
Fic TOLL de lyra
Capítulo 66
Alexander conducía sin rumbo, con los nudillos apretados sobre el volante y la rabia aún palpitando en su pecho. Había salido de casa dando un portazo que resonó por toda ella, apenas recordando agarrar las llaves del coche antes de arrancar sin mirar atrás. Necesitaba alejarse de esa casa y de esos padres que le habían tocado y que nunca lo habían entendido.
Cuando quiso darse cuenta estaba tomando el desvío hacia el club. No lo había planeado, pero su instinto lo llevó allí. Sabía que Gustav estaría allí dispuesto a escucharlo sin juzgar. Aceleró y no se detuvo hasta llegar al parking del club donde reconoció al momento el coche de su amigo y sin pensarlo dos veces aparcó y sacó el móvil para llamarle.
—¿Estás solo? —preguntó en cuanto Gustav respondió.
—No, estoy con Natalie—contestó él al otro lado — ¿Estás bien?
Alexander se quedó en silencio por un segundo mientras se secaba con rabia una lágrima que bajaba por su mejilla.
Al otro lado Gustav empezó a preocuparse, había sentido como le temblaba la voz al hablar y un jadeo contenido como si acabara de llorar. Aunque sabía que jamás lo admitiría delante de nadie. No con palabras.
—Deshazte de esa puta y ven ahora mismo al parking-—ordenó Alexander.
Colgó sin esperar una replica suya, sabia que iba a obedecer de inmediato y saliendo del coche se puso a pasear por el parking mientras ponía sus pensamientos en orden. El aire fresco de la mañana le despejaba la mente, pero no calmaba el torbellino que llevaba dentro.
Minutos después, Gustav aparecía con el ceño fruncido y el paso firme.
—No sabes lo que me ha costado inventarme una excusa para que Natalie no sospechara —dijo visiblemente molesto por el desprecio con que Alexander se había referido a su novia.
Alexander lo ignoró.
—¿Sabías que la madre de Bill ha denunciado a Tom? —soltó sin aliento— Lo ha acusado de abusos sexuales a un menor. ¿Te das cuenta? Es una idea cojonuda, ¿por qué no se me ocurrió a mí? Habría sido la forma perfecta de apartarlo de Bill, soy un idiota por no haberlo visto antes.
—Tienes que calmarte —murmuró Gustav preocupado por el estado de su amigo— Estás muy alterado.
—Necesito una raya —dijo Alexander sin hacerle caso.
—Te dije que apenas me queda ya—respondió Gustav resoplando—Anouk ya no está metida en ese mundo, y el nuevo contacto que me dio me quiere cobrar el doble.
—Vamos al baño —ordenó Alexander con la mirada fija—Necesito la puta raya ahora.
—¿No me has escuchado?— gritó Gustav sin querer— El precio ha subido.
Alexander lo miró con desconcierto, como si no hubiera entendido del todo.
—¿Me estás diciendo que quieres cobrarme por una raya? —preguntó en voz baja— ¿Después de todas las veces que te he invitado? ¿O esperas que te lo pague de otra forma?
Vio cómo Gustav tragaba saliva con dificultad, y una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro. Sabía exactamente qué era lo que Gustav deseaba en el fondo. Y por una raya, estaba dispuesto a ceder
— Vamos al baño y dejo que me folles— susurró sin apartar de él la mirada.
Pero Gustav negó con la cabeza, manteniendo la mirada firme.
—Así no—negó con firmeza—Cuando quiera estar contigo, que sea porque ambos lo deseamos y no porque me estés chantajeando ofreciéndome tu cuerpo a cambio.
Alexander se quedó en silencio mientras recuperaba el aliento, sentía tanta rabia acumulada en si interior que no sabía ni lo que estaba diciendo. Solo pedía ayuda desesperada, algo que le ayudara a evadirse por unos momentos de su vida de mierda.
—Vamos al baño pero para que te calmes y me cuentes qué ha pasado para que estés así de alterado—dijo Gustav al ver un ligero cambio en su comportamiento.
Le cogió del brazo y por suerte Alexander no puso ninguna resistencia. Echó a andar por el parking tirando de él pero no quería que medio club lo viera en ese estado así que entró por la puerta trasera de la cocina donde Rose trabajaba concentrada.
