Incomplete 74

Incomplete 74

Fic TOLL de lyra

Capítulo 74

Viendo cómo aquellos que alguna vez habían sido sus amigos se alejaban Natalie se volvió hacia Gustav. Su gesto estaba endurecido, y en sus ojos brillaba una furia contenida que amenazaba con desbordarse.

El silencio entre ambos se volvió pesado como si cada paso que el grupo daba alejándose fuera un recordatorio de la rabia que la envolvía. Natalie apretó los labios incapaz de disimular el resentimiento que hervía en su interior mientras Gustav permanecía inmóvil atrapado en la incomodidad de su mutismo.

En ese instante, la distancia entre ellos parecía más grande que nunca, y la tensión no tardó en estallar.

—Una vez más te quedas callado —le reprochó Natalie con voz tensa—Siempre es igual, Gustav. Cuando me atacan y me humillan delante de todos, tú no dices nada. Te quedas ahí callado como si les dieras la razón o peor, como si te avergonzaras de mí.

Gustav permaneció inmóvil con sus gafas de sol ocultando cualquier tipo de emoción. El silencio se hizo más pesado, como si su falta de respuesta confirmara lo que Natalie temía.

—¿Es que no te importa? —insistió ella alzando la voz— ¿No ves cómo me tratan? ¿Cómo me dejan en ridículo? Y tú ahí callado como si no fueras parte de esto.

Por un instante Gustav se removió en la tumbona incómodo pero aún sin pronunciar palabra. Natalie lo miraba con desesperación, buscando una reacción o cualquier gesto que demostrara que estaba de su lado.

—Me haces sentir muy sola —murmuró finalmente con un tono más quebrado—Como si todo lo que dicen de mi fuera cierto y tú no quisieras contradecirlo.

El silencio de Gustav era un muro, y Natalie, acostumbrada a dominar con palabras, se encontraba por primera vez enfrentada a un vacío que la desarmaba más que cualquier ataque de los demás.

—Pensé que después de perdonar tu desliz con Alexander harías algo para compensarme —susurró Natalie mirándolo fijamente con los ojos llenos de reproche—Quizás me precipité, te he perdonado con demasiada facilidad eso y lo de tus putas.

— ¿Y qué querías que dijera? —respondió al fin Gustav rompiendo su silencio—Estabas atacando primero a Tom porque te aburrías y lo convertiste en el blanco de tus burlas, y luego a Bill, porque como siempre estás celosa de que haya pasado de ti y no lo puedes soportar.

—Vaya… ahora vamos a decirnos las verdades a la cara—soltó Natalie con una risa amarga—Entonces cuéntame lo tuyo con Alexander, con pelos y señales.

—Ya te lo he dicho, no hay mucho que contar—murmuró Gustav poniéndose tenso— Me pasé bebiendo y el cabrón de Alex se aprovechó del momento.

—¡Mentiroso! —gritó Natalie incapaz de contenerse—Eso es una excusa barata, decir que bebiste demasiado y que Alexander se aprovechó de ti. ¿Crees que soy tan ingenua? ¿Qué voy a seguir tragándome tus mentiras?

Gustav se quedó de nuevo en silencio sin saber qué decir desviando la mirada de Natalie quien se inclinó hacia él, con la voz temblando entre rabia y dolor.

—Por muy borracho que fueras no serías capaz de chupársela a un tío a no ser que lo desearas con todas tus ganas—soltó Natalie en voz baja—Y lo peor es que ni siquiera tienes el valor de admitirlo, prefieres esconderte detrás de tu silencio como si eso borrara lo que pasó.

El silencio de Gustav era cada vez más insoportable. Su rostro permanecía impenetrable tras las gafas de sol, pero su incomodidad era evidente. Natalie lo sabía pero eso no la iba a frenar, había explotado y hasta que no soltara todo lo que llevaba dentro no iba a parar.

—Me has hecho quedar como una idiota delante de Louise y Georg, los únicos que por suerte saben lo ocurrido—murmuró con rabia—Nos han visto juntos, saben que te he perdonado y cuando soy atacada por ellos y sus amigos te quedas callado como si te diera igual. Si de verdad me quisieras habrías salido en mi defensa hoy y siempre que he sido atacada, sobre todo cuando era Alexander quien lo hacia pero claro, ante él no podías defenderme porque en el fondo te gustó chupársela ya fuera porque sientes algo por él o porque querías experimentar algo nuevo.

