
Fic TOLL de lyra
Capítulo 28
La noche había caído por completo sobre el claro del bosque. Las llamas de la hoguera crepitaban con fuerza lanzando destellos anaranjados que iluminaban los rostros de Tom y los demás. Sentados sobre troncos improvisados cenaban entre risas y comentarios sobre lo que esperaban de la noche.
Andreas repartía los bocadillos envueltos en papel de aluminio, mientras que Melissa abría unas cuantas botellas de cerveza que habían cogido del club. Víctor como siempre hacía comentarios teatrales sobre el menú asegurando que «la gastronomía de camping tenía su encanto si se acompañaba con buena compañía y un poco de imaginación».
Tom, más callado, observaba el fuego con expresión tranquila mientras fumaba disfrutando del momento sin necesidad de decir demasiado.
Fue entonces cuando se escucharon pasos entre las hojas secas. Una silueta se acercaba desde el sendero, con una linterna en mano y una sonrisa que se adivinaba incluso antes de que la luz la revelara.
—¡Buenas noches, criaturas del bosque! —exclamó Anouk, apareciendo entre los árboles como si fuera parte de un ritual secreto—He traído diversión para todos.
—¿Diversión en qué formato?—quiso saber Víctor guiñándole un ojo a su hermana— ¿Musical, comestible o filosófico?
Anouk se acercó con una mochila que parecía más pesada de lo normal y la dejó caer junto a la hoguera con un golpe seco atrayendo la atención de todos. Sin decir palabra comenzó a sacar su arsenal compuesto por una baraja de cartas desgastada, bolsas con aperitivos poco saludables y un puñado de guirnaldas de luces de colores que brillaban incluso antes de conectarlas.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Melissa, entre risas mientras se limpiaba las manos en una servilleta.
—Es mi contribución a la magia—respondió Anouk con aire teatral— Vamos a colgar estas luces por los árboles y convertir este claro en una rave improvisada. Nada de hogueras aburridas y conversaciones profundas. Esta noche se baila, se juega y se olvida el mundo.
—¡Eso es lo que yo llamo espíritu de camping!—exclamó Víctor aplaudiendo con entusiasmo.
Andreas se levantó para ayudarla a desenredar los cables, mientras Tom observaba con una sonrisa discreta disfrutando del espectáculo sin necesidad de intervenir. Las luces comenzaron a rodear los troncos colgando entre ramas como luciérnagas artificiales, y poco a poco el claro se transformó en algo más que un lugar para sentarse. Se volvió un escenario.
—¿Y la música? —preguntó Melissa.
Anouk sacó un pequeño altavoz portátil de la mochila y la conectó a su móvil. En segundos, una playlist de ritmos electrónicos suaves empezó a sonar mezclándose con el crepitar de la hoguera.
—Ahora sí —dijo Víctor tomando una bolsa de patatas fritas—Esto ya no es una noche cualquiera.
El grupo se acomodó de nuevo, rodeado por luces titilantes y el murmullo del bosque. La hoguera seguía ardiendo, pero ya parecía parte de algo más grande.
Una celebración.
Una pausa en el tiempo.
Una noche que prometía quedarse en la memoria de todos.
—Esta noche no se trata solo de hablar. Se trata de jugar, de reír, de olvidar por unas horas que el mundo sigue girando más allá del bosque—comentó Anouk acomodándose junto a Tom—Y tú, necesitas una pequeña ayudita extra.
Tom se le quedó mirando sin saber a qué se refería, ya sabía que su silencioso gesto no había pasado desapercibido y lo último que quería era aguar la fiesta, pero necesitaba un poco de tiempo más para entonarse.
— ¿Qué más llevas en esa mochila?—quiso saber Melissa.
—Un poco de todo—contestó Anouk con aire misterioso
Melissa aplaudió con entusiasmo, mientras Andreas se inclinaba para ver qué más traía.
—¿Y esto? —preguntó sacando una pequeña caja metálica.
—Eso es para más tarde —contestó Anouk guiñando un ojo—Cuando el fuego esté más bajo y las historias empiecen a salir solas.