—Perdona, es urgente —se disculpó al pasar por su lado.
Rose no dijo nada, no había más que ver el estado de Alexander para adivinar que algo grave le había pasado. Les vio atravesar su cocina y una vez salieron por la puerta que conectaba directamente con el club y era la más cercana a los baños, se limpió las manos en un paño y cogió el móvil de inmediato.
Mientras tanto Gustav siguió su camino y entró en el baño llevándose con él a Alexander.
—¿Qué ha pasado? —preguntó con cautela tras comprobar que estaban a solas— ¿Otra vez tus padres amenazándote con ingresarte en una clínica?
Alexander se apoyó contra la pared del baño, con los ojos aún encendidos por la rabia contenida.
—Mi madre me ha contado lo que hizo la madre de Bill —estalló— Y en vez de preocuparse por mí se desvive por el pobrecito de Bill que ahora tiene a su nuevo novio en la cárcel. ¿Y yo qué? ¡Yo soy su hijo! ¿Por qué no se preocupa por mí?
Gustav espero en silencio dejando que Alexander se desahogara.
—Ya sé que me adoptaron por lástima —continuó Alexander con la voz quebrada— Pero si es así que al menos me lo demuestre. Que me lo diga y que me mire como si yo le importara. Porque ahora mismo… no siento que le importe a nadie.
Gustav se apoyó contra el lavabo observando a Alexander con una mezcla de preocupación y paciencia. No dijo nada de inmediato, solo dejó que el silencio se asentara como si supiera que Alexander necesitaba espacio antes que palabras.
—No estás solo como piensas, aunque a veces te lo parezca—dijo al fin con voz baja pero firme—Me tienes a mi, sabes que yo nunca pienso abandonarte.
Alexander se pasó una mano por el rostro como si quisiera borrar la expresión que llevaba desde que salió huyendo de casa.
—Es que no entiendo por qué nadie me elige a mi —murmuró— Ni Bill, ni mis padres. Siempre soy el que sobra, el que está por lástima.
— ¿No me has escuchado?—dijo Gustav dando un paso en su dirección—Yo te he elegido, y no porque me des lástima. Y hay mucha gente que piensa así, que te quiere y también te elige aunque tú no lo veas. Y yo… yo siempre estaré a tu lado porque quiero y no porque me debas nada.
Alexander bajó la mirada, tragando con dificultad. La rabia se mezclaba con algo más profundo, una tristeza que no sabía cómo nombrar.
—¿Y si ya no sé cómo arreglarlo? —susurró— ¿Y si ya me he roto demasiado?
Gustav se acercó un poco más sin invadir su espacio pero lo suficiente para que Alexander sintiera su presencia.
—Entonces empieza por dejar que alguien te escuche —dijo con suavidad— No tienes que arreglarlo todo hoy, solo tienes que dejar de pelear contigo mismo.
Alexander lo miró por fin, y en sus ojos había algo que no era derrota sino agotamiento. Gustav extendió una mano sin exigir nada, solo ofreciéndola.
—No te voy a juzgar, solo quiero que estés bien—susurró mirándole fijamente a los ojos.
Alexander dudó un segundo pero luego tomó con firmeza su mano. No era una reconciliación, ni una solución mágica.
Pero era algo.
Un primer paso.
Gustav esbozó una sonrisa suave y con un gesto firme pero delicado atrajo a Alexander hacia sí. Lo envolvió en un abrazo largo y sincero, de esos que no buscan respuestas sino solo sostener lo que está a punto de romperse.
Alexander se dejó llevar sin resistencia alguna. Estaba exhausto y emocionalmente desbordado, como si todo lo que había construido a su alrededor se hubiera derrumbado de un solo golpe. Ya no tenía a su lado a ese novio ideal, ya no gozaba de la confianza manipulada de sus padres, había destruido la imagen que había mantenido intacta durante tanto tiempo.
Todo se había desvanecido.
Y él no sabía cómo seguir adelante.
Pero aún tenía a Gustav, seguía allí a su lado n o como una solución a todos sus problemas sino como un refugio. Alguien que aún creía en él, que no pedía explicaciones y que solo ofrecía consuelo.
