso…¡Me quitó de en medio! – Tom se empezó a reír pero no por que encontrara graciosa la situación, sino por que estaba alucinado tras su revelación. – Maldito hijo de puta…
Aunque en el fondo, algo contento (quizá »satisfecho» sea mejor palabra) estaba por que algo dentro de él le decía que había recordado una pieza clave. Algo realmente importante.

&

Jörg dio las gracias por la taza de café.
-…Por eso pienso que sería mejor que, al menos por una temporada, Tom se quede a vivir aquí con vosotros.
Albert asintió…Pero Agnes no lo tenía tan claro.
-No sé, me da pena separar a los gemelos…En estos momentos tan difíciles, creo que es importante que permanezcan unidos.
-…A mi tampoco me gusta esta situación, Agnes…Pero no me queda otra opción. Si hago esto es por que de verdad temo que Tom acabe haciendo daño a Bill.
-…No sé…
-…No quería contaros esto…Pero el otro día, Tom me montó una escena que realmente me asustó. Destrozó la cocina e incluso cogió un cuchillo cuando yo intenté tranquilizarle. La muerte de Simone le está afectando demasiado. Responde al dolor o a la impotencia que siente con violencia…Y no puedo permitir que Bill sea testigo de según qué cosas. Y menos aún, que se vea envuelto en situaciones peligrosas para él…¿Entendéis? Los gemelos están juntos prácticamente todo el día. Y de verdad, me da miedo que a Tom le de un brote estando a solas con Billy. Ahora, yo estoy solo y no puedo controlar… – Jörg tuvo que dejar la frase a medias para ahogar un sollozo.
Albert se levantó del sofá.
-…No te preocupes. Nosotros cuidaremos de él. ¿Verdad, Agnes?…
A la mujer seguía dándole lástima separar a los pequeños. Pero Jörg tenía razón. Lo primero era la seguridad de los niños después de todo.
-…Claro, al menos hasta que Tom se encuentre mejor…
Jörg sonrió en medio de sus lágrimas y también se levantó para estrechar la mano de su suegro y abrazar a la mujer.

&

-…Qué hijo de puta… – Repitió Tom.
-…Debí haberlo imaginado. – Cedió Bill al final, apoyando nuevamente la espalda en la pared.
Ahora Tom se sentía mucho mejor. No es que sus descubrimientos hicieran la historia menos terrible, de hecho, era justo lo contrario. Cuanto más sabía, más le asqueaba. Pero tras haber incluso llegado a dudar de la honestidad de Bill en algún momento, ahora de repente volvía a confiar en él. Y eso lo hacía todo mucho más sencillo. Cuando él negaba algo…Bueno, era por que se trataban de temas difíciles de tratar así por que sí. Y aquello era perfectamente comprensible.
El rapero se dirigió hacia él y le agarró de los hombros. Supo que había algo que él tenía que decir ahora.
-…Yo nunca quise abandonarte. Nunca quise.
Bill se mordió los labios con fuerza como si así pudiese evitar ponerse a llorar.
Y entonces Tom le atrajo hacia él para estrecharle entre sus brazos.
Entonces, Bill estuvo perdido.
-…Yo le preguntaba por ti…Y él…Él solía decirme que tú no querías volver…Snif…
-…Bueno, pues eso no era verdad.
Bill intentó secarse la cara sin romper la unión. Se sentía incómodo exponiendo sus sentimientos tan abiertamente.
-…Pero hay una cosa que no entiendo. ¿Cómo es que los abuelos acabaron permitiendo que no nos viéramos nunca?
Tom se separó de su gemelo. Era cierto…¿Por qué?
Se lo pensó un buen rato.
-…Supongo que eso ya nunca podremos saberlo. Puede que pasara el tiempo, y quizá papá y ellos se pelearan por algo. Quizá empezaron a sospechar si él se negaba a que yo volviera…Puede que acabaran llegando a la conclusión de que era mejor que yo estuviera con ellos de forma permanente. Y contigo…Si se pelearon con papá quizá les prohibiera visitarte…Y me temo que no podían hacer nada por ti sin pruebas, o…Pfff…Ni idea…No tengo recuerdos de ellos dos hablando del tema. Creo.
-…Los abuelos…
-…Ya murieron.
-…Oh…
Bill se rascó la cabeza tras unos segundos.
-…Bueno, al menos creo que lo que dices tiene su lógica. – Reconoció.