El grupo se acomodó de nuevo con una energía renovada. La hoguera seguía ardiendo, pero algo más se encendía entre ellos.
La promesa de una noche distinta, llena de sorpresas y momentos que jamás olvidarían.
&
La hoguera seguía crepitando mientras terminaban de cenar entre risas. Las luces de colores que Anouk había colgado entre los árboles daban al claro un aire festivo casi mágico, como si hubieran transformado el bosque en un rincón secreto solo para ellos.
Fue entonces cuando se escucharon voces y pasos entre las hojas. Georg fue el primero en aparecer seguido de los demás que caminaban con cuidado para no tropezar con ninguna raíz traicionera. Venían del club, aún con las sonrisas frescas de la terraza, y al ver ante a ellos la hoguera ardiendo en todo su esplendor, las luces de colores y la música suave se detuvieron un instante como si necesitaran procesar que aquello realmente estaba ocurriendo.
—¡Esto sí que es una fiesta en condiciones! —exclamó Natalie alzando los brazos con teatralidad—Los plebeyos sí que saben cómo divertirse en mitad del bosque.
El comentario no pareció ofender a nadie sino que les hizo estallar en carcajadas. Se pusieron en pie para dar la bienvenida a los recién llegados y Peter se encargó de hacer las presentaciones formales. Algunos de sus amigos eran los mismo que habían jugado esa tarde el partido de voleibol y saludaron a Tom con entusiasmo recordando entre bromas los puntos más intensos del juego y lo bien que se lo habían pasado.
Tom aunque algo reservado sonreía con sinceridad, agradecido por el reconocimiento.
Mientras todos hablaban Alexander parecía sentirse algo incómodo. Evitaba cruzar su mirada con la de Anouk, que en ese momento estaba sentada junto a Víctor riendo por algo que él acababa de decir.
No sabía que ella estaría allí. Nadie se lo había mencionado. Y aunque intentaba mantener la calma, su cuerpo lo traicionaba. No podía evitar que los hombros se le tensara y su corazón latiera con más rapidez de lo que la situación justificaba.
Anouk por su parte parecía completamente ajena a su incomodidad. O tal vez no. Tal vez lo sabía y simplemente había decidido ignorarlo. Su presencia era magnética como siempre y Alexander no podía evitar sentir que el aire se volvía más denso cada vez que ella hablaba.
Bill se dio cuenta.
Conocía a Alexander lo suficiente como para notar el cambio en su postura y en su mirada esquiva. Se acercó con discreción y le rozó la mano, un gesto pequeño pero lleno de intención.
—¿Estás bien? —preguntó en un susurro.
Alexander asintió en silencio sin mirarle directamente aún tratando de reponerse de la sorpresa de ver allí a Anouk e intentando aparentar que su presencia no le incomodaba.
Bill no insistió.
Sabía que no era el momento de forzar palabras. Pero se quedó a su lado como una presencia firme como un ancla.
La música seguía sonando, las conversaciones fluían, y la noche avanzaba. Pero entre las luces y las risas había hilos invisibles que tejían tensiones, recuerdos y emociones que aún no habían sido dichas.
El claro del bosque se había transformado por completo. Las guirnaldas de luces de colores colgadas entre los árboles daban al lugar un aire de celebración clandestina, mientras la hoguera seguía crepitando en el centro lanzando sombras danzantes sobre los rostros de los presentes.
Peter y sus amigos abrieron la nevera que habían traído ellos también sacando latas y botellas con entusiasmo. El sonido de las chapas saltando y el líquido burbujeando al caer en los vasos de plástico marcó el inicio oficial de la fiesta. Natalie al ver las bebidas cogió un vaso y lo alzó con teatralidad esperando a que le sirvieran una copa bien cargada.
Se acomodaron alrededor del fuego, algunos sacando mantas de sus mochilas y otros tomaron asiento sobre los caídos troncos. Las bebidas circulaban, las conversaciones se entrelazaban y pronto empezaron a surgir propuestas para animar la noche.