—Te recuerdo que tú te besaste con otra chica —replicó Gustav con frialdad—Y no me digas que fue un error, porque parecía que lo habías disfrutado mucho.

Natalie se quedó helada por un instante como si las palabras de Gustav le hubieran devuelto el golpe con la misma intensidad. Su respiración se aceleró y la rabia volvió a encenderse en su mirada.

—¿Así que ahora vamos a comparar? —dijo con voz temblorosa entre furia y desprecio—Lo mío fue un simple beso, lo tuyo fue asqueroso.

— ¿Te parece asquerosos que se la haya chupado a un chico?—preguntó Gustav mirándola fijamente—Porque es algo que tú haces muy a menudo, y no me refiero solo a mi. Ayer mismo se la chupaste a Alexander, algo que te has callado como si ese detalle no fuera importante.

Por un momento Natalie se quedó sin palabras sintiéndose expuesta. Ese «detalle», como Gustav lo llamaba había sido un simple impulso del que se arrepentía profundamente. Prefirió no responder, pero el silencio la delataba. Si Gustav lo sabía, era porque alguien más se lo había contado y no podía ser otro que la persona implicada con quien Gustav tenía prohibido verse o hablar.

La idea la golpeó con fuerza, había hablado con Alexander y el secreto que ella había intentado esconder bajo capas de indiferencia estaba en manos de Gustav, convertido en un arma contra ella.

Natalie apretó los labios luchando por mantener la compostura aunque por dentro hervía de rabia. No solo por el recuerdo del error, sino por la traición silenciosa que se insinuaba en el aire.

—No soportas que me acerque a Alexander, pero tú sí puedes hacerlo sin dar explicaciones—murmuró Gustav.

—No puedes comparar—replicó Natalie mirándole fijamente—Lo mío con Alexander fue un error pero lo tuyo es bien distinto.

—Ambos hemos hecho lo mismo, no veo dónde está la diferencia —comentó Gustav encogiéndose de hombros.

—Yo me arrepiento de lo ocurrido—repitió Natalie con firmeza—Tú en cambio pareces haberlo disfrutado. Me pediste perdón y prometiste no volver a hablar con Alexander y no ha pasado ni un día y ya has roto tu promesa.

—Porque Alexander es mi amigo y lo está pasando muy mal —dijo Gustav incorporándose en la tumbona—Sí, me llamó esta mañana y me contó lo tuyo. También me pidió perdón por haberme delatado y me explicó que está en tratamiento psicológico porque la ruptura con Bill lo ha destrozado y por eso ha actuado como lo ha hecho. Necesita un amigo a su lado, alguien que no lo abandone cuando más lo necesita.

Se puso en pie al tiempo que recogía su camiseta y se la ponía ante la fulminante mirada de su novia.

—¿Dónde vas? No hemos terminado de hablar—protestó Natalie desde su tumbona.

—No estamos hablando Natalie, estamos discutiendo como siempre hacemos—respondió Gustav con voz dura—Y ya me he cansado de tener que justificarme ante ti. Me voy con Alexander, no pienso abandonarlo cuando más necesita un amigo a su lado. Y si para estar contigo debo mantenerme alejado de él, entonces lo siento pero no acepto tus condiciones aunque eso signifique romper contigo para siempre.

Se marchó caminando por la playa con paso decidido. Al final había tomado una decisión que hacía tiempo debía haber tomado.

Lo suyo con Natalie no iba a ninguna parte.

Deberían haber roto mucho antes, en lugar de seguir engañándose y haciéndose daño mutuamente.

&

La conversación con Natalie, si es que se podía llamar así, había terminado y al no haber nada más que añadir el grupo reanudó su marcha y ocuparon unas tumbonas lo más alejadas posible de la pareja.

—Ha sido una situación de lo más incómoda —comentó Louise acomodándose en su tumbona.

—Natalie nunca sabe contenerse —añadió Georg sentándose a su lado—Cuando ataca siempre acaba recibiendo lo que se merece. Ayer sentí mucha lástima por ella, la vi realmente destrozada… pero mírala ahora, ha perdonado a Gustav y ha recuperado las ganas de ser la misma de siempre sin importarle hacer daño a los demás.

—Es como si nada la afectara de verdad —opinó Helen con un deje de incredulidad—Se recompone enseguida, aunque sea a costa de los demás.