Pero el muchacho se dio cuenta de que Tom seguía más allí que con él. El rapero se estaba limpiando ausente la sangre seca de la parte superior de su labio con un pañuelo mientras cierta parte del relato seguía sin encajar.
Tom acababa de decirle a su hermano que él siempre quiso volver. Pero…¿Era verdad?…Por que si lo fuera, sus abuelos nunca hubieran sido capaces de impedírselo. Entonces, ¿por qué demonios…?

Esta vez, no tuvo que esforzarse demasiado. Parecía que tras las explosiones anteriores, las fugas en su cerebro ya no se contenían tan férreamente.
Una de ellas le asaltó de golpe, y de pronto lo comprendió todo.

&

Jörg conducía su coche algo malhumorado. Era una sofocante tarde de verano, y no soportaba el pegajoso calor. Provocaba que le doliera la cabeza. En la radio empezó a sonar la típica canción estival hortera, así que el hombre no tardó en apagarla.
Tom estaba sentado a su lado, quietecito y muy obediente con su cinturón de seguridad puesto. Era ilegal que los niños se sentaran delante. Pero Tom adoraba ese sitio y siempre pedía que le permitieran usarlo. Le hacía sentir mayor e importante.
Así que cuando el trayecto no era muy largo, Jörg le daba permiso.
Tom movía la cabeza orgulloso, de cuando en cuando echando un vistazo a su gemelo, sentado en el asiento de atrás, también protegido por un cinturón.
El niño estaba muy ocupado degustando un delicioso helado de fresa, aunque a decir verdad, Billy tenía en esos momentos más helado pringando su mano y mofletes que en el propio cucurucho.
Tomi había terminado el suyo hacía rato ya, pero su hermanito era tremendamente lento en lo que a comer se refería.
Tom se rió.
-…Qué cochino eres. A partir de ahora, te llamaré Porky. – Le molestó aunque sus ojos deslumbraban por el cariño y la ternura.
Billy alzó la cabeza exageradamente, altivo.
-…Yo soy Porky. Pero tú eres feo.
-…Pues igual que tú, tonto.
Bill le sacó la lengua y acto seguido, siguió saboreando los restos de su helado.
Tom volvió a mirar al frente riéndose y creyó reconocer el camino que su padre estaba tomando.
-…¿Vamos a casa de los abuelos? – Preguntó curioso.
-…Sí. – Se limitó a contestar Jörg.
-…¡¡¡Bieeeeeen!!! – Se alegró Bill desde su posición. – ¡A casa de los abuelitos!
Jörg se abstuvo de aclarar que de hecho, Bill no iba a llegar a verles. En realidad, esto no se trataba de una visita cualquiera.

Cuando Jörg aparcó cerca de la casa, animó a Tom a salir, y este lo hizo sin más.
Billy empezó a inquietarse todavía en su asiento por que estaba deseando que le quitaran el cinturón para salir corriendo a darle un beso a su abuelita. Pero para su sorpresa, cuando Jörg y Tom estuvieron fuera y cerraron las puertas, nadie vino acto seguido a por él.
Jörg en su lugar abrió el maletero para sacar algo de su interior.
Se trataba de una enorme maleta que dejó en el suelo para poder arrastrarla.
-…¿Qué es eso? – Preguntó Tom, a su lado.
-…Vamos.
-…Pero…¿Y Bill? – Se preocupó el niño.
-…Luego voy a por él. Vamos. – Jörg agarró con una fuerza que advirtió a Tom que algo no iba bien su hombro y empezó a casi empujarle.
-…¡Pero no puedes dejarle en el coche solo! ¿Y si le pasa algo?
-…Muévete, Thomas…Que esto pesa, coño. – Le escupió sin disimular ni una pizca el odio.
Todas las alertas se encendieron en Tom, que no dejaba de girar la cabeza para buscar a su hermano, al que estaba dejando cada vez más atrás, con sus ojos.
Billy había tenido que librarse del cinturón por que había conseguido ponerse de rodillas en el asiento y apoyar las manos en el respaldo, mirando con una cara de extrañeza total por la ventana de atrás.
Tom casi veía un interrogante en su frente. Le recordó a un cachorrito al que dejan abandonado y encerrado que ve a sus dueños alejarse sin saber qué ha hecho para merecerlo.
Billy empezó a hablar, pero no pudo oírle. Sólo alcanzó a leer una palabra en sus labios »…¿Tomi?», antes de que Jörg le volviera a empujar para que siguiera caminando.

Cuando ya estuvieron en la puerta, Tom atinó a preguntar.
-…Papá…¿Qué pasa…?
-…Vas a quedarte a vivir con los abuelos una temporada.
-…¿QUÉ? Pero, ¿y Bill?