—¿Jugamos a algo?—sugirió Louise.
—Yo he traído una baraja de cartas—apuntó al momento Anouk.
—O podemos contar historias de miedo—sugirió Georg con una amplia sonrisa—Me sé una de una chica que se aparece solo de noche en una carretera abandonada que…
—Por favor, ya no somos niños para temerle al hombre del saco—interrumpió Natalie resoplando.
Pero su tono aunque burlón no ocultaba del todo la incomodidad que sentía. Estar en mitad del bosque con la única iluminación proveniente de la hoguera y las luces de colores le provocaba una inquietud que no quería admitir. Se ajustó la cazadora con disimulo y se sirvió otro poco de vino como si eso bastara para espantar cualquier sombra.
Tom mientras tanto se mantenía algo apartado, conversando con los amigos de Peter que había conocido durante el partido de voleibol. Su tono era cordial incluso relajado, pero cada cierto tiempo sus ojos se desviaban hacia Bill que no se había separado del lado de un sonriente Alexander.
Alexander.
Parecía parecía otra persona que Tom aún no conocía. Estaba más tranquilo y amable, incluso había hecho algún comentario sin maldad alguna como si intentara integrarse sin llamar demasiado la atención.
Tom lo observaba en silencio, sin saber muy bien qué pensar. Había algo en esa cercanía entre Bill y Alexander que le removía por dentro. No celos exactamente. Más bien una mezcla de nostalgia y curiosidad. Como si estuviera viendo algo que había cambiado sin que él lo hubiera notado.
Las conversaciones se entrelazaban con el sonido de la música suave y el chisporroteo de la hoguera. Las luces de colores colgadas entre los árboles daban al claro un aire de fiesta secreta, como si el bosque los hubiera aceptado como sus invitados especiales.
Fue Víctor quien con una sonrisa traviesa y otra bolsa de patatas en la mano se puso de pie alzando la voz.
—¡Hora de jugar!—anunció dando una palmada—Y nada de quedarse sentados como si esto fuera una excursión escolar. Vamos a ponerle chispa a la noche.
—¿Qué propones? —preguntó Louise acomodándose sobre su manta.
Víctor sacó la baraja de cartas que Anouk había traído y la agitó en el aire como si fuera un talismán.
—Vamos a jugar a «Verdad o Reto» versión bosque encantado—empezó a decir haciendo que los demás estallasen en risas— Cada carta tiene un número, y cada número corresponde a una pregunta o un reto. Nada demasiado loco… por ahora.
— ¿Y quién decide qué corresponde a cada número? —preguntó Natalie, escéptica pero curiosa.
—Yo, por supuesto —respondió Víctor con una reverencia exagerada—Soy el maestro de ceremonias esta noche.
—Mientras no me hagas correr por el bosque en tacones, acepto—murmuró Natalie con firmeza.
Porque aún estando en el bosque, sus ropas eran de las mejores marcas y su calzado era el inapropiado para una excursión, pero ella jamás se bajaba de los tacones si no había una causa más que justificada.
—Eso sería un espectáculo digno de aplausos —murmuró Gustav a su lado.
El grupo se acomodó en círculo, más cerca del fuego. Tom se mantuvo en el borde, aún conversando con los amigos de Peter pero sin perder de vista a Bill, que seguía sentado junto a Alexander. La cercanía entre ellos era evidente, y aunque Tom intentaba no darle importancia, cada gesto y cada mirada compartida le removía algo por dentro.
Víctor barajó las cartas con dramatismo y se las ofreció a Melissa.
—Tú inauguras la noche—dijo mirándola con firmeza— Saca una carta y que el bosque decida tu destino.
Melissa obedeció y sacó una con el número siete. Víctor la miró con una sonrisa maliciosa.
—Número siete… te ha salido verdad—murmuró con malicia— ¿Alguna vez has tenido un flechazo con alguien de este grupo?
Melissa se llevó la mano al pecho fingiendo sorpresa.
