Incomplete 26

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Fic TOLL de lyra

Capítulo 26

El agua del lago se movía apenas, como si también estuviera conteniendo la respiración. Bill y Alexander continuaban abrazados en medio del agua sin dejar de acariciar cada uno la espalda del otro como si sus manos fueran una manta que apenas los cubría del frescor de la tarde.

Ya se estaba haciendo tarde y casi tenían el lago para ellos solo, lo que les daba la intimidad que necesitaban tras haberse pasado toda la tarde separados.

El reflejo dorado del sol del atardecer se reflejaban en sus rostros mientras que Alexander estrechaba a Bill con fuerza entre sus brazos sintiendo su cara apoyada contra su pecho dejándose sostener mientras sentía como su corazón latía con fuerza dentro de su pecho.

Bill estaba disfrutando como nunca del momento. Lo que más le sorprendía no era el silencio ni la calma que reinaba, sino que Alexander no intentara nada físico ni apresurado. Estaban solos, el entorno era perfecto y sin embargo él simplemente lo abrazaba.

Sin presión ni expectativas.

—Pensé que ibas a querer hacerlo aquí mismo—susurró Bill sin poder contenerse.

Alexander soltó un suspiro suave acariciándole con su aliento en el oído.

—¿Y arruinar este momento? —respondió negando con la cabeza—Hoy no quiero que seas mi deseo. Quiero que seas mi paz.

Bill cerró los ojos, sintiendo cómo esa frase se le quedaba grabada en algún rincón que no sabía que tenía. Después de todo lo vivido y de todo lo escondido, esa calma era casi un lujo.

—¿Sabes qué fue lo mejor de hoy? —dijo Alexander, cambiando de tema con naturalidad— Ser camarero por una tarde. No sé, fue como estar en otro cuerpo. Sé que muchos se me han quedado mirando con extrañeza pero los he ignorado, me he limitado a servir bebidas y escuchar conversaciones ajenas. Me he sentido libre.

Bill sonrió sin abrir los ojos.

—Te veías feliz—susurró contra su pecho.

—Lo estaba—dijo Alexander con firmeza—Al principio no, me moría de la vergüenza pero me he concentrado en el trabajo y sobre todo en que no se me cayera la bandeja tirando las bebidas encima de nadie, y cuando al fin he logrado mantener el equilibrio perfecto me he relajado y hasta lo he disfrutado.

Pasaron unos segundos en silencio, hasta que Alexander volvió a hablar, esta vez con una pregunta que rompió la burbuja de calma en la que ambos estaban sumergidos.

— ¿Te apetece mucho ir a lo de esta noche?—quiso saber.

Bill abrió los ojos y se le quedó mirando, viendo en los suyos el cansancio acumulado tras haberse pasado horas trabajando bajo el sol.

—Podemos decir que no vamos—empezó a decir—Si estás cansado podemos hacer otros planes más tranquilos.

—Pero tú quieres ir, puedo verlo en tus ojos—murmuró Alexander con la mirada fijo en ellos—Es un buen plan, muy diferente y tranquilo comparado con la noche de ayer. Y si tú quieres ir, iremos.

Bill sonrió agradecido por sus palabras y pensando que ese Alexander que tenía ante sus ojos era muy diferente, era de quien realmente se había enamorado y no esa fachada arrogante que tanto le gustaba lucir cuando estaban los demás presente.

Le vio bajar la cara y separó los labios al instante dejando que le besara brevemente en ellos para agradecerle que fuera tan comprensivo.

—¿Crees que tus padres te darán permiso para pasar la noche fuera?—preguntó de repente Alexander.

Bill maldijo por lo bajo, ese detalle se le había escapado por completo. Estaba casi seguro de que su madre se negaría antes siquiera de escuchar el plan completo. Diría que no era apropiado para alguien de su estatus una noche en mitad del bosque durmiendo sobre el suelo.