Alexander alzó la mirada. Sus ojos se encontraron con los de Gustav, y en ese instante no hizo falta decir nada. La distancia entre ellos se acortó en silencio hasta que sus labios se encontraron en un profundo beso cargado de todo lo que no habían podido expresar con palabras.
Y mientras se fundían en un abrazo y un beso silencioso refugiados en la intimidad del baño, la puerta se abrió con discreción. A través de ella David los observaba en silencio con el ceño fruncido y la mirada fija como si intentara encontrarle sentido a una escena que lo descolocaba por completo, como si cada gesto que presenciaba le obligara a replantearse lo que creía saber de ellos.
&
La puerta de la sala de interrogatorios se abrió de nuevo, esta vez para dar paso a dos agentes uniformados. Uno de ellos llevaba una carpeta con documentos y el otro se acercó a Tom con gesto serio.
—Hora de ir al hospital —dijo sin rodeos.
Tom se levantó sin resistirse sintiendo cómo le retiraban las esposas de la mesa solo para colocárselas de nuevo en las muñecas.
—Nos vemos allí, Tom—dijo Jörg poniéndose en pie también.
Salieron todos de la sala y Jörg tomó otro camino dejando que los agentes de policía llevaran a Tom en un coche oficial.
Durante el trayecto, Tom mantuvo la mirada fija en el cielo despejado que se extendía más allá de la ventanilla. El sol brillaba con una intensidad casi irónica, como si el mundo no tuviera idea del caos que se había desatado en su interior.
No podía evitar preguntarse qué estaría ocurriendo en el club en su ausencia.
¿Se sabría ya la noticia de su detención?
¿Conocerían también el motivo?
Le angustiaba pensar que David, presionado por los clientes o por los padres no tuviera más opción que despedirlo. ¿Quién querría ser atendido por alguien como él, ahora que su nombre estaba manchado por una acusación tan grave?
No sabía qué le esperaba, pero por primera vez en mucho tiempo no se sentía completamente solo. Jörg había prometido ayudarlo. Y podía sentir a Bill a su lado luchando con uñas y dientes por él.
Al llegar al hospital lo condujeron por una entrada lateral lejos de las salas comunes. Un médico lo recibió con una expresión neutra, revisando los papeles antes de asentir.
—Vamos a realizarte una serie de pruebas —explicó por encima—Radiografías, resonancia magnética, examen dental y físico. No te preocupes, ninguna es dolorosa. Solo necesitamos que cooperes.
Tom asintió con firmeza sintiendo una mezcla de nerviosismo y esperanza. Si las pruebas podían demostrar que no era mayor de edad, entonces todo cambiaría. Podría desmontar la acusación y recuperar su vida.
Fue llevado al área de radiología y allí entró en una sala acompañado de los agentes de policía que parecía no poder alejarse de su lado mientras duraran las pruebas.
—Ten, tienes que ponerte el camisón —indicó el médico entregándoselo con gesto amable cuando le fueron quitadas las esposas—Es parte del protocolo del hospital. Puedes cambiarte tras esa puerta y luego tumbarte en la camilla para la resonancia.
Tom aceptó la prenda y se dirigió hacia la puerta señalada, pero uno de los agentes se adelantó para inspeccionar la habitación. Era un espacio pequeño, con una silla donde dejar la ropa sin ventanas ni otra salida.
—Date prisa, te espero fuera —murmuró el policía cerrando la puerta tras él.
Tom se cambió lo más rápido que pudo. El camisón le quedaba algo grande, pero cumplía su función. Salió de la habitación y se tumbó en la camilla tal como le habían indicado. Cerró los ojos mientras el ruido constante de la máquina de resonancia comenzaba a envolverlo. El procedimiento duró apenas unos minutos, pero se le hizo eterno.
Después lo trasladaron a otra sala, donde le realizaron las radiografías necesarias. Cuando terminaron la puerta se abrió y Jörg entró con expresión seria y el maletín aún en la mano.
—Vamos a comenzar el examen físico —anunció el médico mientras se colocaba unos guantes de látex—Por protocolo, deben estar presentes tanto los agentes de policía como tu abogado.
