
Fic TOLL de lyra
Capítulo 65
Incapaces de intervenir, Andreas y Melissa observaban desde el porche del bungalow cómo se llevaban a Tom detenido mientras que Bill era llevado a casa en otro coche patrulla. Se miraron en silencio interrogándose con la mirada.
¿Qué podían hacer?
—Quizás a David se le ocurra algo—murmuró Melissa sin apartar la mirada de Andreas.
—Sí, despedirlo de inmediato —respondió Andreas con ironía—Tom no va a salir bien parado de esto. Aunque se demuestre que es inocente el padre de Bill no querrá tenerlo trabajando en el club, y menos cuando se entere de lo que hay entre ellos.
—Eso ahora no importa —insistió Melissa con firmeza—Lo único que importa es sacarlo cuanto antes de ahí y demostrar que no ha hecho nada. Vamos al club y hablemos con David.
Andreas asintió con un suspiro y ambos se apresuraron a vestirse. Salieron corriendo hacia el club, sin perder tiempo. Al llegar buscaron a David, preguntando por él a Víctor que estaba colocando las mesas del comedor.
—Está en su despacho —les informó Víctor sin dejar de trabajar—Pero ha pedido que no lo molesten.
—Quizá ya se ha enterado —comentó Melissa en voz baja.
—¿Enterarse de qué? —preguntó Víctor deteniéndose con el gesto preocupado.
Melissa y Andreas se miraron antes de contestar. No era una noticia fácil de compartir y cuanto menos gente la supiera sería mejor para Tom. Pero Víctor era alguien de confianza, sabían que jamás diría nada.
—Han detenido a Tom —explicó Andreas con seriedad—Hace apenas unos minutos, la madre de Bill lo ha denunciado por abusar de un menor.
Víctor se quedó en silencio procesando la información. Su expresión cambió al momento, dejando ver una mezcla de incredulidad y preocupación.
—¿Pero eso no es cierto, verdad? —quiso saber con seguridad.
Apenas conocía a Tom, pero no le veía capaz de hacer algo así y menos a Bill que desde el primer momento quedó claro que ambos se gustaban.
— ¡Pues claro que no! —respondió Melissa con firmeza—Es una acusación falsa, seguro que la madre de Bill se ha enterado que están juntos y ha recurrido a denunciarle para tratar de separarlos. Y ahora mismo está en comisaría y quizás David sepa qué hacer para ayudarle.
Víctor frunció el ceño, sorprendido por la gravedad de lo que acababa de escuchar.
—¿La madre de Bill denunció a Tom? —repitió incrédulo.
—Sí —confirmó Andreas con un suspiro—Y lo peor es que lo hizo sabiendo que no hay pruebas contra él, solo quiere apartarlo de Bill y es capaz de inventarse lo que sea. Y como su familia es poderosa y tiene dinero, es Tom quien tiene las de perder.
—No podemos quedarnos de brazos cruzados —dijo Víctor, dejando el paño sobre la mesa con decisión—Os acompaño a ver a David, si vamos los tres haremos más fuerza. David necesita entender que esto no es solo un problema de Tom, es de todos los que creemos en él.
Melissa asintió con gratitud, mientras Andreas se enderezaba contagiado por la determinación de Víctor. Sin perder más tiempo, se dirigieron juntos hacia el despacho, con el paso firme y la convicción de que no iban a permitir que la injusticia se impusiera sin luchar.
Se detuvieron frente a la puerta del despacho y, tras llamar suavemente entraron sin esperar respuesta.
—David, perdón por la interrupción —dijo Andreas con tono serio tomando la iniciativa—Es urgente.
David levantó la vista, sorprendido por la entrada repentina, pero al ver la expresión grave de los tres, asintió con la cabeza. Con un gesto rápido, les indicó que pasaran mientras se despedía con discreción de la persona con la que estaba hablando.
—Si venís a pedirme ayuda con Tom, me temo que no hay nada que pueda hacer—murmuró soltando un suspiro.
—¿Lo sabes? —preguntó Melissa, con el ceño fruncido.
—Sí —admitió David—Y ya me imaginaba que vendríais a pedirme ayuda. La policía vino aquí a buscarle, no tuve más opción que decirles dónde vivía. Se fueron a por él, y dejaron a un agente en el club para asegurarse de que no le avisara.