Y su padre como siempre guardaría silencio… o tal vez no. Después de lo ocurrido aquella mañana, parecía haber algo distinto en su padre. Bill había sentido en su voz una preocupación genuina, una que se asomaba cada vez que su madre lo humillaba con palabras disfrazadas de educación, sin darse cuenta de que lo que hacía era todo lo contrario.

Su padre siempre había permanecido en silencio, como si las palabras le pesaran demasiado. Pero sus ojos hablaban por él. Observaba todo lo que pasaba a su alrededor, las humillaciones y gestos hirientes de su madre, y aunque nunca interviniera tomaba nota de cada escena. Su mirada era la única prueba de que no era indiferente, de que algo dentro de él también se quebraba cada vez que le vía a él sufrir en silencio, aunque Bill nunca se había dado cuenta de llo.

No hasta esa mañana cuando vio que su padre no estaba tan ciego, que había algo que lo atormentaba.

— ¿Bill?—llamó Alexander sintiendo como se había puesto tenso entre sus brazos.

—Creo que me dejarán ir, si mi padre vuelve a enfrentarse a mi madre—empezó a decir Bill—Esta mañana escuché su conversación desde detrás de la puerta del comedor. No sé por qué lo hice, solo quería saber si aún pensaban que yo era un problema.

Alexander no dijo nada, solo le abrazó un poco más mientras escuchaba en silencio su relato.

—Mi padre me vio cuando se iba a trabajar—siguió relatando Bill— Me sorprendió espiando tras la puerta y se quedó mirándome un segundo como si no supiera qué decir. Pero no dijo nada, solo siguió su camino como si yo no estuviera ahí.

—¿Y eso te dolió?—preguntó Alexander, sabiendo la de veces que su padre le ignoraba y el dolor que Bill sentía cada vez que lo hacía.

—No, me sorprendió—contestó Bill alzando la cara—Porque en ese momento sé algo cambió entre nosotros, que ya no va a volver a ignorarme y empezará a escucharme con más atención. En ese momento pude sentir que por primera vez mi padre me veía y se preocupaba por mis sentimientos.

Alexander apoyó la barbilla en su hombro sin decir nada.

No hacía falta.

El lago seguía en calma, como si también estuviera escuchando.

—A lo mejor ya no está de acuerdo con ese pacto del que no sabes nada —murmuró Alexander, con la voz tan baja que parecía hablarle al lago.

Bill se quedó quieto sintiendo cómo esas palabras traspasaban su la piel como el agua fría del lago.

El pacto.

Esa palabra resonaba como un eco lejano, como algo que había estado siempre ahí, sin nombre ni sin forma pero siempre presente.

—¿De verdad crees que hay un pacto entre mis padres?—quiso saber Bill.

—No lo sé —respondió suspirando Alexander—Pero a veces los silencios entre tus padres suenan a acuerdos. A cosas que no se dicen pero que se cumplen. Como si tu padre hubiera aceptado mirar hacia otro lado, mientras tu madre decidía quién podías ser.

Bill tragó saliva. No quería pensar en eso, pero lo hacía. Lo había hecho durante años. Ese pacto invisible que lo mantenía al margen, como si su existencia fuera una nota al pie en la historia de su familia.

—Y ahora que me ha visto y sabe que he escuchado su conversación y sé lo del pacto, tal vez ya ha quedado roto—susurró Bill esperanzado.

Alexander no dijo nada. Solo lo abrazó más fuerte como si pudiera protegerlo de todo lo que no se decía. Permanecía en silencio con la barbilla aún apoyada en el hombro de Bill. El lago seguía quieto, como si supiera que algo importante estaba a punto de decirse.

—Mi familia no es tan diferente a la tuya—confesó en un susurro, casi como si le costara hablar—También tienen pactos y silencios que pesan más que las palabras.

Bill alzó un poco la cara, lo justo para mirarlo fijamente a los ojos.

—¿A qué te refieres?—preguntó en un susurro.

Alexander tragó saliva. No apartó la mirada del horizonte, pero sus brazos se aflojaron ligeramente como si necesitara espacio para decirlo.