Tom asintió en silencio sabiendo que cada paso que daba lo acercaba más a esa verdad que tanto necesitaba. Aunque incómodo, estaba dispuesto a seguir adelante.
—Ahora necesito que te quites toda la ropa, tanto el camisón como la ropa interior —indicó el médico con tono profesional—Sé que puede resultar incómodo, pero es necesario para evaluar tu desarrollo físico, incluyendo la musculatura y los genitales. Debo tomar algunas medidas para completar el informe.
Tom tragó saliva sintiendo que se estaba sonrojando. No era la primera vez que se sentía expuesto, pero esa vez era distinto, no se trataba de vergüenza sino de vulnerabilidad. Aun así, asintió en silencio y obedeció, consciente de que cada paso era parte del proceso que podía liberarlo.
Se despojó de la poca ropa que llevaba y dejó que el médico trabajase con eficiencia sin hacer comentarios innecesarios. Se concentró en respirar lentamente, en no dejar que la incomodidad lo dominara. Jörg permanecía en la sala a su espalda con gesto serio pero respetuoso, sin apartar la mirada del informe que iba completando con las anotaciones que le iba dando el médico. Los agentes, por protocolo, se mantenían en segundo plano.
Tras varios minutos que a Tom se le hicieron eternos el médico se retiró los guantes y dejó que se vistiera de nuevo. Así lo hizo con toda la rapidez que pudo sintiendo que podía volver a respirar con normalidad.
—Ahora los agentes te acompañarán a recoger tu ropa y te llevarán a una sala mientras redacto el informe para el juez —explicó el médico—Y a ver si pueden darte algo de comer, me imagino que no has desayunado.
—Gracias —murmuró Tom con voz apagada.
Salió de la sala escoltado por los agentes, dejando al médico con Jörg quien aguardaba en silencio.
—Los resultados serán enviados al juzgado en cuanto estén procesados —informó el médico—Pero según lo que he observado hasta ahora, todo indica que es menor de edad.
Jörg asintió, sintiendo cómo la tensión que lo había acompañado desde la comisaría comenzaba a disiparse. Sabía lo que implicaban esas palabras, Tom era inocente si pero legalmente era menor de edad y no tenía nadie que se hiciera responsable de él. Sería trasladado a un centro de protección de menores provisionalmente, pero esa opción podía remover viejas heridas.
Por lo que había leído en el historial de Tom, sabía que desde niño había vivido en un hogar de acogida sin que nadie se interesara en adoptarlo. Volver a una institución aunque fuera temporal sería como retroceder a una etapa que Tom había luchado por dejar atrás.
Y Jörg por primera vez se preguntó si podría hacer algo más que simplemente defenderlo en un juicio.
Tal vez también podía ofrecerle algo parecido a un hogar.
&
Mientras tanto en el club, la rutina seguía su curso como si nada hubiera ocurrido. Tras la barra, Andreas y Melissa atendían a los clientes con sus mejores sonrisas aunque sus pensamientos vagaban lejos de allí. No podían evitar preguntarse cómo estaría Tom, qué estaría viviendo en ese preciso instante.
Habían acordado mantener el silencio. Solo los más cercanos sabían la verdad como Rose, Víctor y Anouk, a quien David había llamado para cubrir el turno de Tom y en esos momentos se encontraba sirviendo mesas con una sonrisa amplia, recordando los viejos tiempos en que trabajaba allí codo a codo junto a su madre y su hermano. Era como volver a casa, aunque el ambiente estuviera cargado de incertidumbre.
Se acercó a la barra para pedirle a Melissa la consumición de una mesa y mientras esperaba echó un vistazo alrededor. El club parecía ajeno a la tensión que ellos sentían, pero esa calma era engañosa. Había algo en el aire, una expectación silenciosa como si todos aguardaran una noticia que aún no llegaba.
Los ojos de algunos clientes se posaban en ellos con curiosidad apenas disimulada. Incluso el resto de los camareros parecían más atentos de lo habitual, como si esperaran que alguno de los tres revelara algo importante.
Anouk se volvió hacia la barra, donde Andreas limpiaba con una bayeta el café que se había derramado sobre ella.