—Pero tenemos que hacer algo—insistió Andreas con firmeza—Es inocente.
—Aunque no haya habido abuso como tal, la realidad es que ha mantenido relaciones sexuales con un menor de edad—dijo David apoyándose en el escritorio visiblemente tenso—Y eso, legalmente, es un delito.
—¿Y eso justifica que lo traten como un criminal?—estalló Melissa apretando los puños con rabia— ¿Qué se lo lleven a rastras como si fuera un peligro público?
—No, no lo justifica —dijo David con pesar—Pero la ley es clara y con la familia de Bill presionando, Tom está en desventaja.
—Entonces más razón para no abandonarlo —replicó Andreas—Si nosotros no luchamos por él, ¿quién lo va a hacer?
David se les quedó mirando en silencio, como si algo dentro de él estuviera debatiéndose. Y Andreas sabía lo que era, no era indiferencia sino miedo. Miedo a perder el control del club, a enfrentarse a una familia poderosa y a poner en riesgo todo lo que había construido.
—Entonces no vamos a hacer nada por él—dijo Andreas con la respiración entrecortada, como si las palabras le costaran salir— ¿Tenemos que abandonarle?
—De momento, me temo que sí —respondió David, poniéndose en pie con gesto serio—. Por favor, volved a vuestro trabajo. Yo me encargaré de averiguar a qué comisaría lo han llevado y qué abogado de oficio puede ofrecerle la mejor defensa. Me ocuparé de los gastos.
No era la ayuda que habían ido a buscar ni la solución inmediata que Tom necesitaba, pero al menos era algo. Y David era muy amable dispuesto a hacer lo que estuviera en su mano para que Tom no enfrentara a aquello completamente solo.
Melissa bajó la mirada, frustrada, pero agradecida.
Andreas asintió con resignación.
No era suficiente, pero era lo mínimo que podían hacer.
Y por el momento, tendrían que conformarse con eso.
&
Salieron de la casa sin perder un segundo más. Jörg mismo cogió uno de los coches que tanto le gustaba coleccionar y tomó el volante con decisión con su hijo acomodado a su lado aún algo mareado por todo lo ocurrido.
Mientras su padre conducía con la mirada fija en la carretera Bill se dio cuenta de que no se dirigían a la comisaría.
—¿A dónde vamos? —preguntó con inquietud, temiendo que su padre hubiera cambiado de opinión.
—Antes necesito hablar con David—respondió Jörg con calma—Mientras tanto, tú te quedas en la cocina con Rose. Desayuna algo, tienes que coger fuerzas.
Aunque el estómago de Bill estaba revuelto, hizo un esfuerzo por asentir. Al llegar al club entraron por la puerta trasera de la cocina evitando así las miradas indiscretas de los clientes que ya estaban desayunando en el club.
—Rose, prepara un desayuno para mi hijo por favor—pidió Jörg a la cocinera.
Rose asintió sin hacer preguntas mientras Jörg se escabullía por la misma puerta que había entrado para dirigirse a la que daba directamente al almacén, la que solía usar cuando quería pasar desapercibido en sus numerosas visitas al club.
—Andreas me ha contado lo que ha pasado—comentó Rose mientras colocaba una taza de café bien cargado frente a Bill—Tom tuvo suerte de no ser arrestado aquí delante de todos. Por suerte somos pocos los que lo sabemos y todos de plena confianza.
—Tom es inocente—murmuró Bill con firmeza.
—Por supuesto que lo es, cariño—dijo Rose al momento—Nadie ha dudado jamás de su palabra. Ahora come un poco.
Bill obedeció tomando otro sorbo de café junto con uno de los bollitos de canela que Rose preparaba cada mañana, aunque cada bocado le costaba.
Mientras esperaba a que su padre terminara esa improvisada reunión con David sentía crecer la ansiedad en su pecho. Tom se encontraba solo en la comisaría, probablemente convencido de que su vida había quedado para siempre destrozada.
No podía permanecer más tiempo allí sentado, y aprovechando que Rose estaba muy ocupada salió de la cocina con sigilo. Fue directo hacia el almacén decidido a pedirle a su padre que dejara la conversación con David para otro momento. Al acercarse al despacho notó que la puerta estaba entreabierta y pudo escuchar las voces que salían a través de ellas, deteniéndose a escuchar parte de lo que se estaba diciendo dentro.
