Return to me 18

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Fic Toll de lyra

Capítulo 18

Regresó a casa solo, Andreas había insistido en quedarse esa noche con él en vista que David estaba de viaje y así hacerle recapacitar pero Bill se negó en rotundo y tras despedirse del padre de David permitió que Andreas le acompañara solo hasta la puerta de la casa.

—Consúltalo con la almohada y mañana hablamos—dijo Andreas a modo de despedida.

Se inclinó y tras besarle en la mejilla y revolverle el pelo a Alexander se fue dejando a Bill al fin a solas. Una vez en casa se entretuvo jugando con el niño hasta que llegó la hora de bañarlo, darle de cenar y acostarlo. Él no cenó nada, sentía el estómago revuelto y solo se tomó un vaso de leche recostado en la cama.

A su lado Alexander dormía en su cunita sin que le molestara la débil luz que tenía encendida. Un libro cerrado descansaba en su regazo, pensó en leer un poco pero no podía sacarse a Tom de la cabeza. Sobre la mesilla el móvil empezó a vibrar, le había quitado el sonido para no despertar a su hijo. Pensó en no cogerlo, pero sabía que era David y si no atendía la llamada pensaría que algo iba mal y era capaz de regresar a casa esa misma noche.

—Hola David—saludó tratando de ocultar su cansancio.

— ¿Estás bien Bill?—preguntó David preocupado—Tardabas en contestar.

—Alexander estaba llorando—mintió Bill con descaro—Pero ya he conseguido que se vuelva a dormir.

—Estás hecho todo un experto—comentó David suspirando.

— ¿Qué tal están las sillas?—preguntó Bill por hablar de algo.

—En muy mal estado, me va a llevar meses restaurarlas—contestó David emocionado—Me encantan los retos, otros las tiraría al fuego para aprovechar la madera pero yo me encargaré que vuelvan a lucir como antaño.

Bill se acomodó en la cama suspirando, cuando David mencionaba algo del pasado podía tirarse horas él solo hablando. Así le contó que las sillas no eran del siglo XVI como pensaban sino del XV y su antiguo dueño las había tenido en el sótano cogiendo polvo durante años.

Bill le escuchaba con los ojos cerrados, soltando un «ajá» de vez en cuando como si le interesaba que la sillas tuvieran un siglo menos del que esperaban…¡por él como si eran de plástico!

—Regresaré con ellas pasado mañana—seguía diciendo David—Me han hablado de un mercadillo y sabes lo que me encanta, a ver si veo algo para tus padres, que dentro de poco es su aniversario.

Bill alzó una ceja al escucharlo, ¿sabía la fecha cuando se casaron sus padres? ¿La recordaba? Si ni él sabía la de los padres de David, y sus cumpleaños se «acordaba» cuando David compraba un regalo diciendo que era de parte de ellos y Alexander.

—No te gastes mucho, con un ramo de flores mi madre se conforma—dijo Bill incómodo.

Sabía de los muchos regalos que David les hacía, todos antigüedades que veía y sabía que a su padrastro le encantaba. Pero no quería que se gastara tanto dinero por si luego…

—Déjalo en mis manos, daré con una ganga—insistió David—Y ahora te dejo descansar, te llamo mañana. Dale un beso a Alexander de mi parte.

—Lo haré—murmuró Bill contento de que la conversación terminara.

—Yo…te quiero—dijo David sin aliento, escuchando solo un click al otro lado del teléfono.

Pero Bill le había escuchado perfectamente, justo en el momento en que se separaba el móvil del oído escuchó sus últimas palabras pero no quiso repetirlas. Él no lo quería, y David lo sabía… ¿por qué insistía?

Dejó el libro sobre la mesilla y apagó la luz suspirando, lo que debería hacer era buscarse un sitio donde vivir lejos de David, le hacía daño haciéndole creer que Alexander era suyo y entre ellos podía haber algo. Pero….no tenía donde ir, no se le pasaba por la cabeza regresar a casa de sus padres diciendo que habían discutido porque su padrastro le obligaría a hacer las paces por el bien de Alexander.

Tampoco tenía mucho ahorrado, tenía que buscar un piso pequeño para él y su hijo. Y también otro trabajo, aunque las antigüedades le gustaban y pensaba en estudiar una carrera dedicada a ellas, sacarse un título y pedir un trabajo en un museo si hacía falta con tal de alejarse de David.