—Soy adoptado—soltó sin aliento.

La palabra quedó suspendida en el aire, flotando entre ellos como una hoja sobre el agua. Bill no dijo nada. No porque no supiera qué decir, sino porque entendía que Alexander necesitaba terminar de hablar.

—Me lo dijeron cuando tenía ocho años—empezó a relatar Alexander—No fue una conversación, fue una corrección. Yo había dicho algo sobre querer parecerme a mi padre, y mi madre me miró como si hubiera cometido un error. Y ya conoces a mi padre, cree que tiene el poder de ayudar a los que le rodean y habló conmigo en su despacho. Ahí me contó todo usando unas palabras muy raras para alguien de mi edad, que lo único que estaba sintiendo era que se había enterado de toda la verdad con cierta frialdad. Sin nada de tacto ni consuelo, solo…la verdad.

—¿Y cómo lo llevaste?—quiso saber Bill muy preocupado.

—Al principio, mal—contestó encogiéndose de hombros—Me sentía como un intruso en la que consideraba mi propio hogar, como si todo lo que había vivido hasta entonces fuera prestado. Pero luego entendí que ellos también habían pasado miedo de que yo descubriera algo que no querían que buscara. Miedo de que yo no los eligiera, como ellos me habían elegido a mí.

Bill le escuchaba en silencio con el corazón encogido en el pecho, nunca antes habían mantenido una conversación tan profunda y sincera.

—Y con el tiempo…bueno, ya sabes como somos los adolescentes—siguió diciendo Alexander—Empecé a rebelarme contra el mundo, sacando malas notas y enfrentándome a mis padres llegando incluso una vez a decirles en mitad de una discusión que la culpa era de ellos por haberme adoptado, que si ahora se arrepentían era ya demasiado tarde porque no podían devolverme. Estaba muy enfado con ellos y hay veces que sigo estándolo y no veo otra manera de vengarme que haciendo alguna locura que sé que les va a doler y ver como sufren es una victoria mía que me hace sentir fuerte y poderoso.

Bill sabía de lo que hablaba, de ahí ese orgullo que tanto mostraba y que no se dejara pisotear por nadie. Siempre quería quedar por encima de todos, y por fin comprendía a qué se debía.

Y mientras Alexander hablaba desnudando ante él y por primera vez su alma, no podía dejar de mirarle con ternura y con esa mezcla de admiración y dolor que solo se tiene por alguien que ha sobrevivido a cosas que no se ven.

—Nunca lo habría imaginado—confesó Bill en un susurro.

—Lo sé, no es algo que me guste ir contando a los demás—murmuró Alexander suspirando—Pero contigo no quiero esconderme nunca más.

Bill se puso de puntillas y empezó a besarle tomando esa vez él la iniciativa. El lago seguía en calma pero dentro de ellos algo se había movido.

Algo que los unía más allá del deseo y más allá del miedo.

Una verdad compartida.

Un pacto nuevo, sin silencios.

&

Viendo que la pareja parecía no tener intención de salir del lago y que la tarde se les escapaba entre caricias y confidencias, Tom decidió que era momento de regresar al mundo real. Se despidió de sus nuevos amigos quedando en encontrarse en el camping sobre las 11 y tener la hoguera ya encendida y todo preparado.

— ¿Hay que llevar algo?—preguntó antes de marcharse.

—El hermano de Steven se encargará del alcohol —respondió Peter sacando el móvil para revisar los mensajes—Es mayor de edad aunque nos ha cobrado un extra por sus servicios el muy cabrón. Pero bueno, nunca hay demasiado alcohol, ¿no?

Tom soltó una risa breve.

—Hablaré con Andreas a ver si podemos conseguir algo del club a buen precio —apuntó con tono práctico—Y también algo de comer, que luego todos se olvidan y acabamos compartiendo una bolsa de patatas como si fuera oro.

Peter asintió distraídamente mientras mandaba un mensaje explicando que había más gente que se uniría a la fiesta nocturna y que pasarían la noche allí en el camping.