— ¿Solo uno?—repitió con una amplia sonrisa—Qué pregunta tan limitada.
Las risas estallaron de nuevo y el juego comenzó a rodar envolviendo a todos en una dinámica de confesiones, retos y bromas que hacían que el bosque por unas horas se sintiera como el lugar más vivo del mundo.
—Pues si tengo que elegir solo a uno—siguió diciendo Melissa tras echar un vistazo a su alrededor—Tengo que elegir a…
—A Tom—contestó Natalie por ella.
Melissa se la quedó mirando intrigada, no era precisamente el nombre que iba a decir porque sabía que era el recién llegado al grupo y no quería que se sintiera incómodo.
—Ha salido verdad, debes contarla entera—dijo Natalie justificando sus palabras— ¿O no era con Tom con quien te besabas apasionadamente ayer en la pista de baile del Sisyphos?
—Parece que alguien está celosa—intervino Anouk mirando fijamente a Natalie.
Natalie le devolvió la mirada fulminándola con ella, sabía que se refería al beso que habían compartido en el baño.
—Bueno, vayamos con las verdades de una en una—dijo Víctor barajando de nuevo las cartas—Siguiente turno y por favor, dejemos que conteste solo el aludido.
Estaba disfrutando del papel de maestro de ceremonias, se volvió con la baraja en sus manos y se la tendió a Gustav con una amplia sonrisa en sus labios.
—Te ha tocado—murmuró mirando fijamente a Gustav.
Gustav resopló por bajo pero no se quiso negar a participar. Sacó una carta con el número tres y Víctor sonrió como si ya supiera lo que iba a decir.
—Te ha salido también verdad—murmuró sin dejar de sonreír— ¿Alguna vez te has enamorado de alguien que no te correspondía?
Gustav se quedó en silencio pensando en qué respuesta dar sin que levantara sospechas, Víctor era el único que conocía su secreto y esperaba que siguiera así, aunque el muy cabrón disfrutaba viéndole sufrir con sus insinuaciones delante de los demás.
—Sí, y no solo una vez—contestó para sorpresa de Víctor, que se esperaba que no contestara—Pero aprendí que a veces lo que uno siente no tiene que convertirse en algo mutuo para que sea valioso.
El grupo guardó silencio por un instante, como si esa confesión hubiera tocado una fibra más profunda. Luego Natalie rompió el momento con una sonrisa.
—Vale, eso fue bonito pero yo quiero algo más jugoso—soltó acomodándose en su asiento—Estoy lista para escandalizar.
Víctor le ofreció el mazo al momento y Natalie sacó el número diez.
— ¡Otra vez verdad!—exclamó Víctor con una sonrisa traviesa— ¿Alguna vez has fingido no sentir nada por alguien solo para no complicarte la vida?
Un tenso silencio recorrió el grupo haciendo que muchos de ellos se pusieran tenso. Bill era uno de ellos y esperaba en silencio cual iba a ser la respuesta de Natalie rezando para que no le mencionara o de hacerlo no fuera para humillarle delante de todos.
Pero Natalie se había quedado en silencio por unos segundos mientras pensaba. Luego esbozó una sonrisa forzada, pero su mirada se había vuelto más triste.
—Sí, y no fue fácil—contestó al fin—Pero a veces fingir es más sencillo que admitir que algo te importa demasiado.
El grupo se quedó en silencio por un momento, como si las palabras de Natalie hubieran dejado una estela de verdad flotando en el aire.
Tom desde su asiento observaba la escena. Sus ojos se desviaron una vez más hacia Bill, que seguía junto a Alexander. Y aunque intentaba mantenerse al margen, algo en él empezaba a moverse. Como si el juego no solo estuviera revelando secretos sino también despertando los suyos.
Víctor, aún con la baraja en mano y su sonrisa de maestro de ceremonias, se giró hacia Peter.
—Tu turno—murmuró tendiéndola las cartas—Veamos con qué verdades nos sorprendes tú.
Peter se encogió de hombros con una sonrisa tranquila y sacó una carta. Número cuatro.
