Imperium 12

Fic Toll de Namyukaulitz

Capítulo 12

No habían pasado muchos días, pero los rumores sobre el incidente del César mientras bailaba con su hermano doncel se esparcieron como el fuego en un campo de trigo seco.

Tom aunque estaba acostumbrado, se sentía inquieto, todo estaba incómodo, no sólo cuando tenía que salir del Palacio y tenía todos los ojos sobre él, aunque incluso en lo que él llamaba hogar tenía ojos sobre sí, lo peor eran sus tensiones con Bill, evitándolo tanto que él también se lastimaba, añorando estar en los brazos de su hermano menor y tener su olor cerca.

Pero seguía repitiéndose que el alejarse era la mejor opción, todo se había salido de control y ardía entre ambos, sin embargo, Tom se aferraba a la idea de que como doncel e hijo mayor de Aurelius tenía que abstenerse y soportar, manteniendo la cabeza en alto, aunque por dentro también sintiera que el fuego que Bill provocaba en él lo quemaba.

El doncel sabía que los rumores los involucraban a ambos, sobre todo a él, como era costumbre en ese tipo de escándalos, se solía escrachar más a los donceles y mujeres que a los varones, así que no quería escuchar qué clase de pestes decían de él y su hermano.

Tom caminaba por el Palacio, era de tarde, todavía no oscurecía, iba en dirección a los aposentos de su hijo para que pudieran ir a leer un poco a la biblioteca, aprovechando que Bill no se encontraba en ese momento. Ya qué, Tom a comparación de otras madres, sobre todo las nobles, prefería educar a su hijo él mismo a dejarle esa tarea a alguien más, por lo que estaba tratando que de Lucían pudiera leer antes de los siete años, momento en el que el niño tendría que aprender cosas elementales con un profesor privado o enviarlo a una escuela.

Soltó un suspiro, su papel como madre también requería su tiempo, no podía distraerse con otras cosas, incluso si eso significaba dejar a un lado su situación con Bill, aunque Bill tampoco se había alejado de Lucían, Tom dejaba que el pequeño se acercará a su tío y pasará un tiempo con él.

Cuando estaba por llegar a los aposentos de Lucían, teniendo que girar hacia la izquierda, escuchó a un par de voces femeninas hablar y, ciertamente, no pudo evitar escuchar a escondidas, deteniéndose detrás de la pared.

—¿Qué más has escuchado? —preguntó una mujer de cabello castaño a la otra, mientras doblaban la ropa de Lucían.

—Uh, si te contara… —sonrió la otra de cabello negro.

Ambas eran sirvientas evidentemente.

—Una de las personas que se queda durante la noche en el Palacio me dijo que ha visto al príncipe Tom entrar en los aposentos del César, y que se escuchan ruidos del otro lado, ya sabes de qué tipo —reveló la pelinegra con una sonrisa maliciosa. —Pero, que no es algo nuevo, que lo lleva haciendo desde hace años, metiéndose en los aposentos de su propio hermano ¿lo imaginas?

La castaña hizo una mueca de desagrado. —El príncipe Tom, de príncipe sólo tiene el título y la sangre, por lo demás es… indecente, por decirlo de manera educada —y ambas rieron. —Meterse con su propio hermano menor, es algo que ni siquiera una prostituta se atrevería a hacer, pero, ¿desde cuando se meterá en sus aposentos?

—Al parecer, desde que Aurelius estaba vivo, incluso dicen que Lucían puede ser en realidad de Bill —soltó la pelinegra. —Quizás por eso había tanta confianza cuando danzaron frente a todos en esa reunión privada.

A lo que la castaña abrió los ojos en grande y se llevó la mano a la boca.

—¿Lo dices en serio? —preguntó la mujer, y la pelinegra asintió. —Bueno, todo el pueblo dudaba si de por sí Lucían era hijo del Senador Tiberius, era un hombre que a su edad… difícilmente podría engendrar un hijo tan sano como Lucían, todos pensábamos que era uno de sus innumerables amantes.

—Probablemente es hijo de Bill, ¿no has notado cómo el niño incluso se parece un poco a él? —continuó la pelinegra.

—No… no le veo un especial parecido al César —admitió la castaña.

—Incluso el niño se comporta en ocasiones como Bill, si no fuera rubio y rizado sería como él, de seguro Tom lo hizo con la idea de que así aseguraría su puesto, claro, es lo que hacen las personas como él, asegurar las cosas a base de su cuerpo e hijos —siguió metiendo cizaña la pelinegra. —¿Por qué Bill se acostaría con él? Quiero decir, lo entiendo un poco, al final es un varón, aunque ya habían rumores de que Bill era un poco raro por nunca convivir con más personas a parte de Tom y su padre, siendo apartado de todos, Tom debió de comportarse mejor y más como un hermano realmente y no como un amante de baja clase.