Agnes ya había abierto la puerta e invitado a los dos a entrar sin decir nada, ya que había oído la reacción de Tom antes de tocar el pomo siquiera y tenía el corazón encogido.
-…Bill se queda conmigo. – Le explicó cuando ya todos estuvieron dentro.
-…¡¡¿QUÉ?!! ¡¡¡NO!!! ¡¡¡Y UNA MIERDA!!! ¡¡¡YO NO QUIERO QUEDARME AQUÍ!!!
-…Cuida ese lenguaje. Estoy haciendo esto por ti, hijo…Me preocupas… – Le contestó su padre.
-…¡¡¡CÁLLATE, HIJO DE PUTA!!! ¡¡¡TE VOY A MATAR!!! ¡¡¡JURO QUE TE VOY A MATAR!!!
-…¿Veis? Pierde el control sin… – Empezó a explicar a sus suegros el hombre, pero Tom no dejaba de berrear. Albert tuvo que agarrarle para que el niño no saliera corriendo y se escapara.
-…Vete, Jörg…Nosotros nos ocuparemos. Pero vete antes de que… – Le dijo Albert, comprendiendo ahora del todo el miedo de Jörg.
-¡¡¡NOOO, NOOO!!! ¡¡¡NO QUIERO!!! – Se rebelaba el niño. – ¡¡¡NO QUIERO!!!
-…Gracias. – Y con esto, Jörg se dio la vuelta dejando la maleta en el suelo para irse.
-…¡¡¡NOOO!!! ¡¡¡PAPÁ, NO TE LO LLEVES!!! ¡NO TE LO LLEVES, POR FAVOR! – Tom ahora estaba llorando a lágrima viva, y su abuelo intentaba tranquilizarle y decirle que todo iba a estar bien, pero él no escuchaba razones.
-…¡¡¡NOOOO!!!
Agnes se tapaba la boca con el vello de punta. Incluso ella podía sentir en ese momento el dolor de su nieto. Pero…Era cierto que en su estado podía resultar peligroso, especialmente para el pequeño Bill. El niño parecía estar poseído. Así que no podían dar marcha atrás.
En un momento dado, Tom consiguió librarse del agarre de su abuelo y en efecto, lo primero que hizo fue salir corriendo hacia la puerta, abrirla y salir en busca del coche.
Jörg acababa de arrancar en ese instante. A Tom solo le dio tiempo de ver una imagen.
La de su hermano en su posición anterior, mirando como un cachorrito por la ventana trasera, pero esta vez, sin ver nada, ya que tenía los ojos y el rostro inundado en lágrimas, su rostro contraído por el amargo llanto.
Seguía diciendo algo desde dentro del coche. De nuevo, Tom pudo leer sus labios. No le resultó muy complicado, ya que volvía a ser la misma palabra.

»¡Tomiiiiii!».

-…¡¡¡BIIIIILL!!!
El coche se alejó a toda velocidad y él iba a gritar otra vez cuando se dio cuenta de que ahora tanto su abuelo como su abuela le sujetaban.
-…¡¡¡NO!!! ¡SOLTADME!
Pero sus ruegos no surtieron efecto, y pronto ya le habrían arrastrado y llevado a la que sería su nueva habitación.
Él no dejaba de gritar.
Durante la primera hora, sus abuelos, a su lado, no dejaban de pedirle que se tranquilizara, de repetirle palabras amables. Que pronto podría visitar a Bill, que le vería cuando quisiera.
Su respuesta serían más gritos.
Los abuelos le obligaron a meterse en cama para ver si así conseguían que se calmara.
El niño no se levantó, pero seguía chillando desgarradoramente.
Le encerraron al cabo de esa hora, desistiendo al final.
Desde la cocina, todavía le oían gritar a pleno pulmón, como si estuvieran dentro de una película de terror.
Esa misma noche, Agnes le preparó la cena al niño poniéndosela en una bandeja.
Se acercó a la habitación cerrada.
Los chillidos seguían siendo igual de intensos. Es más, quizá ahora fueran incluso más desesperados.
Desde el otro lado de la puerta, Agnes prestó atención a lo poco comprensible que lograba articular y que atormentaba al niño.
-…¡¡¡NOOO!!! ¡¡¡YO TENGO QUE PROTEGERLE!!! ¡¡¡YO TENGO QUE CUIDAR DE ÉL!!!
Agnes abrió con cuidado.
Los aullidos dañaron sus oídos cuando estuvo dentro.
-…¡¡¡TENGO QUE IR CON ÉL!!!
Agnes dejó la bandeja en la mesita de noche y contempló horrorizada cómo el chiquillo se retorcía en la cama como si estuviera agonizando. En realidad, ESTABA agonizando.