— ¿Crees que alguien más se ha enterado?—le preguntó en voz baja.
—Los rumores vuelan—respondió Andreas, encogiéndose de hombros—Pero David ha sido claro, quiere discreción absoluta. Nadie puede hablar del tema con los clientes. Y si alguien pregunta, Tom está enfermo.
—Esa excusa puede servirnos a nosotros —replicó Anouk, señalando con la cabeza a los clientes—Pero ellos ya están haciendo sus propias conjeturas. ¿Qué te apuestas a que ya lo saben? Quizás la madre de Bill ha hablado del tema con alguna amiga suya, y esa persona se lo habrá dicho a otra, y esa a otra… Seguro que todo el club ya sabe que Tom está arrestado y que los cargos son graves.
—Los cargos son falsos —dijo con firmeza Andreas.
—Lo sé—murmuró Anouk, bajando la mirada—Pero eso no importa. Para ellos, Tom es culpable y merece estar entre rejas.
—No adelantemos acontecimientos—intervino Melissa, colocando dos zumos de naranja recién exprimidos sobre la bandeja de Anouk—David ha prometido hacer todo lo posible por ayudarlo. Tenemos que confiar en él.
—He oído que Bill y su padre estuvieron aquí hace media hora—explicó en voz baja Anouk.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Andreas, frunciendo el ceño— ¿Qué querían?
—Me lo ha dicho mi madre —explicó Anouk—No sé con certeza a qué han venido, pero ella cree que el padre de Bill va a ayudar a Tom. Es un abogado brillante, y seguro que Bill le ha explicado que es inocente.
—¿El padre de Bill quiere ayudar a Tom? —repitió Melissa, incrédula— Qué extraño. No lo conoce personalmente, aunque seguro que ya se ha dado cuenta de lo que hay entre él y su hijo.
—Y según lo que se comenta por aquí, siempre ha mantenido cierta distancia con Bill —añadió Andreas con cautela— Como si le ignorara o prefiriera mirar hacia otro lado.
—Quizás ha cambiado —murmuró Anouk encogiéndose de hombros— Tal vez ya no sea tan indiferente con él.
—Sea como sea, lo importante ahora es que consiga sacar a Tom de la cárcel cuanto antes —dijo Andreas con firmeza— Y que pueda volver al club con la cabeza alta.
—Puede que no quiera regresar —aventuró Anouk— Quiero decir, que todo esto lo haya marcado tanto que no sepa si encaja aquí de nuevo.
—Tom no es de los que se rinden —afirmó Melissa con seguridad, como si hablara desde el corazón— Siempre ha sabido cómo levantarse, incluso cuando todo parecía perdido. Lo que necesita ahora es saber que no está solo, que puede contar con todos nosotros.
—Cuando vuelva a cruzar esa puerta, tiene que sentir que este lugar sigue siendo suyo —añadió Andreas— Que creemos en él, que no le hemos dado la espalda.
Anouk se giró hacia el comedor observando a los clientes que reían, hablaban y se tomaban sus desayunos como si nada hubiera pasado. El contraste le resultó casi hiriente.
—Eso díselo a ellos —susurró— O a sus padres, no querrán tenerle aquí trabajando cerca de sus hijos como si fuera una mala influencia sin importarles que los cargos sean falsos.
—Entonces les mostraremos quién es Tom realmente—dijo Melissa con convicción— Y si no quieren verlo, que se vayan. Este club no es solo luces y música. Es la gente que lo sostiene.
Anouk y Andreas asintieron con convicción. Harían todo lo posible para que cuando Tom regresara sintiera que el club seguía siendo su hogar. Porque todos confiaban en que volvería, y cuando lo hiciera estarían allí para recibirlo con los brazos abiertos y una sonrisa sincera iluminando sus caras.
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Sentado solo en la sala de espera con una taza de café entre las manos y unas galletas sobre la mesa Tom desayunaba en silencio sin muchas ganas. No era gran cosa, especialmente si lo comparaba con los desayunos que Rose solía prepararle cada mañana, cálidos y reconfortantes como un abrazo.
Los agentes custodiaban la puerta impidiendo cualquier entrada o salida no autorizada. Por el momento, aquel espacio era exclusivamente suyo.