—Y Gustav se mantiene siempre callado dejando que Natalie hable por los dos—añadió Peter con tono reflexivo—Nunca la contradice, como si no se atreviera o no tuviera voz propia.

El grupo guardó silencio unos segundos observando a lo lejos cómo la pareja parecía discutir entre ellos, o más bien era Natalie quien hablaba. Todos compartían la misma sensación, Natalie imponía su carácter y Gustav parecía resignado a vivir bajo su sombra.

Entre ellos flotaba la certeza de que aquella relación estaba marcada por un desequilibrio que tarde o temprano les iba a pasar factura.

—¿Nos damos un baño? —propuso Bill en voz baja inclinándose hacia Tom.

Ambos se habían mantenido en silencio mientras sus amigos daban sus opiniones que también compartían. Tom asintió con la cabeza y se levantaron dejándolos conversando en las tumbonas para dirigirse juntos a una misma caseta a ponerse el bañador.

—¿Estás bien? —preguntó Bill, cerrando la puerta tras ellos.

—No tendría que haberme puesto así con Natalie pero no lo he podido evitar —admitió Tom con un suspiro.

—Yo tampoco —respondió Bill dejando escapar el aire con resignación—Natalie saca lo peor de nosotros. Nos arrastra a su nivel y terminamos atacando con todo lo que llevamos dentro sin importar el daño que podamos causarle solo para demostrarle que no siempre puede ganar.

Tom asintió con la cabeza al tiempo que se pasaba las manos por la cara.

—Me ha dejado agotado de la conversación con Natalie —confesó en voz baja—Es como si cada palabra suya me drenara la energía.

Bill lo observó unos segundos en silencio, con una mezcla de ternura y preocupación. Luego se acercó y lo rodeó con los brazos atrayéndolo hacia sí en un abrazo firme.

—No dejes que te afecte tanto —susurró en su oído—Ella busca hacerte sentir pequeño pero no lo eres, Tom.

Tom apoyó la frente en la de Bill cerrando los ojos. El contacto le devolvía parte de la calma perdida hacía unos minutos.

—Gracias… —susurró suspirando—No sé qué haría sin ti.

—Lo que harías sería seguir adelante porque eres más fuerte de lo que piensas—dijo Bill sonriendo mientras le acariciaba la espalda con suavidad—Yo solo estoy para recordártelo.

Permanecieron unos instantes abrazados disfrutando de la intimidad tranquila que les regalaba aquel refugio. El murmullo lejano del club apenas llegaba hasta allí, y por un momento todo parecía reducido a la calidez de ese gesto compartido.

Se separaron después de unos minutos y tras besarse brevemente en los labios se cambiaron de ropa. Con el bañador puesto se miraron con una complicidad silenciosa, como si el simple hecho de estar juntos hiciera que cualquier rutina se transformara en algo especial.

Al salir de la caseta el ambiente del lago les envolvió. Regresaron a las tumbonas a dejar su bolsa y cogidos de la mano caminaron hacia el lago. El sol caía sobre la superficie del agua que brillaba como un espejo líquido. Bill esbozó una sonrisa mientras se adelantaba unos pasos seguido de Tom que iba tras él con una mezcla de entusiasmo y serenidad.

Desde sus tumbonas Louise y Georg los observaban incapaces de evitar mirarse entre ellos y sonreír al ver la bonita pareja que formaban. Siempre habían pensado que lo de Bill con Alexander había sido un error desde el primer día, nada comparable con lo que en esos momentos compartía con Tom.

No hacía falta más que fijarse en cómo se buscaban con la mirada, cómo sonreían con naturalidad o cómo en ese instante se abrazaban en medio del lago fundiéndose en un profundo beso ante todos. Un gesto sencillo pero tan claro y contundente que disipaba cualquier duda que alguien pudiera albergar sobre ellos.

Para Louise y Georg, la evidencia era irrefutable.

Bill y Tom no solo estaban juntos, estaban donde debían estar.

Dejándose mecer por las pequeñas olas del lago, Bill se entregaba a los besos y abrazos de Tom sin poder evitar recordar que cuando estaba con Alexander siempre había procurado evitar ese tipo de intimidad en público temeroso de que llegara a oídos de su madre y estallara en reproches.

Pero en esos momentos era distinto, disfrutaba como nunca entre los brazos de Tom sin pensar en nada más que en ese instante. Solo quería vivirlo plenamente, aferrarse a esa sensación de libertad y cercanía deseando en silencio que no terminara nunca.