La respiración de Tom se ralentizó, con los ojos bien abiertos al entender lo que decían las sirvientas.

—Lo más seguro es que Bill y Tom estuvieron felices cuando Aurelius falleció… —comentó la pelinegra. —Así podrían vivir su aberración sin reproches de su padre.

—El príncipe Tom es tan mala madre, indecoroso, pobre Lucian —masculló la castaña, bajando la mirada, sintiendo pena por el niño.

—¿Cómo puedes sentir lástima por un engendro de hermanos? —reprochó la pelinegra, con el ceño fruncido. —Tenemos que doblar la ropa de un ser que es impuro desde su concepción…

—Es un niño, es decir, tienes razón, el príncipe Lucían es hijo de la lujuria entre hermanos, pero es un niño… —intentó empatizar la castaña.

Antes de que la pelinegra pudiera volver a refutar, la puerta de los aposentos de Lucían se abrieron, y el pequeño salió mirando hacia todos lados.

Al ver al niño, la sirvienta de cabello negro sonrió a regañadientes.

—Oh, joven Lucian, ¿busca a su madre? —cuestionó la pelinegra, fingiendo dulzura.

El niño asintió, viéndola fijamente.

—Uhm, probablemente se encuentra con tu tío, el César en este momento debe de haber dejado abierto y goteando a tu madre como si fuera una cortesana de Subura —soltó venenosamente la mujer de cabello negro.

En ese momento Tom salió de detrás de la pared con prisa, aproximándose directamente a su hijo, tomándolo en brazos y cubriéndole la oreja con una mano mientras presionaba su cabeza contra su pecho con suavidad.

—Mamá… ¿Qué quiso decir la sierva? —preguntó el pequeño en los brazos de su madre.

Tom tenía las mejillas sonrojadas, pero del coraje, y vió con severidad a las sirvientas que momentos antes habían estado hablando pestes de él abiertamente.

Las sirvientas se quedaron paralizadas, sorprendidas de que el doncel apareciera de repente, incluso la pelinegra se quedó fría, comenzando a temblar de miedo.

—No dijo nada importante, mi pequeño —le respondió Tom a su hijo, dándole una corta mirada, para luego volver a ver a las siervas.

—Príncipe Tom… Yo… yo —balbuceó la pelinegra, temiendo una gran reprimenda por haber intentado hablar de su madre a Lucian.

Tom no dijo nada, soltando un suspiró, desviando la mirada hacia otro lado, aunque ese momento sintió ganas de querer mandar a crucificar a esas insolentes sirvientas, no quería hacer un escándalo frente a Lucian, así que simplemente se dio la vuelta con su hijo en brazos, tragándose su molestia.

Una cosa era que hablaran pestes de él, tratándolo por lo más bajo, como un prostituto más de Subura, incluso el que osaron decir que él había estado feliz con la muerte de su padre para poder vivir su unión con Bill, unión de al cual no tenía fundamento alguno, eran simplemente rumores, nada cierto, Tom siempre se había tratado de mantener al margen, no hacer un escándalo, prefería dejar que la gente hablase, pero ahora, esas malas lenguas habían intentado contaminar a lo más puro y a lo que más atesoraba Tom, su hijo, a Lucian. Y no iba a permitir eso, Lucian era un niño de cuatro año, apenas cumpliría cinco años dentro de un par de meses, un ser inocente, Tom incluso había dejado que conviviera con Bill en esos momentos tensos para que Lucian no se viera afectado por los dramas de los adultos, que creyera que todo estaba bien.

Afortunadamente, por el resto de la tarde y de la noche, Lucian non volvió a preguntar a qué se refería la insolente sirvienta, aunque Tom estaba furioso, tenía que sonreírle a su hijo y distraerlo con historias en la biblioteca.

Incluso durante la última comida del día, Tom veía a su pequeño, tan inocente, sin ninguna malicia, únicamente enfocado en sus juguetes de madera, entonces el doncel se dio cuenta que necesitaba alejar a Lucian del Palacio y de las personas con malas intenciones como la sirvienta, pues era más que consciente que así como ese par de dos, de seguro habían más víboras tanto afuera como adentro del Palacio.

Así que Tom tomó una decisión, quizás un poco apresurada, pero que, para él y Lucian era necesario en ese momento.

—Andreas —pronunció Tom, en cuanto el doncel, al cual había mandado a llamar para que fuera a sus aposentos, para poder hablar en privado, abrió la puerta.

—¿Sí, príncipe Tom? —respondió el doncel rubio, cerrando detrás de él.

Tom apretó sus propias manos antes de seguir hablando, sabía que podía confiar en Andreas, que era la nodriza de Lucian desde que el niño había nacido, así que estaba más que familiarizado con la familia imperial, pero aún así se encontraba nervioso.