Louise charlaba con Georg emocionada sobre la playlist perfecta para la noche, mientras que Natalie se quejaba por enésima vez de tener que dormir sobre el suelo, que le parecía una tortura voluntaria mientras que Gustav escuchaba resoplando con resignación.

Tom les dejó sumido en sus planes y tras decirle adiós a Louise con la cabeza se alejó con paso ligero, dejando atrás las risas, las quejas y el murmullo del lago. La noche prometía, y aunque aún no lo sabía, sería una de esas que se iban a recordar durante años.

Regresó al club dejando atrás el murmullo del lago y las risas que aún flotaban en el aire. Al cruzar la puerta se encontró con Andreas acomodando unas cajas detrás de la barra. Al verle, levantó la mirada con una sonrisa curiosa.

— ¿Ya se ha terminado tu tarde libre?—preguntó mientras se limpiaba las manos con un paño— ¿Qué tal lo has pasado?

Tom se encogió de hombros, aún con la energía de la reunión en el cuerpo.

—Ha sido interesante —respondió con una sonrisa—Han planeando una pequeña fiesta esta noche en el camping con hoguera incluida, música, algo de comida y alcohol, por supuesto. Estamos todos invitados.

Andreas frunció el ceño, como si la idea le incomodara de inmediato.

— ¿Otra fiesta con los niños ricos?—no pudo evitar preguntar—No sé Tom, lo de ayer no salió tan bien como se esperaba, se notaba que cuando no estábamos incomodos nosotros lo estaban ellos.

—Esta vez será diferente—dijo Tom con tono conciliador—Nada de desmadres, solo un grupo pequeño tranquilo en el camping. Irá el primo de Georg con su novia y amigos, y él es muy diferente a los demás, se les ve buena gente y fijo que sus amigos también lo serán.

Andreas dudó unos segundos, pero en el fondo la idea le parecía tentadora. Necesitaba desconectar, y aunque no lo quisiera admitir en voz alta, le gustaba sentirse parte de ese grupo.

—Está bien —cedió finalmente—Pero si alguien acaba vomitando en mis pies, me largo.

Tom soltó una carcajada justo cuando Melissa y Víctor salían del almacén hablando animadamente. Al enterarse de los planes, se mostraron entusiasmados y de inmediato fueron a buscar a Patrick para invitarlo también quien se negó en rotundo.

—Ni de broma —dijo con firmeza—No pienso pasar la noche con Gustav ni con Natalie. Siempre acaban humillándome, y no tengo ganas de fingir que no me importa.

Melissa intentó convencerlo, pero Patrick se mantuvo firme. Su dignidad pesaba más que cualquier promesa de diversión.

Mientras tanto, Tom y Andreas fueron al despacho de David para hablar sobre el alcohol que se querían llevar y preguntar si les podía hacer un precio especial. Le explicaron la situación con tono diplomático, sabiendo que no sería fácil.

David le escuchó sentado tras su mesa cruzándose de brazos, arrugando la frente al conocer al resto de los invitados a la fiesta.

—Sabéis que no debería hacerlo, habrá menores en esa fiesta—empezó a decir David con firmeza.

—Vamos David, tú también has sido un adolescente con ganas de diversión—le recordó Andreas con una mirada suplicante—Ayer tanto en el Sisyphos como en el Keller les sirvieron alcohol sin ningún problema, y hay más sitios donde poder hacerlo también y ellos saben de sobra cuáles son.

—No estamos pidiendo nada ilegal, solo algo accesible que no nos arruine el bolsillo—intervino Tom.

David los miró con resignación. Sabía que no podía detenerlos, y en el fondo entendía que solo querían divertirse sin hacer daño a nadie.

—Está bien—cedió a regañadientes—Pero no os mováis del camping, no será la primera fiesta que empiece allí y termine viendo amanecer desde el lago sobre las tumbonas. No quiero ver cerca del club a nadie haciendo el idiota con una botella en la mano.