Sus labios se buscaban hambrientos una y otra vez y sus cuerpos se fundían el uno contra el otro disfrutando de esa desnudez como si hubieran nacido para encajar el uno en el otro.

—Si seguimos así vamos a empezar algo que no seremos capaces de frenar —murmuró Tom contra sus labios con la voz cargada de deseo contenido.

Bill no pudo evitar sonrojarse mientras se apartaba apenas unos centímetros buscando recuperar el aliento. Sabía que tenía razón, se había dejado llevar y si no ponían un límite en ese instante ambos acabarían queriendo más.

El lugar no era el adecuado y ambos lo sabían. Aun así, la intensidad de lo que acababan de compartir dejó a Bill temblando con el corazón acelerado y la certeza de que aquella atracción era imposible de ignorar.

Se dedicaron a nadar un rato por el lago dejando así que sus corazones recuperaran la calma hasta que se sintieron cansados y se reunieron con sus amigos que descansaban en las tumbonas bajo el sol.

—¿Qué tal está el agua? —preguntó Helen con curiosidad.

—Muy buena, a la temperatura ideal —contestó Tom mientras se acomodaba en su tumbona.

Bill ocupó la suya muy cerca de él y se dejaron llevar por la conversación ligera de la tarde. Hablaron de temas triviales, rieron y comenzaron a hacer planes para esa noche.

—Podríamos organizar una barbacoa a orillas del lago —propuso Peter con entusiasmo— Así damos la bienvenida a Tom como se merece.

—Sí, y que vengan también tus amigos —añadió enseguida Louise—Aún recuerdo aquella noche en el camping, lo divertidos que fueron los juegos de Víctor junto a la hoguera.

Todos miraban a Tom esperando que fuera él quien tomara la decisión, como si de repente se hubiera convertido en el líder de la pandilla.

—Quizás estén cansados del trabajo y no les apetezca —murmuró Helen al verle indeciso.

—No, es una buena idea—respondió Tom al momento—Hablaré con ellos.

—No nos quedaremos hasta tarde, imagino que mañana muchos tendrán que trabajar de nuevo —aseguró Georg.

—Yo vuelvo al trabajo mañana —explicó Bill—Hoy era mi día libre y David quería que me cogiera más días, pero hay muchas cosas que hacer en el club y me he comprometido. No puedo dejarlos tirados.

—Y yo también —añadió Tom—Sé que David quiere que me tome el tiempo que necesite para volver pero por lo que he visto hoy aunque pasara una semana, el día que regrese volveré a ser el centro de las miradas y de los rumores. Solo quiero concentrarme en el trabajo y así no pensar en nada más.

—Debes ignorarlos —dijo Louise con firmeza—Al final se cansarán, dejarán de hablar de lo sucedido y de mirarte como si fueras un bicho raro.

Las palabras de Louise intentaran disipar la tensión que flotaba en el aire pero todos sabían que no sería tan sencillo, los rumores siempre encontraban la manera de regresar y Tom tendría que aprender a convivir con ellos.

&

Alexander se dedicaba a descansar tal y como su padre le había indicado. Tras la comida subió a su habitación para tumbarse en la cama tratando de no pensar en nada cuando recibió una visita inesperada.

Alguien llamó a la puerta justo cuando su madre se disponía a salir para reunirse con sus amigas para merendar con ellas y fue quien atendió la visita en persona.

—¡Gustav, qué agradable sorpresa!—saludó Eleonore con calidez.

—Venía a ver a Alexander, si puede recibir visitas—explicó Gustav con cierta timidez.

—Por supuesto que puede, le hará mucho bien—respondió Eleonore dejándole pasar—Eres muy amable, el único amigo que se ha preocupado en venir a ver cómo está.

Gustav entró del todo en la casa y aguardó con cortesía a que Eleonore terminara de recoger su bolso.

—Alexander está descansando en su habitación —le indicó con una amplia sonrisa—Sube, verás la sorpresa que se lleva al verte. Y si tenéis hambre pedidle a Nora que os prepare la merienda, está terminando de limpiar la cocina y ha hecho un pastel de manzana delicioso.

Gustav asintió y comenzó a subir las escaleras. Cada peldaño parecía cargar con el peso de la preocupación y la expectativa. Al llegar frente a la puerta se detuvo un instante, respiró hondo y llamó suavemente antes de entrar.