—Te di toda la información que me pediste sobre Tom en su momento —escuchó decir a David—No sabemos nada más de él que lo que ya te conté.
—Es todo falso, ya lo he comprobado —insistió Jörg con tono grave—Hay algo en ese chico que no encaja, pero también puede ser justo eso lo que le salve de la cárcel.
—Pues date prisa—suplicó David—No debería pagar por nuestros errores.
Bill contuvo la respiración. El silencio que siguió le hizo pensar que la conversación había terminado, podía sentir su corazón latir con fuerza en su pecho y cada vez le costaba más respirar. Se apoyó en el marco de la puerta, intentando calmarse.
—Tú no tienes la culpa de nada —dijo Jörg con firmeza—Siempre has estado a mi lado aconsejándome. El único responsable soy yo.
Otro silencio.
Esa vez más profundo.
Bill no podía aguantar más tiempo. Con el corazón latiéndole con fuerza entró en el despacho sin molestarse en llamar primero.
Y entonces se detuvo en seco.
Lo que vio lo dejó sin aliento. Frente a él David y su padre estaban fundidos en un abrazo íntimo con sus labios unidos en un beso que no dejaba lugar a dudas.
No era un gesto casual ni una confusión momentánea.
Era profundo, cargado de deseo contenido, de algo que llevaba tiempo existiendo en silencio.
La escena lo golpeó como una revelación inesperada.
Durante unos segundos no pudo moverse ni hablar. Solo quedarse observando con la respiración agitada sintiendo cómo se desmoronaba una parte de la imagen que tenía de su padre y cómo otra empezaba a tomar forma.
—¿Papá?—llamó en un susurro inaudible.
Jörg se apartó de inmediato volviéndose hacia su hijo, mirándole con una expresión serena pero firme. Bill, pálido como un fantasma, parecía congelado en el umbral.
—Bill… —llamó Jörg tragando con esfuerzo.
Pero Bill no podía hablar ni moverse de donde estaba. Jörg dio un paso hacia él, sin intentar justificar lo que acababa de ocurrir pero con la necesidad urgente de que su hijo entendiera.
—No era así como quería que te enteraras —dijo con una calma cargada de tensión—Mi intención siempre fue contártelo yo mismo cuando llegara el momento. No quería seguir escondiéndolo por más tiempo, necesitaba que supieras quien soy realmente.
David se había apartado a un lado respetando el momento entre padre e hijo, aunque su mirada no se apartaba de Jörg.
Bill tragó saliva aún procesando lo que acababa de descubrir. No era el beso lo que más le impactaba, sino todo lo que implicaba. Los años de silencio, las decisiones tomadas desde una verdad que nunca se había dicho.
—¿Por qué nunca me dijiste nada? —preguntó al fin en voz baja.
—Porque pensé que era la mejor manera de protegerte, aunque significara esconder mi verdadero yo—admitió Jörg—Pero con el tiempo me he dado cuenta de que eso nos ha ido alejado.
Bill bajó la mirada aún confuso pero también aliviado. En medio del caos, algo se había roto… y algo nuevo estaba empezando a construirse.
—Quiero saber toda la verdad —exigió Bill con la voz firme y los ojos clavados en su padre—Se acabaron los secretos y las manipulaciones.
Jörg asintió lentamente, como si por fin se permitiera soltar el peso que llevaba años cargando.
—Estoy de acuerdo —dijo tomando aire—Este es el pacto al que llegué con tu madre hace tiempo. Ella se encargaría de tu educación a su manera y no se metería en mi vida ni…en la de mi amante
Al decirlo, tendió la mano hacia David que él tomó sin dudar, esbozando una sonrisa leve pero llena de complicidad.
—¿Desde cuándo estáis juntos? —preguntó Bill aún procesando la información recibida.
—Desde que compré el club —respondió Jörg con un suspiro—Lo hice por él. Sabía que trabajaba aquí, y era la única forma de poder verle y hablar con él sin levantar sospechas.
—Yo también me había fijado en tu padre—intervino David—Pero ninguno se atrevía a dar el primer paso. Hasta que una noche vino al club completamente hundido.
Jörg bajó la mirada, recordando.
—Había discutido con tu madre—explicó en un susurro—No podía aguantar así por más tiempo, quería el divorcio pero tú solo tenías cuatro años entonces y tu madre me amenazó con quedarse con la custodia y no dejarme volver a verte. Sabía que nunca había entrado en sus planes criar un hijo que no fuera suyo, y que te usaría como arma para castigarme. No podía permitirlo.