Agnes tuvo una escalofriante certeza, y era que si su nieto seguía así, perdería la razón.
Estaba segura de que la espantosa escena que tenía ante sí no se debía a un berrinche, ni a un brote de violencia. No, no era violencia. Era locura. Locura que estaba a punto de apoderarse de él.
-…Tom, hijo mío…Bill va a estar bien…Jörg ya le cuida. Tú no tienes que preocuparte por él… – Intentó apaciguar la mujer.
-…¡¡¡NO, CÁLLATE!!! ¡¡¡TÚ NO TIENES NI PUTA IDEA!!!
-…Tom…
-…¡ABUELA, TIENES QUE DEJARME QUE ME VAYA CON ÉL! ¡¡¡ESTÁ SOLO AHÍ!!! ¡¡¡YO TENGO QUE PROTEGERLE!!!
-…Bill no está solo, hijo mío…Tu padre está con él…¿Qué estás diciendo?
-…¡¡¡NOOOOOOO!!! ¡NO PUEDO DEJARLE SOLO AHÍ!
Y de nuevo, Tom no haría más sino aullar mientras su cuerpo se convulsionaba por el esfuerzo.

Esa noche, no dejó de chillar.
Ni siquiera cuando le empezó a doler la garganta, ni siquiera cuando notó que se empezaba a quedar sin voz…
No dejó de hacerlo.
Agnes estaba segura de que no dormiría esa noche y así fue.
No fue hasta la mañana siguiente, cuando se dio cuenta y le reconfortó descubrir que en algún momento la casa se había quedado en silencio.
Creyó que Tom debía haberse quedado dormido del puro agotamiento.
Pero se equivocaba.
Cuando entró a su habitación para cerciorarse de que estaba bien, se lo encontró rígido como una llave en la cama, con los ojos muy abiertos. Daba la impresión de que ni parpadeaba. Daba la impresión de que ni siquiera estaba ahí.
-…¿Tom? ¿Cómo estás, hijo?
Se sintió infinitamente aliviada cuando el chiquillo giró la cara para mirarla y le contestó aunque casi sin voz.
-…Bien.
-…¿Tienes hambre? – Como era obvio, Tom no había ni tocado la comida la noche anterior.
-…Sí, mucha.
La mujer le sonrió.
-…Pues venga, vamos a desayunar.
Agnes le ayudó a levantarse y el niño comenzó a andar más como un fantasma que como un enérgico chaval de su edad.
Pero al menos, ya no gritaba. Aquello ya era un paso adelante.

Tom se había sentado en la mesa de la cocina y mordisqueaba un bollo, cualquiera diría que ido.
Agnes se estaba esperando la pregunta desde que se levantó. »¿Y Bill? ¿Cuándo podré visitarle?»
Para su sorpresa, Tom no pronunció su nombre ni una sola vez.
La mujer pensó que debía estar en shock, y que ya lo acabaría haciendo.
Pero pasó un día. Luego dos…Una semana…Un mes.
Y él seguía sin mencionar siquiera a su gemelo.
Nunca. Ni para hacer el más mínimo comentario.

Si no fuera por que a la mujer le parecía imposible….Ella diría que…Tras esa noche…Fue como si Tom le hubiera…Olvidado.
Es más, se comportaba como si nunca hubiera existido.

Y no sabía hasta qué punto aquello era »normal».

&

Tom soltó el pañuelo en la mesita. Ahora era él el que tenía los ojos brillantes por las lágrimas.
La desolación que él había sentido ese día…Era como si ahora la estuviera reviviendo, por que nunca llegó a superarla, simplemente se quedó ahí, escondidita esperando en un rincón recóndito de su mente.
Bill se acercó a él y le agarró de los brazos.
-…Bueno, pues ya lo sabes todo. ¿Ves como no merecía la pena? Es una mierda.
Tom volvió a abrazar a su hermano.
Sí, tenía razón.
Ya está. Ya había acabado todo.
Ahora podía estar tranquilo, ya sabía toda la verdad.
-…¿Podemos dejar el pasado donde está, entonces? – Pidió Bill.
Tom asintió y Bill suspiró como si se hubiera quitado una tonelada de encima.

Ambos estuvieron entregándose a ese abrazo varios minutos.
Hasta que Bill notó humedad en su camiseta. Creyó que Tom estaría llorando.
Pero no era eso.
Tom había empezado a sangrar otra vez. Y esta vez, ni él mismo entendía su repentino dolor de cabeza.

Continúa… 

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por Earisu

Escritora del Fandom

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