La visita no era solo un gesto de amistad, era también una oportunidad para tender un puente hacia Alexander en un momento en que parecía más aislado que nunca.

—Adelante —escuchó decir a Alexander.

Gustav abrió la puerta y vio incorporarse en la cama con un gesto de sorpresa iluminándole la cara.

—¿Puedo pasar? —preguntó con timidez.

Alexander asintió sin dudarlo dejando a un lado el móvil con el que intentaba distraerse.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con curiosidad.

—Imagino que no pensabas que ibas a volver a verme, y mucho menos que viniera a tu casa —empezó a decir Gustav mientras entraba del todo en la habitación—Pero sé que ahora más que nunca necesitas tener un amigo a tu lado.

Cerró la puerta tras él y se acercó a la cama sentándose a un lado.

—¿Y Natalie lo sabe? —no pudo evitar preguntar Alexander.

—Le dije que iba a venir a verte, y que si le incomodaba tendría que aceptarlo o lo nuestro había terminado para siempre —contestó Gustav con firmeza—Estoy cansado de que siempre dicte las normas en nuestra relación y que yo deba obedecerlas a rajatabla. Le he echado en cara lo que pasó contigo en el lago, y para ella no significa nada comparado con lo que yo he hecho. No ve que también comete errores, piensa que los suyos no son tan graves y que no tiene que pedir perdón. Así que me levanté y la dejé plantada allí en el lago. No sé si hemos roto o qué pero sinceramente, ya me da igual.

Alexander lo escuchaba en silencio con la mirada fija en él sin saber si debía sentirse aliviado por lo que acababa de oír. El gesto de Gustav era de agradecer, pero dudaba de la sinceridad de sus palabras y no creía que hubiera dejado realmente a Natalie. Al fin y al cabo Gustav siempre había repetido que no podía vivir sin ella aunque le confesara estar muy enamorado de él.

¿Y qué ocurriría a partir de entonces? ¿Dejaría a Natalie y darían un paso adelante para formalizar lo suyo como pareja?

Alexander no lo veía capaz.

Gustav nunca había querido salir del armario y se conformaba con mantener aquella relación en secreto rezando para que nadie lo descubriera.

—No sé qué decirte —murmuró al fin apartando la vista hacia la ventana.

—Podrías darme al menos las gracias por venir —no pudo evitar replicar Gustav.

—Claro que te lo agradezco—respondió Alexander fijando de nuevo la mirada en él—Pero lo otro, sinceramente, no te creo.

—¿No me crees capaz de dejar a Natalie? —inquirió Gustav.

—Es tu tapadera de cara a la sociedad, como Bill era la mía—contestó Alexander con dureza— ¿O acaso ya estás preparado para salir del armario y quieres que seamos novios?

Gustav bajó la mirada.

No, no lo estaba.

Quería estar con Alexander pero su situación era demasiado complicada, no quería defraudar a sus padres ni manchar su reputación. Serían el tema de conversación en todas las reuniones y no podía permitirse que ocurriera eso.

—Da igual, Gustav —murmuró Alexander—No pienses en eso ahora, perdona por haber sacado el tema. Gracias por venir a verme y tratar de distraerme.

Gustav esbozó una tímida sonrisa, agradecido de que cambiara de tema.

—¿Qué tal lo llevas? —preguntó con cautela.

—Estoy que me subo por las paredes—confesó Alexander, suspirando—La ansiedad me está matando, mi padre me ha medicado pero guarda las pastillas bajo llave y no querrá aumentar la dosis el primer día.

—Ayer tomaste mucha coca, es normal que aún estés con el mono —explicó Gustav tratando de calmarle—Yo te ayudaré a superarlo, vamos a hacer algo para que te distraigas y no pienses en eso.

Alexander lo miró con desconcierto dirigiendo una rápida mirada hacia la cama donde ambos se encontraban. ¿Le estaba planteando acostarse juntos para así poder ayudarle?

—No me refería a eso —murmuró Gustav sonriendo con cierta ironía—Al menos no en estos momentos.

—¿No en estos momentos?—repitió Alexander alzando una ceja— ¿Das por hecho que algún día tú y yo volveremos a estar juntos como antes?

—Porque somos iguales, y por mucho que lo neguemos no podemos estar el uno sin el otro —contestó Gustav suspirando—Igual que yo con Natalie. Sé que volveremos pero esta vez será diferente. Voy a imponerme y lograr que me acepte tal y como soy.