Se pasó una mano por la frente, agotado por los recuerdos.
—Ella ya sabía que mis preferencias eran distintas cuando nos casamos—siguió diciendo—Pero no pareció importarlo porque de esa manera ella obtenía un marido respetable y yo una fachada perfecta. Lo intentamos desde el primer día, de verdad, pero fue imposible. Cuando supimos que no podía tener hijos, pensé que adoptarte nos haría bien a los dos pero me equivoqué. Ella empezó a utilizarte como herramienta para manipularme y castigarme, y como no pude conseguir el divorcio llegamos al maldito pacto. Ella te educaría como quisiera, y yo tendría mi espacio para amar sin interferencias.
Jörg miró a su hijo con honestidad.
—Todo lo que te ha hecho sufrir tu madre ha sido por mi culpa y cobardía—dijo con firmeza—Para así poder ser feliz al lado de David, tu madre no sabe nada de él aunque sospecha que me estoy viendo con alguien pero jamás podrá imaginar con quién.
Bill se quedó en silencio unos segundos, como si las palabras de su padre necesitaran asentarse en su cuerpo antes de poder ser procesadas. Luego levantó la mirada, aún con el rostro pálido, pero con una claridad nueva en los ojos.
—Así que todo ha sido una fachada —dijo despacio—Toda mi infancia, toda esa rigidez y esa distancia tuya… ¿era parte del pacto?
—No quería que crecieras en medio de una guerra—contestó Jörg sin intentar suavizar la verdad—Pensé que mantener la paz era lo mejor para ti.
—¿Y lo fue? —replicó Bill, con una mezcla de tristeza y rabia—Porque yo crecí sintiéndome muy solo, como si tuviera que ganarme el afecto de alguien que nunca estaba del todo presente.
Jörg soltó la mano de David y se acercó a su hijo sin atreverse a tocarle, pero con la voz más baja.
—Sé que no fui el padre que merecías pero nunca dejé de quererte y preocuparme por ti—susurró con firmeza—Ni un solo día.
Bill se le quedó mirando y por primera vez no vio solo al hombre que lo había criado, sino al ser humano que había detrás de las decisiones, los miedos y los sacrificios.
—Entonces demuéstramelo ahora mismo—pidió con firmeza—Tienes que ayudar a Tom. Haz lo correcto no por mí ni por ti. Por él. Porque no debe pagar por las mentiras de los demás.
—Te lo prometo que voy a hacer todo lo que está en mis manos para que no sea condenado—prometió Jörg mirando con firmeza a su hijo.
Bill asintió suspirando aliviado, sabía que con el buen abogado que era su padre Tom estaba en las mejores manos.
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Mientras tanto Alexander despertaba en su cama con un gruñido con los ojos aún cerrados. Para él las nueve de la mañana seguían siendo una hora indecente, y aunque habría preferido quedarse bajo las sábanas todo el día terminó levantándose con desgana. Se dio una ducha rápida y media hora después bajaba al jardín donde a sus padres les gustaba desayunar los días de verano.
Tal como imaginaba hacía rato que habían terminado. La mesa seguía puesta esperándolo con café recién hecho, panecillos aún tibios y fruta cortada en cuencos de porcelana.
Se sentó en silencio y comenzó a desayunar justo cuando su madre se acercaba con paso firme con el móvil aún en la mano tras una llamada que claramente la había dejado alterada.
—Buenos días —saludó Alexander carraspeando.
Ya podía imaginarse la reprimenda que le iba a soltar su madre por haberse levantado tarde y por tomar el café ya frío.
—¿Dónde te metiste anoche? —preguntó Eleonore con tono inquisitivo—Después de la cena desapareciste sin decir palabra.
Alexander se sirvió otro café con movimientos lentos, como si el ritual le ayudara a ordenar sus pensamientos.
—Salí con Gustav —respondió al fin sin levantar la mirada—Necesitaba hablar con alguien que entendiera por lo que estoy pasando desde que Bill me dejara.
—Tu padre estaría encantado de escucharte —apuntó Eleonore—Es quien mejor puede ayudarte en una situación así.
—Necesito a alguien que escuche sin juzgar —murmuró Alexander—Y últimamente papá no hace más que señalar cada uno de mis errores.