Hasta que alguien logró cruzar el umbral sin que nadie se interpusiera. Tom alzó la mirada justo a tiempo para ver a Bill entrar corriendo con los ojos brillantes y el rostro desbordado de emoción. Se levantó de inmediato y segundos después tenía a Bill entre sus brazos.
—¡Tenía tantas ganas de volver a abrazarte! —sollozó aferrándose a él—¿Estás bien?
Tom lo sostuvo con fuerza cerrando los ojos por un momento. En medio de tanta incertidumbre ese abrazo era lo único que se sentía verdaderamente real.
—Estoy bien, de verdad, no te preocupes —dijo Tom con suavidad, intentando calmarlo.
—Pensé que no volvería a verte —confesó Bill, con la voz temblorosa—Pero mi padre prometió hacer todo lo posible para que te dejaran libre.
—Todavía no sé los resultados de las pruebas—admitió Tom.
Se sentaron juntos sin soltarse las manos, mirándose como si el resto del mundo se hubiera desvanecido.
—¿Qué tipo de pruebas te hicieron? —preguntó Bill con curiosidad.
—Radiografías, una resonancia magnética y… bueno, un reconocimiento físico bastante detallado —respondió Tom desviando la mirada.
Aún se sentía incómodo por la forma en que el médico lo había examinado. Sabía que era parte del procedimiento pero no dejaba de ser invasivo.
—¿Te hicieron daño? —preguntó Bill notando su incomodidad.
—No, no fue doloroso —aclaró Tom—Solo… incómodo. El médico tuvo que tomar medidas de ciertas partes de mi cuerpo y no fue precisamente agradable.
Bill lo observó en silencio y por un momento la tensión se aflojó lo suficiente como para que pudiera bromear.
—¿Y qué partes te midieron exactamente?—quiso saber en voz baja.
Tom soltó una risa nerviosa.
—Vamos, Bill, no me hagas decirlo—respondió entre risas—Además tú ya deberías conocer ciertas medidas, las has debido notar mientras entraba y salía de tu cuerpo haciéndote estremecer de placer.
Bill se sonrojó de inmediato pero no apartó la mirada. En medio de todo el caos, ese momento de complicidad les devolvía algo parecido a la normalidad.
—Todo esto terminará pronto y volveremos a estar juntos otra vez —prometió con firmeza Bill.
Tom cerró los ojos por un instante y soltó un suspiro profundo, aferrándose a esa promesa como si fuera un ancla. En su interior, deseaba con todas sus fuerzas que las palabras de Bill se hicieran realidad y cuantos antes mejor.
Minutos después Jörg se paraba en la puerta de la sala acompañado por el médico, intercambiaron un firme apretón de manos en señal de agradecimiento antes de que se retirara. Jörg entró del todo en la sala y cerró la puerta con cuidado. En sus manos sostenía un sobre con el emblema del hospital y dentro de el se hallaba el informe oficial con los resultados preliminares de las pruebas médicas.
Tomó asiento ante Tom y su hijo que esperaban expectantes y lo abrió con manos firmes pero con gesto contenido por la tensión acumulada.
—El informe médico establece que, según los parámetros físicos y biológicos, eres menor de edad—leyó en voz alta Jörg—Yo mismo me encargaré de que el juzgado reciba una copia, y eso cambia por completo tu situación legal.
Tom se quedó inmóvil como si las palabras que acababa de escuchar tardaran en asentarse en su mente. Bill a su lado apretó su mano con fuerza sin decir nada.
—¿Y ahora qué me va a pasar? —preguntó Tom al fin.
—Primero, la acusación por abuso queda anulada de inmediato—explicó Jörg—No pueden imputarte como adulto, ni por ese delito. Segundo, al no tener documentación válida ni un tutor legal, el Estado debe garantizar tu protección. Serás trasladado a un centro de menores pero no como castigo, sino como medida de resguardo.
Tom bajó la mirada, la idea de volver a una institución le revolvía el estómago.
—Sé que eso es lo último que quieres—añadió Jörg con empatía—Pero es temporal, a no ser que aceptes tener un tutor legal que pueda ofrecerte un entorno más adecuado donde vivir hasta que alcances la mayoría de edad.