Tenía que inventarse una buena historia, que ese amor que pudiera haber entre ellos estaba poco a poco desapareciendo, que se quedó muy joven embarazado y eso fue la punta del iceberg. Por supuesto que David podía ver a Alexander siempre que quisiera, el niño le adoraba y también a sus «abuelos». Todo lo haría por el bien de su hijo, pero por el suyo propio cuanto más tiempo pasase cerca de David, más le costaría separarse…

&

Pasó la noche sin dormir, añadido al tema de pensar en donde podía irse a vivir se sumó su problema con Tom. Ahora que sospechaba que podía tener un hijo no pararía hasta que se lo confirmara, y solo rogara que no hiciera alguna estupidez como plantarse en la tienda y contar toda la verdad a David y su familia.

Como si lo hubiera adivinado, a última hora de la mañana escuchó la campanilla de la puerta. Trabajaba en el despacho observando dormir a su hijo hasta que Alexander Jost le anunció que había un cliente que no encontraba lo que buscaba. No lo pensó dos veces y dejando bien tapado a su hijo fue en ayuda de Alexander, viendo con horror que ese indeciso cliente no era otro que Tom.

—Ya me ocupo yo Alexander—murmuró Bill sonriendo al padre de David con esfuerzo.

Señaló el fondo de la tienda y Tom le siguió sin perder tiempo. Recorrieron un pasillo y se metieron en otro donde había toda clase de jarrones de porcelana, hasta que Bill se paró en seco y se volvió.

— ¿Qué quieres?—preguntó en voz baja.

— ¿A ti que te parece?—preguntó Tom a su vez.

—Me parece muy rastrero que te presentes en la tienda a acosarme de esta manera—contestó Bill visiblemente enojado—Creo que ha quedado bastante claro que no quiero volver a verte.

—No pararé hasta que hablemos—dijo Tom con firmeza—Tu novio ahora está fuera y es un buen momento, ¿o quieres que hable con él primero?

—No…no te atreverás—susurró Bill con un hilo de voz.

—Pruébame—volvió a amenazar Tom.

A Bill no le quedó más remedio que ceder, tenía miedo que Tom fuera y le contara a David su versión de la historia. No, David se merecía escucharla de sus propios labios. Se lo debía.

—Esta tarde—murmuró resoplando— ¿Recuerdas el bar donde íbamos, el que está cerca de la facultad?

—Nos vemos allí a las 6—dijo Tom asintiendo.

Solo entonces salió de la tienda despidiéndose de Alexander Jost por el camino, quien le preguntó si Bill le había ayudado y a lo que él contestó que sí, que gracias a él ya sabía lo que estaba buscando.

—Otro cliente que se va satisfecho—comentó Alexander una vez a solas.

Bill le miró sin saber que decir, sintiendo que le costaba respirar. ¡Tom le había amenazado! No se lo terminaba de creer, volvía a su vida y si no hacía lo que le pedía se la arruinaría de nuevo…

— ¿Estás bien?—preguntó Alexander preocupado—Te has puesto de repente pálido

—Yo…no me siento bien—murmuró Bill carraspeando—Y…no quisiera contagiar a Alexander, ¿te importa llevártelo esta tarde?

—Sabes que lo haré encantado—dijo Alexander Jost—Y no te preocupes por la tienda, esta tarde no se abre y si mañana sigues sintiéndote mal pongo un cartel de cerrado por motivos personales. Y Alexander se puede quedar con nosotros todo el tiempo que haga falta, incluso tú si ves que te poner muy mal…

—Gracias, será solo por esta tarde—afirmó Bill—No quisiera contagiarle.

Regresó al despacho y viendo que Alexander ya se había despertado le sacó del parque y sentó en su sillita. Revisó la bolsa comprobando que tenía ropa de recambio y pañales, y entonces se lo entregó al padre de David, quien ya estaba cerrando la tienda tras colgar el cartel anunciando que esa tarde no se abría.

Por más que insistió Bill, Alexander Jost se empeñó en acompañarle hasta casa, allí se despidió Bill de su hijo y subió antes de echarse a llorar. Odiaba mentir y usar al niño como excusa, lo suyo no era nada contagioso pero quería hablar con Tom a solas sin Alexander delante. Escucharía lo que le tenía que decir y luego…ya vería…

.

A las 6 en punto entraba Tom por la puerta del bar. Bill llevaba casi media hora, no podía permanecer más tiempo solo en esa casa. Mirara donde mirara había algo que le recordaba a Alexander, algo que le decía que era mejor dejar las cosas como estaban y no remover el pasado.

Pasó el tiempo tomándose un té poco a poco hasta que se le quedó frío y dejó a un lado, momento en que entraba Tom por la puerta. No hizo falta que le buscara, había poca gente y enseguida le localizó en una mesa apartada, donde poder hablar sin ser vistos o molestados.