—Lo hace por tu bien —dijo Eleonore con firmeza—Has estado algo descontrolado, y necesitamos tomar medidas.
—No es necesario —siseó Alexander.
—Sí, lo es —insistió ella—Ya sabes que estamos supervisándote. No queremos que vuelvas a tener un accidente por culpa de la cocaína.
—Estoy limpio —respondió con cansancio Alexander—Solo la he tomado de vez en cuando, no todos los malditos días.
—Entonces, si ahora te pedimos una muestra de orina ¿no encontraremos nada? —murmuró Eleonore.
—Deberías habérmelo dicho antes—replicó molesto Alexander—Ya he meado y ahora no tengo ganas.
Eleonore sacudió la cabeza con resignación. A veces, su hijo le resultaba insoportable.
—¿Con quién hablabas que te ha dejado tan alterada? —quiso saber Alexander cambiando de paso de tema.
—Con Simone —explicó Eleonore suspirando mientras tomaba asiento—Se ha precipitado. Ayer le dije que antes de actuar debíamos confirmar lo que nos contaste, pero no me ha hecho caso.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Alexander desconcertado.
—Ha denunciado a Tom por abusar de Bill —respondió Eleonore con seriedad.
Alexander dejó de desayunar al instante. Por un momento, pensó que era una jugada brillante. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Separar a Bill de ese entrometido por la vía legal.
—¿Estás de acuerdo con lo que ha hecho Simone? —preguntó Eleonore al notar su expresión inalterable.
—¿Tú no? —replicó Alexander.
—Creo que se ha precipitado —repitió Eleonore—Si Bill ha decidido estar con ese chico, deberíamos respetarlo. No se puede acusar a alguien de algo tan grave solo para separarlos.
—Tom no le conviene en absoluto —dijo Alexander con firmeza.
—Pero… Bill debe estar destrozado —susurró Eleonore.
—Yo también lo estoy, te recuerdo que lo he perdido —murmuró Alexander con cansancio.
No lograba entender por qué su madre parecía preocuparse más por Bill que por él.
—Si Bill te ha dejado, tendría sus razones —dijo Eleonore con tono sereno aunque firme.
—¿Y entonces por qué ayer te uniste a Simone para convencerme de que lo recuperara? —replicó Alexander alzando la voz— Entre las dos no hicisteis más que insistirme y comerme la oreja para que luchara y tratara de recuperarle, como si fuera mi obligación volver con él.
—Solo quise apoyar a Simone, es mi amiga—admitió Eleonore— Pero no estaba del todo convencida, no me parecía la mejor decisión.
—Está claro que no os importo—dijo Alexander poniéndose en pie con brusquedad— Papá y tú estáis esperando a que cumpla los 18 para echarme de casa. Os habéis arrepentido de adoptarme, y la única forma de libraros de mí es que deje de ser vuestra responsabilidad legal. Pues os lo voy a poner fácil, me voy ahora mismo.
—Alexander, estás malinterpretando todo —respondió Eleonore levantándose también.
Pero Alexander ya no quería escuchar. No le interesaban las explicaciones de su madre, ni los matices.
Solo deseaba salir de una vez de aquella casa.
De aquella vida que sentía cada vez menos suya.
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Se hallaba encerrado en una celda fría, con paredes de cemento desnudo y una pequeña ventana enrejada que apenas dejaba entrar la luz. Tom estaba sentado en el banco metálico, los codos apoyados en las rodillas y la cabeza inclinada. Ya le habían tomado las huellas, fotografiado y abierto una ficha. Oficialmente, estaba de nuevo detenido solo que esa vez la acusación era más grave que un pequeño robo.
Y en esos momentos todo dependía de lo que decidiera el juez.
El silencio era espeso. Cada sonido que llegaba a sus oídos desde una puerta que se cerraba, pasos en el pasillo y el murmullo lejano de una radio le hacía ponerse tenso. No sabía cuánto tiempo llevaba allí metido o si había alguien luchando por él. Lo único que sabía era que la madre de Bill lo había acusado de algo monstruoso, y que Bill no había tenido oportunidad de defenderlo.
Tom se pasó una mano por la cara sintiendo el cansancio acumulado. Esa noche apenas había dormido, se había pasado la mitad de la noche haciéndole el amor a Bill y la otra mitad viéndole dormir.