Andreas y Tom lo prometieron con firmeza, sabían que David no quería que el club se viera involucrado con un escandalo de ese tipo que solo mancharía la buena reputación que tenía, aunque parte de los implicados fueran hijos de buena familia.

Lo decía sobre todo por los trabajadores del club que asistirían a la fiesta, era su tiempo libre y podrían hacer lo que quisieran pero que el club no se viera implicado o habría consecuencias.

Se disponían a marcharse cuando David llamo a Tom y este se quedó en su despacho mientras que Andreas iba escogiendo del almacén las bebidas que se iban a llevar.

—Solo quería comentarte el buen trabajo que ha hecho Alexander hoy—empezó a decir David—Ha sido eficiente, educado y no ha querido aceptar ni una sola propina.

Tom alzó una ceja realmente sorprendido de sus palabras, era cierto que le había estado observando desde su cómoda tumbona y le vio manejarse muy bien con la bandeja sin escuchar ninguna discusión o queja por parte de los clientes. Pero lo que David le estaba diciendo, era algo totalmente inesperado de alguien como Alexander que se había tragado su orgullo con tal de ganar uno de sus estúpidos juegos.

—Creo que gracias a ti está empezando a cambiar—dijo David con sinceridad—Que por fin está empezando a encontrar su lugar y darse cuenta que su actitud le estaba llevando por el camino equivocado.

Tom bajó la mirada, incómodo ante el reconocimiento. No estaba acostumbrado a que le atribuyeran méritos por cosas que él consideraba simples gestos.

—Yo no he hecho nada —murmuró intentando quitarle importancia.

David lo observó con una mezcla de paciencia y firmeza.

—Le hiciste despertar—respondió David como si no aceptara esa falsa modestia—Le mostraste que podía ser diferente, que no tenía que esconderse detrás de esa fachada arrogante todo el tiempo.

Tom se apoyó en el marco de la puerta, pensativo. Solo llevaba dos días trabajando en el club pero habían sido suficientes para ver a Alexander en todo su esplendor con su actitud desafiante y su necesidad constante de llamar la atención.

Pero esa tarde había empezado a relajarse y a escuchar dejando a un lado esa necesidad suya de imponerse.

—No sé si ha sido por mí —admitió finalmente—Pero sí creo que necesitaba que alguien le hiciera ver que no tenía la necesidad de ir demostrando que mejor que nadie con cada uno de sus actos. Que todos somos iguales y si se lo propone puede convertirse en una buena persona sin necesidad de ir humillando a los demás solo por diversión.

David asintió satisfecho con esa respuesta.

—A veces eso es todo lo que hace falta —dijo con voz más suave—Que alguien vea lo que aún no somos, pero podríamos llegar a ser.

El silencio que siguió no fue incómodo, sino lleno de significado. Tom se dio cuenta de que esa conversación no era solo sobre Alexander, sino también sobre él. Sobre cómo, sin quererlo, estaba empezando a influir en los demás. A construir algo más grande que él mismo.

David se levantó de su silla y se acercó a la puerta, dándole una palmada en el hombro antes de dejarlo marchar.

—Diviértete esta noche pero procura no excederte y descansar, mañana empiezas a trabajar en serio y te quiero ver a las 12 en el club—le dijo con una sonrisa leve—Y cuida bien de los tuyos, no todos tienen la suerte de tener a alguien como tú cerca.

Tom salió del despacho con el corazón un poco más lleno. Se reunió con Andreas ya tenía las bebidas preparadas con ayuda de Víctor y Melissa. La noche estaba por comenzar, y aunque ninguno de ellos aún no lo sabía, sería una de esas que marcarían un antes y un después.

&

Desde el refugio cálido de los brazos de Alexander, Bill contemplaba la escena que se desarrollaba en la playa justo a orillas del lago. Tom permanecía de pie con la mirada fija en el agua, y a su lado Natalie le hablaba en voz baja como si estuvieran comentando lo que ocurría frente a ellos. La imagen aunque distante le resultaba incómoda. Había algo en la postura de Tom y en su atención dirigida hacia el lago que le removía por dentro.