—¿Y cómo eres? —preguntó Alexander mirándolo fijamente.

La pregunta lo desarmó. Gustav bajó la mirada incapaz de responder de inmediato. Sus manos se entrelazaron nerviosas como si buscara en ese gesto la fuerza que le faltaba.

—Soy alguien que no sabe vivir sin miedo —admitió al fin con voz baja—Tengo miedo de decepcionar a mis padres, miedo de que la gente me juzguen y me señalen. Pero también soy alguien que no puede dejar de sentir lo que siente por ti.

Alexander lo observaba en silencio sin apartar la mirada. Había en sus ojos una mezcla de incredulidad y ternura, como si quisiera creerle pero no pudiera olvidar todas las veces que Gustav había callado.

—Entonces lo que quieres es que te acepten sin tener que aceptar tú mismo quién eres —murmuró Alexander con un tono más suave que acusador.

Gustav tragó saliva, consciente de que sus palabras habían quedado expuestas como una herida abierta.

—Quizás—susurró—Pero contigo nunca he tenido que fingir.

El silencio que siguió fue pesado, cargado de vulnerabilidad. Ninguno de los dos se atrevió a romperlo del todo, y en esa pausa se revelaba más de lo que cualquier confesión podía decir.

Ambos sabían que lo que los unía era real, pero también que el miedo seguía siendo un muro difícil de derribar.

—Entonces…vas a estar con Natalie y conmigo al mismo tiempo—concluyó Alexander con una sonrisa cargada de sarcasmo— ¿Y qué será lo siguiente? ¿Un trío?

Gustav soltó una carcajada al escucharlo. Por nada del mundo se imaginaba a Natalie cediendo ni a él proponiéndole algo así.

La risa se fue apagando poco a poco, hasta quedar en un gesto apenas insinuado. El silencio que siguió fue incómodo, como si ambos supieran que detrás de las bromas se escondía algo mucho más profundo.

Alexander lo observaba con atención, intentando descifrar lo que pasaba por su mente.

—No es gracioso, Alexander —dijo con firmeza Gustav en voz baja—Tú sabes lo que esto significa para mí.

—Lo sé—admitió Alexander jugueteando nervioso con sus manos.

—Y por eso estoy aquí—siguió diciendo Gustav mirándole fijamente—Porque aunque me cueste y me dé miedo, no quiero que pienses que estás solo.

—Pero no basta con querer estar aquí—murmuró Alexander sintiendo cómo la tensión se le acumulaba en el pecho—Ahora mismo necesito saber que no soy solo un secreto o un escape cuando las cosas con Natalie se complican.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas y difíciles de ignorar. Gustav seguía mirándole como nunca antes lo había hecho, con los ojos brillantes de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.

—Tienes razón —murmuró—Y me duele que lo pienses porque lo último que quiero es que sientas que eres menos.

Alexander lo miró en silencio, con el corazón dividido entre la desconfianza y el deseo de creerle.

Por primera vez, ambos dejaron de lado las bromas y se enfrentaron a lo que realmente los unía.

El miedo, la necesidad y la certeza de que, pese a todo, jamás podrían dejar de buscarse.

&

Quedaron en celebrar la barbacoa a las ocho de la tarde, tiempo suficiente para ir a casa a ducharse y prepararse.

—Podemos hacerla en la orilla opuesta del lago —comentó Tom—Allí es donde solemos ir los camareros a nadar para no molestar a los clientes. Es una buena zona, con playa y bosque.

—Me parece genial —dijo Peter asintiendo con entusiasmo—Yo llevo la barbacoa y me encargo de la carne. Que alguien se ocupe de las bebidas, el hielo, las patatas fritas…y la música, desde luego.

—En el club tenemos de todo y David seguro que nos hace un buen precio —apuntó Bill—Además si hablamos con Rose fijo que nos prepara algunos dulces caseros.

Todos sonrieron asintiendo al recordar los famosos bollitos de canela de Rose, muy apreciados por la clientela del club.

—Tom y yo nos encargamos de hablar con David —añadió Bill poniéndose en pie.

—Y de paso con los camareros que quieran apuntarse —completó Tom.

El grupo se levantó y recogiendo sus cosas se dirigió al parking del club donde acordaron verse media hora antes de la hora acordada. Bill y Tom los observaron marcharse antes de entrar en la cocina para hablar con Rose quien aceptó encantada prepararles los dulces y el resto de las provisiones.