Pero allí donde se encontraba no podía cerrar los ojos por unos minutos y tratar de descansar, porque cada vez que lo hacía veía a Bill llorando y gritando mientras era arrastrado por un agente de policía separándole de su lado. Y eso le dolía más que cualquier otra cosa.
Un agente pasó frente a la celda, sin mirarlo. Tom se levantó de golpe.
—¿Se sabe algo? —preguntó, con la voz áspera.
El agente se detuvo y se le quedó mirando con indiferencia.
—Estamos esperando instrucciones del juez. Hasta entonces, no hay novedades.
Tom volvió a sentarse, sintiendo que el tiempo se estiraba como una cuerda tensa. Pero en su interior algo resistía.
No iba a rendirse.
No mientras Bill estuviera fuera luchando por él.
Porque en el fondo sabía que era de los pocos que creía en su inocencia y no pararía hasta demostrarlo.
No le quedaba más opción que seguir esperando.
El tiempo se volvió difuso, como si se deshiciera entre los muros de la celda. Cuando alzó la mirada vio a un agente acercarse y abrir la puerta con gesto firme.
—En pie. Manos a la espalda —ordenó.
Tom obedeció de inmediato. En cuestión de segundos, volvió a sentir el frío metálico de las esposas en sus muñecas.
—¿Vamos ante el juez? —preguntó, con la voz tensa.
—Tu abogado quiere hablar contigo—fue su única respuesta.
—¿Mi abogado? —repitió Tom desconcertado—Pero aún no me han asignado a nadie.
El agente no respondió. Lo condujo por un largo pasillo hasta una sala de interrogatorios y allí le hizo sentarse y le esposó a la mesa. Tom se quedó observando el espacio con atención, deteniéndose en el gran espejo que había en una de las paredes. Sabía que alguien lo estaría observando desde el otro lado.
La puerta se abrió de nuevo y por ella entró Jörg Kaulitz impecablemente vestido llevando un maletín en la mano. Cerró la puerta tras de sí y, antes de que Tom pudiera decir algo se adelantó.
—Bill está bien —dijo para tranquilizarle—Ha venido conmigo, pero no puede entrar a verte. Solo yo tengo acceso como tu abogado, si decides que me encargue de tu defensa.
—¿Su esposa me acusa… y usted quiere defenderme? —preguntó Tom incrédulo.
—Solo si tú aceptas —repitió Jörg—Pero creo que soy tu mejor opción. Los abogados de oficio suelen ser novatos o tienen un historial poco exitoso con casos tan complejos como el tuyo.
Tom lo miró unos segundos, luego asintió. Sabía que si alguien podía ayudarlo, era él.
—No tengo cómo pagarle—advirtió.
—No tienes por qué hacerlo —respondió Jörg con firmeza—Es un favor que te debo por la falsa acusación de mi mujer.
Tom asintió con la cabeza y le vio abrir el maletín sacando una carpeta amarilla de el con su nombre escrito en ella.
—Empecemos desde el principio—murmuró Jörg cogiendo un documento—Cuando entraste a trabajar en el club le pedí a David toda la información que tuviera sobre ti como hago habitualmente con cada trabajador nuevo que contratamos. Aparte de lo poco que me entregó yo estuve investigando por mi cuenta, pero todo lo que encontré sobre ti era falso. Tu partida de nacimiento, tu número de la seguridad social…excepto tu historial delictivo.
Tom se puso tenso al escucharle. Sabía que ese era el punto más delicado, lo que menos quería que Jörg descubriera. Temía que esa parte de su pasado fuera suficiente para que decidiera cortar cualquier vínculo entre él y Bill.
—Era joven —se defendió con voz baja—No tenía a nadie que se preocupara por mí, y tenía que sobrevivir como pudiera. Sé que lo que hice estuvo mal, pero en ese momento no vi otra salida.
Jörg asintió lentamente, revisando otro documento de la carpeta.
—Lo entiendo —murmuró—Pasaste tu infancia en un hogar de acogida, sin que nadie quisiera adoptarte. Y cuando cumpliste los 18 te echaron sin más explicaciones. Ningún asistente social se encargó de tu caso, nadie se aseguró de que tuvieras trabajo, estudios o siquiera un lugar donde dormir.
—Me abandonaron a mi suerte sin mirar atrás —resopló Tom con amargura—Como si cumplir con el trámite fuera más que suficiente, como si lo que me ocurriera después no les importara en absoluto.