—¿Quién querría hacerse cargo de mí? —estalló Tom incapaz de contenerse—Es lo que he estado esperando toda mi vida, y nunca ha pasado. Los del hogar de acogida decían que podían ver la maldad en mí y por eso nunca fui adoptado, como si eso fuera lo único que veían en mi y dudo que hicieran todo lo posible por encontrar la familia adecuada.
—Yo seré tu tutor legal—dijo Jörg dejando a Tom y a Bill completamente sorprendidos—Vivirás en mi casa hasta que cumplas los 18. Después, podrás decidir libremente qué rumbo tomar.
Tom se le quedó mirando sin saber qué decir. La propuesta lo había desarmado por completo, era lo último que se esperaba de él. No era solo una solución legal, era una promesa de cuidado, de estabilidad y de algo que nunca antes había tenido.
—¿Lo dice en serio? —susurró con la voz quebrada.
—Muy en serio —respondió con firmeza Jörg—No quiero que vuelvas a sentirte abandonado. Esta vez, alguien va a cuidar de ti.
Bill se llevó una mano a la boca, intentando contener la oleada de emoción que lo invadía. Su padre estaba cumpliendo la promesa que le había hecho de ayudar a Tom en todo lo posible. Y aquellas palabras no dejaban lugar a dudas, era la prueba de que estaba cumpliendo su compromiso sin reserva alguna.
Y por primera vez, el futuro de Tom no parecía una amenaza, sino una posibilidad real.
—¿Y qué pasará con mamá? —preguntó de repente Bill—En cuanto se entere de que Tom va a vivir con nosotros, es capaz de inventarse otra acusación para echarlo. Algo como que nos ha robado… o cualquier cosa.
—Déjamelo a mí —respondió Jörg con calma—Todavía hay asuntos importantes que debo resolver con ella, pero eso no debe preocuparte ahora. Y Tom, no quiero que te sientas presionado. Solo quiero que sepas que las puertas de mi casa estarán siempre abiertas para ti.
Tom se quedó pensando en silencio en las únicas alternativas que tenía, ingresar en un centro de acogida con normas estrictas y sin libertad. O aceptar la propuesta de Jörg que no solo le daría un hogar, sino también la posibilidad de seguir cerca de Bill.
—Acepto —dijo al fin, sin pensarlo más tiempo.
—Me encargaré de preparar los documentos de acogida —añadió Jörg esbozando una sonrisa—Solo te pido respeto mientras vivas bajo mi techo. Sé que estáis empezando algo muy bonito, pero por consideración a mi esposa os ruego que seáis discretos y no le deis más motivos para sentirse incómoda, al menos hasta que todo esté aclarado.
—Lo prometemos—respondió Bill hablando por los dos.
—Y mientras tanto, yo seguiré trabajando en tu caso—siguió explicando Jörg—Vamos a solicitar una revisión completa de tu identidad, y también iniciaré los trámites para buscar a tu hermano.
—¿Y si no lo puede encontrar?—susurró Tom—En el hospital donde nací nadie sabía con certeza si fue adoptado o quizás murió.
—Haré todo lo posible por hacerlo—prometió con firmeza Jörg—Cuento con los contactos necesarios para investigar ese hospital a fondo, daré con alguien que sepa con certeza qué pasó exactamente con tu hermano.
Tom respiró más aliviado, sabía que Jörg con sus nombre y sus contactos avanzaría mucho más de lo que él había logrado por su cuenta. Hasta ese momento solo había recibido negativas y se había topado con muchas puertas cerradas. Nadie había querido echarle una mano en la búsqueda de su hermano, era como si se le hubiera tragado la tierra o como si nunca hubiera existido.
Bill se acercó lentamente apoyando su frente contra la suya en un gesto íntimo y lleno de ternura.
—Te lo dije —susurró con firmeza—Esto está a punto de terminar, volvemos a estar juntos y nadie logrará separarnos nunca más.
Tom cerró los ojos, dejando que ese momento lo envolviera. Bill selló sus palabras con un beso que además le dio fuerzas necesarias para creer que esa vez estaba eligiendo el camino correcto.
Continúa…
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