Después se dirigieron al despacho de David donde le encontraron revisando los pedidos del día siguiente.

—¿Podemos pasar? —preguntó Bill tras llamar a la puerta.

David levantó la vista y les dedicó una amplia sonrisa.

—Tenéis buen aspecto —comentó tras estudiarlos de arriba abajo.

—Hoy ha sido un buen día —respondió Tom con una sonrisa.

Así lo sentía, pasar la jornada al lado de Bill sin preocupaciones y disfrutar de la compañía de sus nuevos amigos había sido justo lo que necesitaba para recuperar el ánimo.

—Nos encontramos muy bien y por eso queremos volver mañana al trabajo —empezó a decir Bill hablando por los dos—Yo no puedo dejarte solo con todo el trabajo que se habrá acumulado y Tom ya se siente en condiciones.

—¿Estás seguro? Puedes tomarte todo el tiempo que necesites —replicó David con tono comprensivo.

—No lo necesito, gracias, David —dijo Tom con firmeza—Retrasarlo solo sería alargar lo inevitable. Tengo que enfrentarme al mundo y dejar que quien quiera hablar de mí lo haga. Sé que no todos lo hacen, y hoy me han demostrado que hay mucha gente que confía en mí y se alegra de verdad de que se haya demostrado mi inocencia.

David asintió con la cabeza. Sabía que Tom era fuerte y que podría con todo lo que se pusiera en su camino.

—Pues entonces mañana os veo a los dos a las ocho en punto—murmuró David—De momento compartiréis el mismo turno.

—Perfecto. Además de eso queríamos hablarte de una barbacoa que vamos a organizar con un grupo de amigos —explicó Bill—Será en la orilla opuesta del lago y ya hemos hablado con Rose para que nos prepare todo. Llevaremos comida y bebidas, así que luego nos dices cuánto es para pagarlo entre todos.

—¿Quiénes iréis?—quiso saber David.

—Louise, Georg, su primo Peter y Helen, algunos amigos suyos más y varios camareros del club —enumeró Tom por encima.

David asintió en silencio, haciendo cuentas mentales. Sabía lo justo que llegaban algunos de sus camareros a fin de mes, así que decidió hacerles un buen precio.

—Sin problema, podéis coger lo que queráis—les dijo.

Bill le dedicó una amplia sonrisa de agradecimiento y ambos salieron del despacho en busca de Andreas, a quien encontraron en el vestuario. Su turno ya había terminado y se estaba cambiando de ropa.

—Pensaba que ya no te acordabas de tus viejos amigos —bromeó Andreas saludando a Tom con un fuerte abrazo.

—Para que veas que sí venimos a invitarte a una barbacoa—respondió Tom con una sonrisa—Y también a Melissa, Víctor, Anouk y quien se quiera apuntar.

—¿Quién más está invitado? —preguntó Andreas antes de aceptar.

—Louise, Georg, su primo y sus amigos —enumeró Bill—Casi los mismos de la hoguera pero tranquilo que no estarán ni Gustav, ni Natalie ni por supuesto Alexander. He reducido mi lista de amigos a quienes de verdad me importan. Estoy cansado de reunirme con gente que no hace más que apuñalarme por la espalda.

Andreas se quedó en silencio unos minutos, pensativo. La compañía no era mala, pero quería hablar con Víctor cuanto antes y sabía que en la barbacoa no tendría ocasión.

—Si estáis cansados lo entenderemos —murmuró Bill al verle dudar.

—No, no es eso —se apresuró a decir Andreas—Iremos encantados, hablaré con ellos.

—No nos quedaremos mucho tiempo, mañana hay que trabajar y Bill y yo regresamos al club —explicó Tom.

—Será genial tenerte de nuevo por aquí. Y si alguien se mete contigo, ya sabes qué hacer —dijo Andreas, guiñándole un ojo.

Tom se echó a reír al imaginar su posible venganza, nadie debía meterse con el camarero que servía las bebidas si no quería encontrarse con un «ingrediente extra» en su copa.

Quedaron en verse a las siete y media en el club y dejando a Andreas encargado de avisar a los demás salieron por la puerta trasera del almacén y caminaron de vuelta a casa cogidos de la mano.

Continúa… 

Gracias por la visita. Si te ha gustado, comenta y regresa, porque pronto tendremos más 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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