—Verdad —anunció Víctor revisando su lista mental de preguntas— ¿Alguna vez has estado con alguien solo por no estar solo?
El grupo guardó silencio. La pregunta no era escandalosa, pero sí incómoda. Peter se tomó su tiempo antes de responder.
—Sí —dijo al final sin rodeos—Y no fue justo para ninguno de los dos. Pero a veces uno se engaña pensando que el cariño puede crecer con el tiempo. Spoiler: no siempre lo hace.
Helen, sentada a su lado, le tomó la mano con discreción. No parecía molesta, más bien comprensiva. El grupo asintió en silencio, reconociendo la honestidad de Peter.
Víctor no dejó que el ambiente se volviera demasiado serio. Barajó de nuevo y le ofreció una carta a Louise esa vez que escogió una y la enseñó al resto.
—El as de corazones—dijo Víctor con una amplia sonrisa—Esta vez ha salido reto. Tienes que decirnos el nombre de la última persona que te hizo sentir mariposas en el estómago. Y no vale Georg, que ya sabemos que es tu novio.
Todos se volvieron para mirar en silencio a Louise a la espera de que contestara, quien parecía estar tomándose su tiempo para hacerlo.
—Y no queremos solo el nombre—apuntó Víctor—Queremos saber toda la historia.
—¿De verdad tengo que decirlo?—preguntó Louise reacia a contestar.
—No hace falta si no quieres—intervino Melissa sintiendo que estaba incómoda.
—Son las reglas del juego—apuntó Natalie con firmeza—Tienes que contestar la pregunta.
—El bosque exige respuestas —intervino Víctor alzando los brazos como si invocara a los espíritus de la noche—No hagamos que se enfade el bosque.
Louise se quedó mirando al fuego, luego al grupo y finalmente se volvió hacia Tom.
—Fue Tom—respondió con naturalidad—El día que todos lo conocimos pude notar que hay algo en él que le hace muy especia, y esta mañana hemos estado hablando y al saber más de él lo vi con más claridad. No fue nada serio, pero… hubo algo. Una chispa quizás. Pero sé que no es nada comparado con lo que tengo con Georg del que estoy muy enamorada pero no pude evitar sentirme así.
Tom se quedó en silencio, sorprendido. No se esperaba esa confesión viniendo de Louise y aunque no sabía cómo responder, asintió con una sonrisa leve como si le agradeciera su sinceridad.
Bill sentado al lado de Alexander bajó la mirada un instante. No por celos, sino por la extraña sensación de que todos estaban conectados por hilos invisibles que se tensaban y aflojaban con cada palabra.
—Vaya con Tom, se esta llevando todos los puntos esta noche—apuntó Natalie con una de sus maliciosas sonrisas— ¿Alguien más le encuentra atractivo? ¿Quizás alguno de los chicos pero no se atreve a decirlo?
Las palabras de Natalie flotaron en el aire como una chispa provocadora. Su tono era juguetón, pero todos sabían que detrás de esa sonrisa maliciosa se escondía una intención clara.
Agitar las aguas.
Algunos se rieron, otros fingieron mirar al fuego o revisar sus vasos. La pregunta no era escandalosa pero sí incómoda. En ese círculo donde las emociones estaban a flor de piel y las confesiones habían empezado a remover más de lo previsto, la insinuación de Natalie no pasaban desapercibida.
Víctor, siempre dispuesto a romper la tensión, se inclinó hacia ella con una sonrisa teatral.
—¿Estás insinuando que Tom es el crush colectivo del bosque?—inquirió alzando una ceja.
—Solo digo que hay demasiadas miradas que se desvían hacia él —respondió Natalie sin perder el tono—Y no todas vienen de las chicas.
Tom, que hasta entonces había mantenido una postura tranquila, alzó las cejas con una mezcla de sorpresa y diversión.
—¿Debería sentirme halagado o preocupado?—quiso saber.
—Halagado, sin duda —intervino Anouk con una sonrisa enigmática—No todos pueden decir que causan revuelo sin hacer nada.