Jörg lo observó en silencio, con una mezcla de compasión y determinación. No era solo un caso más. Era un chico que había sido abandonado por el sistema y que en esos momentos necesitaba que alguien creyera y confiara en él.
—Y fue durante mi último arresto que descubrí lo de la partida de nacimiento falsa—siguió explicando Tom—Tuve acceso al historial de mi madre y ahí supe que todo lo que me habían contado era mentira. Además de que tengo un hermano gemelo al que nunca he conocido y me gustaría encontrar.
Jörg asintió mientras tomaba notas en su libreta.
—Primero te sacaré de aquí y luego te ayudaré a encontrar a tu hermano —prometió con firmeza.
—¿De verdad?—preguntó Tom en un susurro.
—Es importante para ti—murmuró Jörg—Y tú eres importante para mi hijo, así que me parece justo.
Tom le agradeció con sinceridad. Desde que había llegado, no había hecho nada por buscar a su hermano. Ni sabía ni por dónde empezar.
—Sabemos que mi esposa solo te denunció porque había llegado a sus oídos que que habíais mantenido relaciones sexuales con Bill—siguió diciendo Jörg retomando el caso—No lo ha aceptado bien y la única forma que encontró para alejarte de él fue acusarte de abusar de un menor. Por eso vamos a demostrar que no lo eres.
—¿Qué no soy qué?—preguntó Tom sintiendo que se había perdido en la conversación.
—Mayor de edad—aclaró Jörg—Tienes dos partidas de nacimiento, y ambas son falsas. No sabemos con certeza cuántos años tienes pero vamos a averiguarlo.
—¿Cómo? ¿Con una prueba de carbono 14, como en las películas?—inquirió Tom con ironía.
—No exactamente—contestó Jörg sonriendo levemente—En casos como el tuyo cuando no hay documentación fiable se recurre a la realización de varias pruebas médicas que se realizan en el hospital, es el método más aceptado por los tribunales. Ya he solicitado tu traslado para que te realicen las pruebas necesarias como una resonancia magnética, radiografías, pruebas dentales y un examen físico completo.
—¿Y con eso podrán saber mi edad real? —preguntó Tom, esperanzado.
—No con exactitud milimétrica pero sí con un margen bastante fiable —admitió Jörg guardando en su maletín su libreta y la documentación—Lo suficiente para que el juez tenga una base sólida y eso puede cambiarlo todo.
Tom se quedó en silencio, procesando la información. Era extraño pensar que su propia edad fuera una incógnita que debía resolverse con máquinas y análisis ya que no había nadie a quien preguntar.
—¿Y si resulta que soy menor? —preguntó en voz baja.
—Entonces la acusación pierde fuerza —respondió Jörg—Porque no se puede acusar a alguien de abusar de un menor si él mismo lo es. Pero me temo, que también pondría en marcha otros mecanismos, intervendrían los servicios sociales y se consideraría la opción de buscarte una familia acogida o recluirte en un orfanato, pero por otro lado tras conocer tu caso puedes recibir apoyo institucional para localizar a tu hermano.
Tom bajó la mirada sintiendo por primera vez que había una posibilidad de que todo aquello no terminara en desastre aunque su futuro fuera de lo más incierto, pero eso no le importaba en esos momentos. Solo quería salir de ese sitio con la cabeza bien alta porque él no había cometido ningún delito….no esa vez.
—Gracias por creerme —murmuró.
—No se trata solo de creer —replicó Jörg con suavidad—Se trata de hacer lo correcto. Y tú mereces que alguien lo haga por ti.
Tom se le quedó mirando en silencio sintiendo cómo esas palabras se le clavaban en el pecho. Durante toda la vida había pensando que el mundo entero le había dado la espalda y que no había nadie que se preocupara por su bienestar aparte de Andreas claro.
Hasta que conoció a Bill y vio en él la preocupación con la que le miraba tratando de ayudarle en todo lo que estuviera en sus manos como tratando de que no le despidieran del club su primer día de trabajo, porque estaba claro que la idea no había partido de Alexander.
Y en esos momentos Jörg le estaba haciendo ver que también podía confiar en él, que no estaba tan solo como creía.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien más lo veía, lo escuchaba, y estaba dispuesto a luchar por él.
Continúa…
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