Caminó hasta la mesa y tomó asiento enfrente de un silencioso Bill. Esperó a que la camarera les tomara el pedido antes de hablar, pidiendo para él un café y otro té para Bill. Cuando se lo sirvieron se apresuró a pagar la cuenta y una vez a solas miró a Bill y sonrió.

—No has cambiado nada—comentó suspirando.

—Tú tampoco—dijo con frialdad Bill.

—Siento el retraso—se disculpó Tom pensando que estaba enojado por eso—Gracias por venir.

— ¿Tenía otra alternativa?—estalló Bill—Has venido a acosarme al trabajo, amenazándome que si no venía contarías tu verdad. Pensaba que con el tiempo habrías cambiado, Tom.

La sonrisa de Tom se borró de su cara de inmediato, estaba claro que había vuelto a meter la pata con Bill, y esa vez hasta el fondo. Suspiró y se recostó en la silla sin saber que decirle, sabiendo que otra disculpa estaría de más.

—Y bien, ¿de qué querías hablar?—preguntó Bill yendo al grano—No me hagas perder el tiempo.

— ¿Y Alexander? —preguntó Tom a su vez.

—Con sus abuelos—contestó Bill con firmeza.

— ¿Tus padres?—preguntó Tom alzando una ceja.

—No, los de David—aclaró Bill resoplando—Pero no es asunto tuyo.

Tom asintió y tras tomar un trago de su café se armó del valor necesario para contarle a Bill todo lo que había pasado, estaba claro que él quería ir directo al grano. Nada de conversaciones que no venían a cuento, solo había una cosa que quería saber y no quería perder el tiempo.

—Bill, lo siento mucho—dijo Tom sin aliento—Siento mucho no haber quedado contigo como te prometí, irme sin decirte nada y no volver a vernos hasta varios años después.

— ¿Por qué me mentiste?—preguntó Bill muy serio—Te acostaste conmigo y luego me diste falsas esperanzas. Aún recuerdo cuando fui a hablar contigo y te encontré tonteando con esa chica…

—Tienes todos los motivos del mundo para estar enfadado conmigo—dijo Tom con firmeza—Pero te juro que entre esa chica y yo nunca hubo nada. Lo intenté, la llevé a mi casa pero una vez en la cama…

—Ahórrate los detalles, por favor—pidió Bill molesto.

—Te repito que no pasó nada—insistió Tom—Una vez en la cama me di cuenta que ella no eras tú. Se rió de mí al ver que…que no me empalmaba, me llamó marica porque sabía que en más de una ocasión me había acostado con algún chico y se fue de mi cama dejándome ahí tirado.

Bill le miraba sabiendo que le estaba diciendo toda la verdad. Al menos habían aclarado una parte.

—No he vuelto a estar con nadie desde que me acosté contigo—confesó Tom.

— ¿Y qué hay del otro chico?—apuntó Bill.

— ¿Qué chico?—preguntó Tom confuso.

—Tras que me mintieras diciéndome que ibas a comprarle un regalo por su cumpleaños a tu padre fue un día a tu apartamento a buscarte—explicó Bill cruzándose de brazos—Te vi llegar pero no lo hacías solo. Un chico te acompañaba, vi como os abrazabais.

Tom le miró pensativo hasta que cayó en la cuenta de qué noche le hablaba. Maldijo por lo bajo llevándose las manos a la cara y resoplando tras ella.

—Se te había olvidado, ¿verdad?—preguntó Bill también resoplando—Echas tantos polvos que ya ni te acuerdas de con cuantos chicos. Qué raro que recuerdes el que tuviste conmigo.

—Bill, no es lo que piensas—murmuró Tom descubriéndose la cara.

—No, nunca lo es—dijo Bill sintiendo que le llenaban los ojos de lágrimas—Estuve todo un día esperándote a la puerta de tu apartamento, te vi regresar con ese chico y aunque quería que hablásemos, ya vi que eso lo decía todo y decidí irme.

Sintió que le faltaba el aire y paró unos segundos para recuperar el aliento, viendo como Tom no hacía nada por interrumpirlo, asombrado que ya no fuera ese chico tímido que nunca replicaba a la cara.

— ¿Por qué me mentiste?—repitió Bill jadeando—Georg me contó que no te hablabas con tu padre y no me creo que le hubieras comprado así de repente un regalo y fueras a verle.

—Lo hice porque se moría, Bill—susurró Tom para su sorpresa.

Continúa…

Ahora mismo, más de una se arrepentirá de haber pensado mal de Tom 😉

por lyra

Escritora del Fandom

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