Andreas bajó la mirada un instante incómodo por la sensación de que la conversación se acercaba demasiado a territorios que más de uno prefería no explorar en público.
Bill por su parte se aferró a la mano de Alexander quien se volvió y le dedicó una amplia sonrisa.
Peter se aclaró la garganta, intentando reconducir el ambiente.
—Bueno si alguien quiere confesar algo que lo haga pero que sea por voluntad propia, no por presión—dijo con firmeza.
El grupo asintió, agradeciendo el gesto. La hoguera seguía ardiendo, las luces titilaban entre los árboles, y aunque la noche aún era joven, ya se sentía cargada de verdades que no todos estaban listos para decir.
Ya no eran simples confesiones.
Eran piezas de un rompecabezas emocional que todos estaban intentando descifrar.
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Después de varias rondas del juego, confesiones inesperadas y risas que resonaban entre los árboles, el grupo decidió que ya era suficiente por esa noche. Víctor guardó la baraja con aire ceremonioso como si cerrara un capítulo, y Anouk subió el volumen de la música desde el altavoz portátil.
—¡Hora de bailar! —exclamó poniéndose en pie y moviendo los hombros al ritmo de la música electrónica suave que flotaba en el aire.
Algunos se levantaron de inmediato, contagiados por la energía. Louise y Georg empezaron a moverse con entusiasmo, mientras Andreas y Melissa improvisaban pasos sobre la tierra blanda del claro. Las luces de colores colgadas entre los árboles daban al lugar un aire de fiesta clandestina, como si el bosque se hubiera convertido en un club secreto.
Otros, en cambio, decidieron aprovechar para estirar las piernas. Peter y Helen se alejaron por el sendero, caminando despacio y comentando lo que habían escuchado durante el juego. Gustav también se levantó pero para buscar un rincón discreto que usar como baño al igual que varios más que ya no podían aguantar después de tantas bebidas.
—¿En serio tenemos que ir tras un un árbol? —se quejó Natalie, frunciendo el ceño mientras miraba sus tacones—Esto es absolutamente inaceptable. No vine aquí para hacer acrobacias en la maleza.
Melissa, que estaba recogiendo algunos vasos vacíos, se giró hacia ella con una sonrisa comprensiva.
—Nuestros bungalows están cerca—explicó—Si quieres, puedes ir al mío a usar el baño, puedes hasta peinarte un poco y lavarte las manos. Tengo un jabón con aroma a lavanda que es maravilloso.
—¿Y toallas decentes? —preguntó Natalie alzando una ceja.
—De algodón egipcio —respondió Melissa guiñándole un ojo.
—Perfecto—asintió Natalie satisfecha— Al menos alguien de aquí entiende lo que significa tener estándares.
Natalie se alejó con paso firme seguida por Melissa mientras el resto del grupo seguía bailando o charlando junto a la hoguera. Tom aún algo apartado observaba a Bill y Alexander moverse juntos compartiendo gestos cómplices que parecían ajenos al resto del mundo.
Andreas lo vigilaba desde la distancia y sabiendo lo que estaría pasando por sus cabeza en esos momentos se acercó con una sonrisa.
—¿Te apetece dar un paseo? —preguntó bajando la voz para que no lo escucharan los demás—Te vendrá bien despejarte un poco y dejar de mirar a la parejita como si fuera una escena de película romántica.
Tom soltó una risa breve mientras asentía con la cabeza. Se puso en pie y sacando otro cigarro del bolsillo de su sudadera lo encendió con calma como si el humo pudiera disipar lo que sentía. Echó a andar seguido de Andreas que lo acompañaba en silencio, dejando que el bosque los envolviera con su frescura nocturna.
Mientras se alejaban unos metros del claro, uno de los amigos de Peter se acercó con una botella de vino en una mano y un par de vasos en la otra.
— ¿Queréis?—invitó Robert—Es tinto, bastante decente para lo que hemos traído.
Tom negó con la cabeza, exhalando una bocanada de humo.