Hasta que Tom no lo pudo soportar más y dando media vuelta se dirigió al club con pasos rápidos y el corazón algo revuelto dejando atrás el murmullo del agua y la quietud de la tarde.

Bill quiso ignorarlo y concentrarse en el abrazo que lo envolvía, en la calma que le ofrecía Alexander.

Pero no podía.

La incomodidad crecía dentro de Bill como una ola silenciosa, avanzando sin tregua hasta que le fue imposible contenerla. Se estremeció, y Alexander lo abrazó con más fuerza, como si pudiera protegerlo del mundo entero, mientras sus manos recorrían con ternura la piel húmeda de su espalda.

—¿Tienes frío?—preguntó Alexander en un susurro, notando el leve temblor que recorría su cuerpo.

Bill asintió sin decir nada con los labios apretados y la mirada perdida en el horizonte por donde Tom se había marchado. Salieron con lentitud del lago como si no quisieran romper del todo la magia del momento. Alexander le ayudó a envolverse en la toalla con cuidado, sus dedos rozando la piel con una delicadeza que hablaba de algo más profundo que el simple gesto de secarlo.

El sol comenzaba a esconderse detrás de los árboles, tiñendo el cielo de tonos dorados y violetas. Y mientras el agua goteaba lentamente desde sus cuerpos, Bill sintió que algo dentro de él también se desprendía.

Una capa de inseguridad, de miedo y de silencio.

Envuelto en su toalla Bill ocupó de nuevo su tumbona con Alexander sentado a su lado pasándole un brazo por los hombros para así ayudarle a entrar en calor, gesto que Bill agradeció con una sonrisa amplia.

Los demás charlaba animadamente, compartiendo ideas para la noche y riéndose de los comentarios de Natalie que seguía quejándose de tener que dormir sobre el suelo como si fuera una penitencia medieval. La luz del atardecer bañaba sus rostros con tonos cálidos, y por un momento todo parecía en equilibrio.

Pero el tiempo avanzaba, y poco a poco comenzaron a hablar de despedirse. Tenían que pasar por casa a ducharse antes de la fiesta, recoger algunas cosas sin olvidarse del saco de dormir y también tenían que cenar con sus familias. Quedaron en encontrarse sobre las 11 en el parking del club donde dejarían los coches y juntos irían al claro del camping donde ya les esperarían Tom y sus amigos con la hoguera ya encendida y la música lista.

Alexander llevó a Bill a su casa. Apagó el motor del coche y se quedaron unos minutos en silencio hasta que Alexander se volvió y se le quedó mirando con cierta inquietud.

—Si quieres puedo entrar—dijo con voz suave—Para ayudarte a convencer a tus padres, podemos contar que nos quedamos en casa del primo de Georg si no quieres que sepan que pasarás la noche bajo las estrellas.

Bill negó suspirando con una sonrisa triste pero decidida.

—Gracias, pero no—murmuró—. Tengo que hacerlo yo, debo poder enfrentarme a mis padres por una vez. Y sé que mi padre apoyará cada una de mis palabras, hoy he visto en sus ojos que ha decidido dejar de permanecer inmóvil ante los ataques de mi madre.

Alexander lo observó en silencio, reconociendo en sus ojos una determinación que no había visto nunca antes. No insistió. Solo le acarició la mejilla con la yema de los dedos y le dio un beso breve, como una promesa silenciosa de que estaría esperando.

—Te recojo a las 10:30—susurró antes de dejarle ir—Si necesitas que venga antes me llamas o mandas un mensaje.

Bill asintió con la cabeza y salió del coche. Se quedó de pie ante el camino de tierra que llevaba a la puerta principal viendo como Alexander ponía de nuevo en marcha el coche y se alejaba. No aparto la mirada hasta que vio el coche desaparecer tras una curva sintiendo que algo dentro de él se había fortalecido.

Esa noche no solo iba a pedir permiso.

Iba a reclamar su lugar.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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