—Yo quiero pedirte un favor, ya que sabes que eres una de las personas en las que más confío en este lugar —habló Tom, a lo que Andreas asintió atento. —Pasó un incidente está tarde, prefiero no hablar de eso ahora, pero ese hecho me ha empujado a tomar una decisión… Quiero irme por un par de días del Palacio.

Andreas abrió los ojos sorprendido, más no cuestionó al de rastas rubias.

—Cuando Lucian nació y tú recién llegabas al Palacio, cuidando a Lucian mientras me recuperaba del parto, yo mencioné que me gustaría pasar mi cuidado en una villa, ¿lo recuerdas? —inquirió Tom.

—Sí, lo recuerdo, aunque en su momento no me dio mucha información, fue más como un comentario, alteza —replicó Andreas.

—Lo sé, es un lugar algo oculto, por eso no podía hablarte mucho de él —suspiró Tom, bajando la mirada por unos instantes. —Me gustaría ocultarme de todo por unos dias en ese lugar, junto a Lucian, pero me gustaría que nos acompañaras, tú y otro par de sirvientes que consideres que pueden guardar el secreto, está a las afueras de la ciudad, no es un lugar muy lejano, pero si necesito de mucha discreción… Que nadie sepa, incluido el César.

—Es… Está bien, príncipe Tom —aseguró Andreas. —¿Cuándo planea salir?

—Esta misma madrugada —confesó Tom. —¿Sabes si el César ya volvió de su recorrido por Roma? —preguntó, necesitaba saber si Bill estaba en el Palacio, porque si era así, tendría que ser más cuidadoso y precavido para poder salir.

—Sí, el César volvió hace un rato, en este momento se encuentra comiendo —respondió Andreas.

—Entonces tendremos que ser muy precavidos para salir, saldremos cuando estemos seguros que el emperador está dormido —continuó Tom. —Por favor, mucha discreción, y asegúrate de que llevemos comida y artículos necesarios suficientes para un par de días.

Andreas asintió, a lo que Tom se acercó y lo tomó de las manos.

—Muchas gracias, Andy, sabía que podía confiar en tí —murmuró Tom, abrazando al doncel, quien le correspondió el gesto.

—Siempre estaré a su disposición, alteza, así se trate de salir sin que nadie lo sepa, incluso me asegurare de conseguir alguien que pueda llevarnos, para que usted y Lucian puedan viajar cómodos —acotó Andreas, antes de separarse del abrazo. —Entonces, me retiro, para preparar todo, alteza. Estaré atento al momento que salgamos.

Tom asintió con una suave sonrisa, antes de que Andreas saliera nuevamente de sus aposentos.

Luego de un par de horas, y de que todos estuvieran dormidos en el Palacio, bajo la tenue luz de algunas de las lámparas de aceite, Tom consideró que ya era momento de actuar y salir del Palacio.

Salió de sus aposentos y sintió una inquietud en el corazón, por lo que a medio camino de los aposentos de su hijo, se detuvo, apretó los ojos y cambió de dirección.

Camino con una rapidez silenciosa, con el corazón latiendo con fuerza, y se detuvo frente a la puerta de los aposentos del César.

El día anterior no había visto a Bill, evitándolo por completo, quería verlo aunque sea una última vez antes de irse, sabía que no era un despedida realmente, ya que no se iría para siempre, pero era consciente de que traicionaba a su hermano menor yéndose de tal forma, quiso abrir y verlo, aunque fuera dormido.

Pero terminó arrepintiéndose, posando únicamente su mano sobre la puerta antes de retirarse de manera silenciosa, volviendo a dirigirse a los aposentos de su hijo.

Con mucho cuidado, Tom entró en los aposentos de su hijo, se acercó al lecho donde Lucian dormía y lo tomó entre sus brazos, evidentemente el movimiento hizo que el pequeño se despertarse confundido.

—Mami… —balbuceó Lucian, abriendo ligeramente sus ojos.

—Shh… Tranquilo, Lucian —calmó Tom, acariciándole la espalda a su hijo, cubriéndolo con el manto que Tom tenía sobre su cabeza y hombros, el cual lo tapaba.

Lucian frunció el ceño y comenzó a lagrimear un poco, Tom lo arrullo, sabía que a Lucian no le gustaba que lo despertaran temprano, además de que sabía que podría estar confundido por ser despertado cuando todavía era de noche.

Luego de un par de minutos, Tom logró que su hijo volviera a dormir, le beso la besa y lo cubrió mejor con su manto, para que no pasará frío y no los pudieran reconocer.

Ese mismo instante, Andreas, que al igual que Tom estaba cubierto con un manto oscuro, entró a los aposentos de Lucian.

—Todo listo, alteza —avisó Andreas en un susurró.

Entonces sin más, Tom con Lucian en brazos, junto a Andreas y otro grupo pequeño de sirvientes salieron del Palacio como un par de sombras en las calles de Roma, hasta llegar casi al amanecer a la villa.

Continúa…

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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