—Gracias, pero prefiero una cerveza—negó con una sonrisa—El vino me pone nostálgico.
Robert se encogió de hombros sin insistir, pero antes de que pudiera alejarse Víctor apareció como si hubiera estado esperando ese momento.
—¡Yo sí quiero ese vino! —exclamó acercándose con su habitual sonrisa encantadora—Y si viene servido por Robert, mejor aún.
Robert se echó a reír sorprendido pero halagado, y le tendió uno de los vasos que Víctor se apresuró a coger y dejar que le sirviera.
—¿Ves? Algunos saben redirigir la energía—comentó en voz baja Andreas dirigiéndose a Tom.
Tom sonrió más relajado viendo como Víctor empezaba a hablar con Robert comentando el partido de esa tarde que apenas había presenciado y sin dejar de admirar lo fuerte que estaba y que si debía de hacer mucho deporte o era así por constitución natural.
Siguió caminando junto a Andreas mientras detrás de ellos, la fiesta seguía girando. Las luces de colores titilaban entre las ramas, la música subía de volumen, y entre copas, pasos y miradas, el bosque se convertía en un escenario donde cada uno empezaba a escribir su propia historia.
Mientras en otra parte del bosque Melissa caminaba con paso rápido por el sendero que llevaba a su bungalow, seguida por una impaciente Natalie.
—Está justo aquí —dijo Melissa señalando la puerta mientras sacaba las llaves—Corre, que vas a explotar.
Natalie no esperó más. Entró como un torbellino y desapareció tras la puerta del baño dejando a Melissa riéndose sola mientras se acomodaba en el porche. Sacó un cigarro del bolsillo de su chaqueta y lo encendió con calma, disfrutando del silencio que contrastaba con el bullicio del claro.
Al poco apareció Anouk por el sendero con el pelo algo revuelto por el baile.
—¿Puedo usar yo también el baño? —preguntó sin rodeos.
—Claro—respondió Melissa, señalando la puerta—Pero tendrás que esperar. Natalie está dentro y parece que va para rato.
Anouk se echó a reír y se sentó en el escalón junto a Melissa, que le ofreció el paquete de cigarrillos. Ella negó con la cabeza y entró en el bungalow dejando a Melissa disfrutar del silencio mientras observaba cómo el humo se elevaba en espirales lentas.
Minutos después la puerta del baño se abrió y Natalie salió arreglándose el pelo frente al espejo del pasillo. Al girarse, se encontró cara a cara con Anouk.
El silencio entre ellas fue breve, pero cargado.
—No esperaba verte aquí —dijo Natalie cruzándose de brazos.
—Ni yo que tú salieras tan rápido —respondió Anouk con una sonrisa —¿Te has recuperado ya de nuestro beso?
Natalie la miró con firmeza pero no pudo evitar que su mirada se desviara un instante hacia los labios de Anouk. El recuerdo del beso que se habían dado en el baño del Sisyphos flotaba entre ellas como una sombra suave.
—No fue un simple beso—dijo al fin—Fue un error.
Anouk se acercó un paso sin invadir su espacio pero tampoco sin retroceder.
—¿Quieres repetirlo?—preguntó en un susurro.
Natalie se quedó en silencio. Luego negó con la cabeza lentamente.
—No, no quiero complicarme la vida—contestó en voz baja—Bastante tengo con lo que ya siento.
Anouk no insistió. Solo asintió, como si respetara la decisión sin dejar de lamentarla.
—Está bien —dijo con voz suave—Pero no fue un error. Fue real, aunque solo hubiera durado un segundo.
Natalie no respondió. Se giró hacia el espejo, se retocó el brillo de labios y salió del bungalow con paso firme como si nada hubiera pasado.
Pero algo sí había pasado.
Algo que no se borraría tan fácilmente.
Anouk la observó marcharse, luego entró al baño sin decir más. Melissa en el porche y ajena a todo lo que había pasado dentro apagó el cigarro y se quedó mirando el cielo sabiendo que esa noche estaba lejos de terminar.
